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La Vanguardia 6 de Xullo de 2014 Giné Daví

Ucrania, Georgia y Moldavia apuestan por la UE

Una compleja partida geoestratégica y económica se ha desatado en Europa central con final incierto. La UE lanzó en Praga en mayo de 2009 el “Paternariado Oriental”, un instrumento para impulsar la cooperación política y económica con seis repúblicas ex soviéticas: Armenia, Azerbaiján, Bielorrusia, Georgia, Moldavia y Ucrania. Pero Vladimir Putin retornó a la presidencia rusa en mayo de 2012 para hacer realidad su gran apuesta personal: la creación de una “Unión Euroasiática” liderada por Moscú que reagrupase varios de los países que en su día formaron parte de la URSS. Y para lograrlo, Putin los presionó política y económicamente para alejarlos de la UE. También Bruselas les exigió adecuar sus regímenes a los principios democráticos y a las reglas que rigen una economía de mercado. Tarea nada facil.

El pulso UE-Rusia fue “in crescendo”. En la 3ª cumbre sobre el Paternariado Oriental celebrada en Vilnius en noviembre de 2013, solo Georgia y Moldavia rubricaron los acuerdos de asociación con la UE. Ucrania rehusó hacerlo en el último momento por las presiones económicas de Putin sobre el entonces presidente Víctor Yanukóvic. También Armenia giró en septiembre hacia Moscú. Desde entonces, los acontecimientos se aceleraron. La revolución “Maidam” provocó en febrero un cambio de régimen político en Kiev. Rusia respondió en abril anexionándose la península de Crimea y desestabilizó el este de Ucrania.

Rusia, Kazakhstán y Bielorrusia constituyeron el 29 de mayo la Unión Económica Euroasiática (UEE) que entrará en vigor el 1 de enero de 2015. Armenia y Kirguizistán se le sumarán pronto. También cabe que lo haga Azerbaiján si bien el presidente Ilham Aliev no tiene prisa porque el país cuenta con unas reservas de hidrocarburos que le dan un buen margen de maniobra para sortear las presiones exteriores.

Pero la UEE sin Ucrania, un país clave de 46 millones de habitantes, perdió peso demográfico y viabilidad económica, muy lejos de las ambiciones políticas rusas. Y quedará geográfica y económicamente entre dos colosos: la UE y China. Pekín aprovechó las dos décadas de estancamiento ruso para posicionarse en Asia central. Una semana antes de firmarse la UEE en Ascana, el presidente Nursultán Nazarbayev visitó en Pekín para acordar con Xi Jinping más inversiones chinas en el sector energético e infraestructuras. Kazakhstán, con una importante población rusa, no quiere quedar a merced de Putin. 

La UE reaccionó al envite ruso firmando el 27 de junio en Bruselas tres acuerdos de Asociación y Libre Comercio con Ucrania, Georgia y Moldavia que les abrirán el acceso a un mercado de 500 millones de personas. Contarán con un periodo transitorio para ir adecuando sus respectivos mercados al comercio y la inversión de la UE-28. Y recibirán la ayuda financiera de Bruselas para adaptar sus instituciones y las legislaciones internas al marco comunitario. También para mitigar los altos costes económicos y sociales del ajuste.

Los tres países se acercan a Europa y se alejan de la influencia rusa. Para Moscú, los acuerdos son un primer paso hacia una futura integración a la UE y avisó que acarrearán graves consecuencias para la estabilidad de los tres países, afectados por conflictos territoriales y muy dependientes económicamente de Rusia. Moscú podría cortar el grifo energético, imponer barreras de acceso comercial al mercado ruso e incluso no conceder o renovar los visados, frenando las remesas a sus familias, de los emigrantes ucranianos moldavos y georgianos legales e ilegales que trabajan en Rusia.

Moscú no reconoció el brusco cambio de régimen en Kiev que provocó el giro final de Ucrania hacia la UE. Y demostró estar dispuesto a todo para no perder su influencia política y económica sobre un país histórica y culturalmente ligado a Rusia. Y tras anexionarse Crimea sigue apoyando con armas las fuerzas secesionistas de las provincias de Donetsk y Luhansk que pretenden desmembrarlas de Ucrania para unirlas a la Federación Rusa.

Rusia ya intervino militarmente en Georgia en 2008, desmembró el 20% del territorio reconociendo la independencia de Abkhazia y Osetia del Sur, Y decretó un embargo comercial que duró 7 años. El actual presidente Gijorgui Margvelachvili ha rehecho las relaciones comerciales con Moscú pero la gran sombra rusa sigue omnipresente sobre un pequeño país de 4,4 millones de habitantes. Igual de tensa es la situación en Moldavia, otro país de 3,5 millones de habitantes que mira hacia el oeste. Mantiene la mitad de su comercio exterior con la UE a donde los moldavos ya no necesitan visado para entrar. Pero también cobija un conflicto territorial en Transnistria, una región pro rusa que se declaró independiente en 1992.

La crisis “política” entre la UE y Rusia no ha hecho más que empezar y no se divisa una solución a corto plazo. El “Paternaniado Oriental” es un bien intencionado proyecto europeo que fue mal planteado. Se presentó como un primer paso a una futura y plena integración en la UE. Pero Bruselas erró al no prever la reacción de Putin. El Kremlim vio en la iniciativa europea un intento de frenar a una Rusia ansiosa de volver ser una potencia europea con su propia esfera de influencia política y económica.

El Paternariado precisaba para tener éxito de un fuerte liderazgo político del que carece una renqueante UE-28 que no sabe mantener una posición común sobre el alcance de las sanciones económicas aplicables a Moscú. El 27 de junio los Jefes de Estado y de Gobierno enviaron desde Bruselas un ultimátum a Rusia con un plazo hasta el 30 de junio exigiendo su implicación en la pacificación de Ucrania. Moscú no hizo caso. Ya se anexionó Crimea y podría verse tentado a repetirlo con Osetia del Sur y a seguir desestabilizando Ucrania y otros países vecinos con población rusa, reacios a plegarse ante Rusia.

La UE no cuenta con una línea geoestratégica definida ni una política exterior común con voluntad y capacidades necesarias, no tanto para frenar a Rusia como para llegar a una nueva y equilibrada “entente” con un gran país europeo que se proyecta hasta el extremo Oriente. Solo Alemania con el apoyo de Francia podría intentar acercar posiciones para buscar una salida pactada con Moscú. Pero todo acuerdo debe siempre respetar los derechos de los países y pueblos de Europa a decidir libre y democráticamente su futuro. Es lo que diferencia la UE de la Rusia de Putin.

 

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