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El Faro Digital 7 de Outubro de 2013 Alvarado Roales

Transitada transición marroquí (IV)

El 1 de julio de 2011 un total de 13.451.404 marroquíes estaban llamados a emitir su veredicto sobre la nueva constitución. El referéndum sanciona la flamante Carta Magna con un 98,4% de sufragios favorables, según datos del Ministerio del Interior. La tasa oficial de participación se sitúa en el 73%, si bien el número de electores representa apenas un 45% de los más de 21 millones de marroquíes en edad de votar (más de ocho millones y medio de éstos no se han inscrito en las listas electorales). Superado el trámite plebiscitario, 18 semanas después del inicio de las protestas del Movimiento del 20 de Febrero (20-F), Marruecos dispone de una nueva Constitución. El país se apresura ahora para organizar elecciones legislativas anticipadas que sirvan para adaptar las instituciones al nuevo marco legal. Inicialmente se establece que los comicios tendrán lugar el 7 de octubre. Pero esta fecha se retrasa habida cuenta el poco margen acordado para la promulgación de las leyes y decretos que deben regir la cita con las urnas unido a las quejas de formaciones como el Partido para la Justicia y el Desarrollo (PJD, islamista) y la Unión Socialista de Fuerzas Populares (USFP, socialdemócrata), que aseguran no disponer del tiempo para preparar sus respectivos programas y campañas.


Los comicios se posponen y, después de barajarse le fecha del 11 de noviembre, de forma definitiva se emplaza a los electores para el 25 de noviembre de 2011. En un contexto regional marcado por las evoluciones de la llamada Primavera Árabe, estas elecciones suscitan una inusitada atención tanto dentro como fuera del país. Frente a las experiencias tunecina y egipcia, donde la movilización de la calle se sitúa en el origen del derrocamiento de los poderes en liza y el inicio procesos de transición que han adoptado diferentes experiencias constituyentes, Marruecos representa un modelo diferente. Apenas atenuado por las mayores prerrogativas otorgadas a los poderes Ejecutivo y Legislativo, la nueva Carta Magna mantiene –apenas inalterado– el rol central de la institución monárquica en Marruecos. Por tanto nos encontramos ante un “cambio dentro de la continuidad”, como analistas y observadores lo han denominado. Por otra parte, tras la victoria del partido islamista Ennahda (Renacimiento) en las elecciones tunecinas del 23 de octubre de 2011 y el auge de los Hermanos Musulmanes en Egipto, todas las miradas se dirigen ahora hacia el PJD, formación a la que sondeos como el realizado por el Instituto Thomas Moore dan como principal favorito en los comicios. “¿Es la Primavera Árabe la antesala de un invierno islamista?”, se empieza a cuestionar.

Precipitación organizativa
La organización de las elecciones legislativas adolece de precipitación. En un corto espacio de tiempo el Parlamento, que a duras penas mantiene su actividad dado su carácter provisorio y la plena dedicación de los partidos a la preparación de los comicios, promulga la batería de leyes que deben regir la cita con las urnas. Entre otros, el Dahir 1-11-62, de 29 de septiembre, que alude a las modalidades de observación electoral, la Ley Orgánica Relativa a la Nueva Composición de la Cámara de Representantes (LO 27-11, de 14 de octubre), que aumenta el número de escaños de 325 a 395 o la Ley Orgánica de Partidos Políticos (LO 29-11, de 22 de octubre). Por su parte, el Gobierno en funciones del primer ministro Abbas El Fassi procede a la adopción de diferentes decretos sobre la delimitación de las circunscripciones electorales, las características del boletín de voto, las condiciones para la financiación pública de los partidos políticos y la propaganda electoral. El Ejecutivo concede una especial atención a dotar de credibilidad al proceso electoral, para lo cual se confía al Consejo Nacional de Derechos del Hombre la acreditación de observadores nacionales e internacionales, implementándose medidas adicionales para que estos puedan seguir el desarrollo del escrutinio de forma imparcial.

El censo alcanza los 13.626.357 inscritos, cifra que supone una progresión de medio millón de electores con respecto al referéndum constitucional pero que representa dos millones de votantes menos que en las legislativas de 2007. Hasta 31 partidos presentan listas locales y 19 listas nacionales para mujeres y jóvenes. Sólo el Istiqlal (liberal-nacionalista) es capaz de cubrir las 92 circunscripciones electorales, seguido por el PJD y la USFP, que se presentan en 91 circunscripciones. El Partido por el Progreso y el Socialismo (PPS, ex comunista), la Reagrupación Nacional de Independientes (RNI, liberal), el Movimiento Popular (MP, conservador-berberista), el Partido Autenticidad y Modernidad (PAM, progresista) y el Frente de Fuerzas Democráticas (FFD, ) logran cubrir más de 80 circunscripciones cada uno. El número de candidatos asciende a 5.392. Pero a pesar de la importancia que los partidos otorgan en sus discursos a la presencia femenina y la sanción de la paridad por la nueva constitución, apenas un 5,24% de mujeres son cabezas de lista. Destaca la importante presencia de candidatos nuevos y su juventud (los mayores de 55 años son un 15,16% del total, frente al 28% en 2007). También se percibe una disminución de candidatos con estudios superiores (42,7% frente al 57% en 2007).

Enemigo a abatir
El 6 de octubre de 2011 hasta ocho formaciones políticas, dos de ellas componentes de la alianza gubernamental aún en liza, anuncian la creación de una coalición con fines electorales. Bajo la etiqueta de Alianza por la Democracia, una común acción reúne a una heteróclita amalgama de partidos que van desde la extrema izquierda hasta el islamismo: RNI, PAM, MP, Unión Constitucional (UC, liberal-conservador), Partido Socialista (PS, socialdemócrata), Partido de la Izquierda Verde (PGV, en sus siglas en francés, ex comunista-ecologista), Partido Laborista (PT, en sus siglas en francés, liberal-progresista) y Partido por el Renacimiento y la Virtud (PRV, islamista). “Nuestro objetivo es desarrollar un proyecto de sociedad democrático y modernista”, declara quien aún ostenta la cartera de economía y finanzas, el líder del RNI, Salaheddine Mezzouar, principal caudillo de la Alianza. El objetivo declarado del denominado G8 es presentar un programa electoral unificado, listas conjuntas de candidatos y formar un grupo parlamentario común. El objetivo no declarado – aunque evidente– es, tal y como afirma Abdelkrim Benatiq, secretario general del PT, “cortar el camino a la corriente conservadora que amenaza con hacer retroceder a nuestro país”, en clara alusión al PJD.

El programa económico del G8, a caballo entre el realismo del Istiqlal y la ambición del PJD, prevé un crecimiento medio del 6%, una inflación no superior al 3% y la creación de 200.000 puestos de trabajo. Las propuestas de la Alianza por la Democracia se ven continuamente eclipsadas por sus embistes contra el partido de la lámpara, a quien acusan de “querer reducir a la mujer a un papel secundario” y llegan a equiparar con “aquellos que cortan cabezas en Argelia”. Desde el inicio el G8 multiplica los llamamientos al PPS y, sobre todo, a la USFP para integrar la coalición. No obstante, tanto ex comunistas como socialdemócratas hacen campaña en solitario, al igual que su otrora compañero de la Koutla Democrática, el Istiqlal. En sus respectivos discursos el PJD, a quien todos los sondeos dan como favorito, ocupa un lugar destacado. El grueso de los comentarios de los líderes de estas formaciones va dirigido a estigmatizar la identidad religiosa del PJD, presentada como una contradicción con una sociedad joven y moderna que gira alrededor del individuo y sus libertades. Y es que la historia reciente del PJD pesa en las representaciones vehiculadas por sus adversarios y no convence la evolución del discurso islamista después de los atentados de 2003 en Casablanca.

“Aquellos que quieren echarnos de la carretera se equivocan de objetivo. Nuestra ambición mañana es la de tener un jefe de Gobierno fuerte y creíble, y no un simple peón”, exhorta el líder del PJD, Abdelillah Benkirane, consciente de que –pase lo que pase–  será necesario llegar a alianzas postelectorales para formar un nuevo Ejecutivo. Frente a la multiplicación de declaraciones, el PJD no entra al trapo de las provocaciones de sus adversarios. La formación de la lámpara, que desarrolla un impecable trabajo de campaña, según los usos y modos utilizados en las democracias más avanzadas, con especial atención incluso a la promoción en el ciberespacio, prefiere destacar los logros de su labor de oposición y la madurez alcanzada para hacerse con las riendas del país. “Nuestros parlamentarios han llevado a cabo un trabajo muy serio, presentando 7.000 cuestiones escritas y 130 proposiciones de ley durante la última legislatura, y estamos listos para enfrentarnos a cualquier partido, pero sólo a través de nuestro programa”, señala a quien suscribe estas líneas el entonces director del diario islamista Attajdid y actual ministro de Comunicación, Mustapha El Khalfi. Los actos de campaña se multiplican, al igual que las declaraciones en prensa y apariciones televisivas. La fecha de los comicios se acerca.

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