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22 de Outubro de 2018 Toro Hardy

¿Qué ocurrió?

Fonte: Xinhua

En 2006, el reconocido columnista Fareed Zakaria refería que un grupo de países podía flotar por encima de las reglas internacionales prevalecientes y darse lujos, tanto en lo económico como en lo político, que a otros le estaban negados. Según sus términos, se trataba de “islas de excepción” dentro de la economía global. Las mismas se encontraban constituidas por los principales productores petroleros (Newsweek, Special Edition, diciembre 2006-febrero 2007).

A su juicio, en el mundo del petróleo había sólo cinco países que contaban: Irán, Arabia Saudita, Rusia, Venezuela e Irak. De ellos, el último quedaba fuera del juego por razones obvias. Sumido en el caos, Irak mal podía presentarse como expresión de algún tipo de situación de privilegio. Los otros países citados, en cambio, disfrutaban de un margen de maniobra muy particular en la escena internacional.

Por su parte, el importante intelectual francés Jacques Attali acuñó ese mismo año el término “VRAI” (verdadero en francés), con las iniciales de cuatro países a los cuales “el precio del petróleo eleva al primer plano del escenario mundial: Venezuela, Rusia, Arabia Saudita e Irán” (L’Express, 4 mayo, 2006). Según él, los “VRAI” disponían de “inmensos recursos financieros y de las infraestructuras humanas y políticas para utilizarlos”. Ello los convertía en potencias regionales llamadas a transformarse en “los protagonistas del escenario político en los próximos años”.

En momentos en que el mundo se encontraba en proceso de transición hacia un nuevo orden en fase de definición, estas “islas de excepción”, estos “VRAI”, disfrutaban de una capacidad de experimentación muy especial. Esa capacidad, desde luego, no podía ser fácilmente reproducible por quienes no contaban con la autonomía de acción brindada por los petrodólares. No obstante, sus experimentos políticos, económicos o sociales, contribuían a proyectar modelos alternativos. Pero no era sólo en la definición de modelos propios, donde países como los citados disponían de un margen de maniobra muy especial. También, y de manera fundamental, evidenciaban una particular libertad de movimiento en materia de política internacional.

Más recientemente, y dentro de un contexto más amplio, Richard Baldwin refería que el porcentaje de los países del G7 dentro del PIB mundial declinó, entre 1990 y 2016, desde los dos tercios a menos de la mitad. Consiguientemente reflexionaba: “Esa pérdida porcentual del G7 dentro del PIB global ha debido traducirse en ganancia para alguien más. ¿Quiénes fueron los beneficiarios de ese porcentaje perdido?”(The Great Convergence, Harvard University Press, Cambridge, Mass., 2016, p. 92). De acuerdo a su respuesta, once países fueron los grandes beneficiarios de la pérdida experimentada por los países del G7.

De acuerdo a Baldwin: “Juntos, estos once emergentes –China, India, Brasil, Indonesia, Corea del Sur, Australia, México, Venezuela, Polonia y Turquía- obtuvieron catorce de los diecisiete puntos porcentuales perdidos por el G7. El resto del mundo –casi 200 naciones- se apropiaron tan sólo de los tres puntos porcentuales remanentes” (Idem, p. 92).

Al leer lo anterior salta a la vista una dolorosa constatación, traducida en interrogante: ¿Qué ocurrió con Venezuela?

Tempo exterior: Revista de análise e estudos internacionais