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El Economista 20 de Outubro de 2015 Giné Daví

Los entresijos geoestratégicos y comerciales del TPP

Los ministros de comercio de EEUU, Japón y otros diez países del “Pacific Rim” (Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Méjico, Chile, Perú, Brunei, Malasia, Singapur y Vietnam), cerraron el 5 de octubre un acuerdo para constituir el Transpacífic Partnership (TPP). Y otros países como Corea del Sur, Filipinas, Tailandia podrían sumarse a la que está llamada a ser la mayor área de libre comercio mundial.

Las negociaciones lideradas por EEUU y Japón se aceleraron en los últimos cinco meses cuando se conjugaron varios factores geoestratégicos, comerciales y financieros. Y con ocasión de la visita de Shinzo Abe a Washington a principios de mayo, EEUU reforzó su apuesta en Japón como su principal aliado geoestratégico en Asia-Pacífico para hacer frente a China que exhibía sus credenciales como nueva superpotencia regional con ambiciones y capacidades para serlo también en el ámbito global.

China había lanzado a EEUU dos retos, comercial y financiero. El primero durante la 22ª Cumbre de APEC celebrada en Pekín en noviembre de 2014, ante los líderes de las 21 economías de ambos lados del Pacífico. Xi Jinping propuso la creación de una amplia área de libre comercio en Asia-Pacífico (FTAAP) para contrarrestar la iniciativa de Barack Obama que pretendía constituir el TPP sin contar con China. El segundo, pretende mermar la hegemonía financiera de EEUU, basada en las anquilosadas instituciones internacionales (BM y FMI) vigentes desde 1944. China liderará el Banco Asiático de Inversiones en Infraestructuras (AIIB) que arrancó en abril con 57 países fundadores. Un rotundo éxito diplomático que sorprendió a Washington y Tokio. El AIIB compite con el Banco Asiático de Desarrollo con sede en Manila que tiene a Japón como su principal contribuyente financiero. También es un instrumento para la gradual internacionalización del yuan en las transacciones económicas internacionales, en detrimento del dólar y el yen.

EEUU reaccionó relanzando las negociaciones del TPP. Y logro superando fuertes resistencias internas que el Senado aprobase una  Ley le otorgó el “fast track trade Promotion Autority” (TPA), un mecanismo acelerado para tramitar el acuerdo. Una vez concluido el tratado, el Congreso tan solo podrá aprobarlo o rechazarlo en su totalidad.

Obama y Shinzo Abe han sabido sacar provecho de dos factores: a) la desaceleración del crecimiento chino que está afectando negativamente al resto de economías asiáticas, principalmente a las exportadoras de materias primas, muy perjudicadas por el brusco freno de la demanda china y b) unas crecientes reivindicaciones territoriales de Pekín en el mar de la China meridional que provoca tensiones políticas y militares entre los países vecinos del sudeste asiático. Estos no quieren quedar a la merced de la influencia china y buscan un equilibrio geoestratégico impulsando la cooperación con EEUU, Japón, Corea del Sur y Australia. Se explica el TPP incluya a algunos importantes socios comerciales de Pekín como Malasia, Singapur y Vietnam. Todo ello favorece el “pivot de EEUU hacia Asia-Pacífico, la zona de mayor crecimiento mundial. Pero la firme apuesta estadounidense puede resultar en detrimento de la región del Atlántico. En este contexto, será clave que también se alcance un acuerdo en las complejas  negociaciones del Tratado de Libre Comercio entre EEUU y la UE (TTIP).

Obama y Abe intentan fijar las reglas reguladoras del comercio mundial de las próximas décadas del Siglo XXI. El TPP establece normas en los ámbitos del medio ambiente, laborales, sanidad, protección de la propiedad industrial e intelectual, etc. Un marco normativo más exigente y transparente que el que practica China, la segunda economía mundial y el primer socio comercios de más de 125 países emergentes y en vías de desarrollo de todos los continentes. Se explica que Washington aspira a que el TPP y el TTIP entren en vigor para presionar a China a acomodarse a unas normas “standards” más rigorosas.

Pero el TPP le resta un largo camino por recorrer antes que logre entrar en vigor. El 5 de octubre, los ministros de comercio solo cerraron la negociación del texto. Le seguirá el acto solemne de la firma por parte de los Jefes de Estado o de Gobierno, seguramente unos días antes de la próxima cumbre de APEC. Y luego se abrirá un largo proceso de ratificación por parte de las instituciones competentes de cada Estado. Barack Obama afrontará una fuerte oposición en el Congreso a las vísperas de las elecciones presidenciales de noviembre de 2016. El populista candidato republicano Donald Trump se opone frontalmente. Pero también la candidata demócrata Hillary Clinton incrementa las incertidumbres sobre el futuro del TPP. También en Canadá, el TPP es un tema presente en la campaña de las elecciones legislativas del 19 de octubre. El debate sobre las posibles bondades o perjuicios del TPP continuará.

Tempo exterior: Revista de análise e estudos internacionais