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IGADI 20 de Xuño de 2016 Toro Hardy

La virulenta campaña del Brexit

            Confrontado como sus antecesores a dos desgastantes polémicas políticas que desde hace tiempo enrarecen la vida del país –el abandono del Reino Unido por parte de Escocia y el abandono de la Unión Europea por parte del Reino Unido- David Camerón decidió cortar de raíz ambos problemas. En 2014 convocó un referéndum para dilucidar el tema de Escocia y para el día 23 de esta semana está previsto otro para resolver si su país permanece o no dentro de la Unión Europea. A diferencia del primero que se desenvolvió dentro del marco de la consulta, la cruzada del Brexit desbordó su ámbito de referencia para transformarse en una rebelión populista contra las élites. El campo anti Unión Europea no sólo evidencia fuertes tintes nacionalistas sino también una fuerte reacción anti parlamentaria y anti política convencional. ¿Que se encuentra detrás de este estado de cosas? Cuatro razones básicas podrían ayudar a explicar la virulencia de las fuerzas del Brexit.

            En primer lugar la coincidencia en el tiempo entre este referéndum y la mayor crisis migratoria desde la que sucedió a la Segunda Guerra Mundial. Se estima que no menos de 1,5 millones de personas provenientes del Medio Oriente habrán llegado a Europa cuando concluya este año. Ello sin incluir los que vienen de África. A esto habría que agregar el más de un millón de desplazados de la violencia del Oriente Medio que arribaron a Europa en 2015. La convergencia entre esta avalancha humana y las presiones alemanas para que todos los miembros de Unión Europea acepten a un porcentaje de los recién llegados, es sin duda la más inmediata de las cuatro razones.

            En segundo lugar encontramos la indudable subestimación de las élites europeas frente al sentir popular. Fue sobre la base de ésta que varios gobiernos europeos, y en particular el británico, ignoraron la voluntad mayoritaria de sus poblaciones, expresada en manifestaciones multitudinarias y encuestas, para lanzarse a la invasión a Irak. Algunos años más tarde la Unión Europea lanzó un flamante proyecto de Constitución, destinado a ser aprobado por las poblaciones de sus países miembros por vía de consulta directa. No obstante, luego del rechazo a dicha Constitución en sendos referenda en Holanda y Francia, las élites se lo pensaron mejor. La respuesta fue empaquetar el contenido del proyecto constitucional en un Tratado de difícil comprensión para el ciudadano común. Se trató del Tratado de Lisboa aprobado por los gobiernos de la Unión en octubre de 2007. La razón del cambio era simple: para hacer válido un Tratado basta con la aprobación gubernamental y la ratificación legislativa. Los irlandeses, sin embargo, se salieron del carril. En lugar de ratificar el Tratado de Lisboa en el círculo cerrado de su Parlamento, convocaron a un referéndum para ello. Y cuando la voluntad popular, nuevamente consultada, decidió rechazarlo, la presión de los gobiernos obligó a Irlanda a dar marcha atrás y a recurrir a la vía parlamentaria.

            En tercer lugar tenemos el rechazo a la globalización y la identificación de ésta con las élites gobernantes. En palabras de académico estadounidense Charles Kupchan: “Se suponía que la globalización debía beneficiar a las sociedades desarrolladas, quienes supuestamente estaban en mejores condiciones para capitalizar las oportunidades resultantes de un mercado global rápido y fluido. Sin embargo a lo largo de las últimas dos décadas los salarios de las clases medias del mundo desarrollado se estancaron y la desigualdad se disparó. Ello es resultado de la incorporación al mercado global de miles de millones de trabajadores de mano de obra barata provenientes del mundo en desarrollo”  (“Refoundin good governance”,The New York Times, December 19, 2011). No en balde la desconfianza generalizada hacia la clase política.

            En cuarto lugar nos topamos con el proceso sísmico de reconfiguración que vive la política europea. Entre las manifestaciones de éste encontramos algunas como las siguientes: aparición y fortalecimiento de partidos de extrema derecha y de izquierda que capturan amplios porcentajes de la preferencia electoral; aparición de movimientos de interés único que pasan a ocupar espacios electorales que antes copaban los partidos mayoritarios; declive de los partidos tradicionales con particular referencia al descalabro de la centro-izquierda; viraje hacia una derecha cada vez más radical por parte de los partidos conservadores como fórmula para mantener su vigencia; incapacidad creciente para obtener mayorías electorales y necesidad de formar alianzas disímiles que dificultan la gobernabilidad. Las particularidades del modelo electoral británico habían permito aislar en importante medida a su sistema político de este fenómeno telúrico, aunque la elección de Corbyn a la cabeza del partido Laborista representó una campanada de alerta. El recurrir a la vía refrendaria eliminó, sin embargo, la protección que brindaba su modelo electoral.

            De triunfar el Brexit es claro que las fuerzas anti sistema de Europa  buscarán reproducir el ejemplo de un extremo a otro del continente. En palabras de Geert Wilders, líder del ultraderechista Partido por la Libertad de Holanda, por vía del Brexit Gran Bretaña podría liberar a Europa por segunda vez en un siglo, desencadenando una "primavera patriótica" en todo el continente. Según sus términos: "Al igual que en los cuarenta Gran Bretaña podría ayudar a liberar a Europa de otro monstruo totalitario, esta vez llamado Bruselas" (Peter Foster and Senay Boztas, "Britain 'could liberate Europe again' by voting for Brexit and sparking populist revolution", The Telegraph, 22 May, 2016). En efecto, el triunfo de la salida daría un inmenso impulso a los Wilders, Le Pen, Grillo y demás propulsores del populismo ultranacionalista europeo. Pobre Bruselas.

Tempo exterior: Revista de análise e estudos internacionais