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IGADI 30 de Decembro de 2013 Díaz Vázquez

La génesis del modelo soviético

Ante todo, es bueno recordar que todas las experiencias socialistas del siglo XX comenzaron, incluida en sus inicios la yugoslava, más las asiáticas  aplicando o retomando mucho de la práctica económica soviética. Mientras, en la República Popular China (RPCh) en (1958-1960), Mao Zedong  pretendió con el Gran Salto Adelante, instaurar otro Modelo Socialista alterno al Socialismo Real que había echado raíces en Europa. El fracaso de este primer  intento no fue óbice para que en (1966-1976), impusiera la Gran Revolución Cultural Proletaria con igual propósito. En el primer caso,  la política ocupó el puesto de mando; en el segundo, la lucha de clases.

      Volviendo a la RPCh, fallecido Mao Zedong (9/9/1976), después de afianzarse en el poder (1977-1978) Deng Xiaoping, secundado por otros viejos dirigentes del Partido Comunista de China (PCCh), en la III Plenaria del XI Congreso del PCCh (18-22/12/1978), se aprobó introducir en el país las Cuatro Modernizaciones (agricultura, industria, ciencia y técnica y defensa). La novedosa política económica desarrollada (1979-2012), influida por la Reforma y Apertura, llevó a China a la segunda economía del planeta. Hoy, ante el nuevo escenario creado, la cúpula del PCCh elegida (8-15/11/2012) en el XVIII Cónclave, en el (2011- 2021) plantea hacer de China una nación socialista moderna, armoniosa, rica, poderosa y democrática.   

En tanto, proclamada en 1954, la República Socialista de Vietnam (Norte) adoptó el modelo soviético. En 1975, al  finalizar la cruenta lucha de liberación nacional contra los interventores norteamericanos en  Vietnam del Sur, se reunificó el país.  El modelo de corte soviético que había regido en el Norte, fue extendido a toda la nación. Este ensayo naufragó; surgió una  situación económico-social crítica. En 1986, fue introducida una nueva  política económica llamada de Renovación. Entre otros enfáticos logros, el país ha obtenido sensibles crecimientos productivos, exportador de renglones como café y arroz; y la pobreza se redujo a menos del 10%. 

Por otra parte, Cuba, dentro de las experiencias socialistas, presentó más de una singularidad. Una de ellas, inició el rumbo socialista (1961-1970), intentando la edificación paralela del socialismo y el comunismo.[1] La aspiración resultó inviable. El I Congreso (12/1975) del Partido Comunista de Cuba (PCC), aprobó la adopción de un nuevo modelo de desarrollo económico-social, en lo fundamental, siguiendo los contenidos del núcleo duro del soviético, aunque se hizo más bien con criterio conservador.

A la vez, la influencia se extendió al sistema político, la concepción del Estado y de sus órganos, el ordenamiento de las estructuras políticas, sociales, de masas y profesionales. Igualmente, tomó criterios para el organizar la dirección y el funcionamiento de la prensa, la radio y la televisión; la concepción del trabajo ideológico, y con gradaciones, la idea de políticas culturales estatal y políticamente inspirada y fiscalizada.[2]

Mientras, hoy puede afirmarse que, el fracaso del socialismo en Europa, las transformaciones económico-sociales-políticas en China y Vietnam, las menos apreciables en  la República Popular Democrática de Corea y la Actualización del Modelo Económico en Cuba, apuntan a la formación de otros ordenamientos socialistas alejados de la teoría y la práctica que legó el molde soviético. El avance en la creación de patrones propios en el socialismo que sigue vivo, ha reforzado la tendencia a la pluralidad, de acuerdo con las condiciones y experiencias de cada país. Circunstancias que toman en cuenta las cambiantes realidades marcadas por el curso geopolítico-estratégico que afloran en  el siglo xxi.

Precisamente, a exponer en algunos de sus rasgos más abarcadores, el génesis del patrón que fue teorizado como expresión del socialismo derivado de las ideas de Marx-Engels-Lenin, se dedica el presente trabajo. Desde luego, no se ha pretendido hacer una historia de la existencia del llamado Socialismo Real, ni tampoco incursionar en las posibles causas que llevaron al final a su derrumbe. Sin embargo, lo apuntado entorno al origen del Modelo[3] Soviético queda abierto al debate.  

 

II

Les correspondió a Carlos Marx y Federico Engels la demostración científica que las contradicciones antagónicas contenidas en el modo de producción capitalista, la profundización de estas, sobre todo, en la etapa del  dominio del capital financiero en sus diferentes variantes, claman por la sustitución de aquel sistema  por otro régimen social más avanzado.  A fines del siglo XIX e inicios del XX, el marxismo fue actualizado con espíritu creador por Lenin. El desarrollo desigual del capitalismo, en su carácter de ley general para ese modo de producción lo llevó a que, en las nuevas condiciones creadas al entronizarse el capital monopolista era posible la victoria de la revolución, primero, en unos cuantos países e incluso en uno.  

Sin embargo, es oportuno recordar que la revolución de inspiración proletaria debió iniciarse, siguiendo los postulados de Marx-Engels, en los países (hegemónicos) industrialmente adelantados como condición sine qua non de un sistema capaz de producir los bienes necesarios para la plena satisfacción de las necesidades materiales y espirituales de la sociedad, y se formara un hombre liberado de la explotación. El socialismo (comunismo) surgiría de la superación del desarrollo capitalista; sería un proceso viable solamente a escala universal. El cambiante escenario en que entró el capitalismo a principio del siglo xx fue analizado por Lenin en un texto emblemático: El Imperialismo, fase superior del Capitalismo.[4]

Por otra parte, Lenin retomó y sometió a críticas las visiones expuestas en la época sobre el cambiante escenario en que fue interpretado el capitalismo: Monopolio, capital financiero, ultra imperialismo; así, sentó las premisas para el análisis científico del posterior curso del modo de producción capitalista; e imprimió un nuevo giro a la lucha revolucionaria del proletariado. Esta fase, la del capitalismo monopolista de estado, le sirvió para atalayar la ruptura de la cadena imperialista por el eslabón más débil, la Rusia zarista. El triunfo revolucionario en este país, el menos desarrollado de los imperialistas, llevaría a que un Partido Comunista enfrentara el desafío de llevar a feliz término las tareas económico-sociales que la burguesía había resuelto en los centros capitalistas hegemónicos.

Con el triunfo (7/11/1917) de la Revolución Rusa llevada a cabo por los bolcheviques dirigidos por Lenin, el socialismo abandonó la hipótesis científica para insertarse en el devenir histórico. Así, siguiendo el canon de la prédica socialista, Lenin y sus seguidores, una vez tomado el poder, en lo económico,  proceden a despojar a la burguesía —nacional y extranjera—, de los medios básicos de producción: industria, ferrocarriles, banca, comercio exterior, etc. Con el dominio estatal de los principales resortes del poder económico, pasó a primer plano la tarea de administrar y dirigir la economía sobre otros presupuestos.

Mientras, en lo político-estatal parecen entronizarse los Soviets – unión de obreros, campesinos y soldados -- como expresión del poder popular. Habían surgido al quehacer político público en San Petersburgo durante la revolución de 1905;  apoyados  por los Mencheviques, tuvieron en el soviet de la ciudad de Presidente a Trosky. Sin embargo, proclamado los Soviet como forma de poder supremo, pronto se conjugarían las tareas propias del proyecto socialista de organizar la economía sobre nuevas bases, con la defensa en febrero de (1918-1920), del Poder Soviético de la contrarrevolución interna y las intervenciones de las potencias imperialistas.

III

En tanto, ahora parece útil referirse a las circunstancias temporales que actuaron ante la nueva situación creada. Subordinar todas las fuerzas y los recursos económicos y, con ellos, el funcionamiento de los órganos estatales y partidistas al esfuerzo bélico, propició la identificación de aquella situación particular con la esencia de los postulados que, en el orden económico, político y social aportaría el socialismo. Esta experiencia se caracterizó como Comunismo de Guerra.[5] Política y contexto que se vio unido al ideal socialista de pasar a una sociedad de intercambios directos, excluyente de toda relación mercantil, tal como se interpretaba del legado de los padres del socialismo.   

Sin embargo, entre (1918-1920), tres serían los matices principales que definieron la situación económica de la naciente República Soviética.  Desaparece toda actividad económica privada; el dinero, emitido en cantidades astronómicas pierde sus funciones; el comercio queda anulado al imperar el trueque de mercancías. Las relaciones de intercambio campo-ciudad son sustituidas por la contingentación realizada por los pelotones del Ejército Rojo. El campesino entregaba el grano, deducidas las reservas necesarias para la subsistencia y simientes y recibía a cambio un bono de compromiso de consumo futuro. Igual curso seguían los guardias blancos (contrarrevolución), pero, además colgaban al campesino. Los bolcheviques resultaban los menos malos.

La victoria sobre los enemigos internos y externos a finales de 1920; la condiciones complejas que se dieron en el campo, al rebelarse los campesinos en distintas zonas del país contra el sistema de contingentación, se unieron las diferentes corrientes de opiniones y apreciaciones de la realidad creada dentro de las filas de los bolcheviques y sus aliados más cercanos.  Se producen motines – ejemplo el más relevante el de Kronstad- son factores que condujeron a Lenin, en el verano de 1921 a plantearse la necesidad de reconocer los errores en los enfoques aplicados y, a la vez, abogar por un vuelco en la política del Partido Comunista Ruso (b) (PCR).[6]

El viraje se produciría (3/1921) en el X Congreso del PCR (b) al aprobarse el informe sobre la sustitución del sistema de contingentación por el impuesto en especie.[7] Lenin, tomó visión de la necesidad de acometer la tarea de crear las bases para el paso al socialismo en Rusia, etapa no prevista por los clásicos si nos atenemos a lo señalado por Marx en la Crítica del Programa de Gotha.  La Nueva Política Económica (NEP) se convirtió en el eje central para fundar las premisas que harían posible alcanzar, al decir del propio Lenin, la cultura ante todo económica, política y social que llevaría a consolidar las conquistas socialistas en Rusia.

Sin embargo, el paso a la NEP transcurriría en medio de una acerba lucha político-ideológica, pues, inicialmente no fue asimilada por la cúpula de los bolcheviques ni comprendida en todo su alcance. Un indudable mérito de Lenin resultó avizorar que la NEP constituiría una política de largo plazo. Tuvo sucesivas etapas; en sus inicios, intentó conservar los vínculos campo-ciudad a nivel de trueque de mercancías sin utilizar el dinero, no prosperó; la compra-venta se impuso. Otro elemento importante, no era posible limitar las formas mercantil-monetarias a los vínculos ciudad-campo; debían actuar también en el sector socialista.

Situados en este plano, las empresas socialistas —estatales— entraron en la política propugnada por la NEP, con el paso al llamado rendimiento de cuentas económicas; desarrollado más tarde como cálculo económico —cubrir costos con los ingresos— al agruparse las unidades en compañías y trusts. Al trabajar las unidades productivas basadas en criterios de eficiencia económica, significaba que disponían de autonomía operativa. Pero quedó puntualizado que aplicar fórmulas mercantiles no equivalía a rechazar la planificación centralizada, al concentrarse las decisiones fundamentales en los órganos estatales. En conciso, “la nueva política económica no transforma el plan económico unitario del Estado y no se sale de sus guías, cambió únicamente los métodos de su realización”.[8]

Las experiencias que arroja el socialismo conocido (el que el viejo topo desechó y el que existe) confirman el enjundioso acervo de la NEP, en el período (1921-1922), en la comprensión leninista de las relaciones entre plan-mercado, así como de las funciones que desempeñan los vínculos mercantil-monetarios cuando se emprende la edificación socialista en países con fuerzas productivas poco desarrolladas; léase hoy, subdesarrollados.

Debe recordarse que mucho influyó en las ideas de Lenin la pluralidad existente en las formas de propiedad en la economía soviética —patriarcal, pequeños productores, capitalistas, socialista y extranjera—, como factores externos que hacían indispensable la utilización consciente de mecanismos mercantiles en el socialismo. Este último concepto echaría raíces en las teorías que, con posteridad, abordaron el tema.

Al mismo tiempo, la NEP entraría en la historia como el primer intento para estructurar en el siglo XX una economía mixta sobre bases socialistas, incluida el replanteo de la reorganización de la propiedad estatal y el papel de las relaciones monetario-mercantiles. Pero, sus realizaciones no se reflejaron de igual modo y grado en los órganos político y social. La fusión de Partido, Estado y Gobierno producida, en parte conscientemente, y en parte, por las circunstancias excepcionales generadas por la guerra civil, no fue posible superarlas de inmediato ni tampoco en los años que la NEP fue consolidándose en lo económico. Esta situación tendría negativos efectos en el más largo plazo.    

Por otra parte, la ausencia temporal de las funciones partidistas y estatales y, después, la desaparición física de Lenin, vendrían a complicar el horizonte en que transcurría la NEP. A los traumas generados en muchos cuadros del Partido por la necesidad de reconocer la vigencia de relaciones monetario-mercantiles-financieras, que se asociaban con el capitalismo, aunque sujetas a las palancas fundamentales del poder soviético y, en lo económico, del Estado socialista, se adicionaron otros como el surgimiento de tendencias contrapuestas que dieron lugar a fracciones en el seno del Partido. 

De la guerra civil los bolcheviques emergieron como Partido único; este hecho, más la concentración de la ejecución y control de las funciones estatales y gubernamentales por los dispositivos partidistas que se iban creando durante la etapa del Comunismo de Guerra traería efectos de largo alcance en todo el ordenamiento de la sociedad soviética de los años veinte y posteriores. Debe agregarse que la NEP se desplegó, sobre todo en sus primeros años, en medio de un país arruinado. Además, los núcleos obreros que habían desempeñado un papel de primer orden en el afianzamiento de la autoridad y prestigio de los bolcheviques, en la práctica, no existían.

En unos casos, esos elementos fueron asimilados por el Ejército Rojo, en otros, emigraron al campo, y los que supervivieron en los centros urbanos estaban desarticulados, en su mayoría, como núcleos productivos. Entonces, resulta comprensible que, en ese contexto, el Partido se erigiera en la garantía más sólida para preservar las conquistas de la revolución. No es raro que la sacudida creada, y los cambios audaces que significaba la NEP, no se valoraran de igual modo y forma en el seno del Partido Bolchevique.                

Esta es una razón objetiva que puede explicar el surgimiento de las fracciones en el Partido. Además, no hay que olvidar los naturales y claros manejos de la cúpula bolchevique para reemplazar el papel desempeñado por Lenin. En 1922 aparecieron los primeros síntomas del mal que  pondría fin a su vida; los cuales limitaron su participación activa en las tareas concretas de la edificación socialista hasta su muerte en enero de 1924. A la vez, la NEP no llegó a erigirse en un modelo socio-económico acabado contrapuesto al Comunismo de Guerra. Su influjo no abarcó la esfera política, donde echó profundas raíces el papel de los bolcheviques como Partido único; y en lo social,  dejó como estereotipo el nepman o nuevo capitalista.  

El área política parece que recibió más influencia directa del Comunismo de Guerra. Sobre todo, si aceptamos que mientras el Partido concentró facultades en lo político-económico-social; por otro lado, experimentó fases en el enfrentamiento en la cúpula bolchevique por consolidar una dirección única. Primero, Lenin, no era reemplazable; se constituyó una troika o dirección colegiada: Stalin-Kanamed-Zinoviev. Esta, formó un frente común contra Troski; fue eliminado en 1926. Entonces,  se produce la coalición Stalin-Bujarin contra Kanamed-Zinoviev; caídos estos,  Stalin, más tarde desplaza a Bujarin. Entre las fracciones contaron la formada alrededor de Troski, la Oposición Obrera nucleada en torno a Alexandra Kollantai y la llamada de Derecha  encabezada por Bujarin.     

Stalin (Soso-Koba) que, desde su nombramiento en 1922 de Secretario para el trabajo de organización de los bolcheviques -- asumió el cargo de Jakob Sverlov, muerto en 1919--, fue acumulando responsabilidades y poderes que consolidó paulatinamente. La cuestión de la lucha por el mando absoluto quedó resuelta cuando Koba logra el control completo sobre el aparato del Partido (1927-1928). Luego, a finales de los años veinte, los dispositivos del poder han convergido en manos de Stalin, e igualmente, se plantea de forma aguda la necesidad de liquidar el atraso industrial del país como condición indispensable para resistir el cerco capitalista. 

Tampoco puede soslayarse que la Revolución de Octubre –así lo apreció Lenin y otros dirigentes --, se interpretó como el inicio de un vasto movimiento revolucionario en Europa, que diera al traste con la dominación burguesa. Posibilidad que quedó enterrada con el fracaso en Alemania de la socialdemocracia de hacerse con el poder en 1923. Asimismo, el entusiasmo generado por la revolución en grandes capas de la población en Rusia, el éxito en el restablecimiento del normal desenvolvimiento de la economía, el comercio, el saneamiento de las finanzas, e inclusive la emisión de un rublo convertible fueron terreno favorable para que ganara adeptos la tesis – no original, pero impulsada por Stalin— del socialismo en un solo país.[9]

IV

 

Ahora, únicamente se requería organizar las fuerzas para el gran salto hacia la industrialización. En este sentido las premisas estaban dadas. En primer lugar, por las estructuras de poder centralizadas y consolidadas. Por ello, era posible volver a tensar las fuerzas sociales para el logro de los objetivos propuestos, tal como se había dado durante el Comunismo de Guerra. El Primer Plan Quinquenal (1928-1932) marcó un viraje y, a la vez, el fin de la NEP. Todos los recursos se concentraron con el propósito de realizar en poco tiempo lo que el capitalismo había logrado en más de 150 años de dominación. Sin dudas, este fue un gran logro del pueblo soviético.

Es oportuno recordar que, desde 1921 funcionaba la Comisión de Planificación, que entre la formulación de planes parciales, incluyó con éxito el llamado GOELRO, programa para la electrificación de Rusia. Lenin lo designó como: Comunismo, es igual al Poder de los Soviet más la electrificación. Pero, no sería hasta 1926 que se reforzaron los trabajos de planificación, al crearse como órgano estatal la Oficina Central de Planificación (GOSPLAN); comenzándose a elaborar la preparación del primer plan de la economía en 1927.    

La industrialización acelerada a partir de la rama pesada exigió que el Estado volviera a centralizar en sus manos las actividades industriales, comerciales, transporte, servicios productivos y sociales, bancos, etc. Los cambios operados en la dirección de la economía se reflejaron en el 95%  de las relaciones entre los Trust y las empresas; se determinaban por medio del Plan. Situación inversa en las habidas en la NEP; éstas pasaban por el mercado. Igualmente, el Cálculo Económico – introducido con la NEP en la gestión estatal sobre principios de total autofinanciamiento --, se convertiría con posterioridad en un elemento de cómputo con vínculos mercantiles formales, donde la moneda desempeñaba un papel pasivo.  

Por otra parte, a finales de los años veinte se produjo un drástico vuelco en lo político-económico-social en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) que, al echar raíces y afianzarse en años sucesivos, conformarían un Modelo de dirección y gestión económico que devendría clásico. A fines de 1927 e inicios de 1928 los acopios de granos descienden; la crisis de las tijeras desatada impuso drásticas medidas para enfrentar la escasez de cereales. Asimismo, 1928, marcaría dos giros de largo alcance en el ulterior desarrollo del país. El primero, la adopción por la sesión plenaria del Comité Central (CC) del Partido (4-12/7/1928) de la resolución que enfatizó en el lanzamiento (11/ 1928) de los planes quinquenales.  

La segunda gran ruptura se produjo, en la práctica, en el otoño de 1929 al desatarse la masiva campaña de la colectivización de la agricultura. El rumbo forzoso que tomó la socialización de la agricultura, repercutió negativamente durante muchos años en la eficiencia del rendimiento del sector agropecuario soviético.[10] Se impuso en los intercambios ciudad-campo la no equivalencia: comprar barato y vender caro. Entre (1928-1934) fueron racionados los bienes de consumo a la población. Otro cuadro, heroico y lleno de verdaderas hazañas lo protagonizó el desarrollo industrial; la rápida expansión de la clase obrera soviética en el curso de 10-12 años, transformó al país en la tercera potencia industrial mundial.

La socialización acelerada en la agricultura también tuvo otras repercusiones sociales perversas; en particular, sobre todo en la masa ganadera. Sin embargo, en 1934 se hizo una concesión a los koljosianos al autorizarse el cultivo de las parcelas individuales; sus excedentes llegaron a cubrir parte importante de las necesidades de bienes agropecuarios. Tuvieron acceso a un mercado libre para comercializar sus productos. Terminada la colectivización en lo fundamental, en 1935, dio lugar a que en 1936 se proclamara la conclusión del periodo de tránsito al socialismo. La URSS –se declaró—había construido y entraba en la primera fase de la sociedad comunista; el socialismo.   

Las razones para ello, en lo esencial fueron que, en  el país existían  dos formas de propiedad. Una, la más desarrollada, la social, identificada con la estatal. La otra, la cooperativa o de grupo, pero donde se excluía la explotación del hombre por el hombre. La necesidad de intercambios entre los dos tipos de propiedad, justificó el empleo de las relaciones monetario-mercantiles. Pero, estas le venían impuestas al sector estatal desde fuera. Concepción que más adelante teorizó Stalin[11]; y que se reflejaría en la literatura económica socialista hasta fines de los años 50 e inicios de los 60 del pasado siglo. En ese tiempo se planteó la necesidad de introducir reformas en los mecanismos de gestión y dirección que regían las relaciones económicas socialistas.     

Mientras, el esfuerzo que recabó la industrialización, más la acerba lucha de clase desatada en el campo, tensaron las fuerzas del Partido y el Estado al límite. Esta atmósfera facilitó que la planificación de la economía se identificara con la máxima centralización de las decisiones económicas. Más que en los debates u opiniones emitidos en la época por especialistas, las tesis que van a primar acerca del papel de las categorías monetario-mercantiles se encuentran en los documentos y pronunciamientos de los dirigentes —O.K. (Sergo) Ordzonikidze, V.V. Kuibyshev y otros y, en particular, de Stalin. Así, la resolución (5/12/1929) del CC del PCR (b) sobre organización industrial, tarjó el curso futuro de los principios de la dirección de la economía soviética.[12]

La reorganización emprendida en la actividad industrial definió a la empresa como el principal eslabón de dirección; el papel de los trusts, como centro organizativo de la industria fue, en la práctica extinguido. Las unidades recibieron autonomía jurídico-formal, aunque no heredaron todas las prerrogativas de los trusts. Con la nueva disposición el nivel superior de las empresas se transfirió a los creados Consorcios; contaron con cierto nivel de autonomía que, pronto derivaron en funciones de tipo administrativo.

En tanto, en 1934, los consorcios pasan a ser órganos de los ministerios de las ramas industriales. Las actividades empresariales adquieren un carácter vertical que se repetirá a todos los niveles. Además, son ajustadas a las directivas del plan; seguido del aumento del orden administrativo que transitó del centro de la política económica a la dirección operativa. Así, apareció otro ingrediente que contribuirá a la creciente burocratización que echaba  raíces en la sociedad soviética. 

Entonces, no resulta aventurado afirmar que, de un lado, el particular ambiente de la época; de otro, la planificación de la economía se hermanó con la máxima centralización de las decisiones económicas; sumado, que la literatura especializada centró su atención en los elementos particulares en que operaban los mecanismos económicos. Mientras, la atención de la (academia) teoría acentúo más bien un carácter de intérprete del sistema conformado, al calor de las tareas concretas a resolver. Así, quedó definido un Modelo de dirección y gestión de la economía que, en los próximos 25 años, concretó la esencia del funcionamiento de la economía soviética.

Por otra parte, la propiedad estatal (igualada a la social) reforzó las bases para la formación de una dirección y gestión de la economía centralmente planificada; la actividad económica se reguló a través de balances materiales y la asignación altamente centralizada de tareas y recursos. El sistema empresarial integrado verticalmente a los ministerios ramales excluyó las relaciones horizontales, al margen de las determinadas por el plan centralizado de la economía nacional. [13]

Así, a través de este encadenamiento el mercado careció de todo atributo como entidad y trasmisor de señales al productor, para orientar la oferta y lograr ajustes racionales a la demanda. La economía planificada y el orden centralizado de la producción, junto con un prefijado nivel de consumo de la población, redujeron el intercambio mercantil a la esfera de los gastos individuales mediante la red comercial minorista.

Mediante estos mecanismos la gestión y dirección de la economía tomó un carácter administrativo; dadas las cantidades de recursos materiales; las relaciones de valor tuvieron una función nominal, y la moneda un papel pasivo. En lo formal, el Modelo integró las relaciones monetario-mercantiles, aunque limitadas a la esfera de la distribución; servían para equiparar el fondo de consumo, los salarios y otros servicios, así como balancear los ingresos de la población y los gastos del presupuesto estatal.

No puede ponerse en duda que, en un naciente empuje, el Modelo que enraizó en la URSS posibilitó impulsar el crecimiento y desarrollo económico, incorporó en masa los recursos naturales y humanos al proceso productivo y facilitó industrializar nuevos territorios y sumarlos al progreso del vasto país. Además, el crecimiento de la producción a altos ritmos y la liquidación del desempleo, trajeron agua al molino de las virtudes iníciales del experimento soviético. Mientras el capitalismo conoció su primera gran crisis económica general (1929-1933) y, con ella, la secuela de millones de desocupados y la caída de la producción. El socialismo engendrado por los soviets pareció revelarse como el enterrador del capitalismo.

Debe anotarse que, si bien la centralización basada en las proporciones materiales posibilitó grandes maniobras, tendió a reproducir el desarrollo extensivo. Establecido el Modelo, cortó toda apertura hacia otros instrumentos de dirección, gestión y control macroeconómico-mercantiles. Igualmente, la inmensidad del territorio soviético, más la hostilidad capitalista, resultaron factores que contribuyeron a aislar a la URSS del mercado mundial. La necesidad de concentrar recursos para la guerra que desencadenó el fascismo poco después, más la reconstrucción de posguerra trajo nuevo aliento a la dirección centralizada de la economía. Además, no pocos beneficios aportó para insuflar vida al Modelo la ausencia del mercado, la no competencia y encerrarse en la economía interna.

Por otro lado, las características más generales del Modelo que serviría de interpretación interesada en presentar la experiencia de la URSS como la plasmación en la vida del legado de Marx-Engels, requiere una alusión somera, a la problemática de la creciente burocratización que, desde de fines de los años veinte, se consolidaría en la sociedad soviética hasta su desintegración.

A esto contribuyeron, entre otros, la herencia burocrática zarista que el poder rojo no pudo desplazar del manejo cotidiano de la maquinaria estatal; el embrutecimiento masivo de amplias capas de la población; el legado de la política centralizadora del Comunismo de Guerra; la desmovilización del Ejército Rojo –cinco millones de hombres--, de los cuales, los cuadros vitales pasaron a ocupar cargos relevantes en los soviet, la economía y el Partido. 

Asimismo, con aquellos cuadros se trasladaron los métodos y estilos que les habían dado el éxito en la guerra civil: Ordeno y mando. Otro papel importante lo desempeñó la política de Stalin como Secretario General para el trabajo interno del Partido; le permitió ejercer su influencia y control sobre los movimientos de personal, para el Estado, el Gobierno y el Partido; se conoció como la Nomenclatura.

A la vez, la creación de una escala de cargos e institucionalizar un sistemas de escuelas del Partido paralela al sistema nacional, fortalecería de forma orgánica a la Nomenclatura. Fenómeno que daría lugar a una casi simbiosis del poder político y la jerarquía de la dirección económica que, con su accionar, se haría cada vez más independiente y terminaría situándose fuera del control popular.  Los soviets, como encarnación del poder de los núcleos obreros, campesinos y soldados perdieron su autonomía al quedar sujetos a las estructuras del Partido.

En general, con la política fortuita o consciente aplicada se formaron los pilares objetivos, para que la organización o Modelo que adoptó la sociedad soviética, desde los años treinta del pasado siglo, se identificara y, lo más importante, siguiendo los dictados del Partido se intelectualizara por la Academia en los textos y obras de ciencias sociales, como la guía del ideal socialista reconocido del marxismo-leninismo.[14] Esta categoría avaló la experiencia soviética como verdad absoluta del marxismo en la época del desarrollo monopolista del capitalismo.

Finalmente, es bueno recordar que la práctica soviética se asoció con un Modelo Social contrapuesto al capitalismo. En concreto, tuvo como anclaje tres sostenes básicos. Económico: Propiedad estatal (igualada a la social) sobre los medios fundamentales de producción; incluida las cooperativas. Político: El Partido del proletariado como fuerza de vanguardia rectora de la sociedad; organizada en la dictadura del proletariado; luego asumida como Estado de todo el Pueblo, o hechura más desarrollada de democracia. Social: Eliminación de la explotación del hombre por el hombre: Provisión estatal para todo ciudadano, garantía de educación, salud, trabajo, vivienda, cultura, etcétera[15].

En resumen, en el Modelo los elementos político, económico y social se   integraron en las instancias estatales y gubernamentales bajo la indudable subordinación al Partido. Como corolario, el proyecto socialista tejido en la URSS hizo de la ideología el factor integrador de las relaciones sociales. El accionar de las instituciones iba de la esfera ideológica a la política y de esta a la economía. La ideología se erigió en sostén del proyecto social y en aglutinadora político- económico-social y estatal.

V

 

Asimismo, en otro orden, en el afianzamiento del Modelo resultaron hitos importantes entre (1930-1940) la celebración en 1934 del XVII Cónclave del PCR (b) —Congreso de los Vencedores— y en 1936 la aprobación de la Constitución Soviética. Esta Ley de leyes, entre otros logros sociales, declaró concluido el período de tránsito y que en el país se había construido el socialismo, en lo fundamental. Hecho que avaló la existencia de dos formas de propiedad; una, la estatal o de todo el pueblo, la forma social más avanzada; la otra, la koljosiana o de grupo, menos desarrollada.

En tanto, estos eventos suscitaron responder a lo orientado por el Partido, en cuanto a la actualización de los manuales de economía política en uso. Los avances habidos en la redacción del proyecto, desde 1937 se discutieron en 1941. Entre otras cuestiones, en cierto sentido, el debate regresó a los viejos alegatos con respecto a la ley del valor en la economía. Unos la negaron; otros adujeron la realidad de su actuación en el socialismo.

La agresión de la Alemania nazi (22/6/1941) e inicio de la Gran Guerra Patria exigió dedicar todos los recursos del país —políticos, militares, económicos y sociales —para rechazar y derrotar la agresión hitleriana. Se implantó un severo régimen de racionamiento (1941-1947) que restringió el consumo de la población. Sin embargo, un trabajo publicado en 1943 —un relámpago en cielo despejado— continuó los ecos del debate de 1941 y afirmó que la sociedad socialista representada por el Estado, utiliza conscientemente la ley del valor —de manera transformada— en interés de la dirección planificada de la economía.[16]

También prestó atención a que los precios se fijaran en dependencia de los gastos de trabajo socialmente necesarios; destacó la importancia del cálculo económico en la gestión planificada de la economía[17]. Reconocer que la ley de valor actuaba en el socialismo resultó importante, pues era un abroche tácito al empleo de las categorías monetario-mercantiles en la sociedad socialista. No sería hasta 1951 que, en el Instituto de Economía de la Academia de Ciencias de la URSS, se discutió el contenido de un Manual de Economía Política; se publicó en 1954. Este texto, dedicó, por primera vez, una sección a la economía política del socialismo que dio contenido teórico a la experiencia soviética.[18]

En las discusiones habidas participó Stalin en un interesante intercambio epistolar con algunos de los participantes en los debates. Sus observaciones las recogió en una obra que se convirtió en lectura clásica.[19] Por el carácter de las verdades indiscutidas que tuvieron algunas de ellas vale glosarlas. Defendió el carácter objetivo de las leyes, sea en la naturaleza o la sociedad, como sucesos que actúan con independencia de la voluntad de los hombres. Pero, la ley de la obligada correspondencia entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción suscitó, posteriormente, una acre refutación.

Por otro lado, en cierto sentido, salió a relucir mucho de lo discutido en los años veinte. Los intercambios entre la propiedad koljosiana y la estatal hacía necesario mantener las relaciones mercantiles. Esto es, la relación de mercado le es impuesta desde fuera al sector estatal; y desde luego, los intercambios con el exterior adquieren un carácter mercantil, pues hay un cambio de propiedad. En el interior del sector estatal la permanencia monetario-mercantil era formal; no admitió la producción mercantil en el sector estatal. Señaló que la relación de mercado no era privativa del capitalismo; en el socialismo existe sin propiedad privada ni explotación del hombre por hombre.

Para esta conclusión arguyó que subsistían a los fines del control medir a través del cálculo económico los rendimientos de cada empresa. También era necesario mediante la forma monetaria hacer mensurables los indicadores globales, la producción bruta y neta, la distribución con arreglo al trabajo, los gastos de presupuesto, etc. Aunque, en este contexto el valor--dinero tenía un carácter pasivo. Además, planteó que la ley del valor tenía influencia indirecta en el área estatal, pues los gastos de la fuerza de trabajo en la producción son cubiertos con bienes de consumo adquiridos en el mercado, y por tanto, suscitan cambio de propietarios.

La reconstrucción económica posbélica en la URSS, la ampliación del surtido mercantil, la obsolescencia de medir los rendimientos empresariales en el cumplimiento del plan, en indicadores físicos: metros, peso, piezas —trajes de igual color por años, zapatos de modelos idénticos, etc.—, propició que en la segunda mitad de 1950, comenzara a tratarse en foros, revistas especializadas y del Partido, la necesidad de revisar los indicadores del plan, los métodos de cómo medir la eficiencia de las empresas, la calidad de los surtidos, etc. Esta situación encontró terreno abonado (11/ 1961) en el XXII Congreso del PCUS que, entre otras resoluciones, aprobó el Tercer Programa del Partido.

VI

Antecedente importante a los ataques a los indicadores en que se medían los resultados del Plan de la Economía Nacional resultó la crítica en 1956, en el XX Congreso del PCUS al culto a la personalidad de Stalin. En esta línea, las resoluciones del XXII Congreso subrayaron el lugar que ocupan las categorías económicas inseparables del cálculo económico, la ganancia, los precios, los fondos de estimulación, el crédito bancario y demás palancas económicas que contribuyen a la eficiencia en el desempeño de las empresas socialistas. Esta orientación encontró oídos receptivos, además de estímulos del PCUS, para concitar un amplio debate en 1962 y siguientes años, alrededor de los contenidos del plan, beneficio, incentivos, precio, empleo de fondos productivos, la gestión y autonomía de las empresas, etc.[20]

Por otro lado, los efectos administrativos presentes en el Modelo resultaron paralizantes, refractarios a la innovación, junto a las ascendientes tendencias burocráticas contenidas en la sujeción de las empresas a rígidos esquemas verticales —reproducían a todos los niveles del país las estructuras de dirección y control—, se erigieron en sólidas barreras que entorpecieron la asimilación de nuevas tecnologías a iniciativas innovadoras, e inclusive, frenaron la formación de verdaderos empresarios dinámicos.

No resultó, por consiguiente, un fenómeno aislado que cada cierto intervalo de tiempo el funcionamiento de la economía de la URSS se abocara a reformar los mecanismos económicos aplicados, así como a modificar los indicadores y apartados contenidos en el plan de la economía nacional. Una breve incursión retrospectiva evidencia que así sucedió en 1939, al rectificarse los precios de las materias primas —se le fijaron niveles de rentabilidad bajos para estimular su empleo—; se hicieron apremiantes a finales de 1950; y a partir de los años 60 del siglo pasado, comenzaron a manifestarse como objetivo intrínseco que reaparecía en períodos oscilantes que van de 5 a 10 años.

Lo general del proceso reformador que se desarrolló —no solo en la URSS, también en las demás economías europeas, incluida Yugoslavia—, consistió en insertar en la planificación centralizada, las categorías monetario-mercantiles y aceptar la presencia y papel de la ley del valor. Sin embargo, aquí lo destacable radica en que aquellas reformas ignoraron que el modelo económico formó parte de un todo que, además, integraba en su funcionamiento lo político y lo social. Aunque, esta simbiosis fue señalada  desde 1960 no recibió la debida atención por la academia y los respectivos Partidos.[21]

En tanto, acerca de los cambios en la planificación, la administración territorial, la dirección de la economía, en los sistemas de incentivos económicos, etc.; o lo que es lo mismo, las desviaciones en el funcionamiento de la economía que las reformas introducidas en los años 1960 paliaban, prevalece el consenso aceptado por la mayoría de los estudiosos del socialismo, que el origen de los conflictos y desproporciones, en esencia, tenían su raíz en la concepción y funcionamiento del  propio modelo económico de gestión y dirección

Hoy no se discute que lo postulado por los manuales de economía política del socialismo —y en particular por Stalin—, en relación con la ausencia de conflictos entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción en el socialismo, al no existir clases, capas o grupos opuestos a las necesarias adecuaciones a los permanentes cambios en la sociedad, careció de objetividad. El viejo topo se encargó de la refutación; la propiedad estatal (social) generó intereses que, conjugaron una simbiótica vinculación entre poder político, dirección y gestión de la economía. Quizás, el mejor ejemplo resultó el abrupto corte de las reformas económicas checas.

VII

 

La trayectoria de las reformas económicas emprendidas, a partir de los años de 1960, en la URSS y demás economías socialistas de Europa  queda fuera del análisis, a los fines del presente trabajo. Sin embargo, la extensión, imposición, copia o adecuación del Modelo Soviético, a los países integrantes de la llamada Comunidad Socialista[22] tuvo en los sucesos de  1956 en Hungría, su primer evento explosivo que puso al descubierto sus limitaciones. Protesta justa que devino en motín anti-socialista. Sin condiciones para ello, el país intentó convertirse en productor de acero; y aceleró la cooperación en el campo. Además, concentró en la dirección del Partido muchos de los rasgos más negativos del trabajo político mediante  métodos y estilos burocráticos y hasta represivos.

Hecho que había tenido de prólogo, en 1953, las medidas de fuerza desatadas contra las protestas obreras en la extinta República Democrática Alemana (RDA), generados por el descontento y oposición a los cambios drásticos en las normas de trabajo en la construcción y otras medidas impopulares. Repulsa que tuvo de antecedentes las amplias revueltas estudiantiles que tuvieron lugar en Polonia.   

Por otra parte, hacia los finales de 1950 era palpable la pérdida de dinamismo en las economías de los países socialistas europeos y la URSS. Para inicios del decenio 1960 concentraban el 33% de la producción industrial mundial, el 25% de la Renta Nacional Creada, y el 20% de la producción agropecuaria, y realizaban el 10% del comercio internacional. Sin embargo, 25 años después mantenían las mismas proporciones, además de haber descendido al 8% en los intercambios mundiales.

Las reformas emprendidas en la esfera económica con el fin – así se teorizaron – de hacer corresponder las relaciones de producción  con el desarrollo de las fuerzas productivas, se imbricaron con el proceso de denuncia del culto a la personalidad estaliniano y la campaña desplegada por Nikita S. Jruchov por hacer realidad el lema de que la generación presente viviría en el comunismo.      

Es destacable que, tanto en la URSS como en otros países europeos, con diversa intensidad o alcance las reformas económicas emprendidas se centraron en el reconocimiento de emplear más a fondo las palancas monetario-mercantiles; pero las áreas política y social quedaron al margen en los propósitos y ejecución de las estrategias económicas proyectadas.

Parece que solo las reformas intentadas en Checoslovaquia, que alcanzaron su punto más candente ya avanzado (8/1968), sobrepasaron los esfuerzos por ir más allá de los regateos en el ámbito económico. Si se prescinde de los manejos que pueden haberse dado por las fuerzas internas y externas hostiles al socialismo, el desenlace de los complejos procesos vividos en el país mostró que el Modelo no era reformable sin la anuencia de la URSS. Sobre todo, en esferas –la política—donde se ponían en duda los pilares de las reglas de juego diseñadas e impuestas que, con el decursar de los años, generaron estructuras e intereses sectoriales, más grupos sociales que resistían cualquier cambio que implicara ceder uno de sus privilegios.

Pocos años después la crisis de la economía internacional, a la que sirvió de trasfondo o motivo la guerra árabe-israelí de 1973, sacaría a relucir el abismo surgido en las economías de la URSS y países socialistas de Europa del Este, en cuanto a sus capacidades para responder al reto tecnológico desencadenado por los centros del capitalismo desarrollado, y al estallido de los precios de las materias primas y productos industriales que  manaban en el mercado mundial. El sistema de cooperación – CAME – creado entre estos países también entró en dificultades. [23]   

Es posible aventurar que los acontecimientos checos destapados en 1968, la crisis de los mecanismos de cooperación estructurados entre los miembros del CAME y la quiebra del dinamismo en el funcionamiento de esas economía en conjunto, resultaron expresión de sus incapacidades para evolucionar hacia estructuras más avanzadas, en lo económico, político y social, acordes con las exigencias impuestas por la revolución científico-técnica que el crac de la economía mundial de (1974-1975) aceleró extraordinariamente.   

La acumulación tecnológica en marcha en los países capitalistas desarrollados – especialmente, en Japón y Estados Unidos—en la década de 1960 al tener como soporte a la electrónica, microelectrónica y la robotización, creación de nuevos materiales, sustitución de materias primas de origen mineral, ahorro de todos los recursos materiales y humanos, así como el boom de los servicios – bancarios, comercio, trasiego de patentes y tecnologías, informática, comunicaciones, turismo, etc. -, hicieron con creces  evidente el inmovilismo en que habían caído aquellas economías. 

A los anteriores factores habría que agregar la ofensiva de los Estados Unidos en el terreno militar para imponer un nuevo nivel de confrontación entre capitalismo y socialismo. Las desproporciones entre la satisfacción de las crecientes necesidades de la población; y la demanda de recursos para la modernización de las ramas militares se hicieron insoportables para la economía de la URSS.         

Los intentos, a partir de 1985, de pasar a un desarrollo acelerado económico-social, basado en la introducción masiva del progreso científico-técnico, unido a transformaciones profundas en la gestión y dirección económica no dieron los frutos apetecidos. Se hizo ineludible entonces, involucrar en las reformas en curso el ámbito político y con ello, reconocer la necesidad de que la economía soviética se insertara en el flujo de los intercambios mundiales.

En esencia, este nuevo enfoque era el reconocimiento del abandono a crear un sistema económico-político alterno al capitalismo. Se renunció  a la existencia de dos sistemas: Capitalismo-socialista paralelos. Los intentos para reestructurar las funciones de los órganos estatales, gubernamentales y políticos llevaron a la negación de los pilares de la propia Unión. De esta forma, el conflicto económico, político y social se generalizó en el país; terminaría con dar al traste con  la presencia de la URSS.

Dicho conflicto se vería reflejado indirectamente, y mostraría otra vez que el Modelo no admitía reformas sin poner en peligro las estructuras formadas en las restantes sociedades socialistas de Europa del Este. La crisis y desajustes sociales que habían venido paliándose hasta principios de los años 80 del pasado siglo, en Polonia, Hungría y otros países de la Comunidad se precipitaron, ahora impulsados por los cambios que se intentaron introducir en la URSS.  

De la esfera económica se pasa a la política; las estructuras de poder existentes no tienen base social propia para enfrentar los desafíos político-sociales que se sucedían a ritmo vertiginoso. Otras experiencias muestran que el factor primario del desajuste social radicó en el ámbito político. Estos fueron los casos de la RDA, Checoslovaquia, Bulgaria y la URSS. Mientras, Rumanía constituyó una síntesis de ambos.  

Se puso en claro que el Modelo no fue capaz de evolucionar; que tensó las fuerzas sociales al máximo y universalizó factores extensivos en lo económico como principios casi general – al menso en sus primeros años --; que tomó condiciones específicas y las elevó al rango de regularidades y leyes; manifestó fuertes limitaciones para diseñar un sistema de control y funcionamiento de instituciones político-sociales en constante progreso; identificó el proyecto socialista de los clásico –Marx-Engels-Lenin--, con la universalización de las prácticas soviéticas.  

En otro orden de cosas, hizo factor de cuestionamiento ideológico cualquier intento de esclarecer la dicotomía plan-mercado; elevó las contradicciones entre clases sociales a rango de política estatal; proclamó factor de verdadera democracia la dictadura del proletariado y, posteriormente, el gobierno de todo el pueblo, pero sin conciliaciones en la dinámica de la renovación permanente de los órganos representativos de poder. A la vez, elevó la propiedad estatal –igual a la social – en base para impedir una verdadera identificación entre productores y condiciones de producción. Todo lo cual demostró que el Modelo no podía ser sometido a reformas o perfeccionamientos sin minar sus principales presupuestos.  

Resumiendo, la generalización acerca del surgimiento y evolución habida en el funcionamiento del Modelo en lo económico-político-social, conformado en la URSS entre (1930-1960), requiere la elaboración de una valoración histórica. Sobre todo, cuando se despliega en América Latina un movimiento renovador de estructuras sociales y que tiene de bandera emblemática el socialismo (en el) del siglo XXI.   

Tampoco, el análisis histórico que se realice puede dejar en el tintero que al Modelo Soviético se asocian, como partes integrantes, violaciones de la legalidad establecida que llevaron en distintos momentos a la eliminación física de millones de ciudadanos, a la desaparición de decenas de miles de bolcheviques, personalidades estatales y dirigentes del movimiento comunista internacional. Estas aberraciones, fueron exportadas y copiadas en los países de Europa del Este junto con las demás bondades del Modelo.

Por otra parte, el análisis completo de las posibles causas que llevaron a la quiebra y rechazo de la vía socialista en el centro-este europeo y la URSS, deberá prestar atención al papel desempeñado por el enfrentamiento capitalismo-socialismo en sus manifestaciones internas y externas. En otras palabras, en qué medida la ejecución de determinadas políticas económicas respondían a la lógica impuesta por el capitalismo. 

En este plano, pueden ejemplificarse, la emulación en el consumo, la esfera militar y otros indicadores generales, y en qué medida podían ser compatibles con los intereses estratégicos del socialismo. Sin olvidar el trabajo de zapa de la propaganda, labor de penetración e inteligencia, subversión, etc., que desplegaron las principales potencias capitalistas  durante años contra el socialismo por diferentes vías, habrían contribuido como elementos catalizadores del derrumbe. 

En los anteriores espacios, las informaciones disponibles abiertas aún resultan insuficientes. Parecen no compensar el peso de los factores internos, en la gestación y desenlace del trágico final que tuvieron las experiencias o experimentos socialistas en el Continente Europeo. En realidad, dos son  los agentes que, al menos, han expuestos algunos especialistas cubanos. Uno, enfatiza en los fallidos intentos de introducir el mercado en el ejercicio de las economías socialistas. El otro, elementos de carácter político; ausencia de un orden más democrático que el legado por el capitalismo; estructurado a partir del empoderamiento de las masas trabajadoras.     

Por último, la valoración histórica que se intente hacer del Modelo,  no puede ignorar, entre otras, la hazaña que realizó el pueblo soviético en el camino hacia la industrialización del país, la contribución a la derrota de esa peste de la humanidad que se llamó fascismo alemán. Tampoco, pueden pasarse por alto el papel e importancia de la existencia de la URSS en las conquistas logradas por el movimiento obrero en los países capitalistas desarrollado, el respaldo político-moral dado a las corrientes democráticas y antiimperialistas en el proceso de descolonización y el apoyo brindado a los pueblos envueltos en la lucha de Liberación Nacional en el Tercer Mundo.

VIII

 

A modo de conclusiones abiertas

Sin pretender agotarlos, intentamos glosar algunas de las limitaciones que en su andar mostró el Modelo socialista incubado en la URSS. Entre otras, introducir los intercambios monetario-mercantiles, en una economía de planificación centralizada, sin tocar los rubros político-sociales, parece confirmar las conclusiones de un amplio círculo de especialistas, no era reformable. Igualmente, las economías de dirección centralizada socialista conocidas, carecieron en las palancas de gestión y dirección económica de propiedades genéticas auto correctoras. En otras palabras, no tuvieron elementos de feedback que les permitiera retroalimentar permanentemente el funcionamiento de la economía.

Asimismo, universalizar la práctica vertical de codificación social, avalada por los códigos del llamado centralismo democrático, evidenció que en su contenido histórico tuvo más de lo primero que de lo segundo.[24] En la práctica, comprendió la primacía de los órganos superiores, estatales y partidistas, sobre los inferiores; y de los ejecutivos sobre los representativos. 

En consecuencia, el traslado del centralismo democrático, del ambiente partidista a la actividad estatal y gubernamental concentró en un centro, formado por reducidas elites, toda la capacidad decisoria, convirtiendo a las grandes mayorías de la población en ejecutores. Al menos, las experiencias del socialismo real implantado en Europa (1917-1991), y que el viejo topo mostró inviable, con elocuencia probaron que aquellas colectividades, al no participar en las decisiones, las bases políticas, los eslabones económicos y sociales y la sociedad civil en general, fueron enajenadas del verdadero quehacer político de la sociedad.  

Al mismo tiempo, en aquel experimento, al rechazarse la idea de la separación del Partido-Estado, independencia y equilibrio de los poderes  estatales y no desarrollarse mecanismos institucionales de control social que sirvieran de contraparte a las estructuras políticas y administrativas; dieron por resultado que el Estado y el Gobierno se encontraron sin entidades ni métodos eficaces para fiscalizar su propia gestión, así como verificar la eficacia de sus políticas. Al devenir el Estado en rector de toda la actividad social, particularmente de la economía, la política y la cultura, se acudió a controles burocráticos y al ejercicio de la autoridad. Esquema político-social que prescindió  de todo aporte no oficial

En tanto, lo que constituye la sociedad civil (sindicatos, asociaciones de profesionales, de  género, de protección  a la naturaleza, etc.) fue  creada  a la manera de lo que Lenin calificó de poleas de transmisión, subordinadas a la verticalidad de las organizaciones para ejecutar las órdenes de la jerarquía superior, y responsables de canalizar las iniciativas y autonomía orientada por los órganos directores.   

En los postulados del Modelo, entre otros principios, estuvo la fusión de Partido, Estado y Gobierno. Consecuente con estas percepciones, en la URSS, y demás economía socialistas conocidas, se abandonó la doctrina jurídica y las teorías del Estado y del Derecho legadas por la cultura universal. Disciplinas  que plantean la separación y la actividad relativamente independiente de los poderes del Estado. En su lugar, se adoptaron los criterios de la dictadura del proletariado, a propuesta de Stalin, durante la redacción de la Constitución de 1936.

Sería el viejo topo de la historia el encargado de mostrar que la democracia no es un producto ideológico burgués y sí, un peldaño superior en el proceso civilizatorio de la humanidad, alcanzado mediante grandes revoluciones que, amparadas en su tiempo en la Ilustración francesa, trascendieron el orden feudal. Al rechazar el modo como la burguesía practicaba la democracia, se renunció a ella. A lo que se agrega que los soviets, expresión directa de participación de las bases sociales quedaron anulados desde fecha tan lejana como los años 20 del pasado siglo.

Mirando al pasado, con aquel rechazo y la castración de los soviets no fue posible, además de  otros fenómenos sociales, establecer una clara diferencia y delimitación entre el Estado y Gobierno, entre ambos y las organizaciones políticas, atribuyendo a una en particular (Partido), la ilusoria capacidad de representar a toda la sociedad. Cuestión que en el caso de la URSS, al darse una casi simbiosis del poder político con la dirección económica, más jerarquizar la nomenclatura del aparato, parece que estuvo en el centro del derrumbe soviético.

Tampoco puede dejar de mencionarse que el verticalismo que rigió en la organización económica, las actividades sindicales y sociales tendió a fomentar, en particular, métodos burocráticos de dirección y gestión en la economía. En otro sentido, se universalizó las tendencias por parte de las empresas a pujar por disminuir las obligaciones fijadas en los planes de producción. Mientras, por otro lado, eran elevados los reclamos para garantizar mayores asignaciones de recursos materiales.  

En un plano distinto, actividades tan dañinas para la sociedad como la corrupción estaban prácticamente excluidas del escrutinio social. A estos fenómenos contribuían, en no poca medida, la ausencia de transparencia en los medios de comunicación orales o escritos que, desde luego, respondían a las políticas trazadas en otras instancias. Igualmente, en el socialismo conocido, la academia (teoría) ha ido a remolque de la práctica; o mejor, cumplió la tarea de fundamentar sobre bases supuestamente científicas los postulados que emanaban de las alturas.  

Finalmente, rubro tan importante para el desempeño social como es la política para la formación de cuadros dirigentes, no escapó a las lagunas que permearon el Modelo económico-social formado en la URSS. Más de un estudioso del socialismo conocido, señaló la anomalía presente en la constatación del nivel de mediocridad en la incorporación de las sucesivas generaciones de dirigentes al quehacer social.[25] De igual modo, en la conciencia social surgió la dicotomía entre el pensar, lo que se decía y lo que el individuo hacía. Deformación de hondo calado calificada de doble moral.

Por último, se entiende oportuno llamar la atención de los especialistas e investigadores, en la importancia de acometer el estudio para valorar las experiencias que nos legó el socialismo conocido. Además, parece imprescindible incluir los progresos que muestran las prácticas de las reformas y apertura, en especial, en los momentos que se implementan los acuerdos del XVIII Congreso del PCCh, en China; la Renovación en Vietnam y la Actualización del Modelo Económico en Cuba. Sobre todo, cuando se hace evidente la necesidad de enriquecer los postulados que pugnan por la superación del orden mundial capitalista. Guía orientadora en este empeño, lo puede constituir separar lo científico de lo apologético como bien lo puntualizó el Che.          

 

 



[1] Coincidió con el despliegue en China de la Revolución Cultural; lo que llevó a más de un analista a hablar de la presencia maoísta en el curso  (1961-1970) de la Revolución Cubana. Se trató de dos búsquedas alternativas independientes. Se calificó en el I Congreso del PCC, de idealista. El Cónclave, entre otras resoluciones, tomó tres que incidirían en el rumbo (1976-1985) de la Revolución en Cuba: La Constitución en 1976, una nueva División Político Administrativa y el Sistema de Dirección y Planificación de la Economía (SDPE); este último, recogía mucho de las prácticas económicas de los países socialistas europeos, y en particular, de las soviéticas.      

 

 

[2] Para un análisis más completo y detallado  del Modelo Soviético, así como sus limitaciones e insuficiencias que en el orden político y social evidenció, consultar  los trabajos de Jorge Gómez Barata, en José Mario Zavaleta, sitio  WEB,  MONCADA <jmzavaletam@gmail.com>.

[3] El concepto de Modelo se asocia en este texto con un esquema simplificado de movimiento de un sistema que, haciendo abstracción de los detalles, recoge lo esencial de los mecanismos políticos, económicos y social, así como los principios intrínsecos de su accionar.  

[4] V.I. Lenin, “El Imperialismo, fase superior del capitalismo”. Obras Escogidas en XII tomos, t. V, pp. 372-542.

[5] No puede ignorarse que Comunismo de Guerra llegó a identificarse con la vía soviética hacia el comunismo. Ver, Nicolás Bujarin, “Teoría Económica del Periodo de Transición”, Editorial Siglo XX, Argentina, Editores S.A., Buenos Aires, 1974. Obra que fue valorada positivamente  por Lenin.  

[6] Los Bolcheviques (del ruso bolche, mayoría) surge de la escisión del Partido Obrero Social Demócrata Ruso (POSDR) en el II Congreso en 1903 efectuado en Londres.  En la práctica, desde 1912, fueron un Partido independiente, dirigido por Lenin. La fracción de los Mencheviques (del ruso, mienche, minoría)  dirigidos por  Martov L. Yuli, formaron la otra sección del POSDR. La división la provocó la discusión de los deberes de quienes debían ser miembros del Partido. En 1946, el Partido Bolchevique, se transformó en el Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS).        

[7] V.I.Lenin, “X Congreso del PCR (b)”, Obras Escogidas en XII Tomos, t. XII, pp.164

[8] V.I.Lenin, Obras Completas, tomo XXXV, Editora Política, La Habana, 1964, p. 552.

[9] Ver, E.H.Carr, “El socialismo en un solo país 1924-1926”, tres volúmenes, Alianza Editorial, S.A., Madrid, España, 1974. La raíz de la tesis se encuentra en Stephen F. Cohen, “Nicolás Bujarin, Biografía Política 1888-1938” (en ruso), Editorial Progreso, Moscú, 1989.

[10] La literatura apologética ortodoxa soviética trató el proceso como la aplicación práctica de la concepción leninista sobre la cooperación en el agro. Ejemplo, S. Trapeznikov, “El Leninismo y el Problema Agrario Campesino”, 2 t., Editorial Progreso, Moscú, 1979. Un retrato más cercano a la realidad en la novela de Mijail Shólojov, “Campos roturados”, Editorial Progreso, Moscú, 1982     

[11] Ver, J. Stalin, “Problemas Económicos del Socialismo en la URSS”, Editado por la Dirección de Información del Ministerio de Comercios Exterior, La Habana, mayo de 1964. 

[12] Ver, “Acuerdos del Partido y gobierno sobre cuestiones económicas (1917), (en ruso), t. III, Editorial de Literatura Política, Moscú, 1967, p. 136. 

[13] Ver, Wlodzimierz Brus, “El funcionamiento de la economía socialista”, Oikos-tau, S.A. Ediciones Barcelona, España, 1969.

[14] El marxismo-leninismo como ciencia rectora e infalible de las ciencias sociales en el socialismo conocido, fue una obra de Stalin. En su persona, de forma interesada, creó la imagen del continuador del legado leninista. Baste recordar la foto del personaje, teniendo a su espalda el retrato de Lenin.

[15] El núcleo duro del sistema político Soviético radicó en el Comité Central (CC) del PCUS, elegido cada cinco años (XXX miembros); lo encabezó un Secretario General. De su seno era seleccionado un Buró Político (XX) individuos; regían los asuntos del Partido y el Estado, entre los plenos de CC. Órgano que tenía de factor dirigente el Presídium del Buró Político, integrado por (XX) personas.

[16] Trabajo publicado en la Revista: Bajo la Bandera del Marxismo (en ruso) Nros 7-8, Moscú, 1943, p. 70.

[17] Para un resumen de la práctica contenida en el Modelo para el cálculo de los precios, ver: Julio Díaz Vázquez, “Notas sobre el sistema de precios en la economía socialista”, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1976.

[18] Manual publicado en Cuba en 1962. El Che lo sometió a un examen riguroso; sus apuntes tienen un enjundioso caudal al que todo interesado en la Economía Política del Socialismo debe acudir. Ver, Ernesto Che Guevara, “Apuntes Críticos a la Economía Política”, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2006.  

[19] Se trata del ya citado “Problemas económicos del socialismo en la URSS”…..

[20] Ver, E. Liberman, “Plan y Beneficio en la economía soviética”, Ediciones Ariel, S.A., Barcelona, España, 1968. Este volumen contiene las aportaciones al debate de otros diez economistas y académicos. Ver, otra contribución  interesante en: Stanislav Strumilin, “Ensayos sobre la economía socialista”, Publicaciones Económicas, La Habana, 1966.  

[21] Ver, la obra de Wlodzimierz Brus, ya citada, pp. 16-24-

[22] El llamado Sistema Socialista Mundial lo integraban todos los países socialistas de Europa, Asia y América. Se desarrollaría de forma paralela al Sistema Capitalista del que se irían desprendiendo naciones que engrosarían las filas del socialismo. En tanto, la Comunidad Socialista, designaba a los Estados agrupados en el Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME), por ser los que más habían avanzados en la creación de un sistema de colaboración integral.      

[23] Ver, Julio A. Díaz Vázquez, “Cuba en la división internacional socialista del trabajo”, en 50 Años de la Economía Cubana, Editorial  de Ciencia Sociales, La Habana, 2010, pp. 47-64.

[24] El centralismo democrático es uno de los pilares del Partido obrero de nuevo tipo, propugnado por Lenin. Suponía la discusión de todas las plataformas. A la aprobada se subordinaba la minoría. Los órganos inferiores se sometían a los superiores. Ver, V.I. Lenin, “¿Qué Hacer?”, Obras Escogidas, tomo II, pp.4-188.

[25] Ver, Ricardo J. Machado, “Vivir el socialismo de Europa del Este. Una meditación cubana”, Revista Temas nro. 56, La Habana, octubre-diciembre de 2008, pp. 110-120.

 

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