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OPCh 26 de Outubro de 2013 Ríos

La contraoferta china

Tras los periplos viajeros por los países y regiones más alejadas, la efervescente diplomacia china ha centrado su atención en la vecindad próxima. Los encuentros recientes al máximo nivel con países como India, Vietnam, Mongolia y, otra vez, Rusia, junto a las acciones desplegadas en el entorno del sudeste asiático, dejando a un lado a Filipinas y a otro a Japón, manifiestan un claro propósito de afianzar dichas relaciones propiciando un punto de inflexión cuyo eje pivota sobre el aparcamiento de las disputas y la construcción de la confianza.

Esta pretensión se nutre de propuestas de gran calado y ambición, instrumentadas en torno al fomento de corredores económicos, mostrando la mayor paciencia con respecto a los diferendos territoriales y los problemas de seguridad, complicados por “factores externos”.

En realidad, nos hallamos ante una contraoferta en toda regla. Frente a un “regreso a Asia” comandado por EEUU y marcado por la insistencia en la necesidad de preservar la libertad de navegación, de multiplicar la presencia militar y reforzar las alianzas de seguridad, o el fomento de acuerdos económicos de signo claramente excluyente, China dobla la oferta, no en dicho terreno, notablemente incómodo, desventajoso y contraproducente, sino en el orden económico, donde mejor puede jugar sus bazas y desbaratar las propuestas de sus rivales estratégicos.

Descartando coqueteos belicistas y recuperando el viejo axioma de Deng Xiaoping de dejar a un lado las diferencias para construir espacios de consenso e interés común, Li Keqiang ha propuesto mejorar el Acuerdo de Libre Comercio con los países de ASEAN, convirtiéndolo en una zona experimental de la Asociación Económica Regional Integral, la RCEP, alternativa al Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP) que promueve Washington con el propósito de encajar el crecimiento de la influencia china (el TPP incluye a Vietnam, pero no a China, aunque sus estructuras económicas son similares, con el argumento de que “no respeta las reglas de juego”).

Lo que Beijing sugiere es una estrategia envolvente que evite el cisma político en la región, la principal amenaza hoy día. En primer lugar, haciendo partícipes a sus vecinos de su resurgimiento convirtiéndolo en un activo de Asia en su conjunto. En segundo lugar, otorgándose garantías estratégicas especialmente entre los socios de mayor calado y con aquellos con quienes mantiene diferendos.

El nuevo impulso reforzará los vínculos entre China más diez (ASEAN), permitiendo que el conjunto de Asia crezca como región y promoviendo un incremento de la cooperación con países como Mongolia, Myanmar o India, sin que Japón ni EEUU puedan doblar la apuesta. Dicha estrategia, solo posible con el empeño de la economía china, notablemente en mejores condiciones que la de EEUU o Japón, puede generar una prosperidad que resulte atractiva para los países vecinos siguiendo el ejemplo de Li Keqiang a propósito de los palillos: se requieren dos para poder comer y un manojo unido es muy difícil de romper. Esto implica igualmente un llamado a los líderes de las naciones vecinas a resolver sus diferencias haciendo uso de sus propias claves históricas, culturales y sociales, no siempre idénticas a los procedimientos occidentales.

De esta forma, desde la economía, fomentando el comercio bilateral y la formación de corredores que mejoren la conectividad y las infraestructuras, Beijing espera lograr un equilibrio estratégico con Washington y evidenciar otra alternativa para la región.

Tempo exterior: Revista de análise e estudos internacionais