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19 de Marzo de 2018 Toro Hardy

Globalización: ¿Davos o China?

Fonte: Xinhua

En sus inicios, la globalización económica se enmarcaba dentro de la economía de mercado. Era la época en la que un mólelo único estaba supuesto a aplicarse por igual en cualquier lugar y circunstancia. Poco a poco, sin embargo, esto fue cambiando.

Ello recuerda a un esclarecedor ejercicio de escenarios realizado por Shell en 2002. Visualizando la ruta hacia el 2020, Shell defininió dos rutas alternativas. La primera, denominada "clase ejecutiva", contemplaba la continuidad de una globalización subsumida al Consenso de Washington y sustentada por una élite internacional afín a sus planteamientos. La segunda, identificada como "prisma", asumía la existencia de una globalización refractaria a los distintos colores del multiculturalismo, en donde no había espacio para visiones "únicas". Esto último implicaba estrategias económicas variadas. (Shell Group of Companies, Peoples and Connections: Global Scenarios for 2020, London, 2002).

Lo cierto es que en el terreno de la realidad, un grupo de circunstancias jugaron en contra de la "clase ejecutiva". Entre ellas, las siguientes: el emerger económico de dos estados-civilizaciones, China e India, trayendo consigo potentes improntas culturales; el espectacular éxito de la apertura económica china, haciendo ver la factibilidad de opciones; el contraste entre la flexibilidad de modelo chino y la rigidez del Consenso de Washington; el declive relativo de Occidente, particularmente a partir de la crisis financiera de 2007-2008; el resentimiento de muchos estados del Este de Asia hacia la economía de mercado, luego de la Crisis Asiática de 1997; las crisis sociales y políticas en distintos lugares del mundo, resultntes de la instrumentación del Consenso de Washington

La globalización, desde luego, es hecho y contenido. El hecho deriva de la confluencia de las revoluciones de la información, las comunicaciones y el transporte, lo cual ha conducido a lo que ha sido bautizado como "la muerte de la distancia" (Frances Cairncross, The Death of Distance (Cambridge, Mass., 1997). El resultado de ello es una economía en donde manufacturas y servicios se mueven con flexibilidad entre las naciones, en donde los bienes son concebidos, diseñados, producidos y ensamblados en diferentes países y, en donde, manufacturas y servicio son integrados en los mismos procesos de producción.

Sin embargo, coexistiendo con la globalización como hecho, está su contenido. Es decir, las ideas que le brindan su substancia conceptual. Esto no sólo caía dentro del campo de la ideología, sino que se insertaba dentro de la noción de hegemonía definida por Antonio Gramsci. Para aquel, la capacidad para definir la agenda a seguirse, a través de la persuasión ideológica y cultural ejercida y por vía de la aceptación consensual resultante, constituía la forma más estable y efectiva de predominio.

En sus etapas iniciales la globalización se identificó claramente con la economía de mercado y con la aceptación consensual de ésta por un sector mayoritario de la comunidad internacional. A fin de cuentas, tales ideas se asociaban al llamado Consenso de Washington, capital del imperio victorioso. Sin embargo, a medida que la aplicación de un recetario económico único para cualquier país o circunstancia fue evidenciando su improcedencia y sus altos costos sociales, la credibilidad de este modelo se fue desmoronando. Como resultado, el contenio de la globalización se fue haciendo mucho más plural y multicultural. En palabras de Charles Kupchan: “Nos movemos hacia un mundo de nadie, un mundo con multiples modernidades, sin un modelo económico o un sistema politico central” (“Refounding good governance”, The New York Times, December 19, 2011). En otras palabras, el "prisma" se impuso por sobre  la "clase ejecutiva".

El resultado de lo anterior tiene inmenso significado. Al hacerse plural, la globalización no puede ya ser secuestrada por un modelo económico único, ni tiene atada su supervivencia a la suerte de este. Curiosamente, aunque la "clase ejecutiva" fue desplazada, una potente clase ejecutiva simbolizada por la llamada élite de Davos, insiste en erigirse en gran defensora de la globalización. Una globalización a la que sigue asignándole su viejo contenido hegemónico. Sin embargo, no es por allí que va el futuro de ésta. En momentos en que las poblaciones de Estados Unidos y Europa van dando la espalda a todo lo que Davos representa, este se convierte en un bastión asediado y cada vez más débil.

Son China, India y el Este de Asia las que están en condiciones de convertirse en la base de sustentación para el relanzamiento de la globalización. Es allí donde convergen fortaleza económica, grandes proyectos expansivos y fe, compartida por gobiernos y poblaciones, en lo que este movimento representa. Pero más allá de Asia, está el soporte de los productores de recursos naturales que aspiran a reproducir el superciclo de exportaciones que duró hasta 2013. Davos, consiguientemente, va camino a ser simple anécdota.

Tempo exterior: Revista de análise e estudos internacionais