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1 de Maio de 2018 Toro Hardy

Estados Unidos: radiografía de una polarización económica

La polarización económica existente en Estados Unidos resulta pasmosa. De acuerdo a Martin Ford: “Aunque la desigualdad económica ha venido incrementándose en todos los países desarrollados, Estados Unidos sobresale por sobre los todos demás. De acuerdo a un análisis de la Agencia Central de Inteligencia, la desigualdad de ingresos en Estados Unidos se encuentra a la par con Filipinas y muy por encima de la de Egipto, Yemen y Tunez” (Rise of the Robots: Technology and the Threat of a Jobless Future, New York, 2015).

Desde el final de los años setenta las ganancias del 1% de arriba en ese país se han incrementado en 156%, y las del 0,1% del tope en 362%. Entre tanto, el 40% de abajo debe más de lo que posee (Alvin Powell, “The cost of inequality”, Harvard Gazzete, February 1, 2016). A la vez, el salario de la mayoría de la población trabajadora ha permanecido estancado desde finales de los setenta (Bernie Sanders, Our Revolution: A future to Believe in, London 2017).

Por su parte, el número de billonarios en Estados Unidos ha crecido diez veces entre 2000 y 2015. En el 2000, el país contaba con 51 billonarios con una riqueza combinada de US$ 480 millardos. En 2015, Estados Unidos llegó a 540 billonarios, con una riqueza combinada de US$ 2,4 millón de millones. Más aún, los veinte estadounidenses mas prósperos, poseen más riqueza que los 150 millones de ciudadanos contados a partir de abajo (Bernie Sanders, obra citada).

Entre el 2000 y el 2007, el 1% de arriba se apropió de las dos terceras partes del crecimiento económico experimentado por el país durante ese período. Sin embargo, el 00,1% más rico obtuvó las dos terceras partes de lo recibido por ese 1%. En 2010, los seis herederos de Sam Walton, fundador de Walmart, poseían una riqueza superior a la del 40% de los estadounidenses contados a partir de abajo. Simultáneamente, en 2009 el 80% de los esadounidenses había evidenciado un decrecmiento en su patrimonio e relación a 1983 (Erik Brynjolfsson y Andrew McAffe, The Second Machine Age, New York, 2014).

De acuerdo a Bernie Sanders, en su obra citada, el ingreso medio en Estados Unidos ha decrecido en US$ 1.400 en relación a 1999, luego de ajustarse a la tasa de inflación. Al mismo tiempo, el ingreso promedio real de los trabajadores a tiempo completo es de US$ 2.144 menos que hace cuarenta y tres años. Durante la última década, el 81% de los hogares estadounidenses no ha visto aumento en sus ingresos o ha evidenciado ingresos decrecientes.

Tal como refiere Martin Ford, en su libro igualmente citado, la desigualdad económica actual en Estados Unidos se situa a niveles que no se veían desde 1929. Según señala, la polarización conómica se traduce también en patrones marcadamente desiguales de consumo: “El 5 por ciento tope de los hogares es actualmente responsable por casi el 40 por ciento de los gastos de consumo en el país, tendencia que pareciera estarse incrementando”.

Significativamente, esta polarización económica se encuentra vinculada a una clara distribución territorial. Mientras las grandes ciudades costeras concentran la mayor parte de la riqueza, el país tierra adentro evidencia un marcado rezago económico. En palabras de Paul Kruman: “Mientras algunas partes de Estados Unidos, básicamente sus grandes ciudades costeras, se han venido haciendo mucho más ricas, otras partes del país se han quedado atrás (…) En su mayor parte estoy de acuerdo con el planteamiento de Enrico Moretti, de la Universidad de Berkeley, cuyo libro La Geografía del Trabajo es lectura obligatoria para los que quieran entender el estado de cosas actual. Según Moretti, los cambios estructurales de la economía favorecen a quienes disponen de alto nivel educativo, cuyos trabajos se encuentran localizados en lugares particulares. Cómo resultado de ello se produce un círculo virtuoso, de acuerdo al cual las industrias de conocimiento intensivo atraen a los más calificados. Al mismo tiempo, las regiones con una fuerza laboral poco educada van cayendo en una espiral decreciente. Ello no sólo porque están atadas a industrias en declive, sino por la fuga de cerebros hacia las ciudades costeras” (“What’s the Matter with Trumpland?”, The New York Times, April 2, 2018).

Así las cosas, el país se divide entre áreas en fase de expansión y áreas en fase de declive. Pero, a la vez, el mercado laboral se distribuye entre empleos que crecen y empleos que se contraen. Curiosamente, los empleos que crecen se sitúan a ambos extremos del espectro laboral. De un lado, los expertos financieros de Wall Street, los emprendedores de Sillicon Valley, los ejecutivos corporativos, los miembros de la industria del entretenimiento, los doctores en física, ingeniería o computación, y similares. Del otro lado, los plomeros, los mecánicos, los electricistas, y similares. Entre estos dos extremos se evidencia un gran vacío, caracterizado por la contracción de empleos. El es el llamado “medio faltante”. Allí se sitúan los empleos fabriles del país de tierra adentro, sometidos a una dramática decadencia.

Tempo exterior: Revista de análise e estudos internacionais