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5 de Marzo de 2018 Toro Hardy

Entre las piedras del río y las naves quemadas

Latinoamérica?

Los países latinoamericanos debieron asumir inmensos costos sociales, políticos y económicos para reconvertir sus economías, virtualmente de la noche a la mañana, bajo los imperativos neoliberales del Consenso de Washington. Nada puede resultar más agraviante, por tanto, que el  constatar cómo algunos de los propulsores más ardientes de este Consenso, se han transformado ahora en los mayores críticos de la economía de mercado.

El caso Summers

Quizas el caso más notable de estos tránsfugas ideológicos sea el de Larry Summers. Como Economista Jefe del Banco Mundial y como Secretario de Tesoro de la Administración Clinton, en los años noventa, este jugó un papel determinante en impulsar a una globalización signada por el mercado.

De acuerdo a Nikil Saval: “Para Summers la lógica del Mercado resultaba tan inexorable que sus dictados prevalecían abiertamente sobre las consideraciones sociales…" Las leyes de la economía, se olvida con frecuencia, son como las leyes de la ingeniería’ dijo en 1991 en una reunion del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional en Bangkok. En ese mismo discurso señaló ‘existe un conjunto dado de leyes económicas que funciona donde quiera que se lo aplique. Una de las cosas que he aprendido durante mi estadía en el Banco Mundial es que cada vez que alguien dice que las cosas funcionan de manera distinta en su país es porque, de seguida, va a decir algo realmente estúpido’. En los últimos dos años, sin embargo, un Larry Summers diferente, realmente irreconocible, ha venido apareciendo en las páginas editoriales de la prensa…En sus escritos recientes, Summers aboga por una postura nacionalista. Su argumento actual es que los politicos deben reconocer ‘que la responsabilidad fundamental de los gobiernos es incrementar el bienestar de sus ciudadanos y no perseguir ideales abtractos de globalización’” (“Globalisation: the rise and fall of an idea that swept the world”, The Guardian, 14 July, 2017).

Tocando las piedras

El sentido común aconsejaba haber desmontado de manera progresiva el modelo de sustitución de importaciones que prevalecía en América Latina por aquellos años. Ello implicaba preservar lo que este exhibía de positivo, al tiempo que se lo depuraba de manera racional de sus muchas ineficiencias. Esto fue de hecho lo que hicieron los chinos con su propio proceso de apertura económica, el cual se guió por el famoso aforismo de Deng Xiaoping de “cruzar el río tocando las piedras del fondo”.

La terapia de choque neoliberal impuesta por Summers y sus contrapartes no dió posibilidad para lo anterior en nuestra region. Para estos, cualquier vestigio de política industrial equivalía a una compentencia ilegítima que debía ser desechada. Ello incluyó, entre tantas otras cosas que resultaban recuperables, a cuarenta años de investigación y desarrollo tecnológicos autónomos. Lo ocurrido en nuestra region fue el equivalente a derribar las puertas de la ciudadela para dejar que los Hunos de Atíla entraran a tropel destruyendo todo a su paso.

Indios y naves

Como no sentir un desagrado profundo cuando se escucha ahora a Summers abogando por el bienestar de los ciudadanos, como prioridad de los gobiernos, y apelando a las virtudes del nacionalismo. Es como si Hernán Cortez, luego de haber quemado las naves para forzar a sus tropas a luchar hasta la muerte por la conquista de México, hubiese luego dicho: “Muchachos, estos Indios son demasiado bravos, más nos hubiese valido conservar nuestras naves para escaparnos de aquí”.

No es que el nacionalismo responsable abogado por Summers no resulte en si mismo perfectamente  respetable como postura conceptual. El problema es que este apunta en la dirección de cerrar los mercados del mundo desarrollado a los bienes y servicios provenientes del mundo en desarrollo. En tal sentido, converge con el proteccionismo, el populismo y la rabia desatada que, desde los países desarrollados, busca desacoplarse de la economía global para volcarse sobre si. Ya bastante con haber obligado a quemar las naves de América Latina al servicio de una ideología absolutizadora, para que ahora también nos echen a los Indios encima.

Librados a la propia suerte

Así las cosas, luego de haber empujado a la region a competir y a sobrevivir sin preparación alguna en una economía globalizada, muchos de los antiguos propulsores de esa globalización abogan ahora por un cierre de compuertas de las economías desarrolladas. ¿Que puede hacer América Latina bajo estas circunstancias? Reconvertir de nuevo sus economías, volviendo a un modelo autárquico, luce inmensamente difícil y costoso. Seguir invirtiendo tiempo, esfuerzos y recursos en una globalización que pareciera estarse desinflando, es altamente riesgoso. Quedarse paralizado no es tampoco opción. ¿Cómo no sentirse entonces agraviado por estos tránsfugas ideológicos?

Tempo exterior: Revista de análise e estudos internacionais