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IGADI 7 de Novembro de 2016 Toro Hardy

El voto latino: Mayor vulnerabilidad estratégica de los Republicanos

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En la edición de enero-febrero 2016 de la revista The Atlantic, David Frum escribía lo siguiente en relación al porqué Mitt Romney perdió las elecciones presidenciales de 2012: “El problema fundamental fue haber propuesto una política inmigratoria dura”. En efecto, el haber recibido sólo el 27% del voto latino impactó fuertemente sus posibilidades electorales. Ello contrastaba con el 44% de dicho voto obtenido por Bush en 2004. No en balde en el período reflexivo que sucedió a dicha derrota electoral, el liderazgo republicano reconoció la necesidad de congraciarse los latinos. A tal efecto se decidió que el partido impulsaría una reforma inmigratoria integral que los favoreciera. El Líder de la mayoría republicana en la Cámara de Representantes Eric Cantor y el Senador por esa misma tolda Marco Rubio, se transformaron en voces claves de un Proyecto de Ley destinado a tal fin. El mismo aspiraba a abrirle el camino a la ciudadanía a millones de hispanos que residían ilegalmente en el país.

            Esta estrategia se topó sin embargo con la resistencia de las bases republicanas y de los propios miembros de la Cámara de Representantes. Por lo demás otras prioridades hicieron que tal Proyecto nunca llegase a ser votado. El fin de la carrera política de Cantor y el de las aspiraciones presidenciales de Rubio, estuvieron ligados en importante medida a su papel protagónico al servicio de esta iniciativa. No en balde cuando Donald Trump arremetió contra la inmigración latina vio dispararse sus oportunidades a la candidatura republicana. Al describir a los mexicanos como violadores y traficantes de droga, al insistir en la construcción de un muro con México que debía ser pagado por aquel, al comprometerse a deportar a 11 millones de inmigrantes ilegales mayoritariamente latinos, al oponerse al acceso a la ciudadanía para los inmigrantes ilegales, al atacar a un juez federal por su ascendencia mexicana, Trump se garantizó el respaldo militante de las masas trabajadoras blancas que representan el bloque mayoritario de su partido.

            El resultado de lo anterior se hace sentir ahora y ningún termómetro resulta más adecuado para medirlo que la votación temprana. Recordemos en tal sentido que la mayoría de los estados de ese país permiten el inicio de las votaciones antes del 8 de noviembre y que, en muchos casos, los sufragios  emitidos durante este período superan a los del día de las elecciones. Si algo está caracterizando la votación temprana en 2016 es la afluencia masiva de los hispanos, la cual desborda antecedentes y proyecciones. Es así como hasta el 6 de noviembre los votos emitidos por esta comunidad superaban al 20% de los sufragios consignados en Nevada y al 14% en Florida, por citar sólo dos casos.

            De acuerdo a la publicación Politico, el volumen de votación que se está produciendo en Nevada así como el margen porcentual hispano dentro del mismo, hacen casi imposible que Trump pueda ganar dicho estado. Ello le cerraría una de las pocas vías disponibles para acceder a los 270 votos electorales requeridos para ganar la presidencia. Sin embargo, de perder Florida sus opciones se reducirían de manera radical y también allí la afluencia de los latinos superaba en 129% a su participación temprana en 2012. De hecho, para el 6 de noviembre se contabilizaban 172 mil votos hispanos más que la totalidad de los consignados tempranamente por esa comunidad en 2012, cuando el estado fue ganado por los demócratas. Es cierto que en Florida el voto latino se divide entre los dos partidos, pero con la reciente instalación allí de un millón de puertorriqueños con derecho al sufragio y con el patrón de votación evidenciado por las nuevas generaciones de cubano-estadounidenses, la balanza se ha inclinado drásticamente hacia los demócratas.

            En definitiva, de acuerdo a “Pew Research Center”, el número de votantes latinos se ha incrementado en 4 millones desde 2012. Si tomamos en consideración que en esa última ocasión sufragaron 11,2 millones de hispanos, estaríamos hablando de alrededor de 15 millones de dichos votantes para las presentes elecciones. A su vez, el centro de investigación electoral “Latino Decisions” ha proyectado que un 79% de los mismos votará por Clinton mientras un 18% lo hará por Trump. En otras palabras, el número de votantes latinos no sólo ha aumentado en varios millones en relación a 2012, sino que el porcentaje previsto de quienes sufragarán por Trump resulta 9% menor a quienes lo hicieron por Romney.

            Esos 15 millones de votantes hispanos no sólo ayudan a consolidar la preminencia demócrata en estados seguros para esa tolda, tales como Nueva York o California, sino que tienden a resultar de inmensa importancia en estados competidos, y de la mayor significación electoral, como Florida, Nevada, Colorado o Arizona. El menosprecio por el voto hispano, y su incapacidad para conciliarlo con el voto trabajador blanco, colocan al partido republicano ante una vulnerabilidad estratégica de gigantescas proporciones.

 

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