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OPCh 1 de Xullo de 2015 Ríos

El varapalo de Hong Kong

El paquete de reformas auspiciado por el gobierno central fracasó de forma estrepitosa en el Consejo Legislativo de Hong Kong. La propuesta no solo no logró la mayoría de dos tercios requerida sino que recabó un formal y pírrico apoyo de 8 votos tras la extemporánea salida de buena parte de los diputados que apoyaban el aprovechamiento pragmático de las mejoras introducidas por el plan. De los 70 posibles, solo 36 votos fueron emitidos.

La ciudadanía de Hong Kong llegó muy dividida al debate y votación. Tras la irrupción del movimiento Occupy Central y la revolución de los paraguas, las diversas encuestas de opinión reflejaban con claridad tal hecho, al tiempo que cierto y ligero avance de los partidarios del pragmatismo en un contexto general de indisimulado escepticismo.

El fracaso supone que las elecciones en 2017 se llevarán a cabo conforme al método usado en 2012 y también que las elecciones al Consejo Legislativo en 2020 no experimentarán modificaciones. Se vuelve, pues, al punto de partida.

¿Nada ha pasado? El balance de la experiencia sugiere una derrota sin paliativos de los valedores de una democracia progresiva e incremental pero con limitaciones. Pese a su inmenso poder, el gobierno central y el PCCh han constatado los límites cuando sus propuestas deben enfrentar un debate democrático que va más allá de lo habitual en las plataformas meramente legitimadoras de sus decisiones políticas.

Pese a la gravedad del fiasco, no ha habido autocrítica, aunque si lamento y, otra vez, señalamiento del intervencionismo exterior. A juzgar por el tono de la reacción en Beijing, la estrategia futura parece discurrir sobre dos ejes. En primer lugar, en los años que siguen, habrá que centrarse en los problemas económicos dejando a un lado la reforma político-electoral. Corramos un tupido velo. En segundo lugar, no habrá matices en la propuesta inicial que solo será invocada de nuevo si en 2020 el nuevo Consejo Legislativo ofrece una correlación de fuerzas más favorable a sus tesis. En cualquier caso, lo conocido es y seguirá siendo la base de cualquier cambio futuro. No obstante, cabe imaginar que en función de los resultados cosechados en 2020, podría abrirse una nueva reflexión si el bloqueo persiste.

El hecho de la derrota refuerza el arraigo de unas convicciones democráticas que no debieran infravalorarse, so pena de agrandar el foso que separa a significados sectores de Hong Kong del resto del continente. Además, no conviene perder de vista las consecuencias de tal estado de cosas en relación a Taiwan, a las puertas de unas elecciones decisivas que podrían también poner en jaque la estrategia seguida por el PCCh en los últimos ocho años en cuanto a la reunificación.

Una vez más, la arquitectura territorial (con su otro referente en la problemática de las nacionalidades minoritarias), pese a ser un asunto periférico, evidencia su importancia y potencialidad en relación a la democratización del sistema político chino.

Tempo exterior: Revista de análise e estudos internacionais