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La marcha del emperador
Xosé Fernando Pérez Oia, igadi.org, 01/10/2005
 
 

  Pingüinos emperador, Clic para aumentar
(...) La marcha se refería al título de un documental francés sobre el pingüino emperador realizado por Luc Jacquet. (Foto: Grupo de pingüinos emperador (Aptenodytes forsteri) en el glaciar de Dawson-Lambton, en la Antártida. ©WWF/Fritz Polking).
 
Reconozco mi sorpresa cuando vi este título en un periódico. Conocía el "vals del Emperador" de Strauss pero la apelación "marcha" me resultaba extraña. ¿Se referiría a Carlos 1º de España y V de Alemania?, ¿se referiría a Napoleón Bonaparte?, ¿a Bokasa? ¿Qué Emperador estaba glorificado por tal marcha? ¿Se requerirían los servicios del gran Stokhausen para componer una segunda parte de "Himnos"? Cuando trataba de imaginarme una combinación, indigna de tal compositor, de la "Marcha granadera", las "Faisana" y "Bacanal" del lusoyanqui Sousa, y de "Dios salve América" (que para algún dios significa USA) la luz se hizo en mi lector cerebro. No la marcha se refería al título de un documental francés sobre el pingüino emperador realizado por Luc Jacquet.

Para los europeos, incluso para aquellos a los que nos agradan las películas extensas sobre aspectos de la naturaleza, el hecho de su éxito de público y taquilla fue sorprendente. En un solo fin de semana lo vieron en Canadá tres millones de espectadores, y en los EEUU se ha convertido en el segundo documental más visto, quizá a poco de desbancar al primero, "Fahrenheit 9/11". El fenómeno ha sido analizado de modo inteligente por la escasa prensa crítica de estos países que coinciden en que los grupos de presión de los integristas "cristianos" han jugado un extraordinario papel en su difusión (véase por ejemplo el portal www.christiananswers.net), que promueven a la vez una pedestre ideología primaria, ignorante, contraria a la ciencia y el darwinismo, y una actitud políticamente reaccionária. Recomendamos a los que se interesan en el valor sintomático y diagnóstico de este tema las lecturas de los artículos de Stephane Baillargeon (Le Devoir.com, de Canadá del 14-9-2005, y el del New York Times, del 18-9-2005). No señores no es un chascarrillo (como lo parece creer Elvira Lindo, en El País del 25 de septiembre), no es una anécdota risible, es una muestra más del sesgo insolidario, agresivo e intolerante adoptado por la sociedad estadounidense en su conjunto. El hecho de que un sedicente y "cristiano" crítico de cine haya podido, sin suscitar homéricas carcajadas referirse a "La pasión de los pingüinos", y de que se escriba que este film: "afirme de modo apasionado los valores tradicionales como la monogamia, el sacrificio y la educación de los niños"; de que sea esta la película que los conservadores (la mayoría natural estadounidense) consideren solo segunda a la brutal y sadomasoquista "Pasión de Cristo", (alabada en su tiempo por el Vaticano), debe de hacernos temblar aunque, a veces, suscite nuestra hilaridad. Una crítica favorable menciona explícitamente los valores promovidos por el documental, estos son: "el amor, la perseverancia, el rechazo a la violencia o desnudez, la amistad, la camaradería, la fidelidad en el matrimonio, e incluso la existencia de Dios". Otro texto afirma: "Un año en la vida de un emperador es una gran prueba de la existencia de Dios y de su voluntad". Los modernos ayatolas no dudan en uncir a su carro al apóstol Pablo en su carta a los Romanos (Cap1º-vers. 20) para demostrar el hecho "indiscutible" de que, refutando a toda la biología moderna, existe un propósito finalista e inteligente en la creación. ¡Alea, vade retro!

El propuesto creacionismo suscita una adhesión a una acción soteriológica, redentora por porte de la Unión EEUU en el exterior, para castigar los pueblos o países impíos o inmorales promoviendo en ellos la "democracia" y el sistema de libre mercado. A esta ideológica acción, muy facilitada por el control o aquiescencia de los "media", se une la creación de un distorsionante "espejo" (en brillante frase de Margarita Sanchez-Mazas y Laurent Licata) en el que un "otro" interior se ve devaluado para que defina su identidad de tal modo que favorezca una "legitimidad" opresora, (como hace años lo señalaron Jost y Major en su libro: "The psycology of legitimacy", Cambridge U.O. 1991). Es curioso ver como las creencias personales de los dirigentes se combinan con su interés de clase o su ignorancia. El pingüino Bush II acompaña a la mayoría de los jefes como Acebes, Zaplana o Rajoy. No es que no pretendan conocer libros como los de lo etólogos B. Bagemihl o Vinciane Despret para poder continuar en su pingüinesca ignorancia, (pingüino o "pájaro bobo" como injustamente lo llaman nuestros diccionarios) es que sus prejuicios los reafirman en su deseo-creencia de superioridad hegemónica. De poco sirve que los pingüinos Roy y Silo (ambos machos y no unidos en matrimónio) críen a un polluelo de su especie harmoniosamente y de que el público que los ve en Nueva York se percate del hecho. Las sagradas escrituras, o su interpretación muy "sui generis" los han convencido de una verdad eterna e inconmovible. Por otra parte siempre existen seudo-científicos que como ayer al Fürer nos afirmen la existencia de una raza aria. "Nuestro" obtuso jefe de la oposición y su rancio amor a la sociobiología es un claro ejemplo de lo conveniente que es suscribir la hipótesis de que el antagonismo es un producto de la evolución y de que la propensión hacia el antagonismo está inscrito en el, cuando nos conviene, libro sagrado de la evolución. Esto es justo y verdadero ya que separa, en una sociedad jerarquizada, a los innatos jefes (como él) de la plebe.

Parece evidente que las formaciones sociales tienden a configurarse ya bien asumiendo los valores de comunidad, igualdad, solidaridad y consenso o en su polo opuesto de individualismo, diferenciación, jerarquía, competencia, orden y obediencia. Los segundos rigen en nuestro mísero mundo actual. Asumamos pues, para lograr integrarnos, el grito de: ¡Por el Pingüino hacia dios!


Xosé Fernando Pérez Oia é filósofo e economista, e colaborador do Igadi.

 
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