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Escrito desde la ira el 1º de Mayo, homenaje póstumo a un gran economista
Censura, medios de difusión de masas y mitos de los economistas

Xosé Fernando Pérez Oia, igadi.org, 15/05/2006
 
 

  John Kenneth Galbraith, clic para aumentar
Ayer moría, sea esto un homenaje al difunto, a sus 97 años John Kenneth Galbraith (15/10/1908-29/04/2006). Un economista estadounidense, institucionalista, crítico y honrado. Entre otros muchos, era el autor de “La sociedad opulenta” libro muy brillante, raramente recomendado en nuestra Península por los profesores o catedráticos que transmiten el supuesto saber de una profesión que, bajo el egoista impulso ideológico, económico y social del neoliberalismo, se ha convertido en un seminario generador de apologéticos del sistema globalizador, y de sedicentes, mediáticos sabios que ejercen como miembros inquisitoriales y excluyentes de cualquier opinión crítica. (Foto: ©Jerry Bauer).
 
Como en otras ocasiones veremos que poco o nada se recordará de aquellos mártires de Chicago que por su lucha lograron post-mortem respeto a la jornada de ocho horas. La dispersa, parcialmente ahíta, clase trabajadora del obeso Occidente prefiere participar en procesiones reformistas, jubilosas y amnésicas o amnesiantes, a recordar no solo lo que a sus propias luchas deben, sino otros elementos más próximos que siguen configurando nuestro sangrante presente. Un cercano 30 de abril el criminal presidente del Imperio, Bush II proclamaba desde un portaviones y disfrazado el fin de su invasión a Irak. Otro, aun más cercano, treinta de abril se publicaba en un diario inglés en famoso “Memorandum” en el que se demostraba la secreta intención conjunta de Bush II y Blair para iniciar una guerra agresiva y depredadora que provoca en los desmoralizados observadores una reiterativa, y anestesiante sensación de impotencia y miedo. Las multitudes de España y otros estados se manifestaron contra el crimen de los “gangters” de Las Azores, pero hoy vemos impertérritos como nadie se manifiesta contra la ayuda que prestan al Imperio nuestras “hermanitas de la caridad”, más conocidas por “Legión” en Afganistan. La Justicia, como el trabajo cansa. ¿Tendremos acaso miedo de colocar públicamente ante sus responsabilidades a unos gobernantes que se proclaman de izquierda y que participan en una grotesca operación de propaganda política, cuando no de vulgar mercadotecnia?

Ayer moría, sea esto un homenaje al difunto, a sus 97 años John Kenneth Galbraith. Un economista estadounidense, institucionalista, crítico y honrado. Entre otros muchos, era el autor de “La sociedad opulenta” libro muy brillante, raramente recomendado en nuestra Península por los profesores o catedráticos que transmiten el supuesto saber de una profesión que, bajo el egoista impulso ideológico, económico y social del neoliberalismo, se ha convertido en un seminario generador de apologéticos del sistema globalizador, y de sedicentes, mediáticos sabios que ejercen como miembros inquisitoriales y excluyentes de cualquier opinión crítica. Recordaba Galbraith, en escritos autobiográficos, que EEUU había evolucionado hasta convertirse en una democracia solo para los ricos de cuya mesa quedaban excluidos los pobres. Los que leen a Zizek, Lacan. Ricoeur, Honneth o Habermas, los muchos que nos obsequian con fáciles moralinas de segunda mano sobre la “dignidad”, liberación de complejos sicosociales encarnados en “objetos transacionales” a lo Winicot, o los que creen en una utópica perfecta situación de comunicación, (condiciones deseables en si misma, pero que si algún día se obtienen, serían consecuencia, y no la causa, de una revolucionaria destrucción del sistema imperante) estas mentes de inspiración filosófica deberían por un momento considerar el recientísimo desprecio mostrado por el Emperador a los que no entonan el Himno Nacional del Imperio en el autentico idioma del Imperio, es decir, en Inglés. De ello nos había hablado ya el escasamente respetable y promocionado gurú Huntington cuado nos advertía de lo poco asimilables que eran los “hispanos” difícilmente convertibles en “WASPS”.

Como todo gran cambio de enfoque en un terreno de ciencias éticas humanas y sociales la inflexión que estas ciencias han experimentado hacia formas culturales, etnológicas, sicoanalíticas, estructuralistas o lingüísticas ha constituido en una ya vieja frase de Y. Cot (en el libro Je, sur l’individualité, Messidor 1987) una autentica explosión. Desgraciadamente esta ha sido propiciada por una interpretación falsa, empobrecida y mecanicista de un marxismo incapaz de estudiar con criterio crítico los cambios en el imaginario social, la subjetividad, los conflictos y el creciente sufrimiento de los individuos y los mitos del inducido psiquismo colectivo, que siguen operando inconscientemente. En el momento actual que nos hallamos enfrentados a una situación de crisis sistémica, elemental, agresiva, depredadora, mesiánica, nacionalista y simplista el riesgo parece ser el contrario.

En otra parte de sus escritos recordaba Galbraith, con humor y amor filial, como su Padre, que era un hombre interesado en el bien común, necesitaba, en cierto momento, convencer a sus conciudadanos de lo bien fundado de ciertas tesis. Como aquellos no eran épocas de barata amplificación no tuvo otro remedio, a fin de poder hacerse escuchar, que hacer un enorme montón de estiércol (era un campesino) para subiéndose en él hablarle a la multitud. Hoy el estiércol es tan pestilencial, aparentemente complejo, y confuso que casi nadie se atrevería a enfrentarse al monopólico poder de los “media”. Es necesario luchar contra este monopolio e ir más allá de un inane escepticismo para reconstituir una autentica información, aunque frecuentemente podremos sentirnos como el padre de Galbraith, y no precisamente en la cumbre del Everest. Como decía un gran poeta: “se hace camino al andar” pero ello es solo cierto solo si tenemos una opinión no contradictoria de la dirección en que queremos andar. Esperemos que del variado conjunto de movimientos sociales como el del Foro de Porto Alegre surja una pujante convergente y próxima esperanza. La lucha contra un imperio depredador y criminal constituye, en este caso una obvia prioridad.

La pedestre mitología de la “ciencia” económica oficial se oculta porque el sistema se ha percatado de lo rentable que es para su pervivencia la propagación de cualquier opinión no controlada. El imaginario social se mantiene de ese modo confuso y alienado. Entre los miles de ejemplos de ignorancia y de manipulación daremos solo unos pocos ejemplos. El primero se refiere a un reciente artículo de Paul Krugman en el excesivamente prestigioso New York Times. Krugman ironiza sobre el “misterioso” hecho de que las estadísticas oficiales sobre la magnitud del déficit comercial y de cuenta corriente de EEUU se basan únicamente en adivinanzas no siempre bien informadas, y en enormes contradicciones sobre lo que está sucediendo en una de las magnitudes económicas más determinantes para prever el estado económico del mundo y su evolución. Krugman (uno de los pocos economistas críticos que van quedando con expresiva capacidad mediática) equipara los analistas sobre finanzas internacionales a las de expertos forenses que pretende elucidar la culpabilidad de un crimen gracias al análisis de un cadáver. La aguda comparación podría quizás ser superada por la que nos ofrecerían las varias escuelas de cosmología que pretendiesen prever el origen y evolución de un universo por la posible masa de un neutrino. Desde un planetario la ignara masa de los pueblos del mundo observaría, sin comprenderla, la discusión entre los “optimistas” que suponen con gran aplauso de los “media” locales, que los EEUU disponen de un secreto excedente en sus ingresos exteriores, procedente de inversiones no debidamente contabilizadas, lo que le permitirá a ese País una mayor, casi inconcebible capacidad de endeudamiento exterior. Frente a ellos los pesimistas; como él mismo y D. Gross, opinan que este elemento está más que contrapesado por una insuficiente toma en cuenta de las inversiones de capital extranjero en EEUU. Si las intuiciones de los pesimistas se confirmasen el déficit exterior alcanzaría unos cien billones más (estadounidenses) el pasado año 2005, superando los 900 billones, y el endeudamiento total de la Unión desde 1999 crecería en un trillón más de millones de dólares. (Recordemos que un trillón corresponde a nuestro métrico billón.). En esta situación, desastrosa en cualquier caso, Krugman se pregunte sobre hasta cuando aguantará la capacidad del País para seguir endeudándose. La terrible respuesta de Krugman; terrible y sarcástica, cuando recordamos que el cínico tablero de la financiación exterior muchos pueblos y millones de sus habitantes han sido llevados a la ruina por deudas mucho menores, es la de que tenemos que esperar para ver. Un día, como vulgarmente se dice, el tío Paco vendrá con la rebaja y entretanto podremos recordar la burbuja del caso “Nasdaq”.

El segundo ejemplo puede tomarse de un reciente artículo de W. Waller (Journal of Economic Issues, March 2006) en el que se pasa revista de las medidas económicas de inspiración neoliberal en los EEUU. Del análisis de este autor resulta que de 14 campos de actuación económica seleccionados bajo la ideología del “laissez faire” tres han tenido una implementación total, siete una parcial y solo en dos se ha fracasado por parte de los neoliberales. La consecuencia de este modo de actuar, desde Reagan a Bush II, ha sido que mediante burdas, casi freudianas racionalizaciones, y mentiras se ha introducido una política económica que cito: “daña severamente a la población trabajadora y que protege la propiedad y los privilegios de los ricos y poderosos”. La inevitable consecuencia ha sido una enorme concentración del poder económico, que ha favorecido el que las mismas clases alcanzaran el poder político y de que ofrezcan a la “vieja Europa” una panacea para sus males de paro y escaso crecimiento, remediables gracias a las antisociales medidas de flexibilidad laboral desregulación y liberalización integradoras ante un poder económico hegemónico neoliberal y foráneo. Los recientes acontecimientos de nuestra vecina Francia en su rechazo al proyecto de Constitución para la U.E. y del contrato para un primer empleo son prueba de un creciente desafecto hacia esas políticas.

El tercer ejemplo que queremos ofrecer deriva de tres libros recientes. El primero, (de Simon Head titulado “Work and power in the digital age”) disipa definitivamente la idea propagandística de una supuesta superioridad del sistema estadounidense para alcanzar altos niveles de productividad laboral. En este libro se observa claramente que el incremento de la productividad laboral en los EEUU durante los años 90 se debió a sistemas provenientes de la “vieja Europa” a nuevas formas de despiadado Taylorismo en los sectores de servicios, concomitantes a una intensificación de los ritmos de trabajo y a resortes de vigilancia laboral. Ello ha sido consecuencia, y vuelvo a citar en que se realizó a “expensas de un deterioro en el nivel, modo de vida social y en la vida misma de los trabajadores”. En el importante libro de David Harvey: “A brief history of neoliberalism” (Oxford University Press 2005) se lamenta su autor del escaso, casi nulo impacto que tienen los estudios realizados por economistas críticos con el globalizado sistema de mercado. Una mirada sumaria a este tema confirma en nuestro país lo anterior ya que solo de ese modo se han podido escapar a esa forma solapada de censura mediante silencio las magníficas contribuciones de V. Navarro en su destrucción de mitologías tales como la referente a la propalada “Nueva Economía” (En la revista “Sistema” Nº 159) o en sus varias contribuciones a las desastrosas consecuencias del neoliberalismo en varios libros, entre los cuales el último, en colaboración con C. Muntaner, ha sido publicado en el 2004 y en inglés. Pero sencillos libros como el de J. Gadrey: Nouvelle economie nouveau mithe, han recibido poca acogida. En nuestra nación galaica he recibido pocos comentarios de artículos míos publicados por la revista: Analise Empresarial.

No podemos detenernos en las muchas de las elaboraciones, teóricas y abstractas con las que nos asaltan los economistas aceptados por el poder social. Lo peor es que la enseñanza de su “pensamiento único” priva con contadísimas en nuestras universidades. Las abstracciones más alejadas de la realidad coexisten con una total ausencia de enfoque histórico, o una reversión causal de sus elementos Un ejemplo viene dado por el modelo neoclásico sobre la distribución del ingreso. Siguiendo su esquema individualista, este se hace depender desde un punto de vista lógico y supuestamente empírico del pago recibido por cada factor de producción por su contribución al producto. La historia muestra justamente lo contrario en su evolución. No es el ingreso logrado el que depende de la capacidad productiva sino que la capacidad en la captación del valor (o el plusvalor), la que se deriva de una dada y previa distribución del ingreso. Esta distribución, al decantarse y encarnarse en la institucionalizada propiedad de medios de producción permite un incremento no solo en la producción total sino en la elegida forma clasista de distribución y realización del valor de lo producido y en su creciente concentración. Este es el mecanismo esencial en nuestro sistema mundial de mercado globalizado. El apologético olvido de la historia facilita la elaboración de modelos o entidades abstractas cuya última finalidad es la despiadada defensa de un “status quo” sin considerar el resultante sufrimiento humano, la viabilidad ecológica, ni los mecanismos de represiva barbarie instaurados para defender su pervivencia. El ámbito histórico, ético y relacional, esencia de la vida social y del hombre como especie no se incorpora a sus esquemas. El mundo real queda a una distancia sideral de los sistemas de formalismos matemáticos que elaboran hoy nuestros epígonos eleáticos de Parménides y Zenón. De la relación dialéctica entre la abstracta metodología adoptada y del fin de la llamada ciencia de los economistas hablaremos otro día.

Queremos recomendar a la inmensa mayoría de nuestros estudiantes en ciencias sociales que acepten el convertirse en una conciencia intelectual y pública y que traten de forzar a sus profesores, o si ello no es posible discutan entre sí, libros como los que he mencionado anteriormente que podrían complementarse con los de A. Saad-Fillo (que edita): “Neoriberalism, a critical reader” (Pluto Press 2005) el recientísimo de J. Bellamy Foster: “Naked Imperialism” (Monthly Review Press 2006) y otros, a los que sus debates iría descubriendo. Una prestigiosa Universidad de EEUU acaba de establecer una “Carta de Derechos” que obliga a los estudiantes y exige de sus enseñantes el no permitirles ser victima o incurrir en un sectario habito adoctrinador. Instemos a nuestros jóvenes a seguir tan excelente ejemplo.


Xosé Fernando Pérez Oia, miembro experto economista de Naciones Unidas 1958-1989 en la Comisión Económica para Europa y en la Comisión Económica para América Latina, que hoy incorpora el Caribe.

 
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