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Caricaturas, civilizaciones, guerras, imperialismo,
ignorancia y terrorismo

Xosé Fernando Pérez Oia, igadi.org, 19/03/2006
 
 

La lamentable catarata de confusas y contradictorias opiniones que se han desatado en los medios de difusión de masas en nuestro país me obliga, algo a mi pesar, a presentar ante mis lectores unas puntualizaciones necesarias, que espero constituyan una definitiva coda en este tema.

1º. Es necesario deslindar claramente el opinable tema de la representación de Mahoma y de la objeción de que podría aparecer como iconoclasta, de la ofensa a un ampliamente venerado personaje. Recordemos, con cierto rubor de vergüenza ajena, que muchas miniaturas procedentes de Oriente representaron al Profeta en diferentes momentos de su vida. En muchas de estas imágenes Mahoma aparece con el rostro imaginado, pero visible, y su cabeza ardiente es evidentemente un símbolo de su inspiración divina. La ofensa por lo tanto no es la de representarlo sino la de que su representación estética y humanamente asume una forma lamentable (narizota, turbante-bomba, etc) que estaba conscientemente dirigida a la ofensa de los creyentes. Esta ofensa ha conducido, al constituir una gota más en la colmada copa de explotación y desprecio hacia muchos pueblos, y a lo que un mediático “nuevo filósofo” galo ha llamado una “intifada planetaria”. (B-H. Levy en Le Monde 13-2-2006). Muy relacionado con lo anterior es el sofisma ético de A. Glucksman en un reciente artículo (Le Monde 3-3-2006) en el que se trata de abrir un abismo total entre la ofensa real y repugnante de la negación de la Destrucción Nazi del pueblo judío en Europa y la “desacralización” de un personaje, que una determinada creencia venera como Profeta. No Sr. Glucksman, en ambos casos se trata de la ofensa a un colectivo humano. Negar la Destrucción (o Shoa) es mendaz y repugnante para cualquier judío o ser humano; representar a Mahoma como un ser agresivo y sediento de sangre; de sangre de hoy día y de siempre es, por lo menos, ofender a una persona cuya existencia histórica parece incontrovertible y a los muchos que por él sienten veneración. Si yo dijese, pongamos por caso, que el Dalai-Lama era un traficante de armas, naturalmente calumniaría su persona, pero ello sería también una ofensa para sus correligionarios. Si afirmase que no tiene ninguna especial relación con un principio trascendente ello sería una afirmación u opinión de orden sacro, reprobable para los fieles, y que desafortunadamente podría suscitar reacciones violentas por parte de algún desaforado, minoritario integrista religioso. Las fronteras no son muchas veces tan claras o definidas como Glucksman supone, y la ofensa al Islam excede totalmente el terreno de lo sacro o de la simple falta de respeto. Recordemos el lema de ciertos criminales de guerra de que: “Dios esta con nosotros” y de la petición “divina” a Bush II sobre Irak y su necesaria invasión. Desde mi punto de vista de “no creyente” reitero que todo ello me parece evidentemente blasfematorio, para cualquier religioso que se digne de serlo.

2. Como gallego y español, victima parcial de una educación dictada por un ignorante nacional-catolicismo, siempre lamenté la poca importancia que se le concedía, en nuestro sistema a la fundamental aportación cultural y social que tuvo para nosotros tanto la civilización judía como la árabe-islámica. Debemos de inclinarnos hoy con agradecimiento a la labor realizada por Américo Castro en pro de jóvenes, como yo poco ilustrados, que tuvieron solo mucho más tarde, ocasión de reconocer que la contribución de Averroes ( o Ibn Rushd), El Arabí, Maimónides y muchos otros, excedían las casi nulas referencias que de ellos se hacían en nuestros libros de historia de segunda enseñanza. Debo de reconocer que no he logrado subsanar mi casi enciclopédica ignorancia y que solo recientemente me he percatado de la enorme influencia, en el mundo mediterráneo de su época y en el actual, de personajes como aquel nieto de andaluces Ibn Jaldun, y de su enorme ascendencia sobre Maquiavelo y el pensamiento social. Estas líneas, que pudieran parecer narcisistas, pueden justificarse en tanto en cuanto se habla hoy insistentemente del concepto de civilización y del muy relacionado tema de la “guerra de civilizaciones” propiciado, desde el centro del Imperio, por Huntington y otros belicosos, interesados y autotitulados: “expertos politólogos o internacionalistas”.

Refiriéndonos al difuso y resbaladizo terreno de las civilizaciones, que abarca tanto unas bases materiales, organizativas y económicas como aspectos espirituales como son la cultura no-material, artes, ciencias, valores religiosos y éticos etc. es necesario insistir en que no existen fronteras geográficas que las deslinden o definan con lo que se concede un enorme terreno hacia lo arbitrario en sus definiciones. Desde Harold Bloom, Samuel Huntington, Fukuyama, Kagan, y Robert D. Kaplan hasta el reciente libro de Michael Mandelbaum las opciones son múltiples. En ellas casi siempre se presentan entremezclados un desprecio patente a todo lo que espiritual y culturalmente no sea anglosajón o, a lo menos, cristiano “occidental”, y una calculada ignorancia hacia factores realmente operantes de poder nacional o de clase, geopolíticos, y económicos, como son el acceso y dominio de materias primas, el monopolio de armas de destrucción masiva etc. Existen, por supuesto ciertos autores “realistas” como Brzezinski o Kissinger que le dan importancia a elementos geoestratégicos y materiales pero su influencia en el imaginario colectivo de las manipuladas opiniones públicas occidentales es muy inferior al de predicadores grotescos, como Kagan. Este último nos quiere convencer de que, por motivos biológicos e históricos, los europeos somos blandengues y “venéreos” (naturalmente adeptos de la diosa Venus) mientras que los “americanos” –o sea estadounidenses- perecen haber nacido bajo el viril y belicoso signo de Marte; ellos son pues dignos de asumir la superior “moral del guerrero”. ¡Solo maricomplejines (neologismo que debo al Sr. Jiménez Losantos) somos los decadentes europeos! Debemos todos pues de someternos a la benéfica influencia del gigante armado Goliat que prepara un maravilloso Estado Mundial y un “nuevo orden americano”. Mandelbaum nos convencerá, si puede, de ello. Hoy podemos leer, como textos de humor negro, los panegíricos que la prensa estadounidense (por ejemplo, Kagan y Boot) dirigía a nuestro anterior Jefe de Gobierno Sr. Aznar; imponente figura, según ellos, de “proporciones churchilianas” que al unirse a EEUU en las Azores y tomar las criminales, nefastas determinaciones que todos sabemos evitó caer en: “un antiamericanismo paranoide y conspiratorio” inspirado por una típica avaricia europea sumándose al generoso “idealismo que hace palpitar América”.

Frente al tipo de superficial análisis de las relaciones internacionales promovidas por los “media” se alzan las diferentes escuelas capitalistas más académicas y serias que abarcan las escuelas realistas, liberales, constructivistas, posmodernistas, idealistas etc. y aquellas tendencias, muy minoritarias, de inspiración marxista basada en un variado materialismo histórico entre las que se encuentran obras que van desde Franz Mehring (1873), A.K. Weinberger (1935), Peter Gowan, Samir Amin, Justin Rosenberg, Benno Teschke, Sam Haynes y C. Morris (Editores los dos de un importante libro de ensayos de 1997), Derek Sayer (en su libro, hoy desclasificado, sobre lo que él llama: “ la violencia de la abstracción”) etc. La gran mayoría de estas obras son desconocidas ocultadas o silenciadas en los curricula de nuestras universidades y escuelas de periodismo, y si las menciono expresamente es porque espero y deseo que los estudiantes del futuro obliguen a que las bibliotecas públicas y universitarias las acojan. Para un análisis más centrado en EE.UU. quisiera destacar las obras fundamentales de A. Bacevich (2003), “American Empire” y “The new american militarism”, la de David Harvey “The new imperialism”, la de Kiele “Empire”,la de Harry Magdoff “Imperialism without colonies”, la de Meter Gowan “The global gamble”, la de Michael Mann “Incoherent empire” la breve pero inteligente obra de la Unidad para la Investigación Económica de la revista “Monthly Review” “Behind the invasión of Iraq” , las de muy ciertos autores más populares, pero interesantes, como Chalmers Jonson y Gore Vidal, disponibles en español como la de Michael Parenti “Against Empire”, y otras. Entre las mas pugnaces y agudas en contra del nuevo imperio debemos destacar las dos, claras y comprometidas, de Noam Chomky , “Imperial Ambitions (2005) y “Hegemony or survival” (del 2003), y las últimas de William Blum: “Killing hope the US military and the CIA”(2006) y “Rogue State”. Además conviene consultar su “portal”, constantemente renovado: (http://www.killinghope.org). Algunas de estas obras, antes mencionadas, son muy útiles porque contienen partes de documentos de contenido oficial, y entre ellas destaca la de G. Dorrien: “Imperial Designs”. Para no parecer demasiado anglo-centrado recomendaré a otros “avariciosos” y “viejos europeos”, que se interesan en estos fundamentales temas, como el libro de Michel Beaud: “Le basculement du monde” (1997), muchos números de la revista “Actuel Marx”, el libro de Michel Serfati “La mondialisation armée” y el reciente de Rodrigo de Zayas “L’Etat d’exception permanent”.

A lo largo de muchas de estas y de otras obras críticas sobre la realidad del imperialismo y del imperio estadounidense podemos ver que muchas promocionadas ideologías, como la de Huntington, se construyen no para describir o interpretar ciertos comportamientos estatales, individuales, o institucionales sino para enmascarar ciertas motivaciones más clasistas, sustantivas o depredadoras, centradas, la mayoría de las veces, en la aparente descripción de la actuación de un estado a conjunto de ellos. Si la codicia por el poder y el oro, que operaba bajo el Imperio Español, se ocultaba bajo una débil capa evangelizadora, esta ha sido suplantada hoy por el inducido miedo pánico a las ADM y al deseo de extender una “democracia”, naturalmente incondicional protectora del mercado.

En agudo contraste con el considerable fárrago de meras obras de propaganda mediática, del que arriba hemos hecho mención, encontramos dos recientes e interesantes libros (ambos de profesores de Columbia, EEUU). Ellos son los de Richard W. Bulliet: “The case for Islamo-Christian Civilization” de Septiembre del 2004, y el de Philippe Barbé: “L’anti-choc des civilisations: Médiations méditarranéennes” de Febrero del 2006. Ambos libros muestran un importante y fundamental acuerdo en los temas tratados que trataremos de resumir en algunos puntos:

a. Notemos que la expresión civilización “judeo-cristiana” es de cuño muy reciente ya que solo se remonta a los años 50 del pasado siglo, posteriores a la Shoa o mal llamado holocausto nazi. (Bulliet). No entraremos en el espinoso tema de estimar hasta que punto el tema de la “destrucción” ha sido utilizado como cobertura ideológica que pudiese favorecer el sionismo, la creación del estado de Israel, o ciertas nefastas agresivas actuaciones del nuevo estado y sus minorías. (Mencionemos, no obstante, el interesante y reciente libro de Idith Zertal: “Israel’s hollocaust and the pollitics of natiohood”).

b. Ambos autores refutan la idea de que existe una imposible reconciliación entre la religiosidad coránica y la europea. Del mismo modo ambos desvelan el origen común de ambas civilizaciones, que discurren como gemelas hasta el siglo XV: desde esa fecha la civilización que se pretende llamar occidental y que más propiamente debería llamarse islámico-cristiana se alejó del saber de salvación religioso islámico (que se extendió más que el cristianismo) y se centró más en un saber tecnológico y militar que le llevó a su dominio imperial. Del mismo modo el problema de la separación del poder estatal y la religión existió tanto en Europa (Recordemos al británico Enrique VIII) como en la civilización islámica.

c. Ambos autores rechazan contundentemente el superficial, caprichoso, ideológico e imperialista esquema interpretativo de Huntington de “choque de civilizaciones” en cuya reconstrucción-destrucción ocupa varios capítulos (parte segunda de su libro) el eminente sociólogo Barbé, y en cuyo detalle no podemos entrar.

Solo podemos apuntar brevemente ciertas críticas. La primera es que incluso si una parte importante e ilustrada de la población del “Norte Occidental” pudiera liberarse de una ignorante islamofobia, al conocer un emparentamiento cultural común, la mayoría de la población seguiría estando dominado por unos centros de difusión de masas que propalan, como incontrovertible el esquema analítico de la relaciones internacionales que prevalece desde el infame 9/11, es decir, las falsa teoría de Huntington. Lo segundo es que para que pueda existir una verdadera “Alianza de Civilizaciones” entre los países islámicos en general o, como analiza Barbé con detalle, los mediterráneos del Sur y del Norte opulento el contexto explotador de depredación y explotación neo-colonial y desprecio debe de desaparecer. Sinceramente creo que este cambio no es posible si se sigue extendiendo mundialmente un sistema capitalista. Como hemos sido testigos recientes el desastre militar (Irak) coexiste con un avance de los mecanismos de mercado y competencia (China, India, etc). El beneficio que para el sistema económico capitalista y para sus crisis tiene el gasto militar ha sido objeto de muchos tratamientos, pero al que esto escribe le viene a la mente el ya viejo, pero actual, libro de Dan y Ron Smith: “The economics of militarism” Pluto Press 1983. El gasto militar, como Keynes daba a entender, sigue siendo un balón de oxigeno para el sistema en general y específicamente para las clases que se benefician de su innata corrupción.

Si pervive el sistema del capitalismo globalizado cualesquiera que sea su Hegemón nacional (Quizás otros a lo largo de siglos) y si a esta situación de barbarie no la sucede un radical cambio sistémico podremos seguir viendo, a nivel ideológico y posiblemente bélico, la lucha entre dos “narrativas” en la que, como dice Eagleton, (London Review of Books 9-2-2006), se enfrentarían una, en parte secular pero con disfraz de casi sacra fe en el mercado, con otra u otras la basadas en una expresión o esperanzas mesiánicas y religiosas, ofendidas, defensivas o coránicas o con otros perfiles religiosos. Nos parece que, a corto plazo, seguirá prevaleciendo el brutal y belicoso expansionismo unilateral del estadounidense Hegemón. No sabemos si la prolongada crisis económica mundial inducirá al Hegemón hacia una huida hacia delante, en la que una extensión guerrera hacia Irán u otro objetivo del “eje del mal”, podría lograr obligar a otros países capitalistas a recuperar un renovado papel de aquiescencia y seguimiento del Hegemón. Considero que esto es el mayor peligro actual.

A causa de una necesaria honestidad intelectual debemos referirnos a posiciones estadounidenses reformistas y moralizantes, como las de R. Haass en su libro “The opportunity” o la de G. Alperovitz en “América beyond capitalism”. Ambos autores creen en una regeneración moral en EEUU en la que, la sociedad en su conjunto, volvería a suscribir las virtudes ciudadanas cívicas y republicanas (en sentido aristotélico) con sus ideales de libertad y justicia, rechazase la actual barbarie del militarismo, desconfianza de sus propios ciudadanos, tortura, discriminación racial, crecientes niveles de empobrecimiento externo e interior a su país, etc. Ambos autores creen que los mecanismos de mercado conducen a mayores niveles de prosperidad y que con las debidas correcciones para evitar una concentración o un dominio excesivo de sus mecanismos se podría alcanzar un eudemonismo universal. Por razones que sería muy largo exponer opino que ambos autores tienen un concepto falso de los mecanismos de mercado que poseen una terrible y nefasta dinámica inmanente que lograría destruir las barreras económico-morales que se tratasen de establecer para, de algún modo, humanizar al capitalismo.

Terrorismo: No quisiéramos concluir estas observaciones sin una referencia al tema del terrorismo, que trataré de resumir en algunos puntos:

a. Es evidente que el miedo ante el terrorismo es un elemento de refuerzo y legitimador de toda forma de poder estatal . Gran parte de la población de un país realiza una regresión sicológica hacia una infancia a la vez inane e inerme que necesita un padre fuerte y protector. Entre lo mucho que se ha escrito sobre el tema remito a mis estudiosos lectores al magnífico libro de Corey Robin “Fear; the history of a political idea”, al de Elisabeth Drew “Fear and loathing in George W. Bush Washington” y al estudio psico-social de las construcciones de un amenazador otro en el libro de Margarita Sanchez-Mazas y Laurent Licata “L’autre”.

b. Existen cientos de libros que tratan del fenómeno terrorista. Todos coinciden en dos aspectos esenciales. El primero es que el terrorismo, como método de resistencia u oposición a una percibida opresión, es eterno. Desde Judas Iscariote (que parece ser un juego de palabras de Judas el Sicario) a Baader-Meinhof, el sionista “Stern”, ETA, otros muchos movimientos nacionalistas, etc la historia nos concede muchos ejemplos. El segundo elemento es que no existe ningún pueblo imperialista o colonizador que haya sido inmune ante su ataque. La sensación de seguridad absoluta es falsa y su propalación, por parte de los gobiernos del actual Hegemón, solo sirve a la potenciación de una brutal pero “necesaria” acción “patriótica” ante un aparente nuevo peligro. Nadie quiere hoy acordarse, en los propios EE.UU., de la acción terrorista de algunos independentistas portorriqueños.

c. El terrorismo es un método. Existe una cierta relación entre las diversas formas de violencia que se emplean, pero es diverso y múltiple en las circunstancias que lo originaron. Solo una persona tan ignara como Aznar puede pretender lo contrario. En un interesante libro de Paul Pillar, “Terrorism and the United States foreign policy”se señalan las multiplicidades en los modos de actuación, los objetivos, y los orígenes de los terrorismos. Así pues es necesario el diseño de una política contextual ante cada clase de terrorismo. Otra cosa sería dar palos de ciego o limitarse a pensar que una exhibición de bruta fuerza pueda dar resultado. El investigador Aznar que pretende, como antaño ciertos medicastros optar por una inexistente panacea, debería leer ese y otros libros. Incluso ciertos expertos conservadores como S. Halper y J. Clarke señalan la incapacidad que tiene el actual militarismo de EEUU de, según ellos, de obtener un contexto en el que se podría lograr el determinante objetivo de obtener un mínimo de estabilidad. El renuente y limitado apoyo de muchos aliados se debe a que se percibe la necesidad de un rediseño de ciertas políticas regionales para tratar de atacar las más profundas raíces del radicalismo: falta de desarrollo y bienestar, educación, inversiones no depredadoras, no apoyo a los regímenes antidemocrático y apoyo al pluralismo político. Naturalmente este tipo de pensamiento se aleja de la de los poderosos “volcánicos”, neo-conservadores. En este contexto no podemos de dejar de mencionar a ciertas pedestres formas de “pensamiento político” que desde nuestros medios de difusión de masas establecen estúpidos silogismos tal como este: La pobreza y la desposesión no constituyen una raíz del terrorismo ya que la virtual totalidad de los terroristas que atacaron las torres gemelas eran educados y ricos. El egoísmo y la codicia de ciertas elites queda manifiesta en este tipo de pensamiento ya que el poderoso o rico no tiene la obligación de interesarse por la situación del oprimido y pobre pueblo que, estúpidamente, le considera suyo. Esa actitud de gente pedestre, fascistoide y populista, (pero que se auto-titula cristiana) no puede concebir la “irracionalidad” o respuesta airada de ciertos ahítos “señoriítos caprichosos o religiosos” ya que su respuesta no puede originarse en cierta solidaridad, y ser solo fruto de irracionalismo y fanatismo. Eliminémoslos pues.

d. Parece casi ofensivo recordar que los terroristas son seres humanos, no bestias satánicas sedientas de sangre y destrucción. En un reciente libro de un exfuncionario experto de la CIA Michel Scheuer “Imperial hubris; why the west is losing the war on terror” podemos leer, hablando de los terroristas: “su objetivo no es arrasar nuestra secular democracia, sino el impedirnos mediante el uso de instrumentos bélicos el que ataquemos cosas que aman y veneran. Ben Laden y sus semejantes no son eternos guerreros que quieren luchar por un afán de enfrentamiento… lo que desearían es regresar a una vida familiar y vivir pacíficamente”. Que así sea.


Xosé Fernando Pérez Oia é filósofo e economista, e colaborador do Igadi.

 
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