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Bernanke, Greenspan y la economía mundial
Xosé Fernando Pérez Oia, igadi.org, 04/11/2005
 
 

  Ben Bernanke, Clic para aumentar
No parece probable que Bernanke (en la foto), de débil adscripción política, encuentre la menor oposición entre los senadores que refrendarán su cargo. Personalmente su modo directo y sincero de hablar constituye un elemento negativo comparado con el de su predecesor ya que la ambigüedad de Greenspan le otorgaba una flexibilidad que favorecía cierto ambiente de secreto que enmascaraba su poder, haciéndolo más temible y eficaz.
 
Estos días hemos tenido ocasión de escuchar una noticia, recogida en la prensa económica, pero poco destacada en la general, del nombramiento del Sr. Ben Bernanke como sucesor del actual presidente del Sistema Federal de Reserva de EEUU, Alan Greenspan, que se retirará, en cierto olor de económica santidad, al fin de este año. El nombramiento tiene una importancia extraordinaria porque su puesto es, sin duda, el más importante a nivel de la economía global. Ello porque imprime el rumbo de la política económica monetaria de EEUU, con las subsiguientes repercusiones en el resto del mundo, y también porque plantea la interrogación de estimar si su accesión al máximo poder económico mundial indica una inflexión, un nuevo posible rumbo de da política económica de los EEUU y consiguientemente del resto de los estados o si seguiremos desenvolviéndonos en una cierta atmósfera de indefinición.

El análisis de los diferentes economistas y politólogos estadounidenses que se han ocupado del caso son discrepantes, porque si bien algunos opinan que la fortaleza de la economía de EEUU es muy grande y capaz de lograr un “suave aterrizaje” en el caso de que hubiese que introducir políticas económicas restrictivas, otros opinan que existe un grave riesgo de recesión transmisible (como Volker o Roach) dado que los problemas de desequilibrio de la economía no han hecho más que agravarse durante los últimos años y que son fundamentalmente diferentes a los que tuvo que afrontar Greenspan durante su largo mandato. Existen también los que, como en un reciente libro de G. Rose, piensan que una posible fase restrictiva desinflacionista se inscribe en un cierto péndulo cíclico en el que a las fases expansivas del sistema se siguen otras contractivas como la que Volker encarnó no ha mucho tiempo.

Es ya evidente que el descenso de popularidad del presidente Bush ha propiciado un cambio en el método de elección pues mientras que en el caso de la, afortunadamente dimitida, Harriet Miers como el del impugnado John Roberts, el nombramiento no ha recaído entre el circulo de republicanos a ultranza, próximos al presidente, sino en una altamente respetado economista, especialista en problemas financieros, conocedor de sus problemas, e intelectual de prestigio. No parece probable que Bernanke, de débil adscripción política, encuentre la menor oposición entre los senadores que refrendarán su cargo. Personalmente su modo directo y sincero de hablar constituye un elemento negativo comparado con el de su predecesor ya que la ambigüedad de Greenspan le otorgaba una flexibilidad que favorecía cierto ambiente de secreto que enmascaraba su poder, haciéndolo más temible y eficaz.

Poco sabemos de las ideas de Bernanke, parece cierto, no obstante que nunca suscribió las ideas de los economistas de la “demanda” (como recientemente afirma Krugman en el New York Times) y también que pretende marcar un rumbo de difícil equilibrio, (casi digno de funámbulo) entre el peligro de una demanda excesiva y sus riesgos inflacionistas y el de una política restrictiva en exceso que acarrearía una deflación, quizás mundial. Aunque no un Keynesiano ortodoxo, Bernanke parece lejos de los partidarios del esquema del efecto Patinkin-Pigou de los “balances reales” ya que sus efectos si se produjesen sucederían, como Keynes decía, a largo plazo cuando todos estaríamos muertos. Es uno de los pocos financieros estadounidenses que opina que la inflación pudiera ser demasiado escasa y al mismo tiempo que la fijación de un objetivo cuantificado de incremento máximo de los precios es deseable, dado sus repercusiones en el imponderable factor confianza. Su muy divulgado consejo, de hace varios años, al gobierno de Japón de emprender decididas políticas económicas de rasgos “Roosvelianos”, esto es favorables a una reflacción estilo “New Deal” no parecen trasladables a EEUU y representan evidentemente el deseo de encontrar nuevos mercados para apoyar la balanza comercial y la expansión de su país.

Nos parece evidente que la labor de Bernanke aparece agravada por una serie de factores que no pueden ser debidamente analizados en un corto artículo periodístico. Hagamos pues una breve mención de los más importantes.

1º- El evidente descalabro de la política militar de Bush en Afganistán e Irak y la creciente resistencia que provoca en EEUU hace improbable que el estímulo de keynesianismo militar actual pueda subsistir largo tiempo. El estímulo bélico, de extenderse a países como Irán, necesitaría contar con un apoyo incondicional de sus principales aliados. La reciente actitud de Francia en el caso de Siria parecería refrendar esta sospecha.

2º- La situación económica de EEUU es hoy mucho más desfavorable de la que prevalecía cuando Greenspan accedió al poder. Greenspan pudo beneficiarse de los superávit fiscales acumulados durante la época del presidente Clinton que le concedieron un amplio margen de maniobra hasta 1991. Hoy día tanto el déficit fiscal del estado federal como los problemas de la balanza en cuenta corriente externa, del endeudamiento exterior y del endeudamiento de las economías domésticas se han agudizado vertiginosamente y parecen de difícil, casi imposible, resolución. Greenspan se benefició de la política desinflacionista de Volker, que redujo en cuatro quintas partes la inflación en EEUU lo que le permitió un “aterrizaje suave” después del desastre bursátil de 1997 y la consecución de varias nuevas burbujas especulativas cuyo efecto sigue operacional como son el aumento especulativo y desmesurado en toda clase de valores como las obligaciones empresariales e hipotecarias, las obligaciones referentes a nuevas empresas y finalmente la fenomenal burbuja inmobiliaria, cuya importancia es enorme ya que los valores medios del índice de subidas de precios ocultan el sesgo de que los ascensos incluyen, rebajándolos, los de las inertes las zonas rurales. Como consecuencia del incremento en el valor de todos los activos, tanto reales como financieros se ha producido al nivel de las economías familiares un auge desmesurado de la expansión consumista con un concomitante descenso del ahorro. La economía de EEUU esta tremendamente endeudada tanto exteriormente como interiormente ya que la deuda de las economías domésticas ha venido, durante los últimos años incrementándose a un ritmo muy superior (en casi un 60%) al del crecimiento del PNB del país. No es sorprendente, en este contexto, que la conservadora revista británica “The Economist” publicase recientemente un diagrama que mostraba un notable deterioro en el índice de malestar, (suma de la tasa de desempleo y de la inflación) desde 1998.

3º- Mención especial merece el deterioro en la cuenta corriente estadounidense que alcanza durante los dos últimos años una cota cercana al 6% de su PNB. Ningún país, que no gozase del exorbitante privilegio, (De Gaulle dixit) de tener la principal moneda de reserva y de transacciones internacionales, podría sostener esta situación que le permite absorber casi unas tres cuartas partes del capital compensatorio prestado por países excedentarios, fondos naturalmente procedentes de un alto ritmo de acumulación y ventas al exterior. El déficit estadounidense convierte a esta nación en el “consumidor de última instancia” y en el frágil impulsor del, a largo plazo declinante, crecimiento mundial cuya prolongación indefinida parece, cada vez más incierta. Ignoramos si hoy día Bernanke piensa, como en un pasado relativamente reciente, que esta situación puede prolongarse. Nuestra opinión es contraria a esta posición. Solo un giro de 180 grados posible pero muy improbable dados ciertos intereses privados monopólicos y egoístas nos permitirían pensar que esta situación se pudiera realizar. En el momento actual no existen condiciones que permitan fácilmente la convocatoria de un nuevo y generoso “Acuerdo Plaza”. El riesgo de una posible crisis de deflación mundial se perfila a pesar del saber y los evidentes buenos deseos de Bernanke.

Lo que cada vez parece más cierto es que, como afirma Krugman (New York Times 28/10/2005) se aproxima para EEUU el día de la rendición de cuentas, el día de su atrición para purgar ciertas actitudes y errores, lo que hace muy incierto el futuro. Un factor de índole estructural, que juega en contra de cualquier nueva política monetaria es el hecho de que la política fiscal de EEUU sigue dominada por un sector ultra-conservador lo que supone una rémora para su eficacia y que permitiese una coordinación que parece hoy inexistente.


Xosé Fernando Pérez Oia é filósofo e economista, e colaborador do Igadi.

 
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