To read the article in EnglishObservatorio da política china / Observatorio de la política chinaVolver a TitularesVolver a Observatorio da política china
La nueva política para Taiwán
Por Xulio Ríos (igadi.org, 22/08/2005)
 
 

  Taiwán, La República de China, clic para aumentar
La Ley antisecesión no parecía llegar en el mejor momento, pero la maquinaria política china funciona a su propio ritmo, y lo que podría ser comprendido más cabalmente cuando Chen Shui-bian revalidó su elección presidencial, en marzo de 2004, envuelto en un atentado, un oscuro episodio que solo ha podido cerrarse recientemente, y por un estrecho margen de votos, en medio de anuncios de cambio de nombre de la República de China, que pasaría a llamarse oficialmente Taiwán, o de proclamación de una nueva Constitución, etc, un año después de todo aquello, con ser comprensible, resulta, cuando menos, extemporáneo. (Foto: Portada del folleto “Taiwán, firme hacia el futuro” editado en 2003 por la embajada de la República de China en Costa Rica).
 
China ha dado muestras recientemente de su intención de recuperar la iniciativa en el desarrollo de las relaciones a través del Estrecho de Taiwán. El establecimiento de una relación normalizada con la República de China y la contención y reducción de la influencia social del independentismo se han revelado como las preocupaciones esenciales del gobierno chino en la gestión de este problema.

La derrota del Kuomintang (KMT) en las elecciones presidenciales de 2000, a favor del candidato del Partido Democrático Progresista (PDP), Chen Shui-bian, consolidó la apertura de un paréntesis en la estrategia de diálogo de Beijing que se había colapsado el año anterior, cuando el entonces presidente Lee Teng-hui se mostró partidario de que las relaciones entre Beijing y Taipei se encauzaran bajo la fórmula “de Estado a Estado”.

En el continente se confiaba en que el ascenso independentista no llegaría a consolidarse. A fin de cuentas, el triunfo de Chen no sería posible sin la división en las filas del KMT, que concurrió a aquel proceso con su tercera gran escisión a cuestas, la del Partido el Pueblo Primero (PPP), de James Soong (anteriormente el Partido Nuevo –PN- y la Unión Solidaria de Taiwán –UST- también habían abandonado el KMT). China pensaba entonces que bastaría esperar a que la oposición encontrase fórmulas de acercamiento para que el PDP fuera desalojado del poder. Esas esperanzas parecían totalmente fundadas cuando el PPP y el KMT anunciaron su acuerdo de presentarse unidos a las elecciones presidenciales de 2004. No obstante, y aunque por la mínima ventaja, el PDP de Chen consiguió revalidar su victoria de 2000 –sumando millón y medio de votos más a los obtenidos entonces- y su programa de reformas, incluidas las constitucionales, inspiraban gran inquietud en China.

La pasividad y la habitual retórica de la condena y la desautorización debían dar paso entonces a una política mucho más activa, que se va a desarrollar en cuatro ámbitos principales: legislativo, político, económico y diplomático.


Legislativo: la Ley antisecesión

La aprobación de esta ley señala un punto de inflexión en la política de Beijing, comparable al “Mensaje a los compatriotas de Taiwán” (1979), o los “ocho puntos” de Jiang Zemin (1995). Aprobada por unanimidad en la sesión del Comité Permanente de la Asamblea Popular Nacional (APN) celebrada el 29 de diciembre de 2004, fue aprobada definitivamente el 14 de marzo de 2005, durante la III sesión de la X APN, registrando solo dos abstenciones y 2896 votos afirmativos de los delegados presentes.

La Ley antisecesión viene a normar los principios tradicionales de la política continental en este asunto: solo existe una China, la reunificación es una tarea nacional, y si no es por las buenas, se tendrá que hacer por las malas, auto imponiéndose la obligación de recurrir a todo tipo de medios, violentos incluidos, para evitar una hipotética independencia. En el texto se menciona la reserva de un alto grado de autonomía para Taiwán, pero se elude la fórmula “un país, dos sistemas”, que ha servido de base para los procesos de recuperación de Hong Kong o Macao.

La Ley no parecía llegar en el mejor momento, pero la maquinaria política china funciona a su propio ritmo, y lo que podría ser comprendido más cabalmente cuando Chen Shui-bian revalidó su elección presidencial, en marzo de 2004, envuelto en un atentado, un oscuro episodio que solo ha podido cerrarse recientemente, y por un estrecho margen de votos, en medio de anuncios de cambio de nombre de la República de China, que pasaría a llamarse oficialmente Taiwán, o de proclamación de una nueva Constitución, etc, un año después de todo aquello, con ser comprensible, resulta, cuando menos, extemporáneo.

En esencia, tres son los supuestos que obligarían a China a adoptar medidas de fuerza contra Taiwán: proclamación formal de la independencia, rechazo indefinido de apertura de negociaciones para la unificación, la ingerencia de terceros que ponga en peligro la soberanía y la integridad territorial de China.

En Taiwán, las reacciones a esta iniciativa han sido diversas. La principal oposición ha sido liderada por el gobierno de Taipei y los partidos que lo apoyan, mientras que la oposición al gobierno de Taipei, ganadora en las elecciones legislativas de diciembre de 2004, multiplicaba los llamamientos a la moderación y al diálogo.

En los tres meses anteriores a la aprobación definitiva del citado texto legal, el gobierno de Taipei impulsó una intensa labor de denuncia, interna y exterior, en torno a dos ejes principales. Primero, la ley modifica unilateralmente el statu quo entre los dos lados del Estrecho, una vigencia que todos intentan no alterar para evitar una espiral agravante del conflicto. Segundo, supone un endurecimiento de la política china en relación a Taiwán. Taipei habla de un nuevo “terror rojo” contra los empresarios, estudiantes o turistas taiwaneses que visiten el continente, alerta sobre la presión que pueda ejercerse contra aquellos que no deseen colaborar con la política continental, y descalifica el conjunto de la iniciativa que resume en la extensión de un cheque en blanco al Ejército Popular de Liberación (EPL) para invadir Taiwán en el momento en que lo considere oportuno.

Con esos argumentos, desde Taipei se impulsa también una amplia movilización en dos direcciones. En el ámbito internacional, se envían instrucciones a sus oficinas en el exterior para que expongan la posición del gobierno y se envían seis delegaciones oficiales a EEUU, Japón y la UE para transmitir su preocupación y recabar la solidaridad de los países democráticos. Internamente, se promueve la movilización social, con manifestaciones en Taipei, Kaoshiung y otras ciudades el domingo 6 de marzo en protesta contra la ley. En ellas no participan miembros del gobierno, pero cuentan con su total apoyo. Lee Teng-hui, el expresidente y líder de la UST, participa en la manifestación de Kaoshiung.

Los argumentos y las movilizaciones son el preludio de una segunda ofensiva que se desarrollará, con mayor ímpetu e indignación, una vez aprobada la ley, a partir del 14 de marzo. El PDP califica el texto de “decreto de guerra”, y el Consejo de Asuntos de China Continental (CACC) de “tentativa perversa de Beijing para cambiar unilateralmente el statu quo”. El primer ministro, Frank Hsieh, habla de revisiones constitucionales como represalia. El ministro de defensa se apresta a preparar el ejército para afrontar una guerra urbana. El ministro de asuntos exteriores invoca la indiferencia internacional frente a los campos de exterminio judíos. Por su parte, el presidente Chen, a quien su aliado Lee Teng-hui le reclama la aprobación de una ley anti-anexión, formula una declaración de seis puntos en la que reitera su condena de la ley y apela a una gran movilización nacional que se llevará a cabo el 26 de marzo y que reúne a cientos de miles de personas en las calles de Taipei. Con este baño de masas, Chen se ve resarcido de su derrota en las elecciones legislativas de diciembre.

La irritación de Taipei no es compartida por el conjunto del espectro político taiwanés. Las fuerzas de la oposición, que condenan la iniciativa continental, consideran que no se puede hablar de endurecimiento continental, ni de alteración del statu quo y que la medida es consecuencia de la política suicida del presidente Chen. Ma Ying-jeou, alcalde de Taipei y nuevo líder del KMT a partir del 19 de agosto en sustitución de Lien Chan, apela a retomar el diálogo bilateral para evitar nuevas tensiones. Un similar discurso es adoptado por el PPP y el PN, los llamados azules, en contraposición a los verdes, que apoyan al gobierno.

En cuanto a las reacciones exteriores, China recibió el apoyo de Rusia, mientras la UE llamaba a la moderación. EEUU expresaba su preocupación por el impacto en la estabilidad regional, al tiempo que aprovechaba la tensión creada para justificar dos actuaciones polémicas. En primer lugar, la inclusión de Taiwán en las preocupaciones de seguridad compartidas con Japón. En segundo lugar, incrementando su presión sobre la UE para evitar el levantamiento del embargo de armas a China, sumando un argumento adicional que justificaría la alarma sobre las supuestas intenciones no pacíficas del Imperio del Centro y alimentando el temor a que el armamento europeo pudiera servir para reforzar la amenaza continental sobre Taiwán. El presidente Chen advierte a la UE sobre las consecuencias del levantamiento del embargo, que equivaldría a estimular y apoyar a un país ni democrático ni pacífico a utilizar la fuerza contra la isla rebelde.

Lo cierto es que la República Popular China nunca ha renunciado al uso de la fuerza para resolver su contencioso con Taiwán. Y esa posibilidad también ha estado presente en el debate de la ley. Hu Jintao, al tomar posesión como presidente de la Comisión Militar Central, pedía a una delegación del EPL presente en la APN que cumplan con su misión histórica, salvaguardando la soberanía estatal, la integridad territorial y los intereses nacionales de China. El Diario del Pueblo recordaba que el EPL es la fuerza principal que garantiza el preedominio del PCCh en la vida política china.

La aprobación de la Ley antisecesión no ha deparado una mejor imagen de la política china en relación a Taiwán. Sus esfuerzos por explicar que se trata de una norma para evitar la guerra, disuadiendo a las autoridades de Taiwán de proclamar la independencia, no han cuajado lo suficiente. Sin embargo, a juzgar por los hechos posteriores, más bien podría calificarse de punto final de una estrategia diferente a la que se pondría en marcha casi de forma simultánea. Aún considerándola desafortunada o extemporánea, ha permitido a China dotarse de una base legal simétrica a la Taiwan Relations Act (EEUU, 1979), basada en la confirmación de la política seguida hasta la fecha, y no afectará a la mejora general de las relaciones bilaterales que se pretende impulsar como consecuencia de la derrota del PDP en las elecciones legislativas de diciembre. En el cierre de la sesión de la APN, el primer ministro Wen Jiabao, minimizaría la trascendencia de la ley, insistiendo en que se trata de un instrumento para evitar una guerra y no para promoverla.


Político: los partidos y la sociedad civil sustituyen a los gobiernos

El acuerdo logrado en diciembre último en Macao para la realización de vuelos directos entre China y Taiwán, con motivo de la fiesta del nuevo año lunar, daba indicios sobre el giro auspiciado por Beijing, al presentarlo como producto del entendimiento establecido a nivel estrictamente técnico, con apenas representación oficial, y con un diálogo, en paralelo, con la principal fuerza de la oposición, el KMT.

En 2003, las aeronaves de Taiwán pudieron recoger en China a sus empresarios para reencontrarse en la isla con sus familias, pero debían hacer vacíos la mitad del trayecto y los aviones del continente no participaban en el dispositivo. En esta ocasión, después de que en 2004 el acuerdo fuese imposible por el temor de China a reforzar las aspiraciones electorales del presidente taiwanés, Chen Shuibian, las novedades son importantes: reparto igual de vuelos especiales; tráfico de ida y vuelta sin escalas; ampliación de las ciudades conectadas; ignorancia deliberada de la discusión sobre la naturaleza de los vuelos –internos o internacionales–; y asegurando la participación de empresas de las dos partes.

Como entonces, las autoridades del continente han procurado marginar al presidente taiwanés de todo el proceso. En primer lugar, desdibujando la participación oficial en la negociación (mantenida a través de la figura de un asesor de bajo perfil político), que ha sido conducida por las asociaciones profesionales del sector, “despolitizando” el diálogo, reconducido a la solución de los problemas exclusivamente técnicos y administrativos. En segundo lugar, anunciando el acuerdo ante una delegación del Kuomintang (KMT), claro ganador de las elecciones legislativas, fuerza opositora a Chen y más proclive a la defensa de la tesis de “una China”, piedra de toque de la política continental en relación a Taiwán.

Ya antes de la aprobación definitiva de la Ley antisecesión, Hu Jintao complementaba la deliberada ignorancia de Chen y su PDP con una política de acercamiento y diálogo al más alto nivel con aquellas fuerzas comprometidas con la política de una China. El envío de una delegación continental para estar presente en las exequias de Koo Chen-fu, quien fuera presidente de la Fundación para los Intercambios en el Estrecho (FIE) de Taiwán y principal negociador con China; el discurso de Jia Qinglin, presidente de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino, expresión de la vieja política de Frente Unido del PCCh, con motivo del décimo aniversario de los ocho puntos de Jiang Zemin; y el ya citado acuerdo de Macao para los vuelos directos con motivo del inicio del Año del Gallo, son signos evidentes del nuevo tiempo.

Los esfuerzos de Chen por atraerse al PPP y abrir una nueva quiebra en sus relaciones con el KMT, acabaron en fracaso. Tanto el PPP, como el KMT o el PCCh parecen haber llegado a la conclusión lógica de que el clima de enfrentamiento solo tiene un beneficiario político, Chen y su partido, el PDP.

El nivel de sintonía es tal que, a sabiendas de la crisis provocada por la iniciativa continental de aprobación de una ley antisecesión, a los pocos días de iniciarse el debate en la APN, el presidente del KMT, Lien Chan, anunciaba públicamente el 27 de febrero el envío a China de una delegación de su partido para iniciar el deshielo. Con anterioridad, el presidente del Yuan legislativo, Wang Jin-pyng, también del KMT, había expresado su disposición a viajar al continente si era invitado para relajar la tensión y dialogar sobre el proyecto de ley antisecesión. Abiertas las sesiones de la APN, la Asociación de la Aviación Civil del continente propone volver a negociar vuelos fletados con motivo de la próxima festividad del día de los difuntos. El KMT envía otra delegación para discutir la eventualidad de vuelos charter para el transporte de mercancías entre las dos partes. Chen y el PDP reaccionan a esta dinámica, recordando que China dispone de 706 misiles apuntando a Taiwán y que en esas condiciones no es el momento de dialogar. La profundidad de la división existente en el mapa político taiwanés se acentúa con toda claridad.

La delegación del KMT, a cuyo frente se sitúa el vicepresidente Chiang Pin-kun, está formada por un total de 34 personas e incluye funcionarios, cargos públicos y líderes industriales y comerciales. El viaje a China se inicia dos días después de que cientos de miles de personas se manifestarán en Taiwán contra la ley antisecesión. El KMT justifica su actitud en que no puede permanecer de brazos cruzados cuando todo avanza hacia la colisión y en la necesidad de auspiciar una visión del problema alternativa a la del presidente Chen.

En la agenda del viaje, visitas al memorial de los mártires de 1911, al mausoleo de Sun Yat-sen, encuentros políticos a diferentes niveles, y un elenco de temas de gran interés para ambas partes (exportaciones agrícolas, transporte de mercancías, vuelos directos, colaboración en el desarrollo del sector servicios, protección de las inversiones, equiparación de estudios, mercado turístico, etc.). La prensa del continente resalta el carácter histórico de la visita y los vínculos espirituales existentes entre los ciudadanos de los dos lados, significando que el diálogo puede resultar muy provechoso para resolver los asuntos comerciales y económicos que hipotecan el desarrollo de las relaciones bilaterales. Beijing pone el acento en la necesidad de fomentar los intercambios entre las ciudades y pueblos, a fin de establecer una tupida red de vínculos que rebaje las tensiones. Los frutos del encuentro se recogen en el llamado “consenso de diez puntos” que sintetiza la hoja de ruta del diálogo PCCh-KMT.

Como era de esperar, la Presidencia de Taiwán reacciona calificando este diálogo como “inapropiado”, y responsabilizando al KMT de haber retrocedido el reloj 60 o 80 años atrás. La UST, además de señalar que la visita se había efectuado sin la autorización del gobierno, critica el consenso de diez puntos e insta al gabinete a no implementar los acuerdos. El CACC acusa al KMT de intentar sustituir al gobierno para negociar con China asuntos de su competencia y advierte que ello puede conculcar la ley. La Oficina del Fiscal de la Corte Suprema de Taiwán abre una investigación sobre Chiang Ping-kun, estudiando la hipótesis de acusarle de traición. El KMT reacciona acusando al gobierno de instrumentar el poder judicial para satisfacer sus ambiciones políticas. Al final, todo se quedará en nada.

La tensión se agrava cuando Jia Qinglin formula la invitación para visitar China a Lien Chan, presidente del KMT, y a los líderes de otros partidos que se opongan a la independencia y acepten el principio de una China. Lien Chan da su aprobación y el viaje se inicia el 26 de abril en la ciudad de Nanjin, la antigua capital de la República de China, discurriendo también por Shanghai, Xian –donde había residido de niño- y Beijing, donde se reunirá con el presidente Hu Jintao.

La visita tiene un profundo significado histórico. Es el primer encuentro a tan alto nivel entre los dos partidos que protagonizaron la mayor contienda fratricida del siglo XX, el Partido Comunista de China y el Partido Nacionalista (significado literal de la palabra Kuomintang). La celebración de esta reunión abre la tercera fase de las relaciones a través del estrecho de Taiwán desde el inicio de la política de reforma y apertura de Deng Xiaoping, a finales de 1978. En un primer momento, el “Mensaje a los compatriotas de Taiwán”, entre anuncios del cese definitivo de los bombardeos, ya sugería la posibilidad de un encuentro al máximo nivel, entonces entre PCCh y KMT, cuando aún el pluralismo político tampoco existía en la isla de Formosa. A ese primer llamamiento, superada la primera respuesta de Taipei (los tres noes: no contacto, no negociación, no concesiones) siguieron el deshielo, las visitas de familiares, y, sobre todo, a medida que la reforma avanzaba en China, la explosión de las relaciones económicas y comerciales entre China y Taiwán. Esa distensión culmina en el encuentro paragubernamental de Singapur de 1993 que prometía un nuevo tiempo en las relaciones bilaterales. La visita del presidente Lee Tenghui a EEUU provoca, en 1995, un pinchazo serio en las relaciones, abriendo de nuevo paso al tiempo de las hostilidades, que cristalizó en las maniobras militares continentales, desarrolladas en vísperas de las elecciones presidenciales de 1996, las primeras enteramente democráticas de Taiwán y también de China en sus más de cinco mil años de existencia.

El giro actual tiene sus antecedentes en los llamados “ocho puntos” de Jiang Zemin, enunciados en enero de 1995. El entonces secretario general del Partido Comunista planteaba como novedad respecto a posicionamientos anteriores, la extensión del diálogo chino-taiwanés a las diferentes fuerzas políticas con presencia real en la isla.

El PDP reacciona a la visita de Chan como cabía esperar, es decir, acusando al KMT de ser una “herramienta de la propaganda comunista”. Lee Teng-hui acusa a Lien Chan de traición y piensa organizar una gran movilización ante la sede central del KMT y en el aeropuerto el día de su partida. El CACC da a conocer sus “siete puntos de conclusión”, respuesta al consenso de “diez puntos”, recordando que todo acuerdo con gobiernos extranjeros debe ser gestionado por las agencias del gobierno y respetar la ley.

Además de la condena sin paliativos y la amenaza de boicot gubernamental a los acuerdos, desde la Presidencia, sin embargo, parece insinuarse una tercera respuesta. En efecto, Chen comienza a dar muestras de no querer quedar fuera de juego, pasando de las acusaciones iniciales de traición a un discurso cada vez más conciliador. Conviene recordar que la presencia gubernamental no fue necesaria para que las líneas aéreas del continente y de la isla pudieran realizar vuelos directos con motivo de la Fiesta de la Primavera. China, con la vista puesta en los Juegos Olímpicos de 2008, sabe que en Taiwán cuenta con millones de potenciales visitantes que pueden asistir en masa a los eventos si, por fin, se soluciona el problema de los vuelos directos. Un millón de taiwaneses vive ya en el continente y unos 300.000 empresarios de la isla dinamizan las relaciones bilaterales, con un margen de beneficios alto pero que se ve reducido por causa de la inexistencia de comunicación e intercambios directos. Si ese problema se resuelve, le será muy difícil al Presidente Chen seguir blandiendo la imagen de hostilidad y agresividad del continente que tantos beneficios electorales y políticos le ha proporcionado hasta la fecha, pero ni puede aparecer como el principal obstáculo ni parece dispuesto a renunciar a su grano de gloria si llega a lograrse el acuerdo. Ante esa tesitura, acaba apoyando el viaje de Lien Chan, aunque este solo aceptó informar previamente de los detalles de su visita sin reunirse con el, tal como solicitaba Chen, quien justificaría su cambio de criterio porque ahora todo había sido “mejor explicado”.

A resultas de la visita de Lien Chan, el KMT y el PCCh acuerdan establecer una plataforma de comunicación interpartidaria para promover los diálogos no oficiales de forma regular y con el objetivo compartido de intensificar los intercambios. El acuerdo contempla la creación de dos foros: sobre el desarrollo pacífico a los dos lados del Estrecho, y sobre intercambios económicos y culturales. En ellos, además de dirigentes de ambos partidos, se invita a participar a otros sectores sociales.

Respecto al PPP, Hu Jintao formula la invitación para visitar China antes de que Lien Chan inicie su periplo por el continente. James Soong reacciona positivamente a la propuesta, visitando Nanjin, Xian, Shanghai y Hunan. Además de pronunciar un discurso en la Universidad de Qinghua, Soong, al que le acompaña una delegación de sesenta personas, se reúne también con Hu Jintao, mostrando su disposición a contribuir al relajamiento de la tensión en el Estrecho y a la estabilidad en las relaciones bilaterales.

La virulencia del PDP ante el viaje de James Soong fue menor. Las relaciones de Chen con el líder del PPP son las únicas que hoy logra mantener con la oposición, aunque no tan buenas como para conseguir que fuera portador de un mensaje de Chen para Hu Jintao. Soong rechazó la oferta señalando que no es mensajero de nadie. Desde el Palacio Presidencial se limitaron a recordar que los líderes políticos deben respetar la ley durante sus visitas a China, mientras desde el Ministerio de asuntos exteriores no dudaba en señalarse que, al final, a China no le quedará otra opción que dialogar con los líderes elegidos por el pueblo de Taiwán, resaltando su escepticismo acerca de si esta nueva diplomacia de China puede confirmarse como un mecanismo efectivo para avanzar en las relaciones bilaterales.

En julio continúa la procesión con la visita del presidente del PN, Yok Mu-ming, quien, al frente de una delegación de treinta miembros, asistirá a los actos organizados para conmemorar el 60 aniversario de la guerra contra Japón. La delegación, en la que también participa el secretario general del Partido, Li Sheng-feng, visitará Nanjin, Guangzhou, Dalian y Beijing, donde se celebra el encuentro al máximo nivel con Hu Jintao, quien invita al PN, que hoy cuenta con un solo diputado en el Yuan legislativo, a sumarse a las políticas auspiciadas de común acuerdo con el KMT y el PPP para frenar el independentismo y desarrollar las relaciones bilaterales para alcanzar la reunificación pacífica.

Taiwán circula, pues, por dos carriles. Siguiendo con su juego de palabras, el gobierno de Frank Hsieh declaraba en febrero que su acción política se centraría en el desarrollo económico, la justicia social y el medio ambiente. Antes de la apertura de la nueva legislatura, Hsieh se reunió con todos los partidos con presencia en el Yuan para anunciarles su compromiso de no presentar ninguna iniciativa legislativa controvertida, sin antes consultar con toda la oposición. La oferta conciliadora se completaba con una invitación a la oposición para designar a un candidato para el puesto de viceprimer ministro, que debería ocupar un vicepresidente del KMT, P.K. Chiang. La oferta fue rechazada.

Sin embargo, una vez constituida la nueva Asamblea Nacional, después de unas elecciones celebradas en marzo con un bajísimo nivel de participación (23%), el Presidente Chen lanzaba de nuevo la idea de una segunda fase de reformas constitucionales, con el objeto de que antes del final de su mandato (2008), Taiwán pueda disponer de una nueva Carta Magna. Además, el gobierno aprueba remitir al Yuan legislativo una enmienda a la ley de referéndum, que ampliará los objetos (incluyendo la modificación del ámbito territorial del país), se reduce el número de votantes exigibles para la iniciativa popular y se reduce el quórum mínimo a la cuarta parte del censo, salvo para el cambio del territorio, que exigirá la mitad. Ambas iniciativas encontrarán la segura oposición de los azules y difícilmente serán aprobadas.

Por el otro carril, circula otro tráfico, en una dirección distinta, que difícilmente el gobierno podrá impedir. Las ofertas continentales serán cada vez más atrayentes y tanto la oposición como diversas entidades de la sociedad civil a duras penas podrán resistir las expectativas de beneficio de este diálogo. A mediados de agosto, una delegación del KMT, presidida por Zeng Yongquan, se desplazaba a Beijing para discutir sobre la promoción de vuelos directos de carga y pasajeros, en lo que podría llegar a ser una dinámica habitual a partir de ahora.

El intento del gobierno de relanzar la FIE con el nombramiento de Chang Chun-hsiung, antiguo primer ministro, como presidente, y con el incremento de su dotación económica para relanzar sus actividades, trata de evitar la marginación que busca China, pero sin interlocutor al otro lado en tanto Chen no anuncie su aceptación del principio de una China, no parece probable la recuperación de su liderazgo en el diálogo bilateral.


Económico: la intensificación de los intercambios

La parte continental se confirma como el mayor mercado de exportación de Taiwán y el mayor contribuyente al superávit comercial de la isla. Los intercambios indirectos totalizaron 438.200 millones de dólares, de los cuales 366.700 correspondieron a importaciones de China de la isla, según He Shizhong, director de la sección de economía de la Oficina continental de Asuntos de Taiwán. Hasta finales de mayo de 2005, China había autorizado la creación de 65.568 empresas con fondos taiwaneses, con una inversión por valor de 82.770 millones de dólares. De esta suma se han utilizado 40.580 millones.

Para fomentar el comercio y facilitar la inversión, China ha autorizado la creación de cuatro zonas de inversión taiwanesa en las ciudades de Fuzhou, Xiamen, Xinglin y Jimei; varios parques de ciencia y tecnología en Shenyang, Nanking, Chengdu y Wuhan; zonas experimentales de cooperación agrícola en las provincias de Fujian, Shandong, Hainan, Heilongjiang y Shaanxi; y parques de negocios para campesinos taiwaneses en las provincias de Fujian, Shandong, Sichuan y Heilongjiang. Además, se ha aprobado la creación en la parte continental de dos bancos y una compañía de seguros de Taiwán, siete oficinas de representación de bancos y otras 30 de nueve aseguradoras de la isla, y 12 compañías de valores de Taiwán. En el continente, ya existen 38 oficinas de representación de compañías de transporte marítimo de Taiwán y cuatro aerolíneas de la isla han abierto oficinas en el continente.

Los intercambios progresan generosamente, especialmente en los últimos seis años. Las exportaciones a China, vía aérea, se han incrementado en un 39% y las importaciones en un 32%. En el primer caso, ascienden en 2004 a 24,9 mil millones de $US, en el segundo, a 5,4 mil millones de $US. Pero la inexistencia de vuelos directos ocasiona unos costes de expedición muy elevados. Por ello, existe una fuerte presión para lograr un acuerdo que haga posible los vuelos directos entre Taiwán y China. En mayo último, el presidente de la Asociación Nacional de Comercio e Industria, Theodore Huang, ha apelado al primer ministro para que se retome el impulso en tal sentido. La Cámara de Comercio europea en Taipei también ha solicitado que se autorice a las compañías aéreas chinas a establecer representaciones en la isla para que puedan emitir desde aquí billetes de avión. Todo ello exigiría aligerar el discurso de la seguridad, tan privilegiado por Taipei. Quizás una primera señal de otra actitud pudiera ser la decisión de autorizar a los aviones de línea regular sobrevolar el continente chino, levantando una prohibición vigente durante medio siglo. El gobierno de la isla ha decidido autorizar también la negociación sobre los vuelos directos, tanto para cargas como para pasajeros, designando como interlocutor a la Asociación de Aerolíneas de Taipei. Un nuevo episodio de flexibilidad podría producirse a mediados de septiembre, con motivo de las fiestas de otoño.

Si el gobierno no da pasos adelante, otros lo harán por el. A mediados de agosto, una delegación del KMT, presidida por Zeng Yongquan, se ha desplazado a Beijing para discutir sobre la promoción de vuelos directos de carga y pasajeros. Anualmente, más de 3 millones de taiwaneses van y vienen, pero al no existir vuelos directos, gastan 3.000 millones de dólares más de lo necesario. Esa razón pesa lo suyo en los bolsillos de muchos ciudadanos. Chen Yulin, jefe de la oficina de asuntos de Taiwán del PCCh, ha mostrado su buena disposición para normalizar el tráfico entre las dos partes.

En el frente agrícola, el PDP se ha visto obligado a criticar a la Asociación Provincial de Agricultores de Taiwán por su plan de enviar una delegación a China para mantener diálogos con representantes continentales sobre las exportaciones de frutas desde Taiwán. El PDP, que cuenta con una importante base electoral entre el campesinado, exige que la autoridad gubernamental sea respetada, alertando sobre el caos que puede producirse si se excluye al gobierno de los diálogos agrícolas. Beijing, con la disposición anunciada al KMT, ha autorizado ya la entrada de 15 tipos de frutas sin pagar impuestos y aligerando el despacho de aduana e inspección, y la Asociación no ha dudado en viajar a la capital del continente para ultimar los detalles.

Otro cambio en curso puede afectar al turismo, muy condicionado por las exigencias de seguridad. En mayo, el gobierno de Taipei anunciaba que recibirá a prueba turistas de China, al principio solamente originarios de algunas ciudades, y unos 1.000 al día. No puede ser más que el comienzo de un cambio más profundo.

En resumen, China es consciente de su fuerte capacidad de atracción. Sus propuestas relativas a la solución de problemas concretos que interesan a la ciudadanía de la isla pueden obtener un enorme eco en las asociaciones profesionales y sectoriales de Taiwán, con independencia del nivel de influencia en las mismas de los diferentes partidos políticos. El PDP difícilmente podrá oponerse al desarrollo de esos vínculos y tanto si lo hace como si no, su posición resultará políticamente incómoda.


Diplomático: convencer a EEUU, neutralizar a Japón, aislar a Taiwán

China es consciente del importante papel que corresponde a EEUU en la solución definitiva de este contencioso. Pero, ¿por cual de los dos carriles circula Washington? Veamos algunos ejemplos. Todo el debate acerca del levantamiento del embargo de armas por parte de la UE a China ha como telón de fondo tenido –más que la mejora de los derechos humanos-, la hipótesis de una crisis bélica con Taiwán. De hecho, ha sido Taipei, con Seúl, Tokio y Washington quienes han liderado la oposición a esa medida, auspiciada por algunos países europeos. Destacados miembros del Congreso de EEUU advertían a finales de febrero a la UE sobre las posibles consecuencias negativas de una decisión favorable a la supresión del embargo de armas a China. Los legisladores, encabezados por el republicano Richard Lugar, presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, se reunieron con Bush para transmitirle su parecer. Y Bush, en la cumbre realizada con la UE el 22 de febrero en Bruselas, clamó contra el levantamiento del embargo. Su posición ha sido igual de inflexible en cuanto a la opción de compra de Unocal por parte de la petrolera china CNOOC. Por su parte, en una comparencia en Singapur a primeros de junio, Donald Rumsfeld definía como injustificados los gastos militares chinos, alertando de la amenaza que una China militarmente moderna puede suponer para la seguridad regional. Ante la TV Fox News, Bush declara que apoyaría a Taiwán en caso de ser atacado por China.

EEUU y Japón, por otra parte, han integrado la cuestión de Taiwán en sus objetivos estratégicos comunes. En febrero de 2005, en Washington, decidían reforzar su alianza en Asia-Pacifico y a escala mundial. En 50 años de alianza militar, nunca habían mencionado esta cuestión como asunto de preocupación común, lo que sugiere una idea de la magnitud del cambio actual: a partir de ahora, ambos países cooperarán en el tratamiento de todos los factores de inestabilidad en Asia oriental. China ha reaccionado con preocupación a este anuncio y el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Kong Quan, recordaba que la alianza USA-Japón no debiera sobrepasar el estricto marco de las relaciones bilaterales. A China le preocupa que el tono del acuerdo pueda enviar un mensaje erróneo a las fuerzas partidarias de la independencia de Taiwán.

En los primeros días de julio, Tang Jiaxuan, antiguo ministro de exteriores de China, visitó en Washington a los principales dirigentes estadounidenses: Condoleezza Rice (exteriores), Stpehen Hadley (seguridad nacional), John Snow (Tesoro) y Bush. En septiembre se reunirán Bush y Hu. Tang se ha pronunciado en público a favor del mantenimiento del statu quo con Taiwán, recabando el beneplácito de EEUU, e insistiendo en que Taiwán es la clave de las relaciones bilaterales y que solo pueden crecer y mejorar si hay acuerdo en ese punto.

Mientras, la Cámara de Representantes, que ha aprobado una resolución condenando la ley antisecesión, el 28 de julio, al aprobar el presupuesto del Departamento de Estado para 2006-2007, sugieren que se debería facilitar los encuentros entre oficiales de alto nivel de Taiwán, incluyendo a su presidente y vicepresidenta, o los ministerios de defensa o de exteriores, con sus homólogos de EEUU. La Administración no seguirá sus consejos, probablemente, pero este pronunciamiento es suficiente para irritar a China. David Lee, representante de Taiwán en Washington, ha declarado que las relaciones bilaterales con EEUU son de mutua confianza. El Presidente Chen ha anunciado su intención de hacer una escala en San Francisco el próximo mes de septiembre, justamente durante la visita de Hu Jintao a EEUU.

La ecuación que más preocupa en el eje Washington-Taipei-Beijing se refiere a la cuestión militar. El diálogo general entre Washington y Beijing en materia de defensa ha mejorado últimamente. A finales de enero, el subsecretario adjunto de defensa, Richard Lawless, y el general Xiong Guangkai, jefe del Estado Mayor adjunto del EPL, se reunieron para sostener conversaciones sobre la situación en el estrecho y las formas de ampliar la seguridad naval. Se ha hablado de la instalación de un teléfono rojo que pueda mejorar la capacidad de respuesta ante situaciones de crisis.

Pero el problema principal se centra en el equilibrio militar y las adquisiciones de armamento. A los dos días de aprobarse la ley antisecesión por la APN, una delegación del Pentágono llegó a Taipei para analizar las capacidades defensivas de Taiwán y el impacto de las actividades de espionaje de China. Se trataba de evaluar las posibilidades de una guerra asimétrica provocada por China y la presencia de una quintacolumna en la isla, organizada entre los 4.000 inmigrantes clandestinos chinos que en ella residen.

Con anterioridad, el presidente del Yuan legislativo, Wang Jin-pyng (KMT), recibía a Theresa Shaheen, antigua presidenta del Instituto Americano en Taipei, organismo que se encarga de los contactos bilaterales en ausencia de relaciones diplomáticas, quien señalaba que el rechazo a votar los créditos presupuestarios necesarios para comprar nuevo armamento podría constituir un obstáculo en las relaciones bilaterales. Taipei debe demostrar su voluntad de defenderse, afirmó. La propuesta consiste en comprometer 610,8 millones de dólares taiwaneses para la adquisición, entre otros, de 8 submarinos convencionales, una escuadrilla de 12 aviones de detección antisubmarina Orion P-3C y 6 baterías de misiles antimisiles Patriot PAC-3.

Aún con la delegación del Pentágono en suelo taiwanés, la oposición rechazaba en el Yuan que una comisión parlamentaria entrara en el análisis del presupuesto para adquirir nuevas armas, ahora rebajado en 130.000 millones de dólares taiwaneses, frente al inicial de 610.000 millones, una cifra considerada exageradamente alta por el PPP y el KMT. Al tiempo, para forzar la anuencia de los diputados, se hacía saber que China construirá, de aquí a 2015, varios portaaviones que le permitirán romper el actual equilibrio militar. Para 2012 se estima que China sobrepasaría las capacidades de defensa de Taiwán.

Mientras se hacen públicas diversas intromisiones de barcos chinos en aguas territoriales de Taiwán, EEUU apremia a Chen para que decida sobre sus compras. Pero no está solo en sus manos. Los tres copresidentes del Senado de EEUU le envían el 1 de Agosto una carta a Ma, nuevo presidente del KMT, para que apoye la compra de armas a EEUU. El PDP convoca una manifestación el próximo 25 de septiembre en Taipei para urgir a la oposición a apoyar la compra.

Ante la eventualidad de un conflicto armado, mantener un nivel de disuasión creíble frente a China, significa disponer de los medios militares necesarios en la zona, más amplios que los actuales, explicitando la disposición a intervenir, pero también presionar a Taiwán para que asuma la responsabilidad de su propia defensa, comprando el armamento que le venderá su principal aliado.

Una lógica de unificación no es del todo del gusto de EEUU. Si Taiwán pasa a formar parte de China, la afirmación de su hegemonía regional sería imparable y la credibilidad de EEUU en la zona iría a la baja. Washington intenta convencer a los países vecinos de la significación creciente de la amenaza china, un discurso que es secundado por Japón, quien teme que esa emergencia afecte también a sus intereses regionales.

Taiwán es otra de las razones que explican el deterioro de las relaciones entre China y Japón en los últimos meses. A primeros de abril se registraron manifestaciones antijaponesas en Beijing y Guangdong, con la excusa de la publicación de manuales escolares que minimizan la invasión japonesa de China en los años 30. Luego se extendieron a otras ciudades, llevando las relaciones bilaterales a su peor estado desde 1972. En una conversación sostenida en la capital china el 17 de abril, los ministros de exteriores, Li Zhaoxing y Nobutaka Machimura, intentaron aclarar esos malentendidos, pero sin mucho éxito. A pesar de la buena evolución de las relaciones económicas, en lo político, el alineamiento a pies juntillas de Japón con EEUU y su titubeante actitud con las tesis independentistas de Lee Teng-hui (a quien concedió un visado a finales de 2004) y de Chen, o la presencia en el gobierno de Koizumi de numerosos partidarios de Taiwán, o su apoyo a la petición de Taipei para ingresar en la Organización Mundial de la Salud, ayudan muy poco a mejorar las relaciones.

Por último, en cuanto a la batalla diplomática que enfrenta a China y Taiwán, la presión de Beijing es cada vez más intensa. En enero, la República Popular restablecía relaciones diplomáticas con Granada, interrumpidas en 1989, quien pasa a ser el quinto aliado que cambia de bando en solo cuatro años. Taipei ha compensado dicha pérdida con la recuperación de Nauru, después de una interrupción de tres años.

El miedo a recibir un duro revés en este dominio, ha obligado a Taiwán a movilizarse a fondo. En la segunda quincena de marzo, la vicepresidenta Annette Lu, ha efectuado una gira por El Salvador y Guatemala. El Presidente Chen, en los primeros días de mayo, ha visitado las islas Marshall, Kiribati y Tuvalu. Por otra parte, se anuncia la apertura de una oficina del BERD (Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo) en Taipei, mientras se avanzan nuevas estrategias para acceder a Naciones Unidas, o a la OMS, encontrando siempre la firme oposición continental, quien también rechaza que Taiwán se incorpore como miembro observador a la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa o en la OEA (Organización de Estados Americanos) donde una docena de países (de un total de 35) son aliados diplomáticos de Taiwán.

Los temores respecto a su aislamiento regional o internacional van más allá de la dimensión estrictamente política. Taiwán teme verse marginada del proceso de integración económica y multiplica sus esfuerzos para firmar Tratados de Libre Comercio con buena parte de sus aliados, e incluso, así lo ha propuesto también a Japón. Chen, por otra parte, ha anunciado su intención de participar en la cumbre de jefes de estado y de gobierno de la APEC, que se celebrará en Corea del Sur en noviembre, y quiere encontrarse con Hu. Desde 1991, cuando Taiwán ingresa en APEC, ni el Presidente ni el Ministro de asuntos exteriores de Taiwán han podido participar en estas cumbres. Chen afirma estar dispuesto a participar en la reunión bajo la denominación de “Chinese Taipei”, sin usar la denominación Taiwán ni República de China. Pero ni así parece viable su asistencia.

China está centrando buena parte de su actividad diplomática en la zona de Centroamérica y Caribe. Haití y la República Dominicana, han sido países visitados en enero por Cai Wu, director adjunto del departamento de relaciones internacionales del PCCh. En Haití, país que mantiene relaciones con la República de China desde 1956, China dispone de tropas que forman parte de una misión de Naciones Unidas y presiona al gobierno local con la advertencia de su negativa a prorrogar el mandato de la misión de la ONU.

Ante el cariz de la ofensiva diplomática de China, Taiwán ha instado la creación de la Unión Democrática del Pacífico, una entidad constituida en agosto y destinada a sostener la cooperación económica promovida desde Taipei. La UDP agrupa a 26 países, los mismos que reconocen diplomáticamente a Taiwán.


Conclusión y escenarios futuros

China no encontrará grandes dificultades para implementar su nueva política. El entendimiento con la oposición, mayoritaria en el Yuan legislativo, acerca de los temas principales, puede bloquear cualquier intento de Chen y el PDP de avanzar en una línea de confrontación (legislación sobre referéndum, nuevo texto constitucional, compra de armamento) con el continente. Además, la receptividad y el interés demostrado por las asociaciones cívicas y no gubernamentales para conseguir la solución de numerosos problemas prácticos que afectan al desarrollo de los vínculos bilaterales, o el establecimiento de vínculos directos entre comunidades locales, puede consolidar una estabilidad que China reclama con intensidad. El reconocido pragmatismo de las autoridades continentales parece sugerir una fase caracterizada por la primacía de la negociación técnica para resolver asuntos prácticos, con la mínima interferencia política que, paradójicamente, abrirá un intenso fuego cruzado en la vida política taiwanesa.

El nuevo presidente del KMT, Ma Ying-jeou, probable candidato en las presidenciales de 2008, apuesta por estabilizar las relaciones con China y rechaza la independencia, al tiempo que postula un acuerdo de unificación a largo plazo. El nuevo presidente del PDP, Su Tseng-chang, elegido el pasado 15 de febrero en sustitución de Chen, que había presentado su dimisión por los resultados electorales de diciembre, asegura la continuidad del proyecto soberanista. Las espadas, pues, siguen en alto y se anuncia una enconada lucha para gubernamentalizar unos acuerdos que la sociedad de una y otra parte se aprestan a establecer. El gobierno no solo está en minoría, puede quedar fuera de juego.

La posición más radical será la sostenida por Lee Teng-hui y su UST. Lee está convencido de que Beijing ha abandonado toda esperanza de reunificación pacífica y está decidida a alcanzarla por las fuerza. La protección de Taiwán solo es viable entonces si descansa en un pacto de seguridad EEUU-Japón.

El mayor problema de China seguirá siendo el ganarse la confianza de EEUU y convencerle de los buenos propósitos y del carácter pacífico de su emergencia. Pero si en Washington predomina una política de contención no será fácil asegurar un nuevo compromiso sobre Taiwán.


22 de agosto de 2005.

 
 

Xulio Ríos,
director del Igadi y del Observatorio de la Política China (Casa Asia).

Clic para aumentar
 
Volver a TitularesVolver a Observatorio da política china



Ir á páxina de inicio
Instituto Galego de Análise e
Documentación Internacional
www.igadi.org

ÚLTIMA REVISIÓN: 10/09/2005
Fernando Pol


Subir