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| China y Argelia: recursos energéticos y pragmatismo
político Por Ezequiel Escudero (OPCh, igadi.org, 24/02/2008) |
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Para las grandes potencias, aspectos como el de la seguridad energética se vuelven cruciales para hacer frente al advenimiento de un escenario con escasez de crudo, con la consecuente crisis de producción a nivel mundial. Las proyecciones acerca del mercado de energéticos para los próximos treinta años, reflejan un incremento en el consumo de todos los tipos de energía, donde el petróleo y el gas son los que representarán la mayor demanda internacional. La guerra de Iraq y los atentados continuos contra los pozos petroleros, así como la inestabilidad en Medio Oriente, han generado la necesidad de diversificar las fuentes de suministros energéticos. Este parece ser el fundamento elegido por los especialistas a la hora de otorgar una importancia relativa al continente africano y su caudal energético; manifestación que se traduce en intervenciones humanitarias y lucha contra flagelos como el HIV/SIDA y la malaria, o contra la pobreza. Las compañías petroleras de la mano de las economías más influyentes en el sector energético, son ahora las más interesadas en obtener las licencias de explotación de crudo y de las (incalculables) reservas de gas natural. La relativa seguridad que significan las plataformas de extracción lejos de la costa, representan una interesante alternativa a los inestables pozos de otras regiones, como pueden ser los de Medio Oriente. Sumado a esto, se encuentra el hecho de que, en la mayoría de los casos, los intereses de las empresas petroleras se encubren detrás de “beneficios” que van desde ayuda humanitaria, hasta la estabilidad política, de los cuales se nutren los necesitados gobiernos locales del país receptor. El gobierno chino realizó a principios de noviembre de 2006 en su capital, Beijing, el denominado Foro China-África, en el cual participaron representantes del más alto nivel político de 48 países africanos, entre los que se encontraban 40 jefes de Estado o de Gobierno. Dicho evento signó la forma en que China presenta sus cartas a la hora de jugar el juego de las influencias en la arena económica y geopolítica mundial; este evento marca también las intenciones de la República Popular de asumir un rol protagónico en los asuntos del continente africano. Entre los resultados económicos directos más importantes del Foro, se destacan la firma de 16 contratos comerciales por valor cercano a los 1.500 millones de euros, el anuncio de la concesión de 5.000 millones de dólares de nuevos créditos gubernamentales para África, la cancelación de la deuda (Rovetta, 2006) y la promesa de que China duplicará para el año 2009 su ayuda al continente(1). Al mismo tiempo, se espera que el comercio bilateral (40.000 millones de dólares en 2006) alcance los 100.000 millones de dólares hacia 2020. La China de la reforma y la apertura al exterior propició, en los años ’80 y ’90, un mayor acercamiento de Beijing a Occidente, y por razones geográficas a Asia, en detrimento de las relaciones de África o América Latina, por ejemplo. Sin embargo, en los últimos años esta situación se ha modificado, desde el momento en que el gobierno de Hu Jintao tomó la determinación de emprender una ofensiva política y económica en África, para obtener un mejor posicionamiento respecto de otros polos de poder. Argelia se ha transformado en un foco de atención, respecto de su rol como país rico en materias primas, y su modo de relacionamiento con los países de mayor poder e influencia en el escenario económico y energético mundial. Desde Argel se observa una clara política “selectiva” a la hora de establecer vínculos comerciales entre Estados; no sólo la nueva estrategia de su política exterior “mira” hacia Oriente, sino que, además, cuida sus relaciones con antiguos socios comerciales. Así lo indica el acuerdo firmado a fines de 2006 entre la empresa energética italiana Edison y la argelina Sonatrach para el suministro de 2.000 millones de metros cúbicos de gas natural al año (Porcu, 2006). Con el concepto de las “ventajas comparativas”, Abdelaziz Bouteflika, pretende impulsar un modelo de desarrollo basado en la maximización de los beneficios obtenidos de su principal fuente de recursos, el gas y, mayormente, el petróleo. El PIB argelino (según informes del FMI), debería rondar los 140.000 millones de dólares para 2010, dado que la cifra hacia 2005 era cercana a los 105.000 millones. Con una coyuntura como esta, un país en crecimiento, tanto en lo económico como en el aspecto de su estructura organizativa, no puede dejar de ser una alternativa más que propicia para los inversionistas externos y, más precisamente, para los empresarios chinos. Esta claro que esto se materializa con acciones, y en sintonía con ellas, son numerosas las empresas chinas que arriban a Argelia de la mano de jugosas promesas de engrandecer sus arcas a través de inversiones en el sector energético, sobre todo. En este rubro sobresale la presencia del gigante petrolero Sinopec, quien se ha adjudicado (por 525 millones de dólares) la gestión del yacimiento de Garzatine; mientras que la China National Petroleum Corporation se hará cargo de la exportación del crudo argelino. Más allá del “auge” energético, las empresas vinculadas con sectores como la construcción también aportan su capital en obras de infraestructura y la realización de un extenso programa de obras públicas. El objetivo de las autoridades de Argel es vincular las distintas regiones del país, acercándolas a la capital y situar así las distintas inversiones en muchas áreas del país magrebí. Desde la cumbre celebrada en Beijing (2006) quedó en claro que el objetivo de China para este siglo que comienza es afianzar los lazos con antiguos “socios” antes dejados en un segundo plano. Durante el Foro se resaltó el interés chino por estrechar sus acuerdos comerciales con África, recordando a los allí presentes la importancia radical que el continente negro tuvo para la República Popular en épocas pasadas. China promueve consistentemente relaciones positivas con África señalando que, cuando su banca en la ONU fue reinstaurada en 1971, entre los 76 países que votaron en su favor, 26 eran de África (más de un tercio del total). Más tarde, al expresar su agradecimiento, el líder chino Mao Zedong dijo que “fueron los amigos africanos los que devolvieron a China a las Naciones Unidas” (Larkin, 1971). En este contexto se forjaron los lazos entre Argel y Beijing. Ambos líderes políticos firmaron acuerdos que prevén una cooperación estratégica entre China y Argelia, en sectores como la educación y las nuevas tecnologías. Argelia pretende erigirse como un polo tecnológico africano fuerte con proyección global. El objetivo es importar en Argelia tecnologías avanzadas y know-how a través de la deslocalización y el partnership industrial. Por una parte, Argel podrá utilizar tecnología china (como instrumento clave para el salto de calidad en su economía) y por otra, Beijing explotará el petróleo y el gas argelino para satisfacer su demanda interna de recursos energéticos, abriendo, al mismo tiempo, nuevos escenarios en el creciente mercado comercial. El deseo de transformar a Argelia en un atrayente polo tecnológico es el mayor de los sueños de Bouteflika, quien visitó el parque tecnológico de Zhong Guancun, considerado por muchos el Sillicon Valley chino. Además, se instala el proyecto de consolidar un modelo de desarrollo similar al del país asiático para lograr modificar el escenario económico-político. Desde la obtención de la independencia hacia mediados del pasado siglo, la sensación para los analistas africanos es que, en realidad, los patrones de la época colonial se reproducen dentro de una realidad distinta. Este paradigma se ha transformado en un escollo difícil de sortear. Sumado a esto, se observa desde el continente la clara intención de sentar coyunturas favorables a las antiguas metrópolis. Entre estos signos se encuentran las negociaciones respecto a la entrada en vigor de los Acuerdos de Asociación Económica (AAE), entre la UE y África, fuertemente resistidos por los países de mayor peso africano en la pasada cumbre de Lisboa. Otro de los aspectos que reproducen cierto escepticismo por el lado de los africanos, es la entrada en juego del Africom, impulsado por el gobierno de Bush, y que significa un cambio trascendental de Washington en relación a la visión que se tenía de África, sobre todo después de los atentados del 11-S. Además, Estados Unidos pretende dejar sentada la importancia estratégica de las reservas energéticas que afloran en el continente. En sintonía con esta política, se enmarcan las giras por África en los últimos meses de altos funcionarios de la Casa Blanca. En esta estrategia, se prevé que el Golfo de Guinea se convierta en el sustituto del Golfo Pérsico, dada la constante inestabilidad política y social de la región. Este acto viene de la mano de una penetración de capitales norteamericanos a través de grandes empresas petroleras(2). Ante este panorama, Argel interpretó la situación como propicia para estrechar lazos con el gigante asiático. Sin mayores altercados con Occidente, Bouteflika, no obstante, disparó sus cañones contra aquellos al denunciar falta de incitativa política y de un proyecto a largo plazo, continuo y estructurado, respecto del tratamiento de cuestiones vinculadas con la lucha contra la pobreza o la erradicación de flagelos como el Sida o la Malaria. No conforme con esta postura crítica hacia Estados Unidos y Europa, el hombre fuerte de Argelia manifestó públicamente que la Cumbre Sino-Africana de 2006, fue el acto más importante realizado entre el continente y la república Popular China. Según el mandatario argelino, hay una clara diferencia entre los intereses chinos y los occidentales, que radica en que los primeros materializan su intención de “contribuir al desarrollo” de una África potenciada; mientras que Occidente solo ve con buenos ojos la posibilidad de enriquecerse con los recursos africanos, sin mediar en cuestiones humanitarias o desarrollistas, y reproduciendo viejas practicas colonialistas. Cuando pensamos en las distintas alternativas que pueden vislumbrarse al analizar el fenómeno africano, recaemos en el concepto de la dependencia de factores externos, muy arraigada en el legado colonial. Difícil es para cualquier mandatario africano poder desentenderse de aquel fenómeno sin que esto encierre consecuencias. La adopción de un pragmatismo selectivo por parte de Bouteflika, muestra en cierta forma el nacimiento de un modo de pensar la política new age. El acercamiento hacia Beijing, en este caso, manifiesta no solo el deseo de emular modelos de desarrollo económico exitosos, sino también, la intención de reorientar la situación interna de un país golpeado por la violencia interna, con años de guerra civil y luchas políticas. Desde su llegada al poder, Abdelaziz Bouteflika debió enfrentar una fuerte oposición, intentos de fragmentación propiciados por el Frente Islámico de Salvación (FIS) y una sociedad civil proclive a manifestaciones violentas. Una de las salidas a este escenario, fue la implementación de una política pragmática con el único objetivo de calmar la situación interna, pero, además, posicionar a Argelia dentro del Magreb como un actor subcontiental de peso. Lo cierto es que el presidente de Argelia parece entender de qué se trata el juego de las influencias. Continúa jugando su partida económico-diplomática, caracterizada por una diversificación de las propuestas y de los acuerdos, dependiendo de quien sea el receptor. De este modo, se logran resultados positivos en distintos frentes, sobre todo en el sector energético. · Centro Cultural Argelino en París, www.cca-paris.com, 07 de febrero de 2008. · Agencia de prensa on line, www.algeria-interface.com, 08 de febrero de 2008. · Sitio de las Naciones Unidas sobre Argelia, www.algeria-un.org, 08 de febrero de 2008. · Oficina Nacional de estadísticas sobre Argelia, www.ons.dz, 09 de febrero de 2008. · Archivos Nacionales de Argelia, www.archives-dgan.gov.dz, 09 de febrero de 2008. |
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Ezequiel Escudero, coordinador Programa África do Centro Argentino de Estudios Internacionales (CAEI). |
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Notas: (1) Esta determinación del gobierno chino, está acompañada del interés por obtener apoyo diplomático de los países africanos para que rompan relaciones con la República rebelde de Taiwán. (2) Las compañías norteamericanas tienen previstas inversiones por más de 50.000 millones de dólares para 2010, además de otros planes en el mismo sentido de sus fuertes competidores en Francia, Holanda, Gran Bretaña y Malasia. |
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Instituto Galego de Análise e Documentación Internacional www.igadi.org ÚLTIMA REVISIÓN: 24/02/2008 |
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