| China e o mundo chinés |
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| Eldorado que viene de Oriente Por Xulio Ríos (El Mundo, 17/11/2004) |
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El anuncio de un megaplán de inversiones millonarias en Argentina, parcialmente desmentido por Pequín, es bien indicativo del salto cualitativo que se está produciendo. Kirchner ha sido incapaz de imponer la cautela, pero, rebajado o no, el plan existe. Argentina es el país de la región que más ha incrementado su comercio con China en los dos últimos años, en especial sus exportaciones. En Brasil, el entusiasmo no es menor, pues se ha convertido en su principal socio latinoamericano y Lula piensa en China como un aliado estratégico para avanzar en la configuración de un mundo multipolar. Cuba se halla en cuarta posición y es un destino turístico privilegiado para los chinos pudientes. Sea como fuere, un dato parece incontestable: China empieza a contar y muy fuerte en las relaciones exteriores, económicas y políticas, de América Latina. Y viceversa. No es ya aquel socio exótico al que les unía el hecho de ser, como ellos, un país en vías de desarrollo, y del que los alejaba el desigual resultado de las reformas aplicadas en la última década, ejemplo matizado en un caso del éxito y de lo que nunca se debe hacer en otro hasta el punto de que en China se habló y se habla de evitar la latinoamericanización de la reforma por su connotación abiertamente negativa. Que se le ha perdido a China en América Latina? El gigante asiático busca tres cosas. En primer lugar, siendo el desarrollo su principal prioridad y preocupación, los recursos naturales, ya sean alimenticios, minerales o energéticos, desarrollando al efecto una política de inversiones que le asegure un fácil acceso y explotación, con la única excepción, quizás, de Brasil, cuyo superior desarrollo favorece otras implicaciones de naturaleza tecnológica (satélites o energía nuclear). En segundo lugar, fortalecer los vínculos políticos como prioridad paralela a la intensificación de las relaciones económicas, estimuladas por el desarrollo chino y que ayudan a la recuperación de una zona que, no lo olvidemos, ha padecido tres crisis financieras en la última década. Para China solo podría hablarse de un nuevo nivel en las relaciones económicas si se establece un marco de diálogo más rico en lo político. Chile, por ejemplo, piensa en sumarse al reducido grupo de países que reconocen a China el status de economía de mercado, algo a lo que se resisten la inmensa mayoría de los miembros de la OMC. Brasil podría seguir el mismo camino, según adelantó el mismo Lula en su estancia en Pequín de mayo pasado. En tercer lugar, Taiwán, que en el continente americano dispone del grupo más importante de países que le reconocen diplomáticamente, en especial en el área centroamericana y del Caribe. Paraguay es el único país del MERCOSUR que aún no ha establecido relaciones diplomáticas con China y puede que no tarde mucho. El fortalecimiento de todos estos vínculos con los principales países de la región puede ayudar a reducir la presencia política de Taiwán, asunto de primordial importancia para China. En suma, asistimos a lo que bien pudiera definirse como un nuevo tiempo en las relaciones bilaterales con los principales países de esta región y a la confirmación de que la proyección internacional de China va más allá del reducido ámbito asiático para apostar por el establecimiento de alianzas mayores que puedan abrir caminos a la multipolaridad global. |
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Xulio Ríos es director del IGADI y miembro del Consejo Asesor de Casa Asia. |
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ÚLTIMA REVISIÓN: 21/11/2004 |