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El Congreso de Jiang Zemin
Por Xulio Ríos (artículo publicado na revista Noticias Obreras)

A la vista de los resultados del XV Congreso del Partido Comunista Chino (PCCh), celebrado en Beijing entre los días 12 y 18 del pasado mes de septiembre, Jiang Zemin puede convertirse en el primer secretario general que supere la difícil prueba de permanecer en el cargo más de dos Congresos consecutivos. Al haber conseguido eliminar a Qiao Shi, su rival político más importante,  el único con posibilidades de establecer algún tipo de alianza interna que hiciera zozobrar su actual jefatura, Jiang Zeming se consolida como el primus inter pares de la dirección china. Este, sin duda, ha sido "su" Congreso.

¿Qiao Shi ha perdido?. De los más reformistas de la cúpula dirigente, en los últimos años  había tratado de dinamizar la vida política de la Asamblea Popular Nacional, hasta entonces un auténtico y sospechoso marasmo de unanimidades y ciegas apologías del régimen, para construir una sólida base de apoyo desde la cual impulsar una reforma política más atrevida. Receptivo a la necesidad de reconsiderar la versión oficial de los sucesos de junio de 1989, Jiang Zemin veía en él al dirigente con posibilidades de vertebrar un proyecto político ligeramente diferente justamente cuando la reforma económica va a entrar en su fase más crítica y delicada. Y no desea en modo alguno fisuras que puedan dar alas y proyección política en el Partido a unas crisis previsibles que, en buena lógica, demandarían el establecimiento de cauces plurales de participación y diálogo y no pura y simple represión. Desde el apoyo a la reforma, Qiao Shi era, con seguridad, el único miembro del Comité Permanente del Buró Político con capacidad y autoridad para imponer debates sobre la necesidad de mayores cambios políticos. Algo que para Jiang Zemin, obsesionado en conseguir la unidad absoluta y la estabilidad, equivaldría a destapar la caja de los truenos. De todas formas, conviene tener presente que Wei Jiaxing, que ha pasado del Buró Político al Comité Permanente, es un hombre muy próximo a Qiao Shi.

En todo caso, dificilmente podemos considerar ya a Jiang Zemin como una simple figura de transición. Ha traspasado el umbral, debilitado a sus rivales, fortalecido sus apoyos. El hecho de que la votación para elegir los miembros del Comité Central haya sido secreta y con el resultado conocido, revela hasta que punto ha sabido hacerse con el control de las riendas del Partido. Y si finalmente Li Peng asume la presidencia del Parlamento al cesar en su cargo de primer ministro en la próxima primavera, se asegurará la neutralización de cualquier veleidad de autonomismo político que amenaze con debilitar su poder. Zhu Rongji, el probable primer ministro y quien fuera bautizado en otro tiempo como el "Gorbachov" chino, confirma su ascenso y su imagen de eficaz tecnócrata pero no supone, al menos por ahora, un rival político y puede ser fagocitado si la reforma se complica.

Pero además, en esta reunión se han abordado otras cuestiones de enormes interés. En primer lugar, en el plano teórico, se ha producido un hecho de capital importancia. Deng Xiaoping, recientemente fallecido, ha sido consagrado por sus aportaciones a la construcción de "un socialismo con peculiaridades chinas". Su teoría pasa a formar parte inseparable del bagaje ideológico del PCCh y, además, y esto es lo realmente novedoso y transcendente, a un nivel no solo distinto, sino superior a  las aportaciones del maoísmo. Cierto es que en el imaginario popular la figura de Mao sigue conservando su carisma de gran líder revolucionario. En 1981, el PCCh reconoció sus contribuciones  y advirtió de sus errores. El contenido de los elogios a Deng Xiaoping ponen de manifiesto que al día de hoy los comunistas chinos valoran su pragmatismo político por encima del izquierdismo y el voluntarismo de Mao y se empeñarán en los próximos años en un mayor reconocimiento social y prestigio de su teoría de la modernización. Como anticipo, en vísperas del XV Congreso, se puso en circulación una colección de cinco discos cd-rom sobre la vida y obra del fallecido líder chino, incluyendo "más de dos millones de sinogramas, unas 1.200 fotografías y más de 80 grabaciones de vídeo y cine"... Todo un alarde de modernidad y pleitesía.

La segunda cuestión importante es la relativa a la reforma de las empresas estatales. En China, la mayor parte de las empresas que son propiedad del Estado funcionan como auténticas sociedades cerradas, las danwei, asumiendo no solo la gestión de la producción sino también de otros muchos aspectos de la vida social, cultural y política de sus trabajadores y familias. Con cargo al presupuesto de las empresas  se abonan las pensiones de sus trabajadores, el gasto hospitalario, de la Universidad propia, si existe, de las guarderías e institutos, etc. A mayores, el impuesto que deben abonar al Estado es porcentualmente superior al que deben satisfacer las empresas que disfrutan de otros regímenes de propiedad. La introducción de los mecanismos de mercado, el mayor dinamismo económico de la sociedad china, el anquilosamiento y una estructura de funcionamiento y gestión desfasada, entre otros, han agravado la situación financiera de las danwei. La mayor parte de estas empresas tienen considerables pérdidas.

En los últimos años han impulsado y experimentado diferentes mecanismos para reflotarlas: mayor autonomía, mejora de los mecanismos de gestión, etc, y, en paralelo, la introducción de sistemas de subsidio de desempleo, oficinas de colocación, seguridad social... Se aprobaron algunos mecanismos legales de cierta importancia como la ley de quiebras y se pusieron en marcha algunas bolsas de valores. Formalmente se ha rechazado siempre la privatización y aún hoy, en las conclusiones del XV Congreso, se puede advertir la negativa a admitir dicha vía. ¿Dicen los comunistas chinos una cosa y hacen otra? ¿Piensan lo que dicen, hacen lo que piensan, o lo contrario de todo lo contrario?. Habrá que esperar y ver para conocer si efectivamente la generalización de la reforma de las empresas estatales que ha decidido el XV Congreso supone un paso más en dirección al capitalismo, un medio de contención de aquella tendencia que Mao consideraba espontánea de regreso a la "vieja sociedad", o ciertamente una nueva e imaginativa fórmula, sustancialmente diferenciada de nuestra mágica privatización que todo lo dice resolver...

Más allá de lo meramente económico, la discusión entre los comunistas chinos tenía otro transfondo. En opinión de los sectores más conservadores, identificados con la defensa de las posiciones marxistas tradicionales, solo la propiedad estatal es socialista y esta debe ser mantenida como la principal siempre y en todo caso para que la reforma no implique una modificación sustancial del sistema politico. Para los reformistas, lo que debe predominar en el sistema económico no es la propiedad estatal en su forma pura e inmaculada, sino la propiedad social y en ella se engloban las pujantes propiedad cooperativa o de las empresas de cantón y poblado, propiedad de administraciones, colectivos sociales, etc en las que la propiedad no es individual sino colectiva y por lo tanto los beneficios revertirán siempre en la colectividad. De esta forma se evitará la aparición de colectivos de empresarios privados vocacionalmente interesados en la subversión del socialismo. Una buena parte de los dirigentes o gestores empresariales chinos son miembros del Partido y el Partido, con sus casi 60 millones de miembros,  controla eficazmente los principales resortes de la vida económica, al igual que en el pasado lo hacieron, durante nada menos que dos mil años, los burocratas confucianos.

La reforma de las empresas estatales será dolorosa en muchas provincias. Además debe tenerse en cuenta que se ubican en las inmediaciones de las ciudades y que regiones enteras dependen de su viabilidad última. Afrontar este desafío sin un colchón social que amortigue las tensiones dificilmente podrá evitar el estallido de conflictos que ya se han venido insinuando en los dos últimos años de forma creciente.

Por último, internamente y en falso se intenta cerrar la herida de Tiannanmen con el retorno de los militares a los cuarteles.  El Partido manda al fusil, sentenciara Mao. La jubilación de Li Huaqing, la eliminación de Zhang Zhen (este había criticado indirectamente a Jiang Zemin al afirmar que la Comisión Militar Central debería estar presidida por un militar) y la ausencia de militares en el Comité Permanente del Buró Político, anuncian el comienzo de la transición post-Deng en esta institución clave de la vida política china. Jiang Zemin prepara un nuevo plan de reforzamiento de sus afines. La anunciada reducción de efectivos en medio millón de hombres, el tránsito generacional y su menor protagonismo político pondrá en el orden del día una intensificación de la profesionalización, lo que a la larga puede hacer más difícil al Partido recurrir a la fuerza para reprimir hipotéticas movilizaciones populares.

Tecnocracia sin democracia; primero eficacia, después justicia social, son los dos mensajes que la sociedad china y también nosotros podemos percibir de un Congreso, la mayor reunión de comunistas del mundo, que le ha salido redondo al sucesor de Deng. Jiang Zemin ha demostrado no haber perdido el tiempo para acumular más poder e influencia, pero aún habrá que esperar algo más para comprobar si ello es garantía suficiente para gestionar los grandes retos que la reforma china afrontará en los años venideros. Su poder es mucho, pero el poder no lo es todo.

Xulio Ríos es director del IGADI (Instituto Galego de Análise e Documentación Internacional). Volver ó índice


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ÚLTIMA REVISIÓN: 21/11/98