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Diálogo Estratégico y Económico:
nuevos compromisos, ¿futuros cambios?

Marola Padín Novas (OPCh, 27/05/2010)

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La segunda ronda del Diálogo Estratégico y Económico (DEE) China-Estados Unidos se llevó a cabo en Beijing durante los días 24 y 25 de mayo. En el encuentro participaron representantes de más de 40 departamentos de ambos países cuyo objetivo principal fue mejorar el entendimiento y la confianza entre ambos.

El DEE fue establecido durante el primer encuentro de Hu Jintao y Barack Obama en el marco de la cumbre financiera del G-20. Si bien la primera reunión tuvo lugar los días 27 y 28 de julio de 2009, en plena crisis financiera internacional, este año las reuniones se han producido en un momento de recuperación económica global y con vistas a profundizar en la adopción de medidas que permitan un equilibrio en el crecimiento sostenible de ambas economías a medio y largo plazo.

Las negociaciones se han llevado a cabo en un clima favorable al acuerdo a pesar del período de tensión por el que atravesaron las relaciones bilaterales a comienzos de este año. La venta de armas a Taiwán, por valor de 6.400 millones de dólares, el pasado mes de enero y la reunión en febrero de Obama con el Dalai Lama enojaron a Beijing. Taiwán y Tíbet son dos temas sensibles para las autoridades chinas pero que no impidieron la reanudación del diálogo sobre derechos humanos en Estados Unidos a principios de este mes ni la segunda ronda de Diálogo Estratégico y Económico ahora en Beijing.

Dai Bingguo presidió el diálogo junto al vicepremier Wang Qishan en calidad de representantes especiales del presidente chino Hu Jintao, mientras que la secretaria de Estado Hillary Clinton y el secretario del Tesoro, Timothy Geithner, estuvieron presentes en el evento como representantes especiales del presidente estadounidense, Barack Obama. Un encuentro al más alto nivel como éste refleja la voluntad política de ambos gobiernos de optar por la vía del diálogo para la mejora de las relaciones bilaterales. Y no sólo eso. La estabilidad en Asia también depende del grado de entendimiento entre Washington y Beijing. Así, en la agenda también estuvo presente la preocupación por temas como el programa nuclear iraní o la tensión en la península coreana. Ambos países coincidieron en la importancia de preservar la estabilidad, después de que Corea del Sur acusara a su vecino del Norte del hundimiento de una corbeta el pasado mes de marzo. La situación económica global, el modelo de crecimiento, el comercio y la cooperación financiera también fueron importantes temas de debate.

En las conversaciones, China ha trasladado su empeño en alterar el modelo de crecimiento económico. Hasta el momento, el crecimiento de su economía se había basado en las exportaciones y la inversión extranjera; sin embargo, ahora se trata de mejorar el sector servicios y el consumo interno. La capacidad de ahorro de su ciudadanía es cada vez mayor (en las zonas costeras y del sur del país, principalmente) y la importación de nuevos productos para satisfacer la demanda interna se hace más patente. China también ambiciona promover más extensamente el desarrollo de la red de seguridad social, incluyendo la ampliación de su nuevo sistema de pensiones en el medio rural. Dichos cambios mejorarán la economía doméstica y reequilibrarán el crecimiento global.

En el área de la seguridad energética, el compromiso de las autoridades chinas insiste en la reducción de las subvenciones al carbón que dificultan la inversión en energías renovables. Estados Unidos y China, dos de los productores y consumidores más importantes de energía, han acordado colaborar para estabilizar el mercado internacional del sector mejorando su transparencia, evitando grandes fluctuaciones en el precio del crudo y trabajando con la Agencia Internacional de la Energía y otras organizaciones. Además, también mejorarán la cooperación en seguridad nuclear, energías renovables y la promoción de tecnologías de ahorro energético así como en vehículos eléctricos.

Por otra parte, China ha acordado reducir las barreras para la inversión extranjera en el sector servicios, bienes de alta tecnología y productos de ahorro de energía. Estas medidas crearán nuevas oportunidades para las firmas norteamericanas gracias al aumento del comercio y la inversión a medio y largo plazo, ayudando, igualmente, a reducir la brecha comercial. El déficit comercial anual de Estados Unidos con China bajó a 226.800 millones de dólares en 2009, ascendiendo el año anterior a 268.000 millones.

A juzgar por el tono de las conversaciones, China orienta su modelo económico hacia un mercado cada vez más abierto y adaptado a las normas internacionales, algo que también es del interés de EEUU. Sin prisa pero sin pausa, las autoridades chinas gestionan la incorporación de nuevas medidas con el gradualismo que siempre ha primado en sus decisiones económicas. China, así, se ha mostrado dispuesta a alentar una reforma en el tipo de cambio del yuan y a seguir colaborando en el marco del G-20 a encontrar salidas a la crisis económica global.

 

 
 

Marola Padín Novas
es analista en el Observatorio de Política China (IGADI-Casa Asia)

 
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