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China, ¿para cuándo la burbuja?
Jaume Giné Daví (La Vanguardia, 17/08/2010)

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Algunos analistas occidentales predicen que pueden explotar las burbujas financiera e inmobiliaria chinas. Quien sabe. Pero sería mejor que no acertasen. China es hoy, junto a India, Brasil y otros países emergentes, el gran motor de la economía mundial mientras EEUU, la UE y Japón sufren para superar la crisis. Si China explota todos lo pasaremos peor. Pero hablamos sobre China sin conocerla suficientemente. Seguimos juzgándola, económica y culturalmente desde nuestra concepción occidental sobre el individuo y la sociedad. Y China es otra civilización.

Los chinos presumen de una economía cuyo gran problema es que crece demasiado rápido. Creció un 9,1 % en 2009 y un 11,1% en el primer semestre de 2010. El Gobierno quiere evitar que la economía se recaliente. Una fiebre que el Banco de China puede afrontar pues goza del mayor y más cómodo colchón de reservas de divisas mundial. Tiene aún margen para seguir, si es preciso, apoyando la economía. Pero los chinos, además de divisas, tienen una historia, la dimensión, la voluntad y las capacidades para construir una gran economía. Y están en ello. Aún dependen de su sector exportador y de un yuan bajo pero cuentan con el potencial de un enorme mercado interior y una inagotable mano de obra barata. Y aunque los costes laborales suban, las empresas extranjeras seguirán invirtiendo en China.

Millones de chinos no necesitan ser estimulados por el Gobierno para buscar empleo y trabajar duro. Desean prosperar para asegurar la educación y el futuro de sus hijos. No son los subsidios públicos los que impulsan el crecimiento sino el espíritu emprendedor y el orgullo del pueblo chino. Llevan en su ADN el “hacer negocios” e intentar enriquecerse. Están dispuestos a emigrar, esforzarse, aprender, y sobre todo, ahorrar. Un ahorro que permite financiar el déficit estadounidense pero también el español. China fue en 2009, tras Francia, el segundo tenedor extranjero de la deuda española. Y siguen comprándola y en un solo día, el pasado 6 de julio compro 400 millones de euros. Incluso ha establecido una agencia propia para calificar la solvencia de las deudas financieras de los demás estados.

El mundo espera que los chinos ahorren menos y consuman más. Pero les cuesta gastar y menos derrochar como hacemos nosotros. Prefieren ahorrar, invertir y vender. Y que nosotros sigamos comprando sus productos. El país crece también gracias a los millones de PIMES familiares que operan en redes, comparten negocios e incluso se prestan dinero sin necesidad de pisar un banco. Y la diáspora china en todos los continentes, participa y apoya la gran irrupción de China en la economía global.

¿Existen incertidumbres? Claro que sí. China debe moderar su crecimiento con un ajuste estructural que le permita crecer mejor. Porque crece mucho pero mal al incrementarse las desigualdades territoriales y sociales, con un grave impacto medioambiental. Por otro lado, persiste la corrupción administrativa y no hay elecciones ni prensa plenamente libres. El modelo chino, un capitalismo confuciano sin pluralismo político, es discutible a los ojos occidentales. El otro gran dilema: saber como evolucionará el sistema político de la segunda economía mundial.

 
 
Jaume Giné Daví, profesor de la Facultad de Derecho de ESADE
e investigador asociado al IGADI
 
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