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China, Liu Xiaobo y los valores universales
Jaume Giné Daví (OPCh, 13/10/2009)

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El comité noruego del Premio Nobel fue valiente el 8 de octubre al laurear, entre 237 nominados, al escritor y disidente chino Liu Xiaobo. Se reconoció su larga y pacífica defensa de los derechos humanos fundamentales en China. El Comité hizo caso omiso a las fuertes presiones de Pekín. El director del Instituto Nobel Geir Lundestad reveló que el viceministro de asuntos exteriores chino Fu Ping viajó en Junio a Oslo para advertirle sobre las consecuencias negativas que aquella decisión podría tener para las relaciones bilaterales entre China y Noruega. El Comité del Nobel es una entidad independiente del Gobierno y del Parlamento noruego.

Liu Xiaobo está encarcelado en una prisión china tras ser condenado el 25 de diciembre de 2009 a 11 años de cárcel por un delito de subversión contra el Estado. Su grave delito consistió simplemente en redactar y firmar con otros intelectuales, en diciembre de 2008,  un moderado manifiesto, la “Carta 08” que reclamaba al PCCh el impulso de las reformas democráticas en China. El juicio celebrado a puerta cerrada no duró ni tres horas, la defensa tuvo 14 minutos para exponer su posición y en solo dos días se conoció la sentencia condenatoria, confirmada por un Tribunal de Pekín solo 44 días después. Pero su compromiso a favor de las libertades públicas arranca desde mucho antes. Ya fue encarcelado veinte meses por su participación en las manifestaciones de la plaza Tiananmen en 1989. Volvió a ser internado en un campo de reeducación entre 1996 y 1999. Desde entonces siguió bajo control policial hasta volver a ser detenido en 2008 y condenado en 2009.

La reacción china a la concesión del Nobel a Liu Xiaobo no se hizo esperar ante lo que entendió una grave interferencia en los asuntos internos del Estado. Reaccionó airadamente calificando como una obscenidad que se premiase a un convicto por violar las leyes chinas. Lo consideró una bofetada directa a la cara del régimen chino, algo que es más doloroso para un país de raíces confucianas. Pekín silenció la noticia en los medios de comunicación chinos e incluso cortó las señales de la BBC y la CNN. También levantó inmediatamente una “gran muralla virtual” en Internet (Twitter, Facebook, etc.) para oscurecer o borrar cualquier mención al Nobel. El régimen ya reaccionó aireadamente en 1989 cuando solo unos meses después de la masacre de la plaza Tiananmen, se concedió el premio Nobel de la Paz al Dalai Lama. Sin embargo, ahora la situación es más compleja porque el galardonado no es un separatista tibetano exilado en la India, sino un súbdito chino de la etnia han encarcelado en China que puede convertirse en un símbolo para la aún incipiente disidencia política existente en la sociedad civil china. Por esta razón las autoridades han aumentado la presión sobre los disidentes que apoyan o simpatizan con los contenidos de la Carta 08. También han sometido de facto a arresto domiciliario a Liu Xia, esposa de Liu Xiaobo.

La decisión del comité es aún más meritoria al anunciarse la misma semana en que el primer ministro chino Wen Jiabao visitaba la UE, con la bolsa llena de divisas, prometiendo generosos apoyos financieros a varios países europeos ahogados por la crisis económica. Barack Obama pidió la pronta liberación de Liu Xiaobo. También Francia, Reino Unido y Alemania. En cambio la reacción de los más altos representantes de la UE fue extremadamente cauta para no molestar al coloso chino. José Manuel Durao Barroso, presidente de la Comisión Europea, felicitó a Liu Xiaobo pero no pidió su liberación a Pekín. Herman Van Rompuy, presidente del Consejo Europeo, guardó silencio.

Muchos líderes occidentales callarán ante la segunda economía mundial que posee la mayor reserva mundial de divisas. China. El “maná” chino puede ayudar en una coyuntura económica difícil e incluso comprar silencios. Pero no siempre. Desde Noruega se alzó una voz recordando que, además del dinero o “los valores financieros”, existen otros “valores universales” más cruciales que deben ser respetados y protegidos.

Pero Pekín ve las cosas desde otra óptica. Las autoridades chinas publicaron en septiembre el informe “Progreso en los derechos humanos en China”. Se destaca los logros económicos que han mejorado el nivel de vida de millones de chinos. Una visión parcial e interesada que olvida la situación sobre el ejercicio de otros derechos y libertades públicas. Cabe recordar que China solo ha ratificado uno de los dos Pactos Internacionales sobre Derechos Humanos, aprobados por las NNUU en 1966: el de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales, pero no el de los Derechos Civiles y Políticos.

La creciente interdependencia económica de EEUU y la UE con China les obliga a negociar y entenderse. Pero, ¿a qué precio? Existen opiniones interesadas que defienden que las cuestiones sobre los Derechos Humanos no deben bloquear la cooperación internacional. Ahora prima el pragmatismo. Sin embargo, Barack Obama y Hu Jintao,  chocarán por el distinto talante, democrático y autoritario, de los dos regímenes que representan. Obama afirmó hace un año en Shanghai ante unos cientos de universitarios chinos que “las libertades de expresión y de culto y el acceso a la información son derechos universales” y que “ellos deberían ser accesibles a todos, e incluyendo a las minorías étnicas y religiosas, ya sea en EEUU, en China o en cualquier lugar”. Sus palabras no tuvieron eco en China. Lo medios de comunicación en manos del Partido Comunista Chino (PCCh.) solo reprodujeron sus referencias a los grandes avances económicos chinos.

Muchos creyeron que el gradual desarrollo económico chino conduciría también a establecer un modelo político democrático. Así ocurrió antes en otros países asiáticos con raíces confucianas, como Japón, Corea del Sur y Taiwán. Incluso situaron en 2008, el año olímpico, como el del salto democrático. Sin embargo, desde una óptica occidental, el proceso de modernización chino no se ha traducido en un “Estado de derecho” con una clara división de poderes. Tampoco existe un pluralismo que permita ni la alternancia ni la disidencia política. El PCCh lo controla todo. Hoy en China más que del “imperio de la ley” cabe afirmar que el régimen “impera a través de la Ley”.

Los sistemas democráticos occidentales están en crisis. Y China aprovecha la oportunidad para pregonar las excelencias de su modelo capitalista sin pluralismo político. Un modelo que puede ganar adeptos en otros continentes y países en vías de desarrollo. Pero desde Oslo se recuerda a Pekín que las libertades de expresión, de asociación o de culto, no son valores occidentales u orientales. Son valores “universales”. Están recogidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 10 de diciembre de 1948 que China y todos los países del mundo deben respetar. Por cierto, la Carta 08 impulsada y redactada por Liu Xiaobo se publicó el 10 de diciembre de 2008 coincidiendo con el 60º aniversario de la Declaración Universal.

De todos modos, cabe preguntarse si la concesión del Nobel puede tener efectos indirectos en la política interior china. Liu Xiaobo es prácticamente un desconocido para los chinos en un país donde los medios de comunicación no son plenamente libres. Pero sí podría alimentar el debate dentro del PCCH sobre la necesidad o la conveniencia de un mayor grado de apertura política. China se ha desarrollado económicamente pero las reformas políticas están muy rezagadas. La creación de una economía socialista de mercado no se ha visto acompañada de una ampliación del marco para ejercer algunas libertades esenciales en un país donde crece el grosor de las clases medias.

A las puertas del XVIII Congreso del PCH que, en 2012, abrirá paso a una nueva generación de dirigentes del país se acrecientan los posicionamientos entre las alas conservadora y reformista. Los conservadores, revitalizando a Confucio, defienden que China tiene en sus valores tradicionales la base para asegurar el desarrollo armonioso del país. Los reformistas creen que aquel no se asentará si no se impulsan también algunas reformas políticas. El gran dilema es si, como, cuando y en que medida Chira se abrirá al pluralismo político, social y cultural.

 
 

Jaume Giné Daví, profesor de la Facultad de Derecho de ESADE
e investigador asociado al IGADI

 
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