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Especial OPCh
¿Impulso democrático en China?
Varios autores (OPCh, 13/10/2010)

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En las últimas semanas se han multiplicado en China las alusiones a la necesidad de dar un impulso a la reforma política. A las declaraciones del premier Wen Jiabao y del presidente Hu Jintao se han sumado comentarios en diversos medios académicos y periodísticos que denotan cierta impaciencia. Dichas manifestaciones han estado precedidas de numerosos gestos en el último medio año que revelan una mayor voluntad de apertura política, si bien no exenta de tensiones y contradicciones.

  1. ¿Qué valoración general cabría hacer de los cambios introducidos en el orden político desde el XVII Congreso del PCCh?

  2. ¿Considera que estas declaraciones pueden alentar un cambio no solo en la intensidad de la reforma política sino también en su orientación tradicional?

  3. ¿En qué medida este debate puede anticipar las claves principales que condicionarán el XVIII Congreso del PCCh a celebrar en 2012?

Han colaborado en este Especial: Julio A. Díaz Vázquez, Centro de Investigaciones de la Economía Internacional, Universidad de La Habana; Milton Reyes, Docente Escuela Política Internacional, Instituto de Altos Estudios Nacionales, Ecuador; Enrique Posada Cano (Observatorio Virtual de Asia-Pacífico, Colombia).

 

 

RESPUESTAS de: Julio A. Díaz Vázquez, Centro de Investigaciones de la Economía Internacional, Universidad de La Habana.

1. ¿Qué valoración general cabría hacer de los cambios introducidos en el orden político desde el XVII Congreso del PCCh?

En los causes que abrió la Reforma y Apertura, puestos en marcha en la República Popular China (RPCh), desde finales de 1978, la necesidad de una Quinta Modernización, la Política, fue reconocida desde los inicios de los años 80 del pasado siglo. Sin embargo, adelantarse a su tiempo también es una forma de equivocarse. Puede que este haya sido el caso de Hu Yaobang que fue uno de los dirigentes más entusiastas impulsores de la reforma y, dentro de ella, el de poner acento en que la esfera política no quedara rezagada. No obstante, es un hecho real que el área de la economía es la que ha estado en el centro del proceso, hasta nuestros días.

En este sentido el XVII Congreso del PCCh (2007) marcó un interregno al trazar líneas estratégicas en lo económico-social y político hasta el 2020. Entre otros objetivos, en la esfera política se planteó avanzar en la instrumentación de una sociedad de derecho, hacer énfasis en otorgar un mayor papel a los órganos legislativos, la Asamblea Nacional Popular (ANP), hacer más estable las consultas con otros sectores de la sociedad agrupados en la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino (CCPPCh), así como impulsar en los distintos niveles de la estructura económico-política del país programas experimentales de participación de la población en los asuntos públicos.       .  

Por otra parte, plantearse la búsqueda de una sociedad armónica, donde el desarrollo y crecimiento de la economía se conjugara con el bienestar social, significó un nuevo hito dentro de la estrategia para renovar al país. No obstante, ello no se ha realizado plenamente. Persisten, entre otros déficit, grandes diferencias entre las regiones, crecen las disparidades de ingresos ciudad-campo, hay agudos desequilibrios ambientales, problemas étnicos, corrupción, etc. Tampoco puede ignorarse que en el ámbito político la sociedad china ha alcanzado progresos nunca antes habidos en transparencia, niveles de participación, así como incentivos para emprender iniciativas creadoras. Hechos que, en lo político, si bien hablan de ostensibles progresos; a la vez, constituyen un  primer escalón del largo camino aun por recorrer.             

2. ¿Considera que estas declaraciones pueden alentar un cambio no solo en la intensidad de la reforma política sino también en su orientación tradicional?

Ciertamente, en los últimos tiempos dirigentes del Partido y el Estado han reiterado la necesidad de activar, acompañando de modo más ponderado las adecuaciones económicas y las políticas, acorde con las transformaciones  dadas en lo económico-social del país. Sin embargo, aquí parece de interés destacar dos posibles variantes, no contradictorias, pero que justamente pueden complementarse. Una, seguir tomando experiencias, a partir del rumbo en los métodos democratizadores que transcurren en la vida interna del Partido Comunista de China (PCCh). La otra, hacer de la Región Administrativa Especial de Hong Kong (RAE), polígono de prueba que, asimile en la esfera política, lo universal con lo específico de la cultura milenaria de China.

Sin embargo, ambos proyectos, entre otros, estarán sujetos a dos posibles condicionantes. Uno, dependerá de la rapidez de las transformaciones en el agro de China que abran paso a la aparición de una clase media, que siga la senda de la que parece consolidarse en las áreas citadinas. Proceso que será  signado por la tradicional paciencia asiática, así como por la eficacia demostrada por la gradualidad de la renovación económico-social de los últimos 30 años. Pero, sin dudas, la democratización es una necesidad ineludible no solo en lo interno, sino también en lo externo, si nos atenemos al peso que, cada día, adquiere China en la arena internacional.                 

3. ¿En qué medida este debate puede anticipar las claves principales que condicionarán el XVIII Congreso del PCCh a celebrar en 2012?

El XVIII Congreso a efectuarse en el curso del 2012 tendrá significación por variadas razones. Ante todo, vale destacar que con el relevo de Hu Jintao aparece una nueva generación de dirigentes, sin conexión con los  iniciadores de la reforma y apertura. Deng Xiaoping señaló a Hu Jintao como futuro Secretario General del PCCh. Entonces, lo primero a decantarse tiene que ver con el equilibrio a alcanzarse entre las alas del PCCh. ¿Predominará el llamado Grupo de Shanghai? Será posible lograr una armonización entre las dos principales corrientes: Las que enfatizan en la apertura; o las que acentúan lo social. No obstante, prevalecerá en ambos bandos la continuidad en el curso trazado por las Cuatro Modernizaciones.

Asimismo, tampoco podrán desdeñar los nuevo líderes encontrar respuesta adecuadas, eficientes en lo económico y activas en lo político, para los apremiantes problemas que gravitan en el desempeño económico-social del país. A su favor obra la garantía de incrementos económicos predecibles  superiores al 8% anual, avances alentadores en la remodelación de la estructura de la economía, con énfasis en el consumo como factor de crecimiento, balance más favorables en la composición de las exportaciones e inversiones. Aunque  la evolución que experimenten las transformaciones en el agro será decisiva para el desarrollo de iniciativas políticas más dinámicas.

Por otro lado, los debates entorno a los giros que mostrará el XVIII Congreso,  tampoco puede obviar, además de recoger lo positivo de lo realizado, las respuestas a instrumentar para lidiar con lo negativo generado por el propio desarrollo, en contar con un cierto tiempo para estabilizar los contrapesos internos en la cúpula dirigente PCCh. En tanto, habrá que otorgar atención a la evolución de lo que acontece en la economía y geopolítica internacional, y como se reflejará en el quehacer interno y externo de China. Todos, retos e incógnitas que solo la vida despejará.

 

RESPUESTAS DE: Milton Reyes, docente Escuela Política Internacional, Instituto de Altos Estudios Nacionales, Ecuador.                         

1. ¿Qué valoración general cabría hacer de los cambios introducidos en el orden político desde el XVII Congreso del PCCh?
Positivos, en tanto se ha podido introducir en el debate la necesidad de frenar los excesos de los sectores económicos hegemónicos que se construyeron durante el periodo más aperturista. Los cambios en un orden político tan complejo donde coexisten: representantes de fuerzas sociales que apoyan los preceptos tecnocráticos y liberal-economicistas (denominadas neoliberales), las moralidades sobrevivientes del proyecto maoísta, y preceptos “modernizadores” que intentan fortalecer el  rol de intermediación del estado frente a  las fuerzas sociales y el orden mundial orientados a la construcción de una sociedad armoniosa no han sido acelerados, sin embargo se han podido plantear temas donde el estado en su rol de intermediador garantiza la posibilidad de que los ciudadanos no puedan ser despojados por las grandes firmas. (Ejemplo, la privatización de propiedades, y el caso de la casa uña).

 2. ¿Considera que estas declaraciones pueden alentar un cambio no solo en la intensidad de la reforma política sino también en su orientación tradicional?
 La reforma política está orientada a superar los excesos del aperturismo, pero así mismo rescata valores tradicionales propios de la construcción cultural china (como el de la solidaridad ejemplificados con el tema de la familia china, pero también el tema del debate previo a la toma de decisiones –que es usual en las interacciones de los miembros de la denominada sociedad civil).

3.¿En qué medida este debate puede anticipar las claves principales que condicionarán el XVIII Congreso del PCCh a celebrar en 2012?
La clave principal estaría en cómo se conformarán las instancias superiores del Comité Central y en qué fuerzas sociales y políticas consolidarán su proyecto económico y político; por lo tanto, las declaraciones y otros gestos estarían evidenciando que la competencia entre imágenes colectivas rivales se ha iniciado y que los proyectos se encuentran desde ya desplegando sus discursos para poder articular a otros actores que puedan fortalecer sus respectivas posiciones de cara al congreso de 2012.

 


RESPUESTAS DE: Enrique Posada Cano (Observatorio Virtual de Asia-Pacífico, Colombia):

1. ¿Qué valoración general cabría hacer de los cambios introducidos en el orden político desde el XVII Congreso del PCCh?

No son cambios dramáticos, aunque los hay. Son menos visibles para los extranjeros que para los chinos.  Las reformas políticas de China, frente a las económicas, continúan sobre la misma pauta trazada por el Sr. Deng Xiaoping hace ya más de cuatro décadas. Él  siempre  se refirió  a aquéllas  con una percepción muy distante de la visión que los occidentales tenemos de democracia, en cuyo núcleo siempre ubicamos las elecciones directas y el modelo de dos o más partidos, uno de ellos en el poder, y el otro u otros en la oposición.

Por eso, cada vez que se habla de cambios políticos en China, es casi obligante preguntar: ¿Desde el punto de vista de los chinos o desde la visión occidental?  Son dos enfoques por completo diferentes.  El tema de la democracia, visto por los chinos, siempre ha sido y seguirá siendo un tema que  interpone de manera transversal el del bienestar del pueblo. Sólo hay que leer los documentos del último Congreso del PCCh, el XVII, y los demás documentos oficiales emitidos en estos tres últimos años, para entenderlo.

Veamos el tema de la participación en el enfoque de la reforma política. Si uno les pregunta a los chinos por los cambios ocurridos en estos últimos años en el plano de la participación, seguramente que responderán afirmativamente, y para sustentarlo, hablarán de la participación masiva de los ciudadanos en el ciberespacio y de la manera como esto incide en la ‘vida espiritual’ de la población. Hablarán también de la nueva modalidad de la consulta a la gente mediante el método de las encuestas.  Son dos fenómenos que en la época maoísta y aún en el período del reinado de Deng no tenían presencia.

Otra cosa es si se habla de la participación electoral, de la posibilidad de elegir y ser elegido, que es un tópico demasiado relevante para los occidentales. Si en este nodo se sitúa su pregunta, entonces la respuesta es negativa. Aquí, en este campo, lo que usted llama ‘cambios políticos’ durante los últimos años se rajarían. Y se seguirán rajando durante un período largo. ¿Cuántas décadas pasarán antes de que los chinos instauren un régimen de corte estadounidense o francés? Pero más aún, ¿es esto lo que ellos quieren para la administración de la vida política china?  Es muy probable que no. Es muy probable que durante un tiempo indefinido continúen apegados a un sistema como el actual, marxista con características chinas, y en éstas últimas radicará la clave. Tal vez se aferren durante un tiempo muy largo a la concepción de gobierno de partido único, del Partido Comunista de China. Así, con este nombre. O tal vez un día acepten cambiarle de nombre a este Partido, como suprimieron eso de ‘la dictadura del proletariado’. Y si no lo suprimieron, lo ‘marchitaron’. Pero allí no radicará la esencia del cambio.

2. ¿Considera que estas declaraciones pueden alentar un cambio no solo en la intensidad de la reforma política sino también en su orientación tradicional?

Hay,  por encima de todo, un problema de interés superior: el de la corrupción. La dirigencia china, a la que no falta ni inteligencia ni capacidad de previsión, siente que la corrupción es el cáncer que carcome todo avance, todo empeño en sacar a la sociedad de las desigualdades, la falta de equidad y la pobreza. Entiende que los esquemas cerrados del sistema político actual son los mejores aliados de los corruptos.  Esto es lo que la ha llevado y la llevará cada día más a aflojar las amarras sobre los mecanismos de participación política de la ciudadanía, en particular libertades tales como la de expresión y opinión, es decir, esa dirigencia entiende con toda claridad que los medios de comunicación son un eje demasiado importante de la lucha contra la corrupción. Por eso, esa dirigencia se debate entre  el dilema del mantenimiento de las actuales cláusulas de censura sobre los medios de comunicación que la blindan contra la crítica, y cierta apertura gradual de  los mismos, que le ayudarían a poner en cintura la corruptela administrativa, un fenómeno que despierta como pocos la  creciente inconformidad de la población contra el Partido y el gobierno. 

3. ¿En qué medida este debate puede anticipar las claves principales que condicionarán el XVIII Congreso del PCCh a celebrar en 2012?

Es un debate importante.  Continuará en los círculos académicos. Es probable que se profundice hasta ciertos límites. Esto de ‘los límites’ siempre es  la clave donde radica el margen de permisividad del  Partido sobre toda apertura, tal como lo ha demostrado la historia política de China y, en particular, la historia de la relación entre el Partido y  los sectores que, sin manifestarse como opositores abiertos del sistema, siempre han bregado por una democratización de la vida política del país. 

‘Condicionar’ es un verbo que yo no me atrevería a usar cuando se habla de instancias de tal envergadura como el Partido Comunista de China y el Congreso que rige los destinos no solamente de ese Partido sino también del gobierno y el Estado.

 

 
 
 
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ÚLTIMA REVISIÓN: 13/10/2010


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