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De la guerra de monedas a la Gran Depresión
Alfredo Toro Hardy (OPCh, 19/10/2010)

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A tres años del inicio de la crisis económica global ya debería haberse superado el temor a una Gran Depresión, similar a la de los años treinta del siglo pasado. Sin embargo, las referencias a aquella se encuentran cada día más sobre el tapete. Y no sin razón. Hace diecinueve meses, en la Cumbre del G-20 en Londres, los jefes de Estado o de Gobierno de las principales economías del mundo acordaron actuar concertadamente para evitar el abismo. Hoy, en cambio, regiones y países deciden cursos autónomos de acción sin preocuparse del impacto de éstos sobre una economía global interdependiente. La llamada guerra de monedas, que bien podría derivar en una guerra comercial abierta, es el nuevo factor de analogía con los años treinta. El temor es que se imponga un todos contra todos, mediante el cual cada país busque tener una moneda más barata que la de su vecino como vía para darle un espaldarazo a sus exportaciones. Ello se traduciría, inevitablemente, en un conflicto comercial generalizado.

Lo que se confronta es un efecto cascada que tiene como punto de partida a la moneda china, el yuan, considerada como artificialmente subvaluada. Ante la reticencia de China de revalorizarla con la celeridad que se le exige, Estados Unidos anuncia su disposición a imprimir más billetes. La justificación sería utilizar éstos para comprar sus propios bonos y con ello hacer bajar los intereses: fórmula para reactivar su economía. No obstante, estando esos intereses ya por el suelo, es evidente que lo que se persigue es depreciar directamente su moneda para hacerla más competitiva comercialmente. Sea como sea, los inversionistas en dólares norteamericanos abandonan esta divisa para comprar monedas más fuertes, las cuales se encuentran hoy día en las economías emergentes. Desde luego, mientras más se invierte en esas monedas más se las encarece, haciendo menos competitivas las exportaciones de las economías emergentes. Para librarse de esta papa caliente que se les lanza, los países afectados proceden a intervenir sus monedas para reducir su valor, lo que también propicia a que a sus competidores lo hagan. Y así sucesivamente.

El problema sin embargo no está en las monedas, sino en la esencia de una globalización que persigue depredadoramente el costo de producción más bajo. En su búsqueda frenética por incrementar las exportaciones, los productores chinos y los extranjeros que producen en China, fueron aceptando niveles de ganancia por unidad cada vez menores. De revaluar súbita y significativamente su moneda, China haría desaparecer estos pequeños márgenes de ganancia, desatando una grave crisis social y económica doméstica Así las cosas, en el punto de partida de la cascada se dispone de poca flexibilidad de maniobra. Y sus competidores, a la vez, disponen de poca paciencia.

El éxito de la globalización radicó en que la inmensa mayoría de los estados aceptó unas reglas que resultaban tan poco humanas como racionales, pero que generaban riqueza. Con la crisis, esas reglas están comenzando a ser abandonadas y cada quien corre a protegerse como mejor puede. ¿Cómo evitar que se hable de otra Gran Depresión?

 

Alfredo Toro Hardy,
Embajador y académico venezolano.
Autor de dieciseis libros en materia de relaciones internacionales
.

 

 
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