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Acerca del LX Aniversario de la RPCh
Julio A. Díaz Vázquez (OPCh, 13/07/2009)

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En el 2009, la República Popular China (RPCh) arriba a los sesenta años de su proclamación. Nunca antes se ha visto hecha realidad, con tal certeza, una sentencia, como la pronunciada por Mao Zedong, aquel 1 de octubre de 1949. China se ha puesto de pie. Los seis decenios desde el triunfo de la Revolución han dejado un sello muy original, primero, en los acontecimientos de la segunda mitad del siglo XX; en segundo lugar, la actual centuria, en particular, en los próximos cincuenta años asistirá al resurgir de la que fue nación puntera mundial, hasta el primer tercio del siglo XVIII. China, no es una real economía  emergente; pugna por volver a ser el país del centro.  

El desempeño económico-social de la RPCh, grosso modo es factible dividirlo – por convención – en dos grandes épocas: la de Mao, corre de 1949-1976; y la Deng Xiaoping, arrancó en 1978, y se prolongará a lo largo del siglo XXI. Sin olvidar que, cuando se habla de China, se incursiona en la sociedad humana que acumula la mayor continuidad histórica en la tierra. Su curso moderno está lleno de desgarramientos, esperanzas y frustraciones. Lo peculiar es que el marxismo, resultado cultural del desarrollo de Europa Occidental, al trasplantarse en China dio lugar a una apropiación herética.    

La ideología de la clase obrera guió una lucha asentada en una sociedad  campesina. El mérito de hacer que el campo cercara a la ciudad es por entero de Mao. La época maoísta estaría marcada por otras dos aplicaciones herejes. El intento de acelerar el desarrollo económico y otras tareas de la edificación socialista (1958-1961) se concretó en las tres banderas rojas: el gran salto adelante, la nueva línea política, y la formación de las comunas populares. Experimento que tuvo como denominador común colocar la política en el puesto de mando. Fue la segunda herejía.        

Con posterioridad, al lanzarse en 1966-1976, la Gran Revolución Cultural Proletaria, el centro del quehacer económico-social, tuvo como centro, la lucha de clases. Resultó la tercera herejía. Vistas desde la comprensión de la ortodoxia socialista, las dos desviaciones del canon califican de izquierdistas.

En cambio, las cuatro modernizaciones (1979-2008) enfatizaron en todo lo que favorece el desarrollo de las fuerzas productivas, el poderío integral del país, y lo que contribuya a elevar el bienestar de la población. La política económica trazada llevó al despliegue de la reforma y apertura.

El corolario de esta política radicó en el despliegue de la producción mercantil –monetaria, para, paulatinamente, arribar a la organización de una economía socialista de mercado. Deng Xiaoping – dirigente histórico – sería la cabeza visible del rumbo reformador-pragmático seguido, y reafirmado, desde el XII  (1982) Congreso del Partido Comunista de China (PCCh), hasta el XVII Cónclave (2008). En el canon ortodoxo, este camino calificaría en otra  herejía, la cuarta, pero de derecha. El tiempo permitirá extraer la verdad de la realidad

La era de Mao, con aciertos y desviaciones heréticas, facilitó la introducción, desde 1978, de las cuatro modernizaciones (agricultura, industria, ciencia y tecnología y defensa).  En tres décadas, el incremento medio del PIB del 9,5% convirtió a China en la tercera economía mundial, cesaron las hambrunas, 300 millones de personas salieron de la pobreza absoluta, 200 millones dejaron el campo para engrosar la masa trabajadora más numerosa del orbe, la clase media creció en unos 100 millones, no menos de 12 millones de chinos poseen más de un millón de euros. Los cambios graduales, ir tanteando las piedras para cruzar el río confirmó que, cuando hay obstáculos – rechazo al mercado – la línea oblicua y no la recta, es la distancia más corta entre dos puntos.

La nueva política interna adoptada, más abrirse al exterior, enfatizó en desarrollar las fuerzas productivas, mediante un modelo crecimiento exportador que potenció el recurso por excelencia disponible: fuerza de trabajo, disciplinada, abundante y barata. Incorporar el mercado a la gestión económica trajo cambios de instituciones; separar al PCCh de la administración empresarial llevó a remodelar la administración estatal, reformular la banca-finanzas y el fisco inexistente, sentar las bases para un sistema de seguridad social universal y hacer que en el país prime el derecho y la justicia social.               

Pasar de la planificación centralizada a un programa de desarrollo con control macroeconómico, requirió una significativa transformación. El 2005 marcó un parte aguas en la concepción el modelo económico. Ahora se propugna la unidad entre el auge de las fuerzas productivas y el desarrollo social, teniendo de centro al hombre. El consumo interno será el motor del crecimiento económico, equilibrado con el papel del comercio exterior. De Hecho en China, a través de incentivar y potenciar la innovación tecnológica se transitará a Creado en China. La ramas prioritarias incluyen: energética (electricidad), petroquímica, carbón, telecomunicaciones, aviación civil, transporte y defensa.

La agricultura recibe un flujo de inversiones que, entre otros objetivos, enfatiza en la creación de obras de infraestructuras viales y comunicaciones, servicios comunales, electricidad, elevación de los ingresos, créditos para mejorar la vivienda, educación y salud. Además, cerrar las desigualdades zonales – este-centro-occidente- es objetivo declarado; la creación de un agro socialista  moderno y desarrollado figura en prioridad en el próximo futuro.          
   
   El que las regiones costeras del este marcaran pauta en la apertura y atracción de IDE, rindió frutos. Si bien, en lo social, no todos los chinos podían acceder a la riqueza al mismo tiempo, el que unos lo hicieran primero, para llevar el derrame a otras regiones, no se hizo realidad. Entre 1980-2000 creció la diferenciación entre las regiones, este-centro-occidente, y las distancias en los ingresos en las áreas citadinas y urbanas, que pueden ser de más 3:1; y si cuentan otras facilidades que disfrutan las zonas urbanas, en algunas regiones alcanzan 6:1. Por ejemplo, Guangdong se convirtió en un oasis desarrollado.

Tampoco el medio ambiente quedó al margen de los influjos trastocadores de la modernización. Existen problemas como la contaminación de ríos y mares, la disminución del agua potable – afecta a 300 millones -, el incremento de la polución, los ruidos, el aumento de los desperdicios sólidos, la degradación de los suelos y reducción de las tierras de laboreo, los cambios climáticos y los efectos de los desastres naturales.

Además, pesa de modo negativo que los avances económicos hayan venido acompañados, de la corrupción que, de uno u otro modo, toca todas las esferas sociales, incluyendo la política. El comercio de influencias, las malversaciones, la participación en las redes de tráfico, el nepotismo, la evasión de impuestos, las construcciones ilegales, la desviación de fondos del presupuesto e instalar  negocios ilícitos, cuentan entre los más habituales prácticas corruptoras.  
 
  En política, la experiencia restauradora económico-social en China, la teoría leninista del partido sugiere algo así como adecuaciones puntuales, al integrar en el futuro próximo la aplicación consecuente de la triple representatividad.  Esta categoría integra al PCCh a obreros, campesinos, intelectuales, otros representantes de las capas sociales y a los nuevos hombres dinámicos.  De la dirección revolucionaria por la conquista del poder político, la edificación socialista y la modernización, con su corolario modificador, convirtió al Partido en otro que conduce al pueblo para asumir ese poder y que, además acumula  larga práctica y tiempo en su ejercicio.  

El Partido pasó de la circunstancia de dirigir un país bajo el bloqueo exterior y un modelo de economía de planificación centralizada a un Partido que guía los objetivos sociales en las condiciones de la apertura al exterior e introducción de una economía socialista de mercado. Hoy, la triple representatividad se erige  en plataforma de acción de la organización partidista, en fuente de estímulo para desarrollar las fuerzas productivas, el progreso científico-tecnológico y el bienestar de la población para llevar adelante la causa del socialismo con particularidades chinas.

Este socialismo con características chinas ha servido para fundamentar la gradual asimilación de las palancas monetario-mercantiles y, en especial, el papel del mercado en la economía. Igual, no debe ignorarse que la concepción de China de la soberanía nacional y el poder del Estado echaron raíces cuando el país sufría las invasiones e intervenciones extranjeras; ideas que ahora está proyectando hacia el exterior como visión china de soberanía. Línea que con pragmatismo creador transcurre dentro de las propias reglas de la economía-mundo globalizado.

En el liderazgo político, en los últimos treinta años, ha sido constante el experimentar con nuevas variantes para hacer las cosas. Incorporar el mercado al desempeño de la economía pasó por el ensayo en las ZEE, descentralizar la administración, explorar en los escalones inferiores vías de elección directas por las masas, introducir consultas públicas, impulsar las alianzas regionales para la cooperación económica, introducir nuevos métodos en el modo de hacer política del Partido, hacen del país un inmenso laboratorio social. Es predecible que con el tiempo cristalizará en un específico modelo chino.   

Mientras, no hay duda que, China al liberarse de Occidente, y desarrollar otras fórmulas de convivencia internacional, está abriendo una vía alternativa al patrón occidental donde el resto del mundo, en especial, los mal llamados en vías de desarrollo,  encuentra un referente a ensayar. En este ideal los estados nacionales están libres de comerciar entre sí, aún en mercados globalizados, manteniendo el control sobre su economía, sistemas políticos y los vínculos externos. Este comportar es un desafío silencioso al mundo centro-europeo.

El incremento de la riqueza en China, no lleva a la apuesta por el modelo occidental. Al contrario, no es descabellado predecir un largo siglo XXI donde la impronta de China será referente obligado en la conformación de un orden mundial que irradiará influencia, más allá de sus fronteras; en África, Asía, Medio Oriente, Asia Central, Rusia, América Latina y el Caribe, al formar en la palestra internacional una imagen distinta de la aldea global. El coloso asiático, además de cambiar el equilibrio de poder económico y militar, está haciendo variar las ideas del mundo en política, economía y en el orden geoestratégico.

Por otra parte, todas las predicciones apuntan que, China, remontará la crisis que, conmueve a la economía mundial, primero que los tres polos económicos: Estados Unidos, Unión Europea y Japón. A favor de China hay que agregar que, la crisis es desafío y oportunidad a la vez. Está sirviendo para reestructurar la economía, con el desarrollo de programas que tienden a equilibrar las disparidades entre el crecimiento económico, las exportaciones, la demanda interna, eliminar las desproporciones ramales, atenuar los desequilibrios regionales, nivelar las disparidades en los ingresos urbano-rural, y mejorar las condiciones medio ambientales, y calidad de vida en las ciudades.       

Finalmente, todo parece indicar que en China se está gestando un nuevo modelo económico-social que aún no ha definido todos sus contornos. Sí es posible asegurar que, poco o nada corresponderá al socialismo real; del modelo maoísta quedará solo el papel cimero que desempeñó Mao Zedong en la emergencia de la Nueva China; y los patrones identificables lo alejan del socialismo de Estado. Aquellos criterios que tienden a identificar, lo que acontece en el país, con el capitalismo parecen objetivos, al significar que variadas formas capitalistas, compatibles en la etapa primaria del socialismo cohabitarán por largo tiempo.

Por último, no mueve a dudas, con independencia de los perfiles materiales que adopte, es incuestionables que la genética del modelo económico-social-político que germina en China, aún cuando sus rasgos esenciales, en medio de la experimentación, están en formación e indefinidos en toda su extensión, sí es perfectamente vaticinarle que, poco en común, en su núcleo duro, tendrá con el modelo clásico socialista conocido (soviético) que el viejo topo relegó a un lugar en la historia del siglo XX del largo decursar de la humanidad.  

 
 

Julio A. Díaz Vázquez, profesor titular del Centro de Investigaciones de Economía Internacional de la Universidad de La Habana (Cuba).

 
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ÚLTIMA REVISIÓN: 14/07/2009


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