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China-Tibet: Entrevista a Xulio Ríos
Revista Fusión, abril/2008
 
 

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La forma en que los medios de comunicación chinos están presentando la crisis (silenciando las protestas internacionales y dando cuenta de los pogroms contra pacíficos comerciantes) alimentan el resentimiento y la incomprensión de una reacción que desprecia la “generosidad” del Estado que tanto ha ayudado para que Tibet pudiera salir de su situación de atraso. Por otra parte, el daño a la imagen internacional de China y a sus líderes es notorio, paradójicamente, cuando podría decirse que entre ellos predomina cierta tendencia liberal y relativa disposición para ampliar algunos márgenes de libertad y profundizar la democracia (sin cambiar nada esencial, al menos por el momento, claro está). (Foto: Protesta en Nueva Deli, el 24 de marzo de 2008, contra la represión en Tibet).
 
Fusión: ¿Nos encontramos ante una crisis más entre China y Tíbet?

Xulio Ríos: Sin duda, así parece. Y a pesar de que el gobierno chino está haciendo todo lo posible por enfriarla, podría no ser tan fácil, ya que se está extendiendo a varias provincias donde existen comunidades tibetanas importantes y el eco internacional que ha logrado retroalimenta las protestas. Una crisis oportuna, por otra parte, que proporciona un empujón a quienes desde el mundo no gubernamental defienden la existencia de razones suficientes para argumentar el boicot a los JJOO.

Fusión: Aquí en occidente hablar de Tibet es hablar de espiritualidad burlada y de falta de respeto a los derechos humanos por parte de China. ¿Qué reivindica el pueblo tibetano?

Xulio Ríos: La esencia del problema, en mi opinión, se refiere al ejercicio de un autogobierno real, con oscilaciones que pueden variar desde la independencia a una autonomía amplia. El catalizador aparente es la religión lo cual también genera dudas respecto a la viabilidad democrática y laica de un Tibet soberano. Lo cierto es que tampoco los lamas fueron en su tiempo, no hace tanto, muy respetuosos con los derechos humanos. Sea como fuere, la laicidad debiera ser un componente clave en cualquier solución política. No obstante, la sociedad civil es muy débil y las estructuras religiosas constituyen la columna vertebral del Tibet que, como se demuestra en estos días, ni cinco décadas de severo dominio del PCCh ha logrado arrodillar. La inflexibilidad china es un error y no hace más que radicalizar el problema.

Fusión: Algunos ven en esto el principio de una posible desmembración y crisis como las acontecidas en la Unión Soviética o Yugoslavia. ¿Cuál es su opinión?

Xulio Ríos: Creo que es un juicio muy precipitado. La importancia, la significación y la trayectoria del problema nacional en China tiene otra identidad y características, aunque existen conflictos con algunas nacionalidades minoritarias importantes, además de los tibetanos. Pero los procesos de sinización están muy avanzados y los focos de conflicto notables se reducen básicamente a dos: Tibet y Xingjiang. Por otra parte, la actual tendencia histórica en China es la contraria: sumar territorios y completar la reunificación del país en el marco del proceso de emergencia. Ha ocurrido con Hong Kong (1997) y Macao (1999) y Taiwán está en el punto de mira. La importancia estratégica de los enclaves donde se hallan estas nacionalidades hace muy difícil que China acepte sin más una desmembración ni parece que su situación sea comparable a la de la URSS a finales de los ochenta del siglo pasado.

Fusión: ¿Cuál considera que sería la salida más acertada a este conflicto?

Xulio Ríos: Negociación y autogobierno, progreso e identidad. Flexibilidad en ambas partes. Creo que si China ambiciona cierta estabilidad en estos temas necesita, como mínimo, refundar su modelo autonómico. Las cinco regiones autonómas de China ni siquiera disponen de estatutos de autonomía en un tiempo en que no se habla de otra cosa que el Estado de derecho y el imperio de la ley. Los dirigentes chinos han sido muy innovadores en el ámbito económico pero en lo político han desatendido la importancia del problema nacional pensando que el desarrollo podía opacar los procesos identitarios. El progreso debe tener en cuenta el respeto a la propia identidad y no convertirla en un atributo folclórico para turistas ávidos de aventura. Además, claro está, los derechos y libertades elementales son irrenunciables.

Fusión: ¿Qué papel real está jugando en estos momentos el Dalai Lama y con qué resultados?

Xulio Ríos: Creo que desempeña un papel muy activo en la crisis. En cuanto a los resultados, es evidente que ha logrado movilizar un importante sector de la opinión pública internacional y demostrar que aún conserva una poderosa influencia entre amplios segmentos del pueblo tibetano. Por otra parte, los episodios de violencia contra los inmigrantes han añaden factores de odio y tensión entre la mayoría han. La forma en que los medios de comunicación chinos están presentando la crisis (silenciando las protestas internacionales y dando cuenta de los pogroms contra pacíficos comerciantes) alimentan el resentimiento y la incomprensión de una reacción que desprecia la “generosidad” del Estado que tanto ha ayudado para que Tibet pudiera salir de su situación de atraso. Por otra parte, el daño a la imagen internacional de China y a sus líderes es notorio, paradójicamente, cuando podría decirse que entre ellos predomina cierta tendencia liberal y relativa disposición para ampliar algunos márgenes de libertad y profundizar la democracia (sin cambiar nada esencial, al menos por el momento, claro está). Wen Jiabao, el primer ministro, estaba con Zhao Ziyang hablando con los estudiantes en Tiananmen en 1989 y solo el apoyo de Deng Xiaoping le salvó de la purga. La búsqueda de la armonía que dicen promover queda muy en entredicho.

Conviene tener en cuenta, asimismo, que están interiorizando el acoso: conflictos por los productos defectuosos, por los alimentos, Darfur, Myanmar… la apreciación del yuan. Todo ello forma parte de estrategias calculadas, se piensa aunque no se diga, para contener su auge y vencer su voluntad de erigirse como un pilar soberano del sistema internacional. A China se le exige en Sudán, por ejemplo, lo que no se autoexigen las potencias occidentales (que podrían, por ejemplo, hacer valer su influencia económica para presionar a Israel y lograr el respeto a los derechos humanos de los palestinos).

Fusión: China por un lado se ha esmerado en potenciar el desarrollo económico de aquella zona y ha mantenido una política de aislamiento respecto al resto del mundo. ¿Con qué resultados?

Xulio Ríos: Para China, el desarrollo es la clave de numerosos procesos, internos y externos. El atraso y la miseria es la principal causa de los conflictos. Piensan que proporcionando riqueza y bienestar, eso hará olvidar o pasar a segundo plano otras demandas: las políticas, que mantiene a buen recaudo y con la cuota de participación tibetana en su medida justa para no ser problemática y legitimar su estrategia. Así piensan buena parte de los han, pero los tibetanos no son han y su escala de valores e identidad polìtico-nacional es distinta. El aislamiento, por otra parte, ha sido más férreo en el pasado que en el presente. En los últimos tiempos, se ha producido un giro importante. Es verdad que China ha invertido mucho dinero en mejorar buena parte de los templos tibetanos con el objeto de hacer del turismo un negocio bien lucrativo, en buena medida administrado por los han. Además, la vía férrea Qinghai-Tibet, que entró en funcionamiento en 2006, contribuye a superar ese aislamiento. China estaba orgullosa de sus éxitos en Tibet y consideraba el problema, en buena medida, encaminado. Quizás por eso también se mostró inflexible en las negociaciones mantenidas en los últimos años con los representantes del Dalai Lama. Erró el cálculo.

Fusión: Muchos ya consideran a China como la segunda potencia mundial sólo por detrás de EEUU e incluso vaticinan que podría superar en poco tiempo al país americano. ¿En qué se basa este crecimiento tan galopante del gigante amarillo?

Xulio Ríos: En lo fundamental, el modelo aplicado en los últimos 30 años se basa en la conjunción de tres factores: inversión exterior (mucha de matriz étnica china), mano de obra barata y orientación de la producción para la exportación. Ese modelo está periclitado. Ya no se busca un crecimiento ciego y de mala calidad del que muchas multinacionales occidentales han tirado pingües beneficios. Se es más selectivo en todos los campos y se trata de potenciar un nuevo sistema que tenga en cuenta el valor agregado científico-tecnológico, los costes ambientales y los sociales. El objetivo inicial de la reforma es lograr un nivel de vida medianamente acomodado. Está más cerca, pero para la inmensa mayoría de sus habitantes, China sigue siendo un país en vías de desarrollo. Sus magnitudes territoriales y demográficas producen datos estadísticos de asombro que pueden inducir a sobreestimar su poder y sus capacidades. Está aún muy lejos de Estados Unidos en tecnología, en defensa, y también, claro está, en renta per cápita. Aún pueden pasar muchas cosas en el futuro inmediato que, como reconocen los propios chinos, es crucial para el éxito de su modernización.

Fusión: Además del aspecto económico, la sociedad china ha dado un salto que en otros lugares habrían necesitado varias generaciones. ¿Cómo se pueden asimilar tantas cosas y tan deprisa?

Xulio Ríos: No es fácil, y genera muchas tensiones, de diverso tipo. Todos conocemos los contrastes de este país que vive al mismo tiempo en siglos diferentes y con pautas de comportamiento muy diferentes a las nuestras. Creo que a veces se les exige que vayan demasiado deprisa y con sus proporciones no resulta nada fácil. Incluso resulta milagroso que no se hayan producido más crisis en este proceso que para ellos tiene un significado, sobre todo, histórico, y que anhela recuperar la grandeza perdida que en cierta medida ostentaron hasta las guerras del Opio, impulsadas por potencias occidentales que pisoteaban los derechos humanos y recurrían al narcotráfico para colonizar su territorio. Esto China no lo olvida cuando esas mismas potencias hoy le exigen una mayor democratización. Está claro que su emergencia genera también recelos y temores entre aquellos que hoy campean a sus anchas en el sistema internacional.

Fusión: ¿Qué supone para este país ser la sede de los próximos Juegos Olímpicos?

Xulio Ríos: Su significación política tiene dos destinatarios. Uno exterior, para mostrar al mundo que China asume los retos de la modernidad con éxito y que está en condiciones de tratar de igual a igual con cualquier país. Y también interno, para demostrarse a si mismos que están en el camino de hacer posible el renacimiento de la gran nación china. A la vista de lo ocurrido –y de lo que pueda ocurrir en los próximos meses pues cabe imaginar que muchos problemas y conflictos saldrán a la luz- puede convertirse en una auténtica trampa y ello bien puede ser utilizado también por el régimen para activar el nacionalismo como recurso aglutinante y defensivo, lo cual podría traducirse en ciertas tensiones internas, entre los partidarios de enrocarse y los de desbloquear la situación incentivando los procesos de cambio en lo político.

Fusión: ¿Cree que hay en estos momentos un desconocimiento del papel de China en las relaciones internacionales? ¿Qué papel juega?

Xulio Ríos: Creo que China es muy compleja y se tiende a simplificar mucho. No está del todo claro que papel va a desempeñar en el sistema internacional. Todo ha cambiado muy deprisa y las respuestas evolucionan constantemente: de la emergencia pacífica se ha pasado al desarrollo pacífico y el mundo armonioso; de la multipolaridad al multilateralismo; de la no ingerencia a la asunción de una mayor responsabilidad internacional. Ese debate no está cerrado, pero tampoco debemos sobreestimar las capacidades de China, insisto, son muchas sus fragilidades internas. La clave determinante y a la que se orienta todo el proceso es la defensa de la soberanía. Eso genera tensiones internacionales importantes, especialmente entre aquellos que aspiran a someter y condicionar su crecimiento.

Fusión: Por último, ¿el ascenso del gigante asiático debe ser visto como una amenaza o como una oportunidad?

Xulio Ríos: Creo que debemos hacer todo lo posible para que se convierta en un factor estabilizador. Hacerle un hueco a un país de estas dimensiones en el sistema no resulta fácil, pero con independencia de las tensiones que pueda generar en lo económico, creo que no constituye una amenaza. Ya sobran potencias desestabilizadoras en el mundo occidental. Estas si que pueden ver en la emergencia de una China desarrollada, pero soberana, sin entrar en las redes de dependencia estadounidense (como la UE o Japón, quizás menos Rusia), una amenaza para sus intereses y ambiciones estratégicas. No obstante, China, que debe hacer frente a muchos conflictos en su propio entorno regional (desde Taiwán a los litigios territoriales en los mares de China), debe acreditar la mesura necesaria para no ser considerada una nueva potencia dispuesta a sojuzgar los intereses de los pueblos en beneficio de sus industrias y ambiciones. Lo que quede de cultura confuciana en su comportamiento puede ayudar a evitar estos riesgos.

 
 

Xulio Ríos,
director del Igadi y del
Observatorio de la Política China
(
Casa Asia-Igadi) y autor de “Mercado y control político en China
(La Catarata, 2007).

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Fernando Pol


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