To read the article in EnglishChina e o mundo chinésVolver a TitularesVolver a China e o mundo chinés
La China de Hu Jintao
Por Xulio Ríos (International Journal of Chinese Culture and Management, noviembre/2006)
 
 

  Hu Jintao, clic para aumentar
Al inicio de su elección como secretario general del Partido Comunista de China (PCCh), en noviembre de 2002, muchos se preguntaban si Hu Jintao tendría intención de impulsar una política propia o, por el contrario, simplemente se confirmaría como un mero continuador de la reforma inspirada por Deng Xiaoping a finales de la década de los setenta en el siglo pasado. Casi cuatro años después de su nombramiento, elegido presidente del Estado en marzo de 2003 y presidente de la Comisión Militar Central al año siguiente, Hu Jintao, con todo el poder en sus manos, justamente en este año, está evidenciando, tanto en política interior como exterior, los ejes principales de su mandato.
 
Resumen

A pesar de que su nominación se daba por segura en vida de Deng Xiaoping, la elección de Hu Jintao en 2002 como secretario general de los comunistas chinos abrió un horizonte de relativa incertidumbre respecto a su política. Los años transcurridos desde entonces han ido desvelando los principales contornos de una gestión centrada no sólo en la economía, sino también en los asuntos sociales, ambientales y en la política exterior. La proximidad, por otra parte, de un nuevo congreso del PCCh, a celebrar en 2007, activa las luchas intestinas en las que Hu Jintao trata de afirmar el derecho a diseñar su propia sucesión en 2012 sin atender a los requerimientos de Jiang Zemin, su antecesor, ni de sus afines en las máximas estructuras del poder chino. Para ello, ha iniciado una auténtica cruzada para reforzar la autoridad y la virtuosidad del Partido en todos los niveles del ejercicio público.

Claves: China, Hu Jintao, CPC, nationalism, social, harmony.


Al inicio de su elección como secretario general del Partido Comunista de China (PCCh), en noviembre de 2002, muchos se preguntaban si Hu Jintao tendría intención de impulsar una política propia o, por el contrario, simplemente se confirmaría como un mero continuador de la reforma inspirada por Deng Xiaoping a finales de la década de los setenta en el siglo pasado. Casi cuatro años después de su nombramiento, elegido presidente del Estado en marzo de 2003 y presidente de la Comisión Militar Central al año siguiente, Hu Jintao, con todo el poder en sus manos, justamente en este año, está evidenciando, tanto en política interior como exterior, los ejes principales de su mandato.

En lo económico, en el tiempo transcurrido, puede afirmarse que la dirección de Hu, con el inestimable apoyo de su primer ministro, Wen Jiabao, ha encarado los principales obstáculos que amenazan la estabilidad china, en un proceso que ha identificado con toda claridad, las principales lacras que aquejan el proceso de modernización y que China parece dispuesta a afrontar.

El crecimiento de la economía del gigante asiático se ha mantenido, en líneas generales, por encima de las expectativas gubernamentales. En 2002, el año en que Hu fue elegido, la tasa de crecimiento fue del 8%; en 2003, 9,1%, la más elevada desde 1997; en 2004, 9,2%; en 2005, 10,2%, con un objetivo fijado del 8% y una cifra provisional, recientemente modificada al alza, del 9,9%; en 2006, el objetivo del 9% será difícil de cumplir y numerosos cálculos estiman que no bajará del 10%. Igual tasa prevé el Fondo Monetario Internacional (FMI) en su informe semestral “Perspectivas Económicas Mundiales”, publicado el pasado 14 de septiembre en Singapur(1). En el segundo trimestre de 2006, la economía china creció un 11,3%, impulsada por el acelerado aumento de las inversiones y el vertiginoso crecimiento de las exportaciones. El elevado crecimiento y las dificultades del gobierno para establecer un mayor control, ha desatado los temores a una crisis de superproducción(2).

Los ejes que determinan la gestión económica en lo que va de mandato de Hu Jintao podrían concretarse, a grandes rasgos, en la renovada importancia concedida a la agricultura, al medio ambiente, al impulso tecnológico, y a la moderación del crecimiento, estableciendo las bases de un nuevo modelo de desarrollo.

En cuanto a la reforma rural, el “nuevo campo socialista” (shehuizhuyi xinnongcun, ) ha sido el principal proyecto aprobado en la sesión que la Asamblea Popular Nacional (APN), el legislativo chino, ha aprobado en marzo último. En un artículo publicado en la revista teórica del PCCh, Qiushi el pasado 18 de septiembre, Wen Jiabao, señala que sin lograr la modernización del campo no podrá hablarse nunca, realmente, de modernización de China(3). Los objetivos fundamentales de dicho proyecto se centran en el impulso de la productividad, la superación de los problemas estructurales y la revitalización del mundo rural chino.

China presenta uno de los mayores índices mundiales de desigualdad entre el campo y la ciudad. Ese es el principal dato que se desprende del informe del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Hacia un desarrollo con equidad, presentado en diciembre de 2005 y elaborado con participación china(4). Las diferencias de renta media entre los habitantes de la ciudad y del campo también han aumentado en 2005. La renta per cápita en las cidades ha ascendido a 1.049 euros, con un crecimiento medio anual del 9,6%. En las zonas rurales, la media solamente alcanzaría los 35 euros, con un incremento medio anual del 6,2%. Según Zhao Zhenhua, subdirector del departamento de Economía de la Escuela Central del PCCh, ningún otro país del mundo ofrece una diferencia tan elevada como la existente en China entre los residentes urbanos y los rurales. Por otra parte, según la Comisión Estatal para el Desarrollo y la Reforma, en las ciudades chinas, la renta media del grupo más pobre es veinte veces inferior a la renta del grupo más rico. Actualmente, el coeficiente Gini es de 0,4, punto límite internacional de alarma. Las diferencias entre los salarios en las diferentes ramas de la industria, entre empresarios y empleados, es cada vez más ampla. En China no existe un mecanismo de ajuste de ingresos.

Otros datos abundan en los desequilibrios: la proporción de maestros en las escuelas primarias rurales es inferior en 8,9 puntos a la registrada en las urbanas; únicamente el 22,5 % de los habitantes rurales está cubierto por el sistema cooperativo de servicio médico; la mitad de las aldeas no disponen de agua potable; más del 60% de las familias rurales no cuentan con un cuarto de aseo; las viviendas de unos 70 millones de habitantes rurales necesitan ser reformadas; unos 15 millones de familias rurales tropiezan con problemas en el suministro de combustible; el 6% de las aldeas se encuentran incomunicadas; otro tanto carece de servicio telefónico; un 2% de las aldeas no dispone de acceso a suministro eléctrico.

La anulación del impuesto agrícola, la disposición de mayores recursos para mejorar las insuficiencias del sistema educativo o las inversiones en infraestructuras sanitarias, de comunicación y demás, aspiran a modificar el nivel de descontento en el mundo rural chino donde aún, no lo olvidemos, reside casi el 70% de la población. Ese malestar, que cristaliza en múltiples incidentes sociales, cada año más numerosos, ha sido una de las razones que ha desaconsejado la aprobación, en marzo pasado, de la regulación de la propiedad privada en China, un proyecto en discusión desde hace más de un lustro y que provoca una intensa polémica en los ámbitos político y académico. Protegida constitucionalmente, operativa en muchos sentidos en la vida práctica, no dispone, por el momento, de una regulación clara que evite la indefensión de los usufructuarios de la tierra (los campesinos) frente a los administradores de la titularidad real (el poder público), inclinados con frecuencia a prácticas de abuso de poder, en aras de intereses espurios.

Ante el empuje de la urbanización rápida, los dirigentes locales en la periferia de las ciudades comercializan los derechos de uso de la tierra con los inversores inmobiliarios, desoyendo los llamamientos de las autoridades centrales para proteger las superficies cultivables, desautorizando tanto su mal empleo como las ocupaciones ilegales que dañan, sensiblemente, la seguridad alimenticia del país. Las autoridades locales toman como propia la tierra para desarrollar proyectos de interés general que incluyen sofisticados sistemas de apropiación con los que se lucran vorazmente. Después de pagar una baja indemnización a los campesinos, el precio de la tierra se multiplica por 30 o más cuando se recalifica para nuevos usos. Cada operación de estas características supone una calamidad para los agricultores. Algunos se incorporan a las nuevas fábricas, pero otros quedan sumidos en la más absoluta pobreza, llevando a la miseria y a la desesperación a miles de familias. Hasta hace pocos años, después de liquidadas las comunas, cada agricultor chino recibía una determinada porción de mu (unidad que equivale a cerca de 670 metros cuadrados) que cultivaba para ganarse la vida, simultaneando el cultivo con el trabajo en la ciudad entre las temporadas de siembra y cosecha. En cualquiera de estas nuevas ciudades, tantas veces cantadas en Occidente, proliferan los campesinos marginados que revuelven en la basura en busca de comida o botellas para reciclar, o simplemente mendigan. La anterior y modesta prosperidad del campo ha sido sustituida por el abismo de la desigualdad. Cada año unas 300 mil hectáreas de tierras agrícolas son engullidas por fábricas, carreteras y viviendas. Cada año, una nueva pobreza emerge en las ciudades, al lado de sus flamantes inmuebles. Xhang Xinbao, del Ministerio de las Tierras, reconocía a comienzos de 2006 que en los últimos seis años se han documentado más de un millón de casos de uso ilegal de la tierra(5).

En lo que se refiere al medio ambiente, algunos de los problemas crónicos se han agravado. En una conferencia internacional sobre el agua celebrada en Beijing el pasado 10 de septiembre, el viceministro de la Construcción, Qiu Baoxing, declaraba que la penuria de agua y la polución de las fuentes son factores esenciales que afectan al desarrollo sostenido de China. Los recursos de agua dulce se clasifican entre los seis primeros del mundo, después de Brasil, Rusia, Canadá, EEUU e Indonesia, pero el agua disponible por habitante sitúa la media en 2.200 m3, frente a la media mundial de 7.600 m3. El crecimiento demográfico y el desarrollo económico amenazan seriamente las disponibilidades por habitante. Si la población alcanza la cifra de 1.600 millones en 2030, la media bajará a 1.700 m3. China, además, tiene serios problemas de reparto geográfico de los recursos hídricos. El agua se concentra en el sur y en el este del país y en las regiones montañosas. Chongqing, municipio subordinado directamente al poder central, y la provincia de Sichuan han conocido en 2006, la peor sequía de los últimos cincuenta años(6).

Esa falta de agua coexiste con una utilización ineficaz y un serio despilfarro. Solamente el 35% de la tierra agrícola está eficazmente irrigada en comparación con el 80% de los países desarrollados. En la industria, el nivel de reciclaje es muy bajo. En 2004, el consumo de agua por 10.000 yuan de PIB era de 339 m3, cuatro veces más que la media mundial y ocho veces más que la media de los países industrializados. Por cada 10.000 yuan de valor industrial añadido, China consume 193 m3 y no recicla más que entre el 60 o 65% de las aguas industriales, frente a los 50 m3, 80 y 85%, respectivamente, de los países industrializados.

Todo ello plantea un serio problema a las autoridades chinas que deben acometer profundos cambios en los patrones de conducta económica y social en relación a los recursos ambientales, en especial, los más básicos. Ello exigirá grandes inversiones, incluidas las de capital extranjero, y la modificación del marco legal vigente, en el que la propiedad del agua y los derechos de utilización corresponden al Estado. Actualmente, por ejemplo, se están dando los primeros pasos del proceso de privatización de la gestión del suministro de agua en las algunas ciudades, pero el problema más acuciante radica en la ampliación y modernización de las infraestructuras existentes.

En lo que atañe a la investigación científica, el esfuerzo impulsado no solo tiene connotaciones económicas, sino también políticas y claramente orientadas a preservar la soberanía nacional. Más nacionalista que su antecesor, Hu Jintao aspira a una China que no dependa del exterior más de lo estrictamente necesario, especialmente en ciertos dominios estratégicos. Eso implica apostar a fondo por la innovación. Es por eso que, en los últimos años, se ha promovido la construcción con tecnología nacional de su propio tren de alta velocidad o sus propios aviones, adquiriendo menos equipos en el exterior y liberándose de la tutela extranjera en la medida de lo posible. El tren de alta velocidad entre Beijing y Shanghai, por ejemplo, se desarrollará con tecnologías propiamente chinas, por lo menos en un 70%. En un primer momento, incluso se llegó a excluir totalmente la participación exterior. Por otra arte, una mayor inversión en investigación y desarrollo abrirá oportunidades de trabajo para los 70.000 ingenieros que se licencian cada año.

El presupuesto chino en I+D ha pasado del 0,57% del PIB en 1995 al 1,34% en 2006. En 2006, el incremento fue del 25% más que en 2004(7). La meta consiste en alcanzar el 2% en 2010. Hacia 2020, el objetivo es destinar a este concepto el 2,5% del PIB del país. Por el momento, el esfuerzo se ha centrado en el desarrollo tecnológico (73,7%), la investigación aplicada (20,4%), mientras que la investigación básica (5,9%) permanece en niveles elementales.

La cada vez mayor interdependencia de la economía china con la economía internacional puede deparar algunas consecuencias importantes en el futuro inmediato. El gobernador del Banco Popular de China, Zhou Xiaochuan, declaraba recientemente que debían prepararse para encarar una mayor presión inflacionaria(8). La fluctuación de los precios del petróleo y de las materias primas, las políticas monetarias estrictas aplicadas por las principales economías, las fricciones comerciales y los reiterados llamamientos a favor del proteccionismo, están complicando el ambiente económico internacional. Por eso, la flexibilización del tipo de cambio se ve complementada con una creciente ampliación del consumo interno.

En lo social, cabe destacar que el fuerte crecimiento económico de China no acaba de resolver el problema del desempleo. Según las cifras del Buró Estatal de Estadísticas (BEE), en el período 1996-2000, con una tasa anual de crecimiento del PIB en torno al 8,6%, se crearon 8,04 millones de puestos de trabajo. En el período comprendido entre 2001 y 2005, con una tasa mayor de crecimiento del PIB (9,5%), solo se crearon 7,48 millones de empleos al año(9).

En tal estado de cosas, influyen especialmente dos factores. El primero, la afluencia de mano de obra rural a las ciudades y el segundo, el reajuste estructural, en especial, en las empresas públicas. Los 100 millones de emigrantes rurales que acuden a las ciudades para encontrar trabajo no pueden ser absorbidos por la construcción, ni por el sector financiero o tecnológico, que exigen una mano de obra más cualificada. La formación profesional está aún muy poco desarrollada.

En 1995 había alrededor de 112,6 millones de personas trabajando en las empresas estatales. En 2005, no hay más de 64,88 millones. En las empresas de propiedad social o colectiva, en 1991, se contaban 36,28 millones de trabajadores, mientras que en 2005, no pasaban de 8,1 millones.

La radiografía de las grandes empresas industriales del país, antes de propiedad eminentemente estatal, se ha visto alterada sustancialmente en los últimos años. Según el BEE, su número ha pasado de 233 a 2.387 en 2006. Representan el 0,9% del total de empresas del país, pero contribuyen con más del 40% de la cifra de negocios(10). Más de la mitad de estas empresas son de propiedad estatal o colectiva, aunque su proporción ha bajado. Más del 60% de estas empresas se localizan en el este de China. Se consideran grandes empresas aquellas que disponen de una cifra anual de negocios superior a 300 millones de yuanes, activos superiores a 400 millones de yuanes y un mínimo de 2000 empleados. El sector privado agrupa a 4.500.000 de empresas que suman más de 150 millones de personas (el 11,5% de la población nacional).

Por otra parte, el éxito inicial en la reducción de la pobreza se ha estancado. En los últimos veinticinco años, la pobreza en China ha disminuido de forma drástica, pasando de 250 millones a poco más de 28. A pesar de ello, a partir de 2003, ha vuelto a aumentar en casi un millón de personas y se aventuran nuevos aumentos.

Además, la lacra del analfabetismo no ha podido ser erradicada y se refuerzan tendencias como la aparición de nuevos iletrados, la desalfabetización y la feminización del analfabetismo. Se estima que unos 85 millones de chinos mayores de 15 años no saben leer, un chino de cada quince.

El gobierno se propone extender a la mitad del mundo rural el sistema médico cooperativo, aumentando las subvenciones directas a los campesinos (40 yuanes per cápita) que se acojan al sistema y aumentando las inversiones en las infraestructuras sanitarias del campo, comenzando por la restauración de hospitales y la renovación de los equipamientos, claramente deteriorados. Los campesinos no pueden afrontar los gastos sanitarios. Por eso, cuando están enfermos, buena parte de ellos optan por quedarse en casa y quienes se hospitalizan procuran abandonarlo antes de recuperarse(11).

En conjunto, Hu Jintao, consciente de los enormes peligros que entrañan estos problemas para garantizar la estabilidad política, demuestra más sensibilidad que sus antecesores hacia las cuestiones sociales. Ello tiene consecuencias en el debate interno, ya que la vuelta al campo puede exigir una ralentización del proceso de reforma, a fin de armonizar la situación interna antes de iniciar pasos que supongan una mayor profundización.

En cuanto a la política exterior, el desarrollo pacífico (heping fazhan ), y las asociaciones estratégicas (zhanlue huoban ), han sido los ejes esenciales sobre los que Hu Jintao ha vertebrado una política exterior que se muestra cada vez más activa y consciente de unos intereses singulares que China parece dispuesta a defender. Los avances logrados en las relaciones con Rusia, han sido muy importantes. En 2005, el comercio bilateral ha ascendido a 29 mil millones de dólares contra los 20 mil millones de 2004. Se estima que, a finales de 2006, el volumen ascenderá a 36 mil millones. Rusia es el octavo socio comercial de China y esta es el cuarto de Rusia. Este año podría pasar a la segunda posición, detrás de Alemania. A mayores, la alianza establecida entre ambos países para potenciar la Organización de Cooperación de Shangai (OCS) ha adquirido nuevos bríos y contenidos que amenazan con bloquear seriamente los intentos de EEUU de asentar la influencia lograda en Asia Central a partir del 11-S.

Las relaciones con la UE, por otra parte, mantienen un sostenido ritmo de intensificación y entendimiento. Se ha constatado en la reciente cumbre de Helsinki, celebrada en el pasado mes de septiembre, donde se han sentado las bases para convertir a la UE en su primer socio comercial. Ello a pesar de la inexistencia de avances en dos asuntos que preocupan especialmente a China: el reconocimiento por parte de la UE de su estatus de economía de mercado y el levantamiento del embargo europeo sobre la venta de armas, aspectos ambos en los que no ha habido progresos, solo promesas. Pese a todo, China valora la diferente actitud de Bruselas en relación a los grandes temas de la agenda internacional (Irán), aún a sabiendas de su limitada voluntad de distanciamiento respecto a su socio estadounidense.

Las dificultades con Japón no van a menos. Aunque el problema sigue formalmente centrado en las visitas de los líderes nipones al santuario Yasukuni, las divergencias en torno a los litigios territoriales en el mar de China oriental y Taiwán no aflojan. El pasado 25 de agosto, China protestaba por la visita a Japón del comandante en jefe del ejército taiwanés, Hu Chen-pu. El diálogo, que prosigue a niveles funcionariales medios, se halla estancado. La esperanza de un cambio en las relaciones bilaterales con la elección de Shinzo Abe al frente del Partido Liberal Democrático de Japón no dispone aún de argumentos fundados.

Por lo que se refiere a EEUU, la cumbre de abril entre Bush y Hu Jintao sirvió para explicitar las numerosas controversias y diferencias que abundan en las relaciones bilaterales. Desde 2001, cuando se produjo el incidente del avión espía estadounidense en el mar de China meridional, sobre la isla de Hainan, el diálogo se h visto sensiblemente afectado. En lo militar, se han podido reanudar el pasado mes de julio con la visita a EEUU de Guo Boxiong, vicepresidente de la Comisión Militar Central. El nuevo acercamiento, aún muy tímido, se ha puesto de manifiesto en la presencia china en los ejercicios navales conjuntos celebrados el pasado 9 de septiembre en California.

A EEUU nada le habrá gustado el apoyo de China a la candidatura de Venezuela para ocupar un asiento no permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU(12). Menos aún después del incendiario discurso de Chávez en la tribuna onusina. Tampoco la mejora de las relaciones con Cuba, con quien ha duplicado el intercambio comercial en los últimos cinco años. La actitud en el tema de Irán siembra la discordia, al igual que las múltiples diferencias en materia estrictamente económica y comercial. El diálogo sectorial y estratégico entre ambos países, iniciado recientemente, debe contribuir a desactivar las diferencias, si bien China no parece dispuesta a secundar sin contrapartidas las exigencias formuladas por EEUU.

Por otra parte, en el entorno regional, Hu ha proseguido la afirmación de canales de entendimiento con sus vecinos más próximos. A finales de octubre, acogerá una cumbre con la ANSEA, que por primera vez se reunirá en territorio chino(13). La inversión acumulada de estos países en China asciende a 40.000 millones de dólares USA y el volumen comercial entre ambos ascendió en 2005 a más de 130.000 millones de dólares. La cooperación se va extendiendo desde la economía a otros campos como la lucha contra las drogas, prevención de desastres, gripe aviar o áreas no tradicionales de seguridad como el terrorismo. Se calcula que en 2010 podría tomar cuerpo el área de libre comercio en la zona.

Igualmente, a pesar de las hipotecas históricas, la mejora de las relaciones con India es manifiesta, aumentando la cooperación en áreas de interés común como las altas tecnologías, biotecnología y electrónica. En 2005, el comercio bilateral ha aumentado un 37,5% en relación al año anterior.

En América Latina, África o el Pacífico Sur, la presencia de la diplomacia y las inversiones chinas ha experimentado en estos años un esfuerzo espectacular, hasta el punto de amenazar, especialmente en África y en el Pacífico Sur, la tradicional influencia occidental.

En la política interior, dos grandes frentes destacan: el Estado y el Partido. En el primer aspecto, el tema territorial se ha confirmado como la gran preocupación de Hu Jintao. A dos niveles. De una parte, conteniendo el ascenso independentista en Taiwán; de otra, tratando de afirmar, en el continente, el poder del gobierno central sobre las autoridades territoriales. En relación al primero, después de la aprobación de la Ley Antisecesión en 2005, el PCCh y el KMT y demás partidos de la oposición al presidente Chen Shui-bian, han iniciado un diálogo directo que está produciendo resultados de enorme valor. En los primeros ocho meses de 2006, el intercambio entre China y Taiwán ha aumentado en un 22%. Los proyectos de inversión no dejan de crecer, sumando, en lo que va de año, 43 mil millones de dólares(14). Hu parece haber logrado desbloquear la política en relación a Taiwán, desactivando las estrategias de presión y fomentando el diálogo con los sectores que excluyen el soberanismo.

En relación a los poderes territoriales, la falta de cohesión en las políticas y el escaso sometimiento de los poderes territoriales a las instrucciones emanadas del gobierno central han motivado una reacción centralizadora importante, con sanciones incluidas, de carácter público, para aquellos dirigentes periféricos involucrados en acciones claramente divorciadas de la política central (Mongolia interior). Beijing quiere contener la inversión en sectores como la siderurgia, el cemento, la electricidad, el carbón, el automóvil, hoy movilizada por los poderes locales y las empresas estatales, sin atender a los posibles desequilibrios que pueda originar. Alrededor de los 762.000 millones de yuanes que destinó el gobierno central a transferencias a las zonas del Oeste, las menos desarrolladas, fueron usadas como subsidios y solo el 22% se invirtió realmente en los sectores definidos como prioritarios por el gobierno central.

Las medidas adoptadas para reducir la ignorancia de las autoridades territoriales respecto de las indicaciones del poder central, especialmente en el orden económico o social, tratan de facilitar la colaboración de los poderes territoriales en el control del crecimiento, cooperación que ha venido debilitándose en los últimos tiempos. A mediados de agosto, el viceprimer ministro chino, Zeng Peiyan, invocó a las autoridades locales a seguir las instrucciones del poder central respecto al control macroeconómico y ya se han impuesto las primeras sanciones públicas con vocación de ejemplaridad (a las principales autoridades de Mongolia Interior). La agencia de noticias Xinhua, por otra parte, daba cuenta de un informe, según el cual, los servicios de la Fiscalía Popular Suprema detectaron que, alrededor de dos tercios de los accidentes graves que se registran en las minas de carbón, un tema especialmente sensible y sangrante, se producen en minas pequeñas o medianas, mal supervisadas debido a la corrupción reinante entre las autoridades locales(15).

Las tensiones crecientes entre el poder central y las autoridades territoriales es el iceberg de un problema mucho más profundo, relacionado con las dificultades del PCCh para seguir controlando todos y cada uno de los segmentos de una reforma que tiende a hacerse más compleja.

La tradicional opacidad de la política china impide o hace muy difícil conocer, a ciencia cierta, la naturaleza de los debates o tensiones que pueden habitar en la cima de las estructuras esenciales del poder. No obstante, la proximidad de la reunión del Comité Central (CC) del Partido Comunista de China (PCCh), prevista para octubre, la celebración a finales del próximo año del XVII Congreso del PCCh, y algunos indicios políticos sugieren la existencia de tensiones importantes.

Entre esos indicios, cabe señalar los siguientes. En primer lugar, la circular del 8 de agosto del Buró General del CC en la que se disponen numerosas medidas de control, no solo del partido, sino de todo el entramado institucional. Dicha circular oficializa los períodos máximos en los que se pueden ejercer cargos de representación a todos los niveles, con un nivel de detalle hasta ahora nunca visto. Esas instrucciones deben permitir una renovación significativa de muchas instituciones, a lo largo y ancho del país.

En segundo lugar, la activación de la campaña contra la corrupción y el abuso de poder. Las actuaciones en este campo se han multiplicado en los últimos meses, y afectan a sectores tan importantes como la construcción (que concentra más de la cuarta parte de los casos de corrupción descubiertos) o a la inminente imposición de medidas de ordenación de las miles de oficinas de los gobiernos locales y de grandes compañías que funcionan en la capital y considerados el origen de una corrupción desenfrenada que implica a miles de funcionarios “útiles” en los departamentos del gobierno central(16). La gran hipoteca de la estrategia anticorrupción de las autoridades chinas sigue siendo la exclusión de la participación social. Sobre el mismo Partido que acumula los escándalos descansa la responsabilidad de su persecución. Y ello explica el escepticismo y desencanto social y nutre las especulaciones acerca de su sentido real: ¿lucha contra la corrupción o utilización de la corrupción para desembarazarse de rivales políticos?

En tercer lugar, la vigilancia del proceso electoral interno que debe renovar más de 100.000 cargos de responsabilidad en todo el país. En los últimos tiempos, se ha constatado la creciente interferencia del mundo de los negocios en los procesos de elección-nominación en el seno del PCCh. Las elecciones internas movilizan a fracciones, protectores, clanes, y demás grupos de interés, plenamente conscientes de que no pueden desaprovechar la oportunidad de situar sus peones en puestos decisivos para garantizar la buena marcha de sus intereses. La fidelización de cuadros del Partido de diferentes niveles a esos grupos de poder adultera seriamente los mecanismos normales de funcionamiento del PCCh y amenaza con fragmentar y desorientar su discurso. Por ello, a instancias de la Comisión de Disciplina, también se ha anunciado que los procesos electores en pueblos, cantones, prefecturas y provincias serán objeto de una mayor vigilancia. Si a escala de todo el país, la teoría de las tres representaciones de Jiang Zemin ha despertado el debate acerca de si el PCCh puede controlar a los nuevos empresarios o si serán estos quienes acabarán controlando el PCCh, la realidad, en muchas localidades chinas, parece acabar imponiendo lo segundo.

En cuarto lugar, la circular interna del 29 de agosto que exige a todos los cuadros y responsables del PCCh que informen no solo de todas sus inversiones económicas y demás movimientos patrimoniales, propias o de esposa o hijos que con ellos convivan, sino de su status matrimonial o de sus familiares más próximos (si casan con extranjeros, por ejemplo), en otra vuelta de tuerca para extremar la vigilancia en todos aquellos aspectos (negocios, moralidad, etc.) que afectan a la imagen social de los dirigentes partidarios(17).

En quinto lugar, el reciente giro en la política de comunicación, propiciado por las instrucciones dictadas el pasado 10 de septiembre, según las cuales, la agencia de noticias Xinhua debe autorizar la distribución de la información que los medios de comunicación extranjeros hagan llegar a sus usuarios y clientes chinos, con el propósito de hacer respetar las leyes y reglamentos del país donde residen. La censura aplicada a las agencias de noticias extranjeras fue desmentida desde Londres por el primer ministro Wen Jiabao, quien se apresuraba a señalar que China protege sin ambages los derechos de los medios extranjeros, en especial, los relacionados con la información económica y financiera o los Juegos Olímpicos. Wen apostilló que tanto estas como otras medidas, en especial los llamamientos efectuados para lograr una mayor calidad en el tipo de inversión exterior, en nada cuestionan la política de apertura, que permanece invariable. En cualquier caso, esta potenciación del papel de Xinhua limitará la circulación de la información y ofrecerá otro filtro a las autoridades.

Todo ese conjunto de elementos tienen un denominador común, el gran esfuerzo por controlar y moralizar la conducta de los militantes del Partido. Y todo ello bien pudiera ser indicativo de la disposición de Hu Jintao, su secretario general, por asegurarse un triunfo claro en el próximo Congreso, liquidando a los afines a Jiang Zemin, su antecesor, para disponer del margen de maniobra suficiente que le permita pilotar su propia sucesión en 2012. Como no podía faltar en este tipo de contextos, para reforzar esa convicción, el 29 de agosto, la Comisión Militar Central, también presidida por Hu, ha promovido a 28 oficiales al grado de general de división. La fidelidad del Ejército Popular de Liberación y de los servicios de seguridad, factor esencial para poder desplegar su proyecto, estaría asegurada.

La medida del éxito o fracaso de la estrategia de Hu se determinará, esencialmente, en función de la radiografía de la Comisión Permanente del Buró Político que salga elegida en el XVII Congreso del PCCh, a celebrar a finales del año próximo. Hay miembros que se pueden dar por jubilados, entre ellos, Huang Ju, afín al clan de Shanghai y con problemas de salud –además de sospechoso de estar involucrado en prácticas corruptas-; también Luo Gan, el poderoso responsable de seguridad, del clan de Shandong; igualmente, Wu Guanzheng, responsable de disciplina. Con Hu podrán continuar: Wen Jiabao, su primer ministro; Li Changchun o Wu Bangguo, presidente de la Asamblea Popular Nacional. En la cuerda floja se encontrarían Jia Qinglin, presidente de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino y, sobre todo, el vicepresidente del Estado, Zeng Qinghong. Este último es el principal valido de Jiang Zemin en la cúpula del poder chino y el principal exponente del éxito de la estrategia de Hu vendrá determinado por la derrota de Zhen. Jiang Zemin, al parecer descontento con Hu Jintao, mueve sus hilos entre bambalinas para seguir conservando una cierta influencia. Hu se ha apurado a jubilarlo definitivamente con la reciente publicación de sus Obras Escogidas, y organizando unas “pompas fúnebres” solemnes en las que ha invitado a todo el Partido a estudiar su contenido. También atacando, en toda regla, sus principales bastiones, empezando por el propio primer secretario del PCCh en Shanghai, Chen Liangyu, bajo sospecha por presuntas irregularidades en el manejo de los fondos de pensión gestionados por el departamento municipal de trabajo y de protección social de dicha ciudad.

Entre las figuras que crecen en influencia y de las cuales podría emerger el sustituto de Hu Jintao a partir de 2012 podrían citarse a varios miembros del Secretariado, entre ellos, Liu Yunshan, Zhou Yongkang, He Guoqiang, todos ellos integrantes del Buró Político. Y, por supuesto, el viceprimer ministro Zeng Peiyan, también miembro del Buró Político. Otros nombres que suenan son: Xi Jinping, Bo Xilai, o Li Keqiang Pero es probable también una promoción que tenga más en cuenta la presencia de nuevos activos procedentes de la Liga de la Juventud Comunista e, igualmente, de algunas regiones claramente subrepresentadas. En el actual Comité Permanente, la influencia de la zona costera y más desarrollada es absoluta, ya no solo por cuestiones de origen de los dirigentes (ninguno es del centro u oeste) sino también por su experiencia política: solo Hu puede acreditar el paso por regiones como Tíbet o Gansu. Sobre esas nuevas bases podría establecerse el desembarco de la quinta generación, llamada a tomar el relevo a partir de 2012.

Se trata de una batalla por el poder, pero hay más. Detrás de las opciones personales de unos y de otros, existen matices importantes en la política a desarrollar. No es solo cuestión del ritmo de la reforma, sino también de su orientación final. Siguiendo la estela taiwanesa, algunos consideran llegada la hora de poner proa a una reforma política que en el plazo de una década pueda convertir a China en un país internacionalmente homologable. Hu parece resistirse a tirar la toalla, y sigue postulando la vigencia de la actual política concediendo la máxima prioridad a la revitalización del Partido y a la solución de los desequilibrios territoriales y sociales, exacerbados durante el largo mandato de su antecesor, Jiang Zemin.

Cabe advertir, pues, en Hu Jintao un discurso de mayor sensibilidad respecto a lo social, así como una clara tendencia más nacionalista, tanto en el orden de la política exterior, haciendo valer de forma más intensa sus propios intereses, como igualmente en la política interna, donde las apelaciones a la construcción de una sociedad armoniosa o al ejercicio de una mayor virtud en el desempeño público por parte de los dirigentes y militantes del PCCh (sus ocho honores y deshonores) adquieren un claro matiz civilizatorio. En los próximos años, la insistencia en ambas ideas nos podrá indicar en que medida los dirigentes actuales de China imaginan a su país en el siglo XXI como un actor políticamente mucho más autónomo de lo que podría satisfacer a algunas potencias occidentales, en especial, a EEUU.

 
 

Xulio Ríos,
es director del
Observatorio de la Política China,
(Casa Asia-Igadi).

Xulio Ríos, clic para aumentar
 
 

 

Notas:

(1) Accesible en: http://www.imf.org/.

(2) Despacho de Xinhua, 15 de agosto de 2006.

(3) Qiushi, sábado, 18 de septiembre de 2006.

(4) Accesible at: http://www.undp.org/.

(5) Despacho de Xinhua, 22 de enero de 2006.

(6) Yuankai, Tang, L’eau sonne l’alarme, en Beijing Information 8-2006.

(7) Información en CRI, 14 de septiembre de 2006.

(8) Despacho de Xinhua, 18 de septiembre de 2006.

(9) Despacho de Xinhua, 29 de agosto de 2006.

(10) Despacho de Xinhua, 19 de agosto de 2006.

(11) Despacho de Xinhua, 12 de septiembre de 2006.

(12) Despacho de Xinhua, 15 de septiembre de 2006.

(13) En China Daily, 8 de septiembre de 2006.

(14) Despacho de Xinhua, 17 de septiembre de 2006.

(15) Despacho de Xinhua, 17 de septiembre de 2006. Observatorio de la Política China.

(16) En China Daily, 4 de septiembre de 2006.

(17) Despacho de Xinhua, 29 de agosto de 2006.

 
Volver a TitularesVolver a China e o mundo chinés



Ir á páxina de inicio
Instituto Galego de Análise e
Documentación Internacional
www.igadi.org

ÚLTIMA REVISIÓN: 30/10/2006
Fernando Pol


Subir

 

Subscríbete á lista de correo do Igadi e recibe notificación das novas
informacións, artigos, documentos, convenios, publicacións, etc, que ofrece
o Igadi na súa páxina web Igadi na Rede.


Para comprender o Mundo desde aquí ...
... para proxectar a Galicia no contexto internacional.

   

Apúntate en: http://www.elistas.net/lista/igadi/alta