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¿Chindia?
Por Xulio Ríos (La Vanguardia, 20/11/2006)
 
 

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En la agenda del viaje de Hu a Nueva Delhi pesan los asuntos económicos y comerciales. La reanudación en julio último del comercio fronterizo en el paso del Himalaya es un buen presagio. Existen proyectos para construir una línea de ferrocarril y una autopista, lo que facilitará mucho esa comunicación. Algunos observadores estiman que en un par de años el volumen de los intercambios bilaterales podrá superar la cifra de negocio de India con EEUU. (Foto: Vista simulada del Himalaya. ©Views of the Earth).
 
¿Es viable el acercamiento sino-indio? La visita que Hu Jintao realiza a India es la primera de un jefe de Estado chino en una década. En sus años de mandato, Hu está acentuando un importante giro diplomático que, sin menoscabo de la atención debida a los actores tradicionales, en especial a EEUU, otorga singular relevancia al ámbito regional inmediato. Del Pacífico Sur a Asia Central, los países del Sudeste Asiático o Asia oriental o meridional, la diplomacia china demuestra un amplio dinamismo. En India, como en Japón, China encuentra serias dificultades, pero no renuncia a una normalización progresiva, a sabiendas de que los problemas dejados por la historia no se pueden resolver de la noche a la mañana.

En la agenda del viaje de Hu a Nueva Delhi pesan los asuntos económicos y comerciales. La reanudación en julio último del comercio fronterizo en el paso del Himalaya es un buen presagio. Existen proyectos para construir una línea de ferrocarril y una autopista, lo que facilitará mucho esa comunicación. Algunos observadores estiman que en un par de años el volumen de los intercambios bilaterales podrá superar la cifra de negocio de India con EEUU. Después de cerrar un acuerdo con Pakistán, Hu, que ha sido precedido en abril por su mano derecha, Wen Jiabao, anhela crear un área de libre comercio con India. La potencialidad de ambas economías es indudable, pero su ensamblaje no es fácil.

El diálogo, dicen muchos, es indispensable para evitar a corto plazo un choque frontal entre los dos gigantes en sectores clave como la informática o la biotecnología. Pero no sólo. La independencia energética (en la región ambos rivalizan por el petróleo y el gas birmano), las relaciones con los países vecinos (Pakistán, especialmente) o el acceso a los mercados de los países en vías de desarrollo también sugieren roces de complicada solución. Sin olvidar, claro está, las simpatías de Nueva Delhi por las causas tibetana o taiwanesa que podrían opacarse si Beijing muestra menos titubeos en el contencioso de Cachemira.

No obstante, es imaginable una aceleración de los intercambios económicos a corto plazo, facilitados por la avidez tecnológica de Beijing y el interés indio de atraer capital chino para mejorar sus infraestructuras. Los intereses económicos facilitan el encuentro entre los dos gobiernos. Pero el impulso del diálogo de India con EEUU sobre la estabilización de Asia sugiere una preocupación compartida: como tratar la emergencia de China. India no las tiene todas consigo. El creciente poder de Beijing justificó el desarrollo del arma nuclear y la comprensión mostrada por las potencias occidentales.

La mejora de las relaciones con Nueva Delhi es un reto para Hu Jintao. Si con Rusia, China ha logrado salvar las mutuas diferencias para construir un entendimiento con cada vez más contenidos, quizás con India también pueda ser posible. Ello a sabiendas de que, al menos por el momento, en caso de una crisis internacional grave, está por ver de qué lado se decantan sus nuevos aliados. Pero hay una apuesta política de fondo, difícil de cuajar por las respectivas diferencias sistémicas, que no debiera minusvalorarse: la apuesta china por explorar alternativas a la modernidad occidental que tengan en cuenta las especificidades de las civilizaciones asiáticas como factor de identidad en un mundo multipolar. El bagaje de la hindú o la china es muy sólido y podrían no resignarse a evolucionar como simples imitadoras. Pero ello exigirá de China reconocer la importancia de India, hoy relegada a una potencia subregional. Y eso, más allá de tenerla en cuenta y normalizar las relaciones bilaterales, puede ser aún mucho pedir.

 
 

Xulio Ríos,
director del Igadi y del
Observatorio de la Política China
(
Casa Asia-Igadi).

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