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China: El Partido viaja en tren
Por Xulio Ríos (La Insignia, 01/07/2006)
 
 

  Kunlun Mountain Tunnel, clic para aumentar
Si en años recientes, la conquista del espacio se presentaba como el mejor exponente de la capacidad del PCCh para elevar a China a las más inusitadas alturas, este año le ha tocado el turno al tren Qinghai-Tíbet, a inaugurar el día 1, coincidiendo con el 85 aniversario de la fundación del PCCh. En medios oficiales, se destaca la pericia y la capacidad tecnológica de los técnicos y trabajadores chinos para llevar a cabo tan importante obra, cuando la mayor parte de los expertos extranjeros la consideraban prácticamente imposible por las dificultades que presentaba el terreno. (Foto: Uno de los récords establecidos en la construcción de la línea de ferrocarril Qinghai-Tíbet, de 1.142 kilómetros de longitud que discurren a una altura media de 4.000 metros, lo sustenta el túnel de 1.686 metros que atraviesa las montañas Kunlun, que es el más largo del mundo sobre una meseta de tundra (suelo congelado). Su boca, a 4.648 metros sobre el nivel del mar, sufre nevadas en junio, una temperatura que puede llegar a 30 grados bajo cero y la disponibilidad de oxígeno allí es prácticamente la mitad que a nivel del mar).
 
Un año más, China se apresta a celebrar la fundación del Partido Comunista (PCCh). A idéntico ritmo que en años anteriores, todo el aparato propagandístico del sistema se esfuerza por evidenciar ante la ciudadanía la inmensa suerte de disponer de una formación capaz de asegurar la paz, la independencia y el desarrollo del país. Las grandes celebraciones de masas han desaparecido por inoportunas en tiempos de tanta hospitalidad empresarial y por ser aún de ingrato recuerdo (las sombras de la Revolución Cultural son cada vez más alargadas), pero no por ello dejan de organizarse galas y otros espectáculos artísticos similares para todas las edades donde, entre palmada y palmada, la exaltación, no de los valores comunistas, sino fundamentalmente del Partido como actor decisivo y garante de la estabilidad, alcanza niveles realmente llamativos. Tampoco faltan spots comerciales en TV o un gran mitin central en el Gran Palacio del Pueblo para destacar las bondades de los comunistas chinos y alertar sobre la necesidad de extremar la vigilancia contra la corrupción, el proyectil almibarado, que llamaba Mao.

Si en años recientes, la conquista del espacio se presentaba como el mejor exponente de la capacidad del PCCh para elevar a China a las más inusitadas alturas, este año le ha tocado el turno al tren Qinghai-Tíbet, a inaugurar el día 1, coincidiendo con el 85 aniversario de la fundación del PCCh. En medios oficiales, se destaca la pericia y la capacidad tecnológica de los técnicos y trabajadores chinos para llevar a cabo tan importante obra, cuando la mayor parte de los expertos extranjeros la consideraban prácticamente imposible por las dificultades que presentaba el terreno. A partir de ahí, todos son récord asombrosos: el mayor número de puentes, los túneles más extensos, la mayor altitud sobre el nivel del mar... y, conforme lo exigen las pautas del tiempo presente, todas las garantías imaginables para asegurar que el proyecto no dañe el medio ambiente ni comporte inseguridad para los usuarios.

En época de Mao, era la voluntad, el sacrificio y el heroísmo los llamados a quebrar todas las dificultades. Ahora sin embargo, es más la competencia quien asegura la superación de los inconvenientes.

Hu Jintao ha aprovechado los días previos para dejarse ver entregando despachos a diez nuevos generales del Ejército Popular de Liberación y visitando el Cuartel General de las tropas estratégicas, un gesto que solo cabe interpretar como una afirmación de su creciente poder, no solo en el Partido o en el Estado, sino también en el EPL, el tercer pilar, y expresión de la inquebrantable alianza entre ambas instituciones. Cuando desde algunos medios internacionales se pone en cuestión la fortaleza de Hu al frente del país, este nos recuerda que los tres poderes centrales están en sus manos, y en tanto así sea, le garantizan la reelección en el próximo congreso del PCCh, a celebrar en 2007.

Esa realidad echa por tierra el discurso oficial que desde hace años insiste en la separación de poderes y en fortalecer la autonomía de los principales actores del sistema político chino. Lo cierto es que resulta prácticamente imposible armonizar la instauración de un estado de derecho, que solo puede estar basado en la vigencia inexcusable de la ley y la igualdad de todos los ciudadanos ante ella, con la persistencia de una estructura como el PCCh que abarca todos los puntos cardinales de su geografía, física y humana, e instrumentaliza cuantas estructuras puedan existir, en su propio y exclusivo beneficio, estableciendo parámetros de desigualdad (miembros y no miembros) que conculcan toda expresión efectiva de ciudadanía.

85 años después de su fundación, el PCCh es la columna vertebral del sistema político chino. Con sus 70,8 millones de militantes, a diciembre de 2005, parece una fuerza invencible. No obstante, subsisten en su seno no pocas tensiones. Hoy no se trata de debates ideológicos que, si bien existen, involucran a personas o grupos poco influyentes o con un poder muy reducido; por el contrario, las tensiones económico-territoriales disponen de la suficiente potencialidad disgregadora como para desestabilizar el frágil consenso establecido entre las numerosas elites que ha generado el propio proceso de reforma. Ese horizonte de vertebración de diferentes grupos de interés, con importantes y crecientes bases de poder económico, podría, en un tiempo, no tan lejano, dar al traste con el actual modelo, construido en torno a la absoluta vigencia del Partido y su sombra, el Ejército Popular de Liberación.

 
 

Xulio Ríos,
director del Igadi y del
Observatorio de la Política China
(
Casa Asia-Igadi).

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