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África se pasa a China
Por Xulio Ríos (La Vanguardia, 02/11/2006)
 
 

  Hu Jintao e Mohammed VI, clic para aumentar
Las visitas oficiales al más alto nivel forman parte de la rutina. Solo en este año, el presidente Hu Jintao ha visitado Nigeria, Kenia y Marruecos (en 2004 visitó Egipto, Gabón y Argelia). Su primer ministro, Wen Jiabao visitó Egipto, Ghana, Congo, Sudáfrica, Tanzania, Uganda y Angola. La presencia de jefes de gobierno africanos en Beijing es igual de habitual. (Foto: Hu Jintao y Mohammed VI en el palacio real de Rabat durante la visita del dirigente chino a Marruecos, el 24 de abril de 2006).
 
Se ha prestado últimamente relativa atención a la irrupción de China en América Latina y a las consecuencias del incremento de su presencia en dicha región, tanto en el plano económico y comercial, geopolítico, como en el ámbito de la seguridad. No obstante, lo cierto es que esta, a pesar de su incremento, no logra ensombrecer, por el momento, la presencia de otros actores más sobresalientes, especialmente de EEUU. No ocurre así en África, donde las sombras aumentan y, a diferencia de América Latina, las simpatías por su modelo económico y político parecen ser mayores.

Buena demostración del incremento de la influencia de China en el continente africano es la cumbre que Pekín ha organizado el primer fin de semana de noviembre. A ella acudirán buena parte de los líderes africanos, incluido el presidente Obasanjo, quien proclamaba hace poco su deseo de que China “dirija el mundo”.

África es una prioridad diplomática para Pekín. En enero último formuló su estrategia para dicho continente, que incluye el diseño de una política multidimensional e integradora cuyo pilar central es el compromiso de no ingerencia en los asuntos internos y el escrupuloso respeto de la soberanía de cada cual. En África, China no sólo invierte en el sector energético, accede a materias primas y otros recursos, sino que también realiza obra pública, financia proyectos de bienestar social, forma a técnicos, concede becas para estudiantes, presta asistencia militar y, en consecuencia, incrementa exponencialmente su influencia. La estrategia china consiste en tomar posiciones en sectores poco atractivos, pero vitales para el desarrollo, ya sea la telefonía rural, la agricultura o la renovación de refinerías, para obtener más tarde el acceso a la explotación de valiosos recursos, petróleo incluido, hoy muy dominado, en general, por las grandes compañías occidentales. Las visitas oficiales al más alto nivel forman parte de la rutina. Solo en este año, el presidente Hu Jintao ha visitado Nigeria, Kenia y Marruecos (en 2004 visitó Egipto, Gabón y Argelia). Su primer ministro, Wen Jiabao visitó Egipto, Ghana, Congo, Sudáfrica, Tanzania, Uganda y Angola. La presencia de jefes de gobierno africanos en Beijing es igual de habitual. Hoy, la “opción china” es una realidad para muchos de estos países, antes obligados a aceptar las condiciones impuestas por los países occidentales e instancias como el FMI o el BM que, sin sonrojarse, ahora acusan a China de olvidarse de los derechos humanos y la democracia en sus negocios africanos, pasando por alto que esa, y no otra, es la política que ellos mismos aplican en relación a China.

El problema de fondo es que de seguir así las cosas, la influencia de China en África podría ser determinante en menos de una década. En África central y occidental, China es el segundo socio detrás de Francia. En la práctica, Pekín se está conformando como el gran rival de París y Washington en la región. China está presente en Sudán y en Libia, en Angola o en Guinea ecuatorial, Congo, o Gabón. Es el tercer comprador de petróleo gabonés y adquiere la cuarta parte del petróleo angoleño. Los intercambios comerciales en 2005 han alcanzado la cifra de 40.000 millones de dólares, tres veces más que en 2000, lo que confirma a Pekín como un nuevo actor económico en la región. Y es que la China de hoy se presenta, a ojos de los líderes africanos, como una potencia mundial tanto o más atractiva que EEUU o la UE.

 
 

Xulio Ríos,
director del Igadi y del
Observatorio de la Política China
(
Casa Asia-Igadi).

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