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China: Nubarrones sobre la mitad del cielo
Por Natalia Gómez Collado (Gloobal, 10/02/2005)
 
 

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Podríamos llegar a observar no pocas semejanzas entre el presente panorama social y aquel que se tenía en China el 14 de abril de 1989, cuando se produjo la muerte de Hu Yaobang, número uno del Partido Comunista y del Gobierno Central Chino. La desaparición entonces del que era considerado por intelectuales y estudiantes el “Alma de China”, fue el despertador que levantó al gran gigante asiático del letargo impuesto durante décadas de silencio, y que conduciría irremisiblemente a los trágicos sucesos de Tiananmen el 4 de junio de 1989. (Foto: Tiananmen 04/06/1989, un joven bloquea el avance de una columna de tanques con su cuerpo).
 
El reciente fallecimiento del ex dirigente chino ZHAO ZIYANG ha levantado ciertas desconfianzas en el seno de la cúpula dirigente china, desde donde se hacía pública la noticia a través de un telegráfico comunicado de prensa. En los últimos meses las crecientes manifestaciones de descontento en el norte del país son un apreciable reflejo del malestar general de la población china ante los desafíos sociales, que lejos de remitir, siguen aumentando día a día. Una reciente investigación llevada a cabo por la Academia de Ciencias Sociales China, y titulada: “Análisis y pronósticos sobre la situación social del país 2004-2005”, destacaba siete problemas básicos como: la pérdida de tierras por parte de los campesinos, la ampliación en la brecha de ingresos, el aumento en los niveles de pobreza y desempleo, la corrupción en las instituciones políticas, la escasez de recursos naturales y energéticos, así como el cambio en la psicología social ante las nuevas dinámicas del mercado. Indudablemente, y dependiendo de la autoría de este tipo de estudios, el número de desafíos señalados aumenta o disminuye considerablemente.

En cualquier caso, podríamos llegar a observar no pocas semejanzas entre el presente panorama social y aquel que se tenía en China el 14 de abril de 1989, cuando se produjo la muerte de HU YAOBANG, número uno del Partido Comunista y del Gobierno Central Chino. La desaparición entonces del que era considerado por intelectuales y estudiantes el “Alma de China”, fue el despertador que levantó al gran gigante asiático del letargo impuesto durante décadas de silencio, y que conduciría irremisiblemente a los trágicos sucesos de Tiananmen el 4 de junio de 1989. De ahí, que las actuales autoridades chinas hayan tomado precauciones por que pasara lo más desapercibida posible la muerte de ZHAO ZIYANG, uno de los controvertidos protagonistas durante aquellos días, y quien tras su visita a la Plaza de la “Puerta Celestial” el 19 de mayo sería proclamado por los manifestantes como “amigo de los estudiantes”. Una breve reseña anunciando el fallecimiento del “camarada” ZHAO, y la declaración como inconstitucional de la petición de un minuto de silencio realizada desde Hong-Kong, son un reflejo notorio del temor a que su desaparición sea esgrimida como un instrumento de desestabilización y a que el “espíritu de Tiananmen” pueda resurgir con mayor virulencia. No obstante, y pese a los intereses que pudieran estar soterrados bajo esta utilización, es evidente, como destaca el profesor de la Universidad de Columbia, ANDREW NATHAN, que el ostracismo al que fue condenado ZHAO tras su visita a los estudiantes en huelga de hambre, y en el cual ha permanecido hasta su muerte, no ha servido para borrar su memoria de la mente de todos aquellos que vivieron ese período histórico.

Desde hace unos años, especialmente tras el ingreso de China en la OMC y la asunción de los principios propios de una economía de mercado, son muchas las voces de expertos y políticos que vienen analizando las repercusiones a nivel social que el rápido aceleramiento económico pueden generar, y como resultado de ello, los desafíos que podrían llegar socavar las bases de la legitimidad político-institucional del régimen chino. Muchas de estas voces han querido observar un cierto paralelismo entre el actual panorama de descontento social en el que se ha producido la muerte de ZHAO ZIYANG, y aquél que se tenía en 1989, tratando así de desarrollar una serie de previsiones a nivel político y social para los próximos años. Sin embargo, resulta cuanto más revelador que en ninguno de estos estudios se haya mostrado un especial interés sobre la situación de la mujer en el seno de la sociedad china. Se habla de manera profusa de los desafíos que la nueva economía de mercado está originando en el país, pero ínfimos son los comentarios que tratan de describir cómo estos cambios económicos afectan a las mujeres chinas. De este modo, la lectura sobre el desequilibrio entre hombres y mujeres no sólo puede realizarse en términos cuantitativos (se calcula que en la isla de Hainan llega a haber 135,7 hombres por cada 100 mujeres), sino muy especialmente en términos cualitativos. Parecería pues, que esa “mitad del cielo” que MAO reconocía a las mujeres se encuentra, hoy día, cubierta de espesos y obscuros nubarrones. Y, sin embargo, las previsiones para los próximos años no parecen tampoco anunciar cielos despejados.

Recientemente el periódico estadounidense Christian Science Monitor publicaba un artículo en el cual, MARTIN WHITE, profesor de la Universidad de Harvard, destacaba la rápida transformación social que se está produciendo en China, y el aumento considerable de la posición y status social de las mujeres. El artículo comenzaba con la descripción de una ceremonia nupcial celebrada en un Hotel, y concluía afirmando la emancipación de las “tres obediencias y cuatro virtudes” que desde tiempos de CONFUCIO ha formado parte del modo de ser chino. ¿Podríamos afirmar, entonces, que realmente la mujer se encuentra hoy, más que nunca, liberada de los yugos tradicionales?, ¿podemos confirmar, pues, que expresiones como “es preferible criar cisnes que tener hijas” han pasado a formar parte de revisiones históricas?

Las sociedades, como cuerpos naturales que son, se transforman continuamente. Contienen en sí mismas el principio de “panta rei” (todo fluye) que ya HERáCLITO sostenía. Y por esa razón, los problemas que las acucian son también objeto de esa misma transformación. Evidentemente, muchos de los desafíos que tradicionalmente atenazaban la identidad de las mujeres han sido superados y olvidados, pero otros tantos, lejos de desaparecer, han ido evolucionando y adaptándose a las nuevas circunstancias. Situación a la que además debemos añadir otro ingente número de amenazas de reciente creación. Si a ello sumamos el peligro de hacer ejercicios de reduccionismo, en un país con una diversidad geográfica, étnica y social tan ingente como China, podríamos concluir la complejidad que subyace en cualquier intento de entender el rol que representa la mujer en la sociedad china, y lo aventurado que pueden llegar a resultar afirmaciones como las del Christian Sciencie Monitor.

Hubo un tiempo, no muy lejano, en el que desde Occidente se contempló la China de MAO como el mejor ejemplo de una sociedad igualitaria, donde la mujer había alcanzado su plena emancipación. E incluso hoy día, los sorprendentes avances en el terreno económico y tecnológico pueden hacernos pensar que el rol de la mujer ha seguido esa misma pauta de progresión. Empero, la realidad nos demuestra cuán lejos se encuentran estas suposiciones, puesto que no sólo nos encontramos ante un país con una enraizada cultura de desigualdad entre hombres y mujeres, sino que a ello debemos añadir las diferencias que la apertura a una economía de mercado han generado entre las propias mujeres: mujeres urbanas y campesinas, mujeres con estudios y sin estudios, mujeres jóvenes y mayores...

Podríamos afirmar, por tanto, cómo hoy día la “mitad del cielo” se encuentra más cubierta de obscuros que de claros. Las amenazas tradicionales no solo no han conseguido ser extintas, se han readaptado a los cambios y han adquirido nuevas y más peligrosas dimensiones. La esclavitud, el rapto y la compra-venta de mujeres, por ejemplo, están adquiriendo el cariz de una auténtica epidemia. Según informaciones del Partido Comunista en el año 2001 la policía llegó a liberar a 110.000 mujeres ya vendidas o en proceso de venta. Y se calcula que sólo en la provincia de Sichuan unas 10.000 mujeres y niños son vendidos cada año. Algunos sociólogos como VALERIE HUDSON sostienen, incluso, que tal desequilibrio puede acabar con cualquier atisbo de democracia en China, en la medida en que generará graves pautas de violencia, delincuencia y crimen organizados entre las decenas de millones de solteros que se verán obligados a emigrar en busca de una esposa.

Tres serían los motivos principales que nos pueden ayudar a tener una comprensión más global de este fenómeno. 1) En primer lugar, y fruto de un enraizado sistema patrilineal, la mujer en china ha sido tradicionalmente un objeto de compraventa. Éstas eran compradas para resarcir a sus progenitores de los gastos de vestido y alimentación, y al mismo tiempo eran vendidas con el objeto de asegurarse unos ingresos extra en períodos de crisis. 2) En segundo lugar podríamos hablar de un deber por perpetuar el linaje que hunde sus raíces en el concepto de “amor filial”, y que pese a la incorporación cada vez mayor de valores individualistas, permanece fuertemente alojado en el inconsciente colectivo del ciudadano chino. Se trata no sólo de una obligación hacia los progenitores, sino del principal eslabón que sostiene el culto a los antepasados, y en el cual se fundamenta el sincretismo religioso, espiritual y social del país. De hecho, fue MENCIO quien afirmó que existían treinta y seis virtudes, pero que no tener herederos suponía una maldición que negaba todas ellas. 3) Enlazando con este sustrato cultural que considera a las mujeres como “bocas que alimentar y no mentes humanas”, debemos hablar de un tercer motivo que explica gran parte del actual desequilibrio entre hombres y mujeres, y consecuentemente, el aumento de fenómenos como la compraventa y el tráfico de mujeres. Se trata de la aplicación de la política del “hijo único”, cuya aprobación en 1979 reavivó en algunas partes del país prácticas feudales como el abandono y el infanticidio femenino. ¿Las consecuencias? Un desequilibrio tal, por el que se calcula que en el año 2020 más de 40 millones de chinos serán incapaces de encontrar pareja, lo cual no arroja esperanzas para poder liquidar definitivamente las nubes del rapto, el tráfico y la compraventa que cubren el cielo de las mujeres chinas.

Evidentemente, los motivos anteriores podrían considerarse obsoletos o superados si echamos una simple ojeada a las grandes urbes que se concentran a lo largo del litoral del país y analizamos el modo de vida que en ellas desarrollan las nuevas generaciones de mujeres chinas. No obstante, y como advertíamos al comienzo, no podemos olvidar que ésta es sólo una muestra ínfima; una pieza, del ingente puzzle de la mujer en China.

En cualquier caso, la compraventa de mujeres no es el único fenómeno de raíces vetustas que se ha visto vigorizado durante los últimos años. En este sentido, por ejemplo, debemos advertir cómo los casos de violaciones y maltratos físicos dibujan una tendencia preocupantemente alcista. Según estimaciones, al menos el 40% de las mujeres casadas sufre algún tipo de violencia por parte de su pareja. Desde 1949, con la llegada al poder del Partido Comunista, ha existido un firme compromiso por acabar con dichas prácticas y proteger a la mujer de los abusos a los que se ve sometida. En este mismo sentido, y ya recientemente se promulgó la “Ley para Salvaguardar los Derechos e Intereses de las Mujeres” (1992). No obstante, a las tradicionales concepciones según las cuales el hombre goza del derecho a reprender a su mujer para “poner las cosas de casa en su sitio”, se le suman en la actualidad sentimientos como la incertidumbre, el desasosiego o la frustración que, compartidos también por gran parte de las sociedades occidentales capitalistas, favorecen este aumento de la violencia.

También la prostitución y el tráfico sexual, pese a su escaso reconocimiento oficial (recordemos que desde 1951 se encuentran abolidos), están aumentando de manera incesante. Hoy día se estima que el número de prostitutas asciende a diez millones. En muchas ocasiones, tal y como ocurriría en el pasado, se trata de muchachas campesinas que llegan a las grandes urbes para ganar un poco de dinero y que ahora ejercen en Hoteles, Salones de Belleza o de Masaje y Bares de Karaoke, donde encuentran un nuevo público constituido, en su mayoría, de hombres de negocios enriquecidos con las recientes transformaciones económicas. Sin embargo, las exigencias de estos “nuevos ricos” en cuanto a la compañía son también cada vez mayores, lo que está siendo aprovechado por un buen número de mujeres universitarias para costearse los estudios y poder seguir los modelos y patrones estéticos que se lanzan desde occidente.

A problemas como éste, la compraventa, el maltrato y la violencia física, cuyas raíces se remontan al pasado, si bien como hemos podido observar sus puntas empiezan ya a adaptarse al nuevo medio, debemos añadir, además, las clásicas dificultades con las que se encuentra la mujer en una sociedad de mercado, ya en oriente u occidente: discriminación y explotación laboral, diferencias salariales con respecto al hombre, mayores exigencias curriculares, compaginar la vida profesional y familiar… La suma de todos estos desafíos empieza a reflejarse en un incremento galopante de los casos de suicidio entre las mujeres chinas. Se calcula que 1.5 millones de mujeres se quitan la vida, siendo el único país del mundo donde el índice de suicidios es superior entre las mujeres que entre los hombres. De hecho, hoy día, se ha convertido en la primera causa de mortalidad entre las jóvenes de 15 a 34 años, de ahí que se trate ya como un “auténtico drama nacional”.

Las previsiones para los próximos años no anuncian, pues, “cielos despejados” para las mujeres. Su invisibilidad, no sólo numérica, ha quedado claramente reflejada en los últimos días. La muerte del ex dirigente chino ZHAO ZIYANG ha hecho resurgir los debates sobre los problemas sociales que atenazan el progreso económico y la estabilidad política del país. Sin embargo, prácticamente nulas han sido las voces que han puesto la voz de alarma sobre la situación de la mujer en la nueva sociedad de mercado hacia la que se dirige China. En cualquier caso, podría pensarse que esta misma invisibilidad, en su sentido numérico, puede llegar a convertirse en el máximo recurso de las mujeres de cara a garantizar su plena incorporación en la sociedad. Evidentemente para ello es preciso que se produzca una auténtica imbricación entre esos dos mundos que durante siglos parecen haber estado separados: el “mundo de la mujer” y el “resto del mundo”. Dicha imbricación requiere de un esfuerzo conjunto por parte de ambos polos, puesto que difícilmente se alcanzará la meta de una mejora substancial en el status de la mujer china si en la carrera cada uno pone rumbo hacia una dirección distinta, o las velocidades durante la misma son tan desiguales que no hacen sino alargar el abismo existente entre los dos mundos.

Sin duda el “Primer-Gran Paso hacia adelante”, en este sentido, es que las mujeres sean conscientes de que su propia inferioridad numérica las hace más imprescindibles para la sostenibilidad del proyecto económico y social del país que en otras épocas de la historia. Esta ventaja, surgida de la marginalidad impuesta durante años, debería ayudar a las mujeres a fortalecer sus vínculos de solidaridad, y a embarcarlas, sin miedo, en el tren de los cambios que están afectando a la sociedad.

Durante años la mujer en China ha venido personificando la máxima de que las “mujeres ofrecen su sonrisa a los demás y guardan las penas para sí”. En este sentido, es evidente que hablar de la mujer china y del rol que ésta ha representado en la sociedad no puede desvincularse o aislarse del universo de valores confucianos que a lo largo de generaciones se constituyó como el principal instrumento de socialización en el país. Este hecho, sin duda, explicaría parte de esa escasa e ínfima conciencia de género entre las mujeres chinas. No obstante, tal ausencia no puede ser comparada con la existente en otros países asiáticos como pudiera ser Japón. De hecho, afirmar que la mujer en China posee un escaso sentimiento de género puede suponer una simplificación demasiado fácil. Ya en la primera década del siglo XX, y siendo coetáneas a los movimientos feministas que empezaban a desarrollarse en occidente, nos encontramos con las primeras “mujeres revolucionarias”, que como QIU JIN, se movilizaron en defensa de sus propios intereses. Durante el Movimiento del Cuatro de Mayo (1919) la mujer se erigiría junto a la democracia como binomio inseparable de la liberación, y décadas más tarde, con la llegada al poder del Partido Comunista se crearían los primeros organismos dedicados específicamente a las mujeres (la Fundación de las mujeres).

Bien es cierto que desde entonces hasta no hace poco años, la mujer ha pasado a ocupar un asiento a la sombra en ese tren de progreso al que se ha lanzado el país. No obstante, las generaciones más jóvenes están volviendo a rescatar el espíritu que en su día impulsó a sus abuelas a defender esa “mitad del cielo” que les correspondía. El fortalecimiento de esta conciencia de género constituye, sin duda, un importantísimo avance para el reconocimiento, tanto a nivel legal como social, de la dignidad e igualdad de la mujer en la nueva sociedad china, arrojando por tanto luces más esperanzadoras sobre ese cielo cubierto de nubes.

Empero, y como afirmábamos previamente, en esta carrera dos son los jugadores y difícilmente se alcanzará la meta si uno de ellos corre en dirección opuesta o a una velocidad mucho más pausada. En este sentido, todo dependerá también del análisis que desde el poder realicen las autoridades chinas, puesto que hay que tener en cuenta un hecho fundamental: en China el rol de la mujer es, más que en cualquier otra parte, una construcción social de carácter netamente político. Así pues, en la medida en que los dirigentes sean conscientes de cómo puede afectar esta escasez numérica al progreso continuo de la economía, y consecuentemente, a la estabilidad del régimen político, podremos prever una mejora cualitativa en el cumplimiento de los derechos fundamentales de las mujeres y en sus condiciones de vida en general. El vínculo entre la seguridad política y la dinámica social posee cada día unos márgenes más estrechos, y sin duda, esta mayor imbricación precisa de la participación de la mujer, en igualdad de condiciones, para que no se produzca un choque frontal entre ambos márgenes.

Porque no hay dos cielos diferentes, ni un cielo dividido, los nubarrones que hoy cubren una parte del mismo podrían, mañana, acabar extendiéndose sobre todo el cielo. Todo dependerá de las previsiones que desde el poder se realicen, y de los esfuerzos que tanto unos como otros realicen para permitir que la luz del sol alcance cada rincón de ese firmamento bajo el que se está transformando el país en su conjunto.

 
 

Natalia Gómez Collado.

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ÚLTIMA REVISIÓN: 07/02/2005
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