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La difícil caída de Milosevic
Por Xulio Ríos (Noticias Obreras, outubro/2000)

La primera vuelta de las elecciones presidenciales, legislativas y municipales celebradas en Yugoslavia el pasado 24 de Septiembre se saldó con una clara derrota del régimen. A seis meses de cumplirse su mandato, Slobodan Milosevic, decidió adelantar unas elecciones en las que muy pocos podrían aventurarle la derrota. Solo una táctica equivocada de la oposición podría ofrecerle en bandeja una victoria "a lo fujimori".

Los primeros resultados oficiosos en la noche del domingo explicitaban el enorme desconcierto de los dirigentes yugoslavos. Mientras la oposición –Washington y Bruselas a coro– anunciaban una rotunda victoria que les eximía de pasar a una segunda vuelta, un portavoz gubernamental desmentía esas afirmaciones mientras dirigentes de la JUL, la Izquierda Unida Yugoslava que dirige Mirjana Markovic, la esposa de Milosevic, aseguraban sin titubeos que Vojislav Kostunica, el principal candidato de la oposición, se habia quedado a casi diez puntos del actual Presidente, quien habría obtenido el 56 por ciento de los sufragios. Unicamente la agencia de noticias china Xinhua se hizo eco de estos resultados.

A la enérgica respuesta inicial a los datos de la oposición le sucedió un progresivo abatimiento. El nivel de descomposición del régimen es tal que gran parte de las actas electorales han llegado a manos de Kostunica, proporcionando las pruebas de un fraude que hasta entonces únicamente se podía suponer. Según se desprende del análisis de las cifras, un 54,6 por ciento de electores habrían votado por Kostunica, mientras que un 35,01 por ciento lo habrían hecho por Milosevic. La Comisión Electoral Federal ofreció los siguientes resultados oficiales: Kostunica obtuvo el 48,22% de los votos frente al 40,25% de Milosevic.

Más allá del debate acerca de estas primeras cifras y habida cuenta de que también en esta ocasión la variopinta y controvertida oposición yugoslava se presentaba dividida, ¿a que se debe el fracaso de Milosevic? Sin duda ha influído el cansancio de una población que ha padecido en su propio cuerpo los efectos de cuatro guerras consecutivas, también el descenso del nivel de vida (en las tiendas serbias es difícil encontrar artículos como aceite o azúcar) y los efectos del embargo internacional que han convertido la economía yugoslava en un laberinto agravado de mafias y corruptelas. Pero sobre todo, han hecho su trabajo las grietas cada vez más visibles en el aparato del régimen. Las divisiones en el seno de la propia coalición gobernante se hicieron públicas y notorias. En el seno del Partido Socialista (SPS) crecía el descontento por el enorme protagonismo de la JUL.

A pesar de tratarse de un partido menor, su presencia en las listas electorales se aproximaba al 40 por ciento y su influencia en los gobiernos federal y serbio eran cada vez mayores,al ostentar sus militantes numerosos puestos de responsabilidad. En desacuerdo con esta situación dimitía unas semanas antes de las elecciones, Zoran Lilic, consejero de Milosevic y miembro de la dirección del SPS, evidenciando que algo estaba pasando y que también algo estaba cambiando: en otro momento nadie se hubiera atrevido a dar la espalda a Milosevic.

Por otra parte, el Presidente yugoslavo no consiguió suavizar el distanciamiento del Partido Radical Serbio (SRS). Con candidato propio, Tomislav Nikolic, los ultranacionalistas serbios, aliados de Milosevic en los momentos más difíciles de su mandato, tomaron distancias en serio para recrear su propio espacio ante un electorado que tendía a la polarización. Vojislav Seselj, líder del SRS, acusó al gobierno serbio de regalar a la empresa petrolera estatal, controlada por la JUL, un donativo por importe de 6.43 millones de marcos que también servirían para financiar la campaña electoral de los partidos del gobierno. Los representantes del SRS dimitieron igualmente del Consejo de Administración de la televisión pública en desacuerdo con el tratamiento informativo de la oposición. No es de extrañar que Vojislav Seselj fuera el primero en anunciar el reconocimiento de la victoria de Kostunica.


Frente a ese escenario de división interna que partía sin embargo de una imagen de cohesión inicial absoluta, en las filas de la oposición se configuraba paso a paso la situación inversa. Vojislav Kostunica se crecía poco a poco hasta amalgamar el conjunto de las aspiraciones de la oposición, ayudado por un Occidente que no cesaba de prometer que su victoria equivaldría al fin de las sanciones y del aislamiento internacional del país.


Las posibilidades de fraude

En Beli Dvor (palacio presidencial) existe una gran experiencia en el maquillaje electoral. En las elecciones presidenciales serbias de 1997 numerosos votos albaneses se utilizaron para favorecer la victoria de la coalición SPS/JUL sobre el SRS. Más de 300.000 albaneses de Kosovo votaron sin saberlo por Milan Milutinovic. En esta ocasión, además de los votos de Kosovo, dificultados por el control de las fuerzas internacionales, el régimen contaba con censos inflados en algunas aldeas fronterizas del sur, Vranje y Prokuplje, que vieron crecer sus listas en miles de electores de la noche a la mañana; o en la participación de los ciudadanos serbios de Montenegro, donde su Presidente, Milo Djukanovic llamaba al boicot de unos comicios que consideraba "ilegítimos". Pero las urnas se instalaron en todo tipo de recintos: desde fábricas o cuarteles a domicilios particulares.

La rápida reacción de la oposición ha sido la clave que ha impedido que con estos mimbres ya dispuestos se fraguase una victoria absoluta de Milosevic en la primera vuelta, sembrando la confusión en la propia Comisión Electoral Federal que llegó a paralizar el recuento. Probablemente, muy pocos esperaban una derrota tan abultada.


El papel de Montenegro

Siguiendo la consigna abstencionista del Presidente Djukanovic, en la pequeña Montenegro (algo más de seiscientos mil habitantes) votaron menos del 30% de los electores. Desde que accedió al poder en 1997, derrotando a Momir Bulatovic, el candidato de Milosevic y actual primer ministro federal, en Podgorica se impone el distanciamiento de Belgrado. La tensión alcanzó un nivel máximo durante la guerra por Kosovo de 1999, cuando Djukanovic se desmarcó de Serbia, acentuando un giro independentista que no es visto con buenos ojos por buena parte de una sociedad que contempla con temor la posibilidad de un golpe de estado del Ejército Federal, bien acantonado en la República y que conduciría a una nueva guerra.


El comportamiento díscolo de Montenegro no solo es criticado por Milosevic sino también por todos los candidatos nacionalistas serbios, de Seselej a Kostunica. Paradójicamente el mejor aliado de su estrategia independentista es el propio Milosevic. Su supervivencia le asegura la comprensiónde Occidente y su caída le obligará a cambiar el discurso, al igual que ocurrirá con los independentistas albaneses de Kosovo.


Después de Milosevic

La compleja situación política yugoslava permite aventuar unicamente conjeturas. La oposición ha iniciado una fuerte campaña de desobediencia civil para forzar a Milosevic a admitir su derrota y evitar la segunda vuelta. El Presidente yugoslavo cuenta en su haber con la experiencia de las protestas contra el fraude electoral en 1996, pero no le resultará fácil manejar la situación. Su principal problema consiste en mantener prietas las filas en el régimen. El general Nebojsa Pavkovic hizo saber a Kostunica su intención de no implicar a las fuerzas armadas en la batalla política, disponiéndose a garantizar que "la voluntad electoral del pueblo sea respetada".

En medio de rumores sobre ofrecimientos de asilo en China o Rusia, de garantías ruso-griegas de que no sería obligado a comparecer ante el Tribunal de La Haya si renuncia voluntariamente al poder, se barajan hipótesis más traumáticas sobre su futuro como la simple eliminación fisica "a la rumana", a cargo de unidades de élite del propio Ejército o policía serbios. Para calmar los ánimos, de Moscú llegaba el mensaje de su hermano Borislav, actual embajador en la capital rusa, asegurando que "Slobodan respetará la Constitución y que se retirará del poder de probarse que ha perdido las elecciones".

De no producirse la dimisión y aguantar la presión hasta al próximo día 8 de Octubre, mal haría la oposición en boicotear la segunda vuelta, brindando al igual que el Cholo al Chino en Perú, la posibilidad de legitimar una victoria fraudulenta. A menos de dos puntos para alcanzar la mayoría absoluta y con todos los pronunciamientos a su favor de otros candidatos, en especial de los radicales serbios, resultaría enormemente difícil para Milosevic encontrar el medio de fabricarse una victoria. Medios próximos al SPS habrían intentado ya negociar el reconocimiento de su derrota en las elecciones locales a cambio de aceptar la segunda vuelta de las presidenciales. La posibilidad de quedar totalmente al descubierto y sin ninguna capacidad de negociación, abriga otras hipótesis, incluída un autogolpe, pero carecería de apoyos suficientes para llevarlo a cabo.

Sea cual fuere el desarrollo de los acontecimientos, los días de Milosevic parecen contados. Ello no debiera transportarnos a una visión idílica de los Balcanes, pues en la región sobrevivirán por mucho tiempo actores y políticas tan responsables como el de los grandes dramas vividos en la última década.

Xulio Ríos es director del IGADI (Instituto Galego de Análise e Documentación Internacional).Volver ó índice


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ÚLTIMA REVISIÓN: 01/10/2000