| Presenza-Opinión |
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| Narco-diplomacia y dominación en el contexto de la Administración Obama Alejandro L. Perdomo Aguilera (igadi.org, 30/12/2011) |
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En el contexto de la Administración Obama, el gobierno de los Estados Unidos ha ido perfilando su geo-estrategia de dominación hacia México y la subregión centroamericana, utilizando su cooperación en la lucha contra el narcotráfico como un elemento de justificación político-diplomática con varios objetivos. Entre estos son identificables, la necesidad de lograr una mejor imagen en América Latina, mejorar su estado de control político y militar sobre la región, evitar el fortalecimiento de procesos políticos antagónicos a su proyecto imperial y consolidar su concepción geoestratégica y geopolítica en Latinoamérica. Para ello, el traspatio resulta vital, de manera que la estrategia a seguir para México y Centroamérica ha tenido varios pilares, en torno a la polémica Iniciativa Mérida. La Iniciativa Mérida, surgida en 2007 como producto de un acuerdo bilateral entre el presidente mexicano Felipe Calderón y el -en aquellos momentos- presidente estadounidense George W. Bush, ha constituido el escudo político-diplomático para el incremento de la dominación estadounidense en México y Centroamérica. Sin embargo, el centro de esta breve reflexión abarcará solamente a México, por las características singulares que presenta para los intereses de los Estados Unidos. Indudablemente la “ayuda” financiera y técnico profesional que le pueda facilitar el gobierno estadounidense a ese país resulta bien necesaria, sin embargo, ello no debe prescindir de consideraciones respecto a las importantes cuotas de soberanía que “cede” por ello. Haciendo un análisis más pormenorizado hacia los derroteros de la Iniciativa Mérida, podemos percatarnos de la inefectividad de sus pilares, los cuales se orientan únicamente hacia algunas expresiones del problema y no a la esencia del mismo. En ese sentido, se dejan a un lado las dificultades sociales y económicas que existen en México, obviando así, como un fenómeno crucial para el incentivo al narcotráfico, los altos índices de desempleo, las apoteósicas desigualdades sociales y la pobreza perenne en el agro mexicano, que hacen sumamente tentadora la producción y el tráfico de drogas. Esta área base de los profundos problemas que presenta el estado y la sociedad mexicana en la actualidad, son subvaloradas por las estrategias concebidas por los Estados Unidos en la Iniciativa Mérida. Con estas carencias las limitantes que presenta la Iniciativa, hacen inefectivos los pilares concebidos en la misma. La funcionalidad de los pilares resulta verdaderamente cuestionable, presentando (en el pilar I) la aspiración de disminuir la capacidad operativa del crimen organizado, mediante la captura y formal prisión sistemática a los cabecillas. La Iniciativa Mérida es una estrategia de seguridad hacia México y Centroamérica, también, un mecanismo para asegurar los intereses de EE.UU. en la subregión. Definitivamente viendo como centro del combate al narco, la captura de los cabecillas y la erradicación de algunos cárteles, solo se atacan las expresiones de los problemas, dejando latente en la sociedad las motivaciones que generan la producción y el tráfico. No obstante, la mayor cantidad de fondos aprobados para el año fiscal 2010, continúa destinándose dicha temática.2 En el tercer pilar de la Iniciativa queda expuesta la necesidad de crear una estructura fronteriza que facilite el comercio y el movimiento de personas legítimos al tiempo que se restringe el flujo ilícito de drogas, personas, armas y dinero. Sin embargo, el tratamiento xenófobo y discriminatorio que se recibe en las fronteras, la aprobación de la Ley de Arizona y su posible réplica en otros estados de la Unión, denotan la imposibilidad de conciliar un convenio en igualdad de derecho para ambas partes. De manera general los pilares de la Iniciativa quedan frustrados desde la misma metodología en que se aplica el combate al narcotráfico, “recomendando” formas de gobierno, para el fortalecimiento de la institucionalidad y del estado de derecho, que se inmiscuyen en los asuntos internos de México, acorde con los estándares de la democracia neoliberal y consecuentes con los intereses políticos e inversionistas de EE.UU. en ese país. En esa arista se halla el delicado estado de gobernabilidad existente en México, factor que posibilita un mayor grado de imposición por la parte estadounidense, que perjudica la soberanía. Al tema de la gobernabilidad se le da un tratamiento en conveniencia a los intereses del país “cooperante”, infiriendo trasformaciones que, lejos de fortalecer la institucionalidad y el estado de derecho, denotan la dependencia del Estado mexicano a los designios del gobierno estadounidense. En resumen, la Iniciativa es un instrumento político diplomático de perfeccionamiento de la dominación imperial de los Estados Unidos sobre México y que se expande por la subregión centroamericana. Desde esta óptica, la Iniciativa resulta el instrumento llamado a manipular la crítica situación que enfrenta el Estado mexicano, con estrategias que persiguen mejorar la imagen del gobierno de Estados Unidos en la región y el refortalecimiento de su hegemonía. Indudablemente el dilema de la independencia entra en peligro con la Iniciativa, que desde sus cuatro pilares, presupone la implantación de un estado de derecho a la usanza neoliberal, midiéndose la efectividad institucional mediante los patrones de la democracia neoliberal. El compromiso bilateral establecido por EE.UU. canalizar fonos para la lucha contra el llamado narcotráfico, ha alentado un plan que posibilita a ese país, la intromisión en los asuntos internos de México y Centroamérica, amenazando su soberanía y autodeterminación en los asuntos internos de estos países. Pero el problema del narcotráfico se ha hecho más álgido en 2011, al confluir los problemas del crimen organizado trasnacional con el contexto de crisis de la economía global, que ha fomentado el impulso de los cárteles del narco en el norte de México, con oleadas de violencia que ponen en duda la gobernabilidad de ese país, y presentan la incógnita, de ver a México como un estado fallido, con una crisis de gobernabilidad arreciada por la debilidad político institucional incapaz de combatir el tráfico de drogas ilícitas (TDI) y otros delitos conexos, de una manera coherente, que arroje resultados positivos a largo plazo. La co-responsabilidad del gobierno de los EE.UU. en la lucha contra el TDI y el trasiego de armas en México, merita otras reflexiones en torno a las negativas consecuencias del estado de dependencia histórica establecida entre México y los EE.UU. La distribución de los 1400 millones de dólares para México y Centroamérica en un período de tres años (2001-2010); ha estado centrada en combatir las expresiones del problema, priorizando los fondos para la preparación de las fuerzas policiales mexicanas así como su equipamiento tecnológico, otorgándole gran cobertura a las empresas probadas de seguridad militar a su servicio. Incluso al interior del Congreso estadounidense se han tenido dudas acerca de la efectividad de la Iniciativa Mérida, lo que fue expuesto en un informe del Congreso de EE.UU. por el demócrata Eliot Engel quién señaló: "Casi tres años y mil 600 millones de dólares después, nuestra asistencia antidrogas para México y América Central carece de mediciones de los logros fundamentales".3 Durante la Administración Obama, se han hecho frecuentes los viajes de altos funcionarios del Departamento de Estado y el de Defensa a Latinoamérica, destacándose los periplos de Hillary Clinton, con un incierto discurso de seguridad, que ha alarmado Centroamérica. Con ello, se ha pretendido influir en el mejoramiento de la imagen estadounidense en la región, y lograr credibilidad, teniendo un papel activo en las Conferencias y Eventos regionales que se han celebrado. De estas, llama la atención para el caso centroamericano, el IV Diálogo SICA-EE.UU. la Conferencia de Caminos por la Prosperidad y la Conferencia de Seguridad, donde se ha abogado por un mayor control de la zona a partir de las propuestas comerciales establecidas y han apostado por cooptar al empresariado de la subregión, en un intento de que los intereses de clase tengan un mayor peso en las políticas, que el sentimiento de nacionalidad. La insistencia en adecuar el estado de derecho de los países y debilitar sus leyes aduanales, para obtener una mayor libertad jurídica en sus incursiones ha sido una de las temáticas abordadas en estos intercambios, siempre con la un discurso esperanzador de potencializar nuevas vías de desarrollo comercial en lo cual obviamente están implicadas la prioridades de pretenciosas agencias como la USAID y la CIA. Sin embargo, México no había tenido una visita importante hasta el impacto en la opinión pública, de la oleada violencia en México y el sospechoso accidente dode falleciera, el Secretarios de Gobernación,José Blake Mora y de los funcionarios Felipe Zamora, Subsecretario de Gobernación y el coordinador de comunicación social José Alfredo García, reflejan el ambiente de inestabilidad que padece el país. Llama poderosamente la atención que el último mensaje enviado por la red social Twitter que aparece en la cronología del funcionario (@FBlakeM), hace alusión al accidente del avión donde viajaba el entonces secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño y el fiscal antidrogas, José Luis Santiago Vasconcelos, el 4 de noviembre de 2008. Si todo se hubiera limitado a esto fuera simple, mas la alusión a otro ussuaro de las redes sociales, en un Tweet, bajo el seudónimo de @Morf0, adelanataba alrededor de 14 horas la noticia del accidente: “Mañana a las 11/11 les caerá un secretario del cielo… evite reforma”5. Esta situación refleja el complejo panorama que presenta la región. Todo ello ante un mundo mediatizado por el poderío de los medios de comunicación y la utilización del Derecho Internacional Público al antojo de los intereses de las potencias imperiales. Por otra parte, no debe olvidarse los lazos históricos de dependencia y dominación de México con los Estados Unidos. El hecho de compartir fronteras y ser un aliado estratégico conlleva a un mayor nivel de compromiso con esa sociedad por parte de los EE.UU., sobre todo, porque la crítica situación vivida en el norte de México, se entiende también, como un problema para la seguridad nacional de los Estados Unidos.
Fuentes Consultadas:
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| Alejandro L. Perdomo Aguilera | ||||||||
Instituto Galego de Análise e Documentación Internacional www.igadi.org ÚLTIMA REVISIÓN: 01/12/2011
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