| Igadi na Rede / Presenza-Opinión - Obama “descubre” Afganistán |
| Obama “descubre” Afganistán Roberto Mansilla Blanco (Revista ZETA-Venezuela. 28/01/2010) |
La inédita oferta de los comandantes militares de EEUU y la OTAN en Afganistán de negociar con los grupos talibanes para alcanzar una posible tregua que permita un hipotético acuerdo político, supuso el principal factor de atención de la cumbre sobre Afganistán realizada el jueves 28 de enero en Londres. Este sorprendente giro de los altos mandos militares occidentales en Afganistán, con el aval del presidente Barack Obama, coincide en un momento clave para su presidencia, en especial ante los recientes roces con los principales bancos estadounidenses por su política económica y ante la próxima votación parlamentaria sobre la ampliación del programa sanitario, que tanta polémica política ha provocado en EEUU. La “afganización” del conflicto Pero habría que pulsar hacia dónde se dirige esta, quizás, última carta política de Obama orientada a dar curso a una nueva estrategia de estabilización de Afganistán. No deja así de ser relevante que fueran los generales estadounidenses con mayor peso militar en el país centroasiático, Stanley McChrystal y David Petraeus, jefes del Comando Central de la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad (ISAF) de la OTAN y la ONU, los que declararan el pasado 26 de enero sobre la posibilidad de “negociar la paz con los talibanes” y que, por lo tanto, “había llegado el momento para ello”. De ser esto posible, Afganistán conocería el giro estratégico más importante desde la invasión occidental en 2001. Tras conocerse las declaraciones de los generales estadounidenses, la ONU retiró de su “lista negra” sobre terrorismo internacional, a cinco altos jefes del régimen talibán que gobernó en el país centroasiático entre 1996 y 2001. Si bien en esta lista todavía figuran 144 altos cargos de los talibanes, entre ellos el mulá Mohamed Omar, así como 257 miembros de Al Qaeda, uno de los cinco beneficiados por esta decisión, Abdul Wakil Muttawaki, ex ministro de Exteriores de los talibanes, dio la bienvenida al nuevo marco estratégico de la ONU. Paralelamente, es notorio considerar cómo repentinamente Obama ha cambiado la dialéctica hacia los talibanes. Si hace pocos meses el presidente Obama aún hablaba de derrotar al “núcleo duro de los talibanes”, colocando a Afganistán en el epicentro de la inestabilidad mundial, ahora su secretario de Defensa, Robert Gates, llegó a reconocer el rol de los talibanes “en el tejido político afgano”, avalando con esto los contactos iniciales destinados a propiciar la negociación de paz. Un nuevo baile de alianzas Esta serie de movimientos daría a entender diversas perspectivas e intereses conjuntos. En primer lugar, podría considerarse la posibilidad de un acuerdo táctico entre EEUU y Rusia con respecto al espacio euroasiático, muy probablemente fraguado tras la visita de Obama a Moscú en julio de 2009. Con ello, el Kremlin parece no oponerse a los planes de Washington en Afganistán y Asia Central, siempre y cuando EEUU no se inmiscuya directamente contra los intereses rusos en el espacio euroasiático ex soviético. Este acercamiento ruso-estadounidense se ampliaría en cuanto a la política de Washington hacia Irán, tomando en cuenta el posible apoyo de Moscú a la ampliación de sanciones de la AIEA con Teherán. Otro actor a tomar en cuenta es Turquía, cuya implicación diplomática es notoria en el nuevo curso estratégico en Afganistán a favor de los intereses de Washington. En su camino a Londres, el presidente afgano Hamid Karzai se reunió en Ankara con el ministro de Exteriores turco Abdullah Gül, donde plantearon un marco de actuación ampliado hacia Pakistán y Asia Central, a fin de fortalecer las perspectivas de negociaciones hacia un posible acuerdo político en el conflictivo mosaico étnico y tribal afgano. De igual modo, Karzai acudió a la cumbre de Londres con el expreso deseo de verse totalmente legitimado por la comunidad internacional, tras las polémicas elecciones de agosto de 2009 y las acusaciones de fraude, así como las denuncias de corrupción, presunto autoritarismo y falta de control de las estructuras administrativas del débil Estado afgano impuesto tras la guerra de 2001. Así, Karzai está logrando convencer a la ONU y a EEUU para eliminar de la famosa “lista negra” a diversos miembros de la elite talibán que, paralelamente, forman parte de la etnia pashtuna, la mayoritaria en el país y la políticamente más influyente. Con ello, Karzai espera convencer a esta jerarquía talibán y a sus milicias a incluirse en las aún débiles estructuras administrativas del actual gobierno afgano, a través de ofertas de empleo y dinero. Con ello, espera aplicar una medida que le podría ayudar a ampliar sus apoyos políticos entre los diversos clanes de la etnia pashtuna, así como consolidar su posición presidencial ante sus más acérrimos rivales. Finalmente, Karzai logró postergar las elecciones parlamentarias afganas de mayo a septiembre de 2010, ante las fuertes presiones occidentales por la posibilidad de que se repitieran las acusaciones de fraude realizadas por la oposición tras los comicios presidenciales del año pasado. En tercer lugar, Obama necesitaba dar otro golpe mediático que modificara el curso de una guerra cada vez más incomprendida e impopular. Tras las fuertes críticas recibidas a finales del año pasado, una vez recibiera el Premio Nobel de la Paz al mismo tiempo que anunciaba el envío de un elevado contingente militar a Afganistán, Obama buscaba resarcirse políticamente con un acuerdo político ampliado en Afganistán que permitiera, incluso, reconocer la potencialidad de influencia política y la capacidad de actuación de los talibanes. ¿Tiene futuro este plan? Precisamente, un escenario interesante se presenta actualmente con la dirigencia talibán ante su posición con respecto a este plan de negociación y las repercusiones que tendrá en sus relaciones con Al Qaeda, en especial ante los recientes mensajes presuntamente enviados por su máximo líder Osama ben Laden, de ataques terroristas contra objetivos estadounidenses y occidentales. Dos días antes de la cumbre de Londres, y para dar muestras de consolidación de esta nueva estrategia, la canciller alemana Ángela Merkel se reunió en Berlín con Karzai, a fin de fortalecer esta posibilidad de negociación con los talibanes, así como dar curso a una posible retirada militar alemana de Afganistán para 2011. Merkel aseguró al presidente afgano que este plan cuenta con el apoyo de Francia y Gran Bretaña, así como con cierta receptividad por parte de EEUU. Berlín quiere un Afganistán pacificado y estable para 2011, con unas fuerzas armadas y policiales propias y eficaces, para así poder iniciar una retirada militar que frene las fuertes presiones desde la opinión pública alemana. Pero lo importante es determinar hasta dónde llegará esta posición de flexibilidad política de Washington con respecto a los talibanes, un giro que modifica radicalmente el panorama afgano, o si bien el mismo corresponde a una “cortina de humo” destinado a lograr mayores apoyos en la cumbre de Londres. La ISAF y el propio Karzai parecen reconocer oficialmente su imposibilidad para derrotar a los reductos talibanes, especialmente en la porosa frontera afgano-paquistaní, la cual Kabul no ha podido controlar. Por lo tanto, Washington podría estar midiendo un posible pacto para compartir las instancias de gobierno de Karzai con los talibanes y sus aliados en la etnia pashtuna, quizás con el velado objetivo de alejarlos de la influencia de Al Qaeda y otros grupos islamistas radicales en Asia Central. Otra incógnita puede establecerse ante la real capacidad de influencia de tendría Karzai para convencer a los demás actores políticos afganos, en especial a los “señores de la guerra” uzbecos e tayikos, de comenzar negociaciones con los talibanes. Con diversas fricciones hacia los talibanes en los últimos años, varios líderes militares como el comandante Abdul Rashid Dostum, jefe de la poderosa Alianza del Norte y nombrado recientemente por Karzai como jefe del Estado Mayor afgano, han llegado a negociar directamente con los talibanes a fin de mantener posiciones militares tácticas, incluso sin contar con el aval de Karzai. Paralelamente, Dostum es acusado por ONGs internacionales de numerosas violaciones de derechos humanos durante el conflicto afgano. Puede así que la “rama de olivo” de Obama a los talibanes permita dar un curso absolutamente inesperado para Afganistán. Pero el problema estará en la dinámica de las eventuales negociaciones y los intereses de cada uno de los actores dentro de un conflicto inacabado. Tanto como en sus medidas y programas de reestructuración económica y el futuro de su polémica reforma sanitaria, Obama se juega en Afganistán muchas cartas y, probablemente, gran parte de su prestigio y futuro político.
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Roberto Mansilla Blanco es analista del IGADI. |
| 29/01/2010 (c) Igadi, Instituto Galego de Análise e Documentación Internacional, www.igadi.org |
| http://www.igadi.org/artigos/2010/rm_obama_descubre_afganistan.htm |