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Migración a Israel de árabes judíos durante el siglo XX
María Vila Rebolo (igadi.org, 24/03/2008)
 
 

  Oleada migratoria de yemeníes a Israel; clic para aumentar
Oleada migratoria de yemeníes a Israel.
Mujer árabe haciendo pan en un moshav; clic para aumentar
Mujer árabe haciendo pan en un moshav.
Dos amigos yemeníes, uno musulmán y otro judío; clic para aumentar
Dos amigos yemeníes, uno musulmán y otro judío.
Niños que viven actualmente en el Yemen; clic para aumentar
Niños que viven actualmente en el Yemen.
 
Debido a la presunta escasez de fuentes documentales verídicas lo que presento a continuación es un esquema-invitación a conocer más sobre las comunidades judías del mundo árabe que ya han desaparecido o están en peligro de desaparición. Y digo presunta porque existen intereses en que se desconozca lo qué realmente pasó con la inmigración de las personas árabes judías que se vieron obligadas a emigrar a Israel después de 1948.

Llamadas también mizrahim, son todas aquellas personas judías que vivían en tierras árabes, aunque dentro se incluyan muchas comunidades, entre ellas los judíos no sefardíes, los persas, los de Baheren, los de la India y el Kurdistán, entre otras.

No son sefardíes porque las sefardíes son las descendientes de aquellas personas expulsadas de España durante la inquisición española y portuguesa, pero a veces se les denomina así por exclusión a las asquenazíes.

El término mizrahim data del establecimiento de Israel, comúnmente se les denominaba judíos árabes. De hecho, muchos se identifican hasta hoy por afinidad a su país de origen o de sus ancestros más cercanos, ejemplo de los judíos iraquíes, tunecinos o persas que conservan tradiciones y prácticas particulares de su cultura.

La coexistencia de los judíos en los países árabes finalizó con la creación del estado de Israel en 1948 y las subsecuentes oleadas de migración, que esencialmente mermaron el mundo árabe de sus poblaciones judías. La mayoría de los árabes judíos salieron de sus países de nacimiento a partir del establecimiento del estado de Israel. Hoy sobre 40,000 judíos permanecen en comunidades del mundo árabe, principalmente en Irán, Uzbekistán, y Azerbaiyán. La emigración continúa, principalmente, a Israel y a Estados Unidos.

Por tanto, a partir del año 1948 se producen las allyah u oleadas migratorias hacia Palestina. La séptima estaba formada por judíos procedentes de países árabes, sobretodo del Yemen, Irak y del norte de África. De 1948 a 1951 (durante 3 años) emigraron a Palestina 684.000; de 1955 a 1957 (durante 2 años) emigraron 161.000 y desde 1961 a 1964 (durante 3 años) emigraron 220.000 judíos orientales.

Se calcula que en 1970 había en Israel 2.561.400 judíos sobre una población total de 3.001.400 israelíes. 1.182.800 habían nacido en Israel, de los cuales 556.600 eran de padre originario de África o Asia. De 1.378.600 nacidos en el extranjero eran originarios de África 357.000 y de Asia 317.200.

En total 1.230.200 judíos de origen oriental, que formaba el 48% de la población judía israelí.

Los israelíes cuyos padres habían nacido en Israel eran 203.000 y representaban tan sólo el 8% de la población judía israelí.

La posición ideológica que se mantuvo para el establecimiento del país fue que éste serviría como una “pota de fusión” en la formación de una nueva cultura e identidad israelí, la cual debía ser adquirida por todos los inmigrantes después de haber olvidado sus propias viejas culturas. Esta actitud oficial ciertamente no prestó atención a los problemas personales y mundanos, particularmente a la luz de la concepción de que la cultura de los no europeos era no existente y por lo tanto no era merecedora ni digna de ser preservada o documentada. Con la excepción de las tradiciones orales, cualquier otra vía de folclore fue denegada. A pesar de ello, algunas prácticas culturales fueron mantenidas, particularmente la danza y artesanía de los yemenitas que fueron seleccionados entre los grupos no europeos como los “auténticos” mantenedores de la pura tradición judía.

La decisión de emigrar a Israel estuvo basada en una combinación de factores, incluyendo aspiraciones religiosas mesiánicas, ideología sionista, la exaltación post 1948 sobre tener un estado judío independiente y el creciente sentimiento de no ser bien recibidos en el mundo árabe.

Muchas historias narradas por los judíos árabes hablan de desilusión a la llegada a la Tierra Prometida, desilusiones personales, desilusión por el racismo institucionalizado y por la crueldad sionista. El principal interés que Israel tenía en los judíos orientales era el abastecimiento de mano de obra barata especialmente para el trabajo de las granjas que suponía un trabajo degradante para los judíos del este de Europa. Ben Gurion necesitaba a los judíos orientales para cultivar las miles de hectáreas de tierra que los palestinos habían abandonado al huir de las fuerzas armadas de Israel en 1948.

El Sionismo había interesado menos a los judíos orientales que a los judíos europeos. En su inmensa mayoría, la razón para su indiferencia simplemente fue que, históricamente, ellos no habían sufrido nada como la persecución y la discriminación de sus hermanos con la cristiandad europea. El prejuicio existía, pero sus vidas, eran en general, cómodas y sus raíces eran profundas.


Irak, Túnez...

Los judíos han estado en Irak por más de 2,600 años, 600 antes del cristianismo, y 1200 años después del Islam. A pesar de que los judíos, como otras minorías experimentaron periodos de opresión y discriminación dependiendo de los gobernantes, su trayectoria, en general, durante 2.500 años fue ascendente. Por ejemplo, bajo el imperio otomano, las escuelas, instituciones y centros médicos judíos florecieron sin interferencias extranjeras, y los judíos fueron prominentes en el gobierno y los negocios.

Yéndonos a Túnez, a pesar de que los judíos mantuvieron una identidad religiosa separada y se resistieron a la asimilación dentro de la sociedad musulmana, su cultura estuvo influenciada por esta sociedad, particularmente en la vida cotidiana. Con el tiempo, emergió una simbiosis cultural judeo-islámica, principalmente en áreas no normativas. Los judíos y musulmanes de Túnez comparten muchos de los mismos modelos de residencia, de religión como tradición, de folclores orales y creencia en los demonios. La población judía de Túnez vivía mayoritariamente en la capital y en la isla de Jerba, por lo que siendo urbanitas trabajaban como mercaderes, artesanos o profesionales, los agricultores judíos eran una minoría. La migración a Israel supuso, para muchos, entre otras cosas, ajustarse a la vida en una granja comunal, moshav; trabajar la tierra se veía como una manera de transformarlos de judíos en el “exilio” a hebreos enraizados en su propia tierra.

Además de los cambios en sus trabajos y residencias, de los ajustes a un nuevo país y cultura, los inmigrantes no europeos tuvieron que lidiar con las diferentes percepciones de los diferentes orígenes étnicos. Esta distinción socio-cultural y económica todavía existe especialmente entre asquenazíes y sefardíes. El ambiente euro-céntrico de los representantes gubernamentales fue mucho más evidente durante los primeros años del estado, y a pesar del incremento demográfico y del poder político de los sefardíes y de los judíos orientales el vacío social, económico y educacional continúa existiendo en Israel. Por ejemplo, el número de árabes judíos que acceden al parlamento israelí, todavía permanece limitado para los no asquenazíes.

La gente del mismo origen étnico se asentó en moshavim donde existía un mínimo contacto con los “otros”, pero los prejuicios eran mostrados, explicita e implícitamente por los representantes del gobierno, por ejemplo en aquellas personas enviadas a ayudar a los inmigrantes en su proceso inicial de adaptación, enseñaban a las mujeres una nueva dieta con ingredientes locales y daban consejos sobre cuidado de los niños y niñas, incluso en esferas exclusivas de la mujer. En algunos casos, estas consejeras eran más jóvenes que los hijos de los inmigrantes y denigraban el conocimiento y comportamiento tradicionales. El lado positivo fue que trabajando y ganando nuevos conocimientos las mujeres adquirieron más responsabilidades en los asuntos familiares y redujeron la autoridad del hombre. A pesar de todo, el enfoque de la vida de estas mujeres permaneció constante.

Los judíos de Marruecos, Irak, Túnez y Libia experimentaron un tratamiento similar durante la inmigración en Israel.

Para terminar esta breve introducción y recuerdo a los judíos árabes del mundo, una poesía de una mujer iraquíe, Nava Abdallah, que tuvo que emigar a Israel, pienso que en sus versos transmite muy bien el caos que Israel formó entre los mizrahim.

Ser un judío árabe.
¿Cuál es el título?
¿Qué significa?
¿Eres árabe? ¿Eres judío?
¿Dónde estás?
¿Cómo puede ser, incluso?
Tú eres o árabe o judío.
Porque hay un conflicto árabe judío.
Pero yo soy un judío árabe,
porque Farha Abdallah
vino de Irak
el cual es un país árabe.
Por supuesto cuando llegó a Jerusalén,
ella se volvió Farha Mizrahi.
Ella es judía.
Ella ha estado en la sinagoga
cada viernes noche y sábado por la mañana.
Ella respeta el kosher.
Su lengua es árabe.
La música que escucha es en árabe.
Y su conexión con el gran mundo
es a través del departamento árabe
de la televisión israelí.
Desde que ella vive en Jerusalén,
pudo disfrutar algún otro
programa de la TV de Amman.
No he crecido hablando árabe
y a través de mi infancia,
no fui capaz de comunicarme con mi abuela.
Mis padres querían que hablase hebreo
luego fui a la escuela y aprendí inglés y francés.
Árabe nunca fue una prioridad para ellos.
En la barriada en la que vivíamos,
gente de Persia, kurdistán, Marruecos, Irak Egipto, Buharen, Yemen
vivían uno cerca del otro
y en lugar de una multi-cultura
oíamos la radio nacional sonando
música europea e “israelí”.
Y luego estaba el departamento de árabe
pero realmente no lo escuchas
porque en las barriadas todo el mundo podía oír
Lo que tu escuchas – y tu eres,
avergonzado de ser cogido
Siendo un judío árabe.

 
 

María Vila Rebolo, colaboradora do Igadi.

 
 

 

Bibliografía:

E. Hyman, Paula, Gender and Assimilation in Modern Jewish History. The roles and representation of women. Seattle and London, University of Washington Press,1995.

Editado por Kaye , Melanie / Kantrowitz , Klepfisz Irena. The tribe of Dina. A Jewish women’s anthology. Boston, Bacon Press, 1989.

Küng, Hans. El Judaísmo. Pasado, presente y futuro. Madrid, Editorial Trotta,1998.

Marx, Karl. Sobre la cuestión judía. Buenos Aires, Prometeo Libros, 2004.

Presentación de Mony Elkaïm. Panteras negras de Israel. Ediciones de la Flor. Buenos Aires, 1973.

Naveh, Hannah Editor. Gender and Israel society. Women’s time. Antony Rowe Ltd., Gran Bretaña, 2003.

Esther Schely-Newman. Our lives are but Stories. Narratives of Tunisian-Israeli women, Detroit, Wayne State University Press, 2002.

Stuart Z. Charmé, Varieties of Authenticity in contemporary Jewish Identity.

http://www.ugr.es/~aramos/.

 
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