| Presenza-Opinión / Oriente Medio |
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| Kurdistán: ¿hora cero? Por Roberto Mansilla Blanco (Gloobal, 28/05/2007) |
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El reciente atentado en un centro comercial en Ankara, capital turca, con saldo de cinco muertos, y la renovación de los violentos combates en el Kurdistán turco, al sureste del país, entre el Ejército y la guerrilla independentista kurda del PKK, son acontecimientos que pueden dar paso a una confrontación mayor, reflejada en una eventual invasión militar turca del Kurdistán iraquí. Las autoridades turcas culparon al PKK del atentado en Ankara, lo que llevó al acosado primer ministro islamista Recep Tayip Erdogan, a respaldar las declaraciones emitidas hace días por el jefe del Estado Mayor militar, general Yasir Buyükanit, de una posible invasión militar turca del Kurdistán iraquí. En este sentido, el problema kurdo parece dar paso a una insólita conjunción de intereses entre Erdogan y Buyükanit, los dos principales actores que rivalizan actualmente en la crisis política turca iniciada en mayo pasado, con el intento de Erdogan de nominar a un candidato islamista a la presidencia de la República. Por paradójico que resulte, la crisis kurda puede constituir un bálsamo momentáneo para remedir la crisis política turca. Una hipotética invasión militar turca del Kurdistán iraquí trastocaría dramáticamente la coyuntura política y el mapa geoestratégico en Oriente Medio. Concentrados en incluir a Siria e Irán dentro de un marco de negociación sobre la estabilización en Irak, EEUU y Europa intentan persuadir, con ciertos visos de desesperación, a la casta militar turca para evitar una invasión militar que bien podría confirmar la fragmentación territorial del Irak post-Saddam. La amenaza militar turca, que podría tener su ampliación si Irán decide hacer lo mismo, sorprende a los kurdos iraquíes en vísperas de un decisivo referéndum autonomista en la región de Kirkuk, rica en yacimientos petrolíferos y motivo de interés para EEUU y otras potencias occidentales, así como para el gobierno de Bagdad. No sólo está el tema energético sino la creación de un marco de gobernabilidad que garantice la convivencia entre la mayoría kurda y las demás comunidades étnicas y religiosas del Kurdistán iraquí (árabes, turcomanos, caldeos, yezidis, chiítas y asirios), cuyas tensas relaciones pueden provocar un conflicto interno de elevada magnitud. No obstante, la relativa calma y pacificación en el Kurdistán iraquí permite a este territorio ser un refugio seguro para cientos de miles de sunnitas que huyen de los combates en Bagdad y otras ciudades. Pero este éxodo masivo de sunnitas y otras comunidades al Kurdistán iraquí puede también crear fuertes presiones demográficas que alimenten situaciones conflictivas. Recientemente, las autoridades del Kurdistán iraquí, que prácticamente gozan de una autonomía de facto desde 1991 y que se han visto enormemente beneficiados tras la caída del régimen de Saddam Hussein, anunciaron la suscripción de un acuerdo de explotación petrolífera por parte de una compañía noruega, de los yacimientos de Tawke, al norte de la región. Tomando en cuenta su potencial capacidad energética, los líderes kurdos de Irak no ocultan su pretensión en hacer del Kurdistán un “nuevo Dubai”, rico en petróleo e infraestructuras. Un Kurdistán independiente al norte de Irak también podría servir a Occidente en su estratégico plan de distribución de oleoductos y gasoductos desde el mar Caspio, así como para la canalización de conexiones hidráulicas del norte de Irak, a través de los ríos Tigris y Éufrates. Si Turquía e Irán deciden invadir el Kurdistán iraquí, no sólo propiciarían un marco de tensiones con Occidente sino con Israel. Desde el final de la guerra de 2003, ha sido cada vez más notoria la presencia de técnicos militares israelíes y agentes del Mossad en el Kurdistán iraquí, en principio destinados a apoyar logísticamente a las milicias kurdas contra el régimen de Saddam Hussein. Actualmente, la presencia israelí en el Kurdistán iraquí manifiesta una especie de “colchón” estratégico dirigido a eventuales acciones desestabilizadoras contra el régimen islámico de Irán. El problema se incrementa tomando en cuenta que Turquía es un socio político y militar estratégico para Israel, lo cual complicaría enormemente las tradicionales relaciones diplomáticas entre Ankara y Tel Aviv. En momentos en que se recrudece la violencia en el Líbano y Palestina, Irak camina hacia la desintegración territorial y la ONU asegura que Irán ha incrementado su capacidad nuclear, EEUU aumenta su presencia militar en el Golfo Pérsico. Con este clima de pre-guerra, una eventual invasión militar turca del Kurdistán iraquí asestaría un duro golpe a la delicada estabilización regional, así como a los sueños kurdos de alcanzar un Estado independiente. |
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