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Ambiciones en torno a Corea
Por Xulio Ríos (Diario El Correo, 03/07/2004)
 
 

China ha pedido a todas las partes (China, Corea del Norte y del Sur, Japón, Rusia y EEUU) implicadas en las conversaciones a seis bandas (Six Party Talks) sobre el futuro de la península coreana, una “expectativa razonable” para que las negociaciones retomadas esta semana puedan seguir avanzando. Esta es la tercera ronda de conversaciones que se celebra con este formato y deberían verse los primeros frutos palpables. Las primeras dos rondas de negociaciones tuvieron lugar también en la capital china del 26 al 28 de agosto del año pasado, y a finales de febrero del presente año. En ellas se alcanzó un consenso para establecer un grupo de trabajo, que celebró su primer encuentro entre el 12 y el 15 de mayo en Beijing.

A juzgar por las declaraciones previas, unos tienden al optimismo (Rusia), otros son pesimistas (Japón), mientras predominan los escépticos (EEUU y Corea del Sur). El bloque “occidental” (Japón, Corea del Sur, EEUU) se presenta en la mesa de negociaciones con sus posiciones coordinadas en una reunión previa. Las diferencias entre EEUU y los socios locales se han venido manifestando desde hace tiempo, agrandadas por la actitud inquisitiva de la Administración Bush, sensiblemente moderada en las últimas semanas.

Sabido es que prácticamente nadie cree ni desea una unificación ni a corto ni a medio plazo. Ese asunto no está en la agenda, aunque planea sobre ella como una sombra inevitable. De lo que se discute es de la defensa pacífica del statu quo y de la implementación de medidas de confianza que garanticen el control de una rivalidad que de desbordarse puede causar inmensos cataclismos en toda la región de Asia oriental. Profundizar en el proceso iniciado en 2000 después del encuentro entre los dos Presidentes Kim, para que la cooperación económica y humanitaria abra paso al tratamiento de las diferencias políticas, hoy insalvables, que separan a las dos Coreas, parece una “expectativa razonable”, en la línea de lo expresado por la diplomacia china.

Un problema se sitúa en Corea del Norte, con su programa nuclear y balístico que utiliza como caja de resonancia para su inquietante situación interna. El otro está en Corea del Sur. La alianza militar con EEUU se halla en el centro de la política defensiva de Seúl. El tratado de defensa mutua, firmado por los dos países en 1953, se traduce en la subordinación de las fuerzas surcoreanas a un mando estadounidense, en tiempos de crisis y de guerra ¿Será por eso que Pyongyang reclama insistentemente hablar cara a cara con Washington?. 37.000 soldados –a expensas de las reducciones ya anunciadas- permanecen en suelo surcoreano. Pyongyang acusa a Washington de disponer de armamento químico al sur del paralelo 38.

China aparece como la gran beneficiaria de la aproximación entre las dos Coreas, gracias a la sunshine policy del Sur y la dudosamente sincera mejor disposición del Norte. La influencia de Beijing aumenta y se impone por el momento a la que puedan ejercer EEUU o Japón. Una Corea reunificada militar y económicamente representa el peor de los escenarios deseados por Tokio, pero tampoco interesa a China que rechazaría la absorción del Norte por el Sur (eso significaría hoy la unificación) perdiendo la protección de un Estado tampón que le garantice una protección natural muy necesaria en su costa oriental. No obstante, la situación actual es demasiado volátil para garantizar la paz y la mejor forma de conjurarla consiste en impulsar el diálogo y el desarrollo económico, con el apoyo del Sur.

Recientemente Kim Jong-il cumplimentó a los nuevos dirigentes chinos para demandar mayor cooperación económica y armonizar posiciones ante esta nueva ronda. Hu Jintao ha pedido al dirigente norcoreano el abandono del programa nuclear a fin de evitar una carrera de armamentos en Asia que amenazaría la estabilidad regional y dificultaría el proceso de modernización chino. En Japón, Pyongyang es el mejor argumento para justificar el fin del pacifismo impuesto a seguir de la segunda guerra mundial.

También en Corea del Sur algunas voces consideran la deriva nuclear a la luz de sus intereses regionales. Una bomba norcoreana sería, en primer lugar, coreana, y no sería utilizada jamás contra coreanos, dicen, sino solo para defender la independencia de Corea y sus intereses contra Japón u otras amenazas potenciales. No faltan quienes imaginan una Corea unida y poseedora del arma nuclear, aún a sabiendas del riesgo de precipitar una orientación parecida por parte de Tokio. Seúl echaría sus cuentas: es Corea del Norte quien pagará y soportará el bloqueo internacional; será Corea del Sur quien la heredará; la combinación de poder nuclear del Norte y aparato industrial del Sur permitirá a una Corea reunificada convertirse en un actor muy importante en el escenario del Extremo Oriente.

La promoción del modelo chino y el continuo intercambio de visitas tienden a destacar el papel de China y su apuesta por una estabilización basada en el desarrollo económico y quizás en la promoción de un modelo político similar en la perspectiva de una reunificación sobre la base de la fórmula “un país, dos sistemas”. Pero ese futuro, hoy la mejor opción posible, aún está lejos y antes de llegar a él todos los reunidos en Beijing necesitan mucha serenidad y coraje.

 
 

Xulio Ríos es director del IGADI.

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