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Yasín, Aziz y tiro porque me toca
Por Raquel Quinteiro Castromil (Canal Mundo, 15/04/2004)
 
 

La hipérbole obscena que encierra el eufemismo “asesinato selectivo” parece servir de paliativo a la brutalidad que el ejército de Sharon libra contra las autoridades y representantes espirituales de la comunidad palestina, algo que va más allá incluso del sinfín de ocasiones en que el sionismo político ha transgredido las resoluciones de Naciones Unidas que obligan a Israel en tanto que Estado parte.

Los sistemas judiciales basados en el respeto a la ley y al Derecho, reciben sepultura con los cadáveres de Yasin, Aziz o Yaser Arafat, cuyo magnicidio, según sostiene el consejero palestino para la seguridad nacional, Yibril Rayub, es sólo cuestión de tiempo. Arafat, sin embargo, dice guardarse una bala en la recámara para, llegado el momento, no brindarle esa satisfacción a sus verdugos.

El asesinato selectivo no deja de ser en realidad más que un asesinato preventivo, algo tan de moda en los tiempos que corren y tan de uso común para ciertos gobiernos ultraconservadores. Las ejecuciones extrajudiciales son usos consuetudinarios de los regímenes fascistas, no de las sociedades democráticas. Ariel Sharon, está al frente de un gobierno fascista, aunque con eso no descubramos la pólvora. Israel no es bastión de la democracia a las puertas de Oriente Próximo aunque en la tesis contraria se empeñen ciertos analistas internacionales alegando que, el permanente estado de excepción que subyuga al pueblo judío, justifica determinadas acciones de defensa en las que el fin justifica los medios. Por su parte Estados Unidos, en tanto que gobierno bienhechor de Israel, no puede por menos que dar cuenta de las acusaciones que sobre su cúpula recaen al estar actuando en complicidad con el talante criminal del ejecutivo israelí.

Yasin y Aziz, alentaron a lo largo de sus vidas el terrorismo y el fanatismo, pero, ¿acaso no son estos los mismos pecados de Sharon? Llegados a este punto, en el que todo vale, es imposible dejar de sospechar que el Likud es, de facto, una organización terrorista de igual o mayor envergadura que Hamas, Al Fatah o tantas otras. ¿Cómo puede seguir dándose la circunstancia de que Israel siga asesinando sin más?

El de Ahmed Yasín, es un asesinato más que absurdo, sin lógica aparente, teniendo en cuenta sobre todo que el viejo parapléjico estuvo encarcelado por Israel desde 1989 hasta 1997, cuando Benjamín Netanyahu decidió ponerlo en libertad en un canje con Hamas de dos prisoneros israelíes. Suele decirse que las autoridades israelíes no querían dejar que el jeque muriera en prisión para no crear otro mártir. Es exactamente lo que ahora han hecho.

Sin tan siquiera asomar el rubor a sus mejillas, Sharon ha felicitado a las fuerzas de seguridad israelíes por haber acometido con éxito ambos crímenes, alegando que “el pueblo judío tiene derecho a golpear a aquellos cuyo único objetivo es nuestra exterminación". Flaco favor le hace a los suyos al implicar nada más y nada menos que a todo “el pueblo judío” en semejante atrocidad. Tres misiles hicieron falta para acabar con la vida del siniestro líder espiritual de Hamas. Indirectamente, esos misiles están legitimando a la organización terrorista palestina para relanzar su campaña de atentados suicidas, pues, si algo queda claro es que esta desleal práctica del asesinato selectivo está en relación de causalidad con el incremento de los atentados terroristas. La muerte de Yasin primero y Aziz después, está dando alas a Hamas. Unos y otros se empeñan en alimentar la violencia dando continuidad a la madre de todos los conflictos, sin ofrecer, ni por asomo, la más mínima oportunidad a la paz.

Ya se sabe. La paz es el hambre al galope de los asesinos; la guerra, su festín. Es triste pensar que Sharon ronde ya los 80 años, pues, como escribía hace poco Alfredo Conde parafraseando a Neruda “desearíamos que un río de ojos de jóvenes muertos recorra eternamente la piel de los asesinos, (…) ya que no en su conciencia, si en sus ojos eternamente abiertos, abiertos para que puedan contemplar el resultado de la masacre, eternamente”. Desearíamos que Sharon, Yasin, Aziz, Hussein, Amin, Ceaucescu, Mao, Duvalier, Bush, Milosevic, Ben Laden, Pinochet, Somoza, Suharto, Polpot, Jomeini, Cemal y tantos otros, mantuvieran eternamente los ojos abiertos para contemplar la macabra danza mortuoria que arremolina ese río de jóvenes muertos.

 
 

Raquel Quinteiro Castromil é estudiante en prácticas no IGADI.

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