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Sudán: Powell reacciona ante la catástrofe
Por Raquel Quinteiro Castromil (Canal Mundo, 06/07/2004)
 
 

A buenas horas Powell y Annan se han decidido a tomar cartas en el asunto de la vergonzosa catástrofe humanitaria que asola los campos de refugiados de Darfur y más allá, hacia Chad.

El drama sudanés ha saltado por fin a los medios de comunicación. Ahora es cuando comienzan a hacerse eco los mastodontes de la información de los fatales días que sufren los desplazados sudaneses, forzados al desarraigo por las brutales y sangrientas milicias protegidas por el régimen de Jartum.

La prensa y las televisiones de medio mundo han esperado hasta el momento en el que Powell ofrece, y no parece que muy a gusto, un comprometido apretón de manos al sonriente, complaciente y responsable de las matanzas Omar el Beshir, presidente del país. Hasta hoy, el déspota criminal no se ha comprometido a levantar el bloqueo a los convoyes de ayuda humanitaria que intentan llegar hasta las víctimas.

Los medios, ocupados en bodorrios reales y pomposas celebraciones normandas donde algunos lloriqueaban lágrimas falsas recordando los gloriosos días de la liberación de su patria, no han reaccionado antes pese a las reiteradas denuncias de Naciones Unidas y de numerosas Organizaciones no gubernamentales, que vienen alertando del flagrante e impune genocidio desde hace meses.

Hace semanas, Human Right Wacht hablaba de miles de víctimas mortales pertenecientes a diversas etnias negras del sur, de fosas comunes, de cadáveres degollados, de aldeas arrasadas y de la inminente catástrofe humanitaria que se avecinaba sobre más de un millón de seres humanos. La Federación Internacional de Cruz Roja y de la Media Luna Roja denunciaba violaciones y agresiones sexuales masivas contra niñas y mujeres por parte de los milicianos Janjaweed, amén de otras vejaciones, mutilaciones y toda clase de torturas. Pero nadie hizo caso y eso que en ese momento, medio mundo, ¡cuánta hipocresía! se condolía con ocasión del décimo aniversario del genocidio ruandés.

Es aberrante y vergonzoso ver ahora la agonía de esa gente retransmitida en vivo y en directo por los canales de televisión cuando las denuncias se han estado apilando por montañas desde principios de año y antes.

No hay verdad más cierta que la que predica que “lo que no sale en televisión no existe”. Toda la preocupación de la prensa internacional se ha centrado en la maldita guerra de Irak y en comentar obviedades del estilo “parece que Saddam está ahora más delgado” ignorando una vez más el sufrimiento humano de los más patéticamente excluidos.

Si a estas alturas los responsables del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas no han tomado aún resolución a favor de la intervención humanitaria en Sudán, es porque ni Europa ni Estados Unidos sienten obligación moral alguna.

Hace pocos días, Federico Mayor Zaragoza explicaba en una conferencia en Santiago, que por un mal capricho de la naturaleza, el virus del VIH podría sufrir en cualquier momento, una mutación que pudiera provocar su contagio a través de vías hoy descartadas. ¿Por qué no? Advertía además, “ya saben ustedes que hoy los virus viajan en avión”. Occidente está colocándose, con su pasotismo, su talante despectivo y su arrogancia al borde de un peligroso precipicio, el de la venganza de la historia.

Esperemos, los de arriba, no tener que lamentar algún día a tan alto precio el haber abandonado a los de abajo.

 
 

Raquel Quinteiro Castromil é estudiante en prácticas no IGADI.

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