| Sharon, por encima del bien y del mal Por Raquel Quinteiro Castromil (Canal Mundo, 13/07/2004) |
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Con satisfacción y un hilo de esperanza acogieron los palestinos el fallo emitido el pasado viernes por el Tribunal Internacional de Justicia contra la construcción del “muro de la vergüenza” en Cisjordania. La Autoridad Nacional Palestina reclamaba momentos después, la inmediata aplicación del fallo por cuanto, como explica el Tribunal de La Haya en su sentencia condenatoria, el gobierno israelí está en la obligación de “acabar con sus violaciones del derecho internacional paralizando la construcción del muro erigido en el territorio palestino ocupado, incluido el tramo en torno a Jerusalén este”. La sentencia ha fortalecido la postura de Arafat, –también acorralado por un muro de tanques en su residencia de Ramala–. La máxima autoridad de la ANP, considera ahora irrevocable el desmantelamiento de la valla de separación construida en Cisjordania. El TIJ se ha atrevido a llegar todavía más lejos al exigir al gobierno de Israel que indemnice a los palestinos afectados por la construcción de la “barrera de seguridad”, que ha ocasionado cuantiosas pérdidas de tierras y propiedades, además de arrasar con los emblemáticos campos olivareros de la zona. Ya no caben excusas, creen los palestinos tras la condena. No para Sharon quien, como cabía esperar, se ha sacado una inverosímil coartada en defensa de su polémico montón de ladrillos argumentando que el del TIJ, “es un dictamen unilateral detrás del cual sólo hay consideraciones políticas” y añadiendo que “el fallo ignora totalmente la razón de la construcción de la barrera de seguridad, que es el terrorismo palestino". Así es como el gobierno israelí, eternamente por encima del bien y del mal, se atreve con total impunidad a plantar cara al TIJ, como antes lo hizo frente a Naciones Unidas: la construcción del muro seguirá adelante pese a quien se ponga por delante. Claro está, la sentencia no es vinculante. Ya en octubre pasado, cuando se emitía la resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas y sin ceder un milímetro, el segundo de a bordo de Sharon, Ehud Olmert decía que la construcción del cerco de seguridad seguiría adelante en respuesta a los ataques terroristas palestinos para garantizar la seguridad de los ciudadanos israelíes. El documento aprobado por la AGNU por una abrumadora mayoría de 144 votos a favor, con 4 en contra más 12 abstenciones y en el que se denunciaba la construcción del cerco como “un hecho que se aparta de la Línea de Armisticio de 1949 y contraviene las previsiones relevantes del derecho internacional” fue en aquella ocasión vetado por el gran aliado de Israel, Estados Unidos. La sentencia ahora pronunciada por el TIJ inclina la balanza del lado de Palestina y de la resolución de la Asamblea General. Pero por lo visto a Sharon poco le importa. Ahora se atreve y esto es de lo más grotesco, a responsabilizar del último atentado perpetrado en Tel Aviv el sábado pasado al Tribunal de La Haya. El primer ministro israelí ordenó además continuar con las obras en una reunión celebrada el domingo, sólo 48 horas después de haber sido pronunciado el dictamen del TIJ. Por enésima vez la polémica está servida. El “muro de la vergüenza”, construido según la versión israelí para impedir la entrada de suicidas palestinos en Israel o “muro del apartheid” según las autoridades palestinas, no ha hecho sino cerrar aún más toda oportunidad al exiguo proceso de paz. Lo cierto es que el humillante muro de hormigón sólo ha servido a Israel para seguir anexionándose más y más tierras. Por eso no queda más esperanza, para los palestinos de Cisjordania, que la de su desmantelamiento. |
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Raquel Quinteiro Castromil é estudiante en prácticas no IGADI. |
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ÚLTIMA REVISIÓN: 15/07/2004 |