| Conflictos interétnicos en el corazón de
las tinieblas Por Raquel Quinteiro Castromil (Canal Mundo, 11/05/2004) |
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Cuando Joseph Conrad escribía “El corazón de las tinieblas” no se estaba inventando nada que sus propios ojos no hubieran visto en el antiguo Congo del Rey Leopoldo. El protagonista de su novela, el sanguinario general belga Kurtz, fue llevado más tarde al cine por Coppola, esta vez trasmutado a la selvática atmósfera del Vietnam de la Guerra Fría. Kurtz, era reencarnado en “Apocalipsis Now” por la demente figura de un perturbado Marlon Brando, alto mando militar del ejército norteamericano, obsesionado por el horror, cuya más feroz prueba de sadismo consistía en instalar simétricas hileras de cabezas degolladas atravesadas por estacas a la entrada de su morada, una guarida dejada de la mano de Dios, perdida en el corazón de la selva. Un siglo después del genocidio que el Rey Leopoldo de Bélgica perpetraba en el Congo y tres décadas después de la pesadilla de la Guerra del Vietnam, los conflictos interétnicos que persisten y renacen por doquier en el continente negro, evocan la memoria maldita del fantasma del general Kurzt. Sudán y Nigeria, además de otros, son quizás en este momento los exponentes de las más atroces guerras fratricidas que se libran bajo el amparo de una incondicional impunidad en el África subsahariana. Los refugiados sudaneses, escapados de las milicias Janjaweed protegidas por el gobierno de Jartum, están
siendo objeto de abusos masivos, matanzas, torturas, violaciones y otras vejaciones ante las cuales nadie parece
reaccionar por el momento. Las aldeas de la región han sido arrasadas por completo. De la limpieza étnica,
del genocidio flagrante de Darfur, pocas líneas se escriben en los periódicos. África nunca
es noticia. El día que Naciones Unidas intervenga, habrá sido demasiado tarde y de nuevo, el mundo
descubrirá horrorizado el macabro espectáculo de un nuevo exterminio africano, otro más, diremos,
en la lógica violenta de esta tierra endemoniada. Hasta el momento se calcula que más de 800 personas han perecido en un nuevo rebrote de violencia interétnica que enfrenta en el Estado nigeriano de Plateau a las comunidades religiosas de los Fulani, (musulmanes) y de los Tarok, (cristianos). El conflicto, de reivindicaciones territoriales en lucha por el usufructo de los recursos agrícolas y ganaderos de las regiones centrales se recrudece desde hace tres meses. El mayor número de víctimas civiles está afectando a la comunidad musulmana, localizándose el foco de las tensiones principalmente en la ciudad de Yelwa. El líder musulmán Abdulkadir Orire ha denunciado públicamente los ataques cometidos por las milicias cristianas, acusando a los Tarok, en vieja rivalidad con la tribu Fulani de estar perpetrando una masacre cuyas dimensiones alcanzan ya el grado de genocidio. El desigual reparto de la tierra administrado por el gobierno de Abuja, se encuentra en la raíz de las tensiones que enfrentan a los dos clanes étnicos en la región nororiental de Nigeria y al norte de Camerún. Las cabezas de ganado de los Fulani pastan en esas tierras desde remotos tiempos, antes incluso de la etapa colonial. Los Tarok y otras comunidades nómadas no musulmanas cultivaban esos mismos campos intentado sin éxito durante décadas acceder a la propiedad de las mismas. El conflicto se intensifica y como en el caso de Sudán, la violencia instrumentalizada por las autoridades religiosas representantes de las comunidades en lucha se está dejando arrastrar por una inercia arrolladora de la que no podrá escapar en un futuro previsible. Son sólo dos tristes ejemplos de la perversidad enquistada en esta tierra antigua. África, el continente a la deriva sigue, como escribiera Conrad, palpitando entre tinieblas. |
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Raquel Quinteiro Castromil é estudiante en prácticas no IGADI. |
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ÚLTIMA REVISIÓN: 11/05/2004 |