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Schröeder: ¿El canciller no tiene quien le escriba?
Por Miriam Bader (Canal Mundo, 10/08/2004)
 
 

El canciller Gerhard Schröder debe sentirse en los últimos días como un comandante que ha sido abandonado por su tripulación, pilotando un navío a punto de hundirse. Las reformas del “estado social alemán”, que ha iniciado reciben fuertes críticas y rechazo de casi todos los sectores. Le reprochan que su política provoque el declive del “estado de bienestar”.

Las críticas culminaron la semana pasada en una carta electrónica, remitida por un militante de base del partido del canciller, el SPD (Partido Social-Democrático alemán), en la que exigía la dimisión de Schröder: “¡No hay otra salida – el canciller debe detener el curso de las reformas o irse inmediatamente! ”. Pero no sólo en la base de su partido el canciller apenas encuentra respaldo; también ha perdido el apoyo de sus partidarios más fieles.

Desde 2003, Schröder ha apadrinado una serie de reformas: primero, la “Agenda 2010”, que integra varios apartados para liberalizar el sistema social y el mercado laboral; segundo, el paquete “Hartz I” y sucesivos -hasta “Hartz IV”-, conjunto de medidas dispuestas para enfrentar el problema del déficit en la financiación de las prestaciones de desempleo, provocado por la alta tasa de paro de los últimos años, y facilitar y acelerar el reingreso en la vida laboral de los desempleados.

No sólo el mal estado general de la economía alemana y el desempleo más elevado de los últimos años, superior al 10%, han influido en la pérdida de confianza de la sociedad en la capacidad del canciller para construir un futuro seguro, anhelo permanente de sus conciudadanos; también estas reformas han contribuido en buena medida a la frustración general. De este modo, la presentación de “Hartz IV” la semana pasada ha aumentado el nivel de desánimo y rechazo hacia la política del canciller, incapaz de generar el más mínimo entusiasmo.

La reforma significa para muchos desempleados un empeoramiento de su situación financiera, porque reduce las prestaciones por desempleo de 32 a 12 meses. A partir de los 12 meses recibirán una cuantía mucho más limitada, la “asistencia social”. Pero al saberse que incluso los ahorros de los hijos menores de 14 años, superiores a los 750€, entrarían en el cálculo de las prestaciones, el vaso de la indignación se desbordó multiplicándose y generalizándose las voces que reclamaban la dimisión del canciller.

Primero que nadie, y con la carta electrónica como ejemplo más claro, la propia base del SPD. Ya hace tiempo que no se siente representada por Schröder, lo que se ha traducido en una progresiva y numerosa disminución de miembros del partido en los últimos años. Reprochan a su líder la destrucción de la identidad del SPD, desde siempre el partido portavoz de los intereses de los trabajadores; y ahora ha dejado de serlo, como lo demuestra el obvio desmantelamiento del “estado social” y la orientación pro-empresarial que se recoge abiertamente en la “Agenda 2010”.

Con los sindicatos, desde antiguo muy vinculados al SPD, Schröder tampoco puede contar más. Cuando el canciller presentó en marzo de 2003 su programa de reformas, los sindicatos se sintieron defraudados, porque las medidas presentadas contravenían los principios de justicia social que forman parte de su ideario más elemental. Anunciaron que, en las circunstancias actuales, no apoyarían más al canciller y al SPD, mucho menos en las próximas elecciones al Parlamento Federal, previstas para 2006. Esto significaría un duro golpe para el SPD.

Los dos sindicatos más poderosos de Alemania, el IG Metall y Ver.di, han convocado manifestaciones contra las reformas; y los dos líderes, Jürgen Peters (IG Metall) y Frank Bsirske (Ver.di), responsabilizan a Schröder por el “gran abismo” abierto entre el SPD y sus partidarios.

Con los votantes, parece que Schröder ha arruinado toda posibilidad de reconciliación. En las elecciones europeas de junio de 2004 el SPD obtuvo su peor resultado de la posguerra. Y no ha sido una demostración puntual: el electorado le ha dado la espalda. El estado de la economía, el incremento de la tasa de desempleo, pero también la política opaca, sin líneas claras, y una serie de reformas poco comprensibles para la mayoría de la población, que está cansada desde hace tiempo de la reiteración de palabras como “ahorrar”, “apretar el cinturón”, “reformas” y “desmantelamiento social”, han acabado con la paciencia de los votantes. Schröder, en estos días, es más impopular que nunca. Hasta sus partidarios más fieles han perdido la fe en que pueda facilitar todavía el auge económico y el descenso del desempleo. Así, parece muy verosímil que en las elecciones de los estados federales de Brandenburgo y Sajonia, del próximo 19 de septiembre y las municipales, que se celebrarán el 26 de septiembre en la Renania del Norte-Westfalia, coseche una severa derrota que será dolorosa para el y para el SPD por su significado.

Que se tiene que tomar en serio esta insatisfacción se demuestra una vez más en la anunciada creación del “Partido de la Nueva Izquierda” (Die neue Linkspartei). Este movimiento está apoyado por funcionarios de los sindicatos e intelectuales sindicalistas de la izquierda. La “locomotora popular” que faltaba hasta este fin de semana, ha aparecido con Oskar Lafontaine.

Con Schröder, el entonces presidente del gobierno de Sarre y dirigente del partido fue nombrado ministro de finanzas en 1998. Pero ya poco después, en marzo 1999, dimitió de todos sus cargos por diferencias notorias con la política del canciller. Desde esa época fue considerado un “enemigo íntimo” de Schröeder. Ahora se ofrece como intercesor del “Partido de la Nueva Izquierda”, si el jefe del gobierno continúa con su política “fracasada” y no dimite. Lafontaine ha sido muy criticado en el SPD por estas declaraciones y puede ser expulsado del partido.

Ello es así, porque su forma de proceder podría provocar un peligro significativo para el canciller y el SPD. Por un lado, Lafontaine es un político popular, que ha marcado el SPD y cuyo nombre es muy conocido en Alemania, llamando la atención de los medios de comunicación. Por otro lado, posee el discurso potencial, que, principalmente en estos días, atrae a los partidarios y votantes del SPD, identificados con sus reivindicaciones más tradicionales. En caso de afiliarse al “Partido de la Nueva Izquierda”, por supuesto le seguirían partidarios y votantes del SPD. Si a ello sumamos la pérdida continuada de sufragios, la continuación de Schröder en el cargo de canciller sería imposible.

En su forzada soledad, al menos un poco de consuelo le ha llegado de la OCDE. Según sus cálculos, se prevé una recuperación de la economía y un crecimiento del PIB ya en este año en torno al 3,7% con la misma tendencia prevista para 2005. Además aconsejan a Schröder reformas más radicales y duras. ¿Buenos consejos? Puede ser, pero políticamente pueden conducirle al suicidio.

 
 

Miriam Bader é estudiante da Universidade de Paderborn-Alemania en prácticas no IGADI.

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Fernando Pol