| Los ultraderechistas: ¿un daño colateral
por las reformas? Por Miriam Bader (Canal Mundo, 21/09/2004) |
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La situación política de Alemania sigue siendo objeto de preocupación en la prensa internacional. En tres länder, en Sarre, en Sajonia y Brandeburgo se celebraron elecciones parlamentarias, esperadas con gran tensión, principalmente las de los länder del este. Los resultados son inquietantes. En tiempos de crisis económica prolongada y de desmantelamiento del Estado del bienestar, para algunos alemanes los ultraderechistas parecen ser una alternativa adecuada mientras que los partidos tradicionales, socialdemócratas y democristianos, pierden apoyo popular. Las tres elecciones estaban completamente influenciadas por la política federal, definida por unas reformas sociales que provocan las protestas de la población, de los sindicatos y de las asociaciones sociales. Se alcanzó el punto culminante en las manifestaciones de los lunes en el Este de Alemania, donde la economía está en situación precaria y las tasas de paro son más elevadas. Lo más paradigmático, el bajo estado de ánimo de la población que se refleja en los resultados de las elecciones de los dos länder del este. En algunos se despiertan recuerdos del tiempo de la república Weimar. Los dos grandes partidos alemanes, el SPD y principalmente la CDU sufrieron pérdidas sustanciales y la separación entre la derecha y la izquierda aumentó. Más votantes apoyaron al partido poscomunista PDS, que resultó la segunda fuerza en los dos länder, y obtenía su mejor resultado desde la fundación. Los Verdes vuelven al parlamento de Brandeburgo después de diez años de ausencia con un escaso 5,1%. Lo mismo ocurrió a los liberales del FDP en Sajonia: después de diez años vuelven al parlamento con un 5,9%, quizás incluso como partido de coalición de la CDU. Esta perdió aquí el 15,8% de votos y por primera vez su mayoría absoluta después de la reunificación. Los tristes ganadores principales son dos partidos ultraderechistas, el NPD (Partido nacional alemán) y la DVU (unión del pueblo alemán). El populista NPD, visto como partido neonazi, entra en el parlamento sajón con un 9,2%. La DVU creció de un 0,8% a 6,1% y va a seguir “enriqueciendo” las labores parlamentarias en Brandeburgo con sus mensajes racistas y anti-constitucionales. Es la primera vez en Alemania que un partido ultraderechista revalida posiciones parlamentarias. No es novedoso que en tiempos de crisis sociales y estancamiento de la economía, las protestas se transformen en voto a partidos de la ultraderecha. Si bien en Alemania, por razones históricas de todos conocidas, es un asunto mucho más delicado y en el extranjero no se aceptan justificaciones ni excusas cuando los alemanes giran a la ultraderecha. Están aún demasiado frescas las cicatrices de las heridas provocadas por el Tercero Reich. Pero el hecho de que los partidos democráticos - desde los Verdes hasta la CDU- demostraran antes de las elecciones un amplio consenso y acuerdo con las reformas sociales iniciadas, facilitó el auge de los poscomunistas y los ultraderechistas que aprovecharon la ola de descontento en su favor. Ese malestar, usado como táctica, sin necesidad de revelar un programa fuera de la posición contra-reformas, ha sido la clave de su auge. Para muchos ciudadanos votar contra la reforma ya legendaria “Hartz IV” era igual que votar por alternativas antisistema, cualquiera que fuese su signo. Un sabor amargo deja el hecho de que entre los desempleados, que son los más afectados por las reformas, es entre los jóvenes que los ultraderechistas tienen más éxito. Los que tienen menos de 30 años votaron un 17% al favor del NPD. Es el segundo partido más votado en este grupo de edad. Esta tendencia no se encuentra en el Sarre, donde sólo los desempleados apoyaron al NPD, sin conseguir entrar en el parlamento. En el Este existe el riesgo de que los jóvenes usen el NPD como plataforma de protesta. Pero también de que amplíen su apoyo si persiste la identificación con la ideología populista de la ultraderecha, que proclama ante todo una Alemania fuerte y protegida, orgullosa y superior-, todo lo contrario de la situación que se advierte actualmente en las comarcas del este. Si las reformas sociales no mejoran la situación y si el paro no baja significativamente en el futuro, es posible que en estas regiones los ultrderechistas dejen de significar un voto de protesta, pero coyuntural, para convertirse en una opción sólida con la que tendremos que empezar a convivir. Sea como sea, el NPD, que en unas partes de Sajonia ya está implantado entre la clase media, a pesar de que el año pasado se libró por poco de la prohibición, perjudica la imagen de Alemania y no es una alternativa democrática. Quién les da su voto, en realidad apoya que partidos como el NPD vuelven a ser presentables socialmente. Considerar que el SPD (9,8%) en Sajonia alcanzó sólo un 0,6% más que el NPD (9,2%), representa bastante más que un daño colateral para la política actual. Los temores expresados por el primer ministro de Sajonia, Georg Milbrand, asegurando que la búsqueda de inversores extranjeros con un “NPD numeroso y como una compañía” en el parlamento se complicará de forma significativa, es evidente. Ya en años anteriores, algunos empresarios extranjeros dudaban en invertir en el este por la frecuencia de actos violentos contra extranjeros. Con el resultado de las elecciones de este domingo y el eco de preocupación generado en la prensa extranjera, esta tendencia fatal podría verse reforzada y el urgente y necesario “auge del este” se demoraría más aun. El daño en la propia imagen de Alemania es en realidad una especie de autoinmolación. Las discusiones sobre la escasa afinidad de los ciudadanos en el este con la democracia, que ya se han planteado antes de las elecciones de domingo, van a ganar más fuerza. Muchos ven este reproche confirmado con el gran éxito de los poscomunistas del PDS en Brandeburgo y Sajonia. Mientras las protestas contra las reformas y las manifestaciones de los lunes van a disminuir, el foco va a centrarse en la situación social y económica en Alemania del este y en la polémica entre el este y el oeste, que en Alemania está adquiriendo incluso evidencias de hostilidad abierta. Los buenos resultados de la ultraderecha y de los poscomunistas sacude el paisaje de los partidos y con las elevadas pérdidas de los dos grandes partidos populares, se confirma la impresión de que Alemania vive un momento de inestabilidad política y una radicalización. No obstante, cabe señalar que la cuesta abajo del SPD se suavizó en Brandeburgo por la defensa soberana de Michael Platzeck, que sigue como primer ministro. Los resultados catastróficos de los democristianos en los dos länder, también demuestran que el SPD no está considerado como el único chivo expiatorio de esta situación y que la culpa por las reformas sociales antipopulares es compartida a ojos del electorado. Incluso cabe destacar el hecho de que del voto castigo, para sorpresa de muchos, se han beneficiado también los Verdes y el FDP. Ello plantea la cuestión de averiguar si fueron recompensados por su postura consecuente en favor de las reformas sociales, si no fueron identificados con ellas, o si esto será una primera señal de una vacilante aceptación del recorte social. Alemania en cambio, Alemania en cuesta abajo, ¿Alemania sin orientación? Los resultados de las elecciones de septiembre reflejan este estado de ánimo y una Alemania descontenta, en la que, por el momento, sólo predomina entre la población una gran insatisfacción con el gobierno. |
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Miriam Bader é estudiante da Universidade de Paderborn-Alemania en prácticas no IGADI. |
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ÚLTIMA REVISIÓN: 27/09/2004 |