| Estado y torturas Por José Pérez Oya (Canal Mundo, 18/05/2004) |
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Es evidente para los que suscribimos la idea de Polanyi, y hoy de los contribuidores, participantes del Centro Tricontinental (L'Harmattan 1999), que existe una concomitancia entre el "mercado" y el Estado (el más frío de todos los monstruos fríos, como Nietzsche decía). Es por ello que no deberíamos de sorprendernos por las brutales, inhumanas, exacciones de los ejércitos que ocupan Irak bajo los mendaces, fabricados pretextos del peligro de unas inexistentes armas de destrucción masiva y, alternativamente, de la "generosa" intención de establecer allí la "democracia". Los simulacros de ejecución, las humillaciones sexuales más degradantes, las violaciones, las mordeduras de perros amaestrados, las fotografías de las sevicias para que los verdugos puedan rememorar sus abyectas actuaciones, todo, todo se ha producido en otras guerras anteriores. Incluso como señalaba el ambiguo New York Times es cierto que: "detrás de las agresiones a los prisioneros de guerra, estaba en el corazón, un impulso racista". Todo esto no nos sorprende. Como tampoco el que en este periódico las voces dignas de Bob Herbert, Maureen Dow o Krugman se vean, en muchos casos superadas por las patrióticas homilías de Safire o, (del muy promocionado por "nuestro" El País), Thomas L. Friedman. Existe, no obstante un hecho nuevo. Ayer el trabajo sucio del aparato estatal lo hacían los Servicios Secretos, que cuando no erraban risiblemente, como la CIA en el caso del frustrado asesinato de Castro, presentaban como un mérito "ex post" (ante las "inocentes" instancias superiores) su buen trabajo, sucio pero necesario. A estas entidades paraestatales, que ocupaban un discreto segundo término entre las ya complejas instituciones del Estado, debemos hoy sumar el triunfante avance de la privatización. A las ridículas jeremiadas de Michael O'Hanlon (Funcionario Jefe del Centro de Estudios de Política Exterior, escribiendo para la Brookings recientemente) que lamentaba la necesaria, pero por patriótica, dimisión del asesino Rumsfeld, (que no se ha producido) debemos de añadir las sesudas consideraciones de Peter W. Singer, que en el último número de la Revista de Columbia de Derecho Internacional daba cuenta (¡en 30 páginas!) de las enormes dificultades que conllevaría el encausar a las PMFs, o sea Empresas Militares Privatizadas. La brutal operatividad del Estado aumenta vertiginosamente, la responsabilidad moral del que da las ordenes se diluye en un limbo brumoso, digno de una época anterior al Catecismo de Astete. El Estado post-moderno ha logrado la cuadratura de un círculo ético-operativo, todo lo "necesario" se hace (por ejemplo algunas de esas compañías tienen funcionarios "expertos en sodomía" sic.) pero nadie sabe quien es responsable. Suponemos, quizás equivocadamente, que esta nueva forma de privatización se conformará con el "Consenso de Washington", hoy día defendido desde la sagrada institución del FMI por nuestro compatriota Rato. Si esto no llegase recurriremos a la lexicografía. Si la 3ª Convención de Ginebra dice en su Art.14 " que todos los prisioneros de guerra tienen derecho, en todas circunstancias, al respeto de su persona y su honor" nada importa; ya sabemos que en Guantánamo hay solo "enemigos combatientes" no prisioneros, ¡Adelante!. Ya sabemos que el radiante futuro pertenece a los "manipuladores de símbolos. Derramemos nuestras más cocodrilianas lágrimas sobre el inocente Blair, que solo "muy recientemente" se habría enterado de los informes de la Cruz Roja sobre lo que ocurría en Irak. ¡Vuelve responsable Estado Unitario en pro de un posible Tribunal Penal Internacional! ¡Así te lo piden los contaminados por alguna forma de ideología anti-estatál! Entretanto la ley la hace el más fuerte. "Vae victis". Pocas esperanzas tenemos los que pretendemos que se apliquen las leyes sobre la guerra (a través de una ya iniciada querella) a algún ex-gobernante, al que pronto veremos pavonearse bajo la ignara toga de "visiting professor". ¿Quién se atreverá hoy a exhibir ante los "terroristas" unas manos pintadas de blanco? ¿Estaban muchas "manos blancas" entre los que nos manifestábamos contra una inminente, criminal, horrible guerra? Nuestro Machado fustigaba aquellos del "espíritu burlón y de alma quieta". , en 1833 Leopardi nos decía, y perdón por la traducción,: /Esta edad de orgullo inflada/ nutrida por la esperanza vana/ a la chanza proclive/ y a la virtud opuesta/ por lograr, estúpida, lo útil/ es ,por ello mismo, ciega causa/ del vacío obstinado de la vida./ (Il pensiero dominante). Los sacerdotes del "pensamiento único" están hoy en el poder. Así nos va. |
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José Pérez Oya. |
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ÚLTIMA REVISIÓN: 20/05/2004 |