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La valla de seguridad es un muro de separación
Por Daniela Pichler (Canal Mundo, 24/02/2004)
 
 

Este lunes comenzaron las audiencias consultivas en la Corte Internacional de Justicia de la Haya sobre la legalidad del muro de separación construido por Israel. En esta consulta, pedida por la ONU, varias delegaciones nacionales exponen sus argumentos ante la Corte para que ésta exprese su opinión sobre la construcción del muro. Los gobiernos de Israel y Estados Unidos anunciaron, que no iban a participar en la sesión oral, sin embargo ambos intervinieron de forma escrita.

La construcción del muro impide la construcción de un proceso de paz. Construido como valla de seguridad y para proteger el país contra ataques terroristas, según los israelíes, para la población palestina el muro es una expresión de "anexión, expansión y racismo” como lo llamó el presidente palestino, Yasser Arafat. Desgraciadamente, un día antes del comienzo de la Sesión, un terrorista palestino se inmoló con una bomba en un autobús en el centro de Jerusalén y dejó ocho pasajeros muertos.

Hasta ahora ha sido construido un cuarto del muro, que tendrá casi 800 kilómetros de trazado. La posible declaración de la Corte sobre la ilegalidad del muro no tendrá mucho impacto en la actitud de Israel, que ya dijo que tal decisión solo podría poner en peligro la Hoja de Ruta, el último plan de paz para resolver el conflicto israelo-palestino.

Los Estados Unidos y la Unión Europea consideran la discusión ante la Corte como inapropiada. No obstante, mientras Washington da muestras de una complicidad comprensiva con el gobierno de Sharon, la diplomacia comunitaria, principal esperanza internacional de los palestinos para dar voz a sus derechos y reclamaciones, expresa un rechazo ambiguo que, una vez más, provoca una total indiferencia en el gabinete israelí. Tel-Aviv manifiesta una mayor capacidad de presión cuando asoman supuestas actitudes antisemitas entre la opinión pública europea, que la propia Unión Europea, que abdica resignadamente de sus medios de presión, especialmente los económicos, para defender postulados y principios básicos que constituyen la señal de identidad de su diplomacia: los derechos humanos, conculcados gravemente con la construcción de un muro que aleja las posibilidades de cualquier acuerdo de paz. La delegación palestina anunció que el muro no solo destruirá las esperanzas de paz y seguridad entre israelíes y palestinos, sino que también amenazará las esperanzas de la comunidad internacional en la solución que prevé dos estados viviendo uno junto al otro. Lamentablemente, Israel no le da mucha importancia ni a las resoluciones de la ONU ni a las preocupaciones de la comunidad internacional, sobre todo porque su posición siempre está apoyada política y desde luego económicamente por los EEUU.

Aunque las discusiones en la Corte y el dictamen no son de obligatorio cumplimiento, su peso político reviste gran importancia. Por eso tanto Estados Unidos como Israel quieren evitar cualquier decisión que pueda interferir en el proceso de negociación entre Israel y Palestina. Irónicamente no hay ningún diálogo entre estos dos países por el momento y la reanudación del diálogo es muy dudable. En primer lugar, el muro simboliza una frontera entre dos pueblos y la víctima directa de esta separación es el pueblo palestino. Indirectamente, el muro impide la creación de un estado palestino independiente en el futuro.

Y aunque la discusión ante la Corte es necesaria e importante, es cierto que la decisión del Tribunal intensificará las posiciones opuestas de Israel y Palestina y los aliados de ambos. Porque el muro no solo representa una separación física, expresa también una separación mental en la percepción de los actores. Para un proceso de paz esta situación es el peor escenario posible. Porque, como dijo el Papa Juan Pablo II recientemente, “necesitamos puentes de cooperación, no muros de separación".

 
 

Daniela Pichler é estudiante en prácticas no IGADI.

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