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Presidente Putin
Por Alexis B. Romanov (Canal Mundo, 16/03/2004)
 
 

Los pronósticos que prometían a Putin entre un 70 y 80 por ciento de los votos en las elecciones no fallaron esta vez (tampoco había muchas dudas al respecto). Después del cómputo de un 99 por ciento de los votos emitidos obtuvo un 71 por ciento y seguirá siendo presidente otros cuatro años. Hace cuatro años salió elegido por un 53 por ciento de los votos, pero ahora cuenta con un apoyo expreso de 50 millones de rusos.

Entre sus rivales sólo el candidato comunista, Nikolay Jaritónov, pudo atraer una cantidad notable de electores, con casi el 14 por ciento de los votos, demostrando así cierto peso de su partido en el escenario político de Rusia. La votación arrojó un 4,1 por ciento para el economista de izquierda nacionalista Serguey Glázyev y un 3,9 por ciento para la líder liberal Irina Hakamada. El candidato liberal demócrata Oleg Malyshkin y el presidente del Senado Serguey Mirónov sólo supieron reunir un 2 y 0,8 por ciento, respectivamente.

Los resultados electorales ponen de manifiesto un triunfo indiscutible de Putin, tanto de la persona, el antiguo oficial del servicio secreto soviético, como de su gobierno, que muchas veces es acusado de mostrar tendencias autoritarias. Como es tradicional en Rusia, el pueblo en épocas de crisis se siente nostálgico por una mano dura que pueda poner orden a las cosas: los ejemplos más grandes de la historia son para él el zar Pedro Primero y el dictador soviético Stalin. Los dos obligaron al pueblo a sacrificios crueles pero modernizaron el país y lo convirtieron en una potencia importante. En este sentido Putin aparece como una persona más adecuada que otros pretendientes, sabiendo combinar la imagen de un político moderno con el uso populista de aquellas de las tradiciones soviéticas que se dejan adaptar a la realidad de Rusia de hoy, uniendo, con logrado efecto simbólico, el águila bicéfala del imperio zarista con el himno soviético cuyos versos, que aun recuerda mucha gente mayor, glorificaban a Stalin.

Sin embargo, mirando bien las cosas se puede ver que los éxitos del político Putin no son tan importantes cuan grandes son los fracasos. Basta con mencionar la guerra de Chechenia, un tema que Putin esgrimió en el comienzo de su presidencia, ignorando que ni los zares ni Stalin habían logrado acabar con la resistencia del pueblo conquistado. En el interior del país, que pretende ser europeo, continúa una guerra que por su envergadura no puede ser, por mucho que se esfuerce, minimizada –“operación antiterrorista”–, llevándose vidas de jóvenes y resonando en plena capital rusa con ataques terroristas frente a la incapacidad de las fuerzas de seguridad, de cuyo seno había salido el presidente recién reelegido.

 
 

Alexis B. Romanov é colaborador do IGADI.

 
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ÚLTIMA REVISIÓN: 17/03/2004
Fernando Pol