| Sahara Occidental: La búsqueda de una solución
definitiva Por Aarón Lemos (Galicia espallada, 21/07/2004) |
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Con motivo de la visita realizada a Argelia por la diplomacia española, con el presidente del gobierno al frente, se ha producido un aluvión de declaraciones respecto a la actual situación del Sahara Occidental y sus posibles soluciones. El detonante de la polémica fueron las declaraciones de Zapatero según las cuales no se podía permanecer “sometidos” indefinidamente al Plan Baker. Declaraciones que seguían el hilo de las realizadas por el ministro Moratinos anteriormente, en las que expresaba su temor a que un referéndum en el Sahara occidental provocase la inestabilidad del norte de África. Todo esto aventura un posible cambio de posición en la diplomacia española tras múltiples gobiernos de signos políticos diferentes que siempre han apoyado al pueblo saharaui. ¿Que ha podido originar este hipotético giro en la política exterior del gobierno? Los múltiples movimientos diplomáticos producidos en el último año y medio parecen indicar que los actores internacionales con intereses en la región desean encontrar una solución definitiva al conflicto. A finales de este año se agotará el plazo de que dispone la MINURSO tras 11 años de prórrogas y fracasos. La ONU deberá pronunciarse entonces sobre si prorroga esta misión internacional u opta por abordar el problema desde una nueva perspectiva. Ante esta situación, los diferentes actores toman posiciones y realizan sus movimientos para influir en la medida de lo posible en la situación para quitar ventaja o evitar que les perjudique, según el caso. El abandono de Baker, el estancamiento que sufre la MINURSO, los constantes recursos de Marruecos al censo, etc. dejan en evidencia la incapacidad de la ONU para abordar el conflicto por si sola, abriendo la vía a la diplomacia directa de los actores implicados para buscar una solución política por ellos mismos e impulsarla en el seno de la ONU una vez lleguen a un acuerdo, de forma que puedan evitarse así nuevos bloqueos. Desgraciadamente, parecen influir mucho más en la solución los diferentes actores internacionales que la opinión de los propios saharauis que cada vez ven más lejana la posibilidad de realizar el referéndum y constatan como ya nadie defiende sus intereses en la esfera internacional. De entre los actores que toman parte activa de estos movimientos el más reciente en aparecer en escena son los Estados Unidos. Su apoyo a las pretensiones anexionistas marroquíes ya ha sido recompensado con la concesión a empresas estadounidenses de prospecciones en busca de petróleo en el territorio saharaui que Marruecos aun no administra. Estados Unidos se asegura un poderoso aliado en el Norte de África con el cual ya ha firmado un generoso tratado comercial en condiciones similares a las que le ofrece a Jordania y un acuerdo de defensa similar a los firmados en el marco de la OTAN. A su vez el gobierno de Bush ha obtenido una cabeza de puente desde la cual extender un acuerdo de libre mercado para el norte de África y, en el hipotético caso de que sus prospecciones en busca de crudo resultasen fructíferas, reducir su dependencia de Arabia Saudita y asegurándose una mayor libertad para actuar en Oriente Medio. Por su parte, Francia siempre ha realizado una política complaciente con Marruecos en el tema saharaui. Sus políticas en el área no están reñidas y París busca unas buenas relaciones con Rabat que le permitan explotar parte de las riquezas del Sahara como sus bancos pesqueros y sus minas de fosfatos. Tan solo la irrupción de Estados Unidos ha logrado restar a Francia el protagonismo tradicional y de tendencia creciente en esta región. Argelia ha prestado su apoyo al pueblo saharaui, hasta el punto de apoyarlo militarmente durante su guerra contra Marruecos. Pero los refugiados saharauis en su territorio suponen un problema que lleva tiempo deseando resolver y las malas relaciones con su vecino parecen haber agotado su paciencia. España como antigua metrópoli de la zona afectada mantuvo durante mucho tiempo el compromiso con el pueblo saharaui de defender su derecho a la autodeterminación. Pero un cúmulo de circunstancias parece alterar esta tradicional posición. Al margen de los factores mencionados (el agotamiento o la intervención estadounidense), España necesita mantener unas buenas relaciones con Marruecos. Motivos de seguridad, la emigración, sus fuertes lazos económicos, evidencian toda una cadena de dependencias que se ha visto muy deteriorada en los últimos tiempos. Mientras los actores externos adaptan sus posiciones y el Frente Polisario apenas tiene apoyos ni medios para hacerse oír, el rey Mohamed VI deposita buena parte de sus esperanzas en una “marroquizacion” del Sahara como golpe de efecto que haga olvidar a sus ciudadanos las carencias del día a día. Por ello ha desplegado toda su maquinaria diplomática contra la celebración del referéndum. Con el reforzado apoyo de los Estados Unidos, que favorece su posición, una vez más la legalidad internacionalmente saldrá malparada. |
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Aarón Lemos Correa é estudiante da USC en prácticas no IGADI. |
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ÚLTIMA REVISIÓN: 23/07/2004 |