Ler o artigo en galegoPresencia-OpiniónVolver ó índice / Rusia
Putin y la democradura rusa
Por Aarón Lemos (Canal Mundo, 23/03/2004)
 
 

El resultado de las recientes elecciones rusas no ha sorprendido a nadie. Una amplia mayoría del 70% de los votos para Vladimir Putin marcan un claro ascenso electoral: hace cuatro años tan “solo” el 53% de la población rusa había apoyado su candidatura al Kremlin. Desgraciadamente este ascenso no es explicable por una obvia mejora del país en los últimos años en el terreno económico, mayor igualdad social, solución al problema de las mafias y la corrupción, o a la esperanza de una solución pacifica a la guerra de Chechenia. De facto, los únicos méritos de Putin en estos años son la fortificación del Estado y la centralización del poder.

El motivo del ascenso electoral de Mihail Putin debe buscarse en su capacidad para adaptar usos y costumbres del stalinismo y el KGB a la joven democracia rusa. Estas actitudes no sorprenden en absoluto en una sociedad en la que la democracia apareció no tanto por aclamación popular como por el fracaso del comunismo para satisfacer los deseos individuales de la ciudadanía.

Putin fue capaz de eliminar del proceso electoral a aquellos opositores con mayor capacidad para discutirle el poder, como fue el caso de Mikhail Khodorkovsky. Escándalo en el que es fácil suponer que el Kremlin está detrás y que confirmaría las muchas sospechas entre la comunidad internacional de que la democracia rusa desde la llegada al poder de Putin recuperó muchos de los hábitos más rocambolescos de la época comunista. Las formas que se le atribuyen a Putin para desembarazarse de sus rivales van desde el uso de las fuerzas policiales e investigaciones exhaustivas sobre la relación con las mafias hasta el uso de estas o de los servicios secretos para el secuestro o la extorsión. Las mafias son ya una parte clave de la sociedad rusa, y todo aquel que triunfa económicamente necesita llegar a acuerdos con ellas. En este contexto, relacionar los nuevos políticos y oligarcas con mafias y enviarlos a la cárcel no es una tarea difícil. A Putin se le ha relacionado con las mafias desde la oposición y en no pocas ocasiones, pero por el momento parece capaz de mantenerlas bajo control y a su favor. La actual presencia de la delincuencia organizada en la sociedad lleva a pensar en una convivencia en la cual el Estado acepta que no es el único que ejerce el monopolio de la fuerza y el control del territorio.

De la obra de Putin debemos destacar su control absoluto de los servicios de inteligencia de los que en otro tiempo formó parte activa. De este modo obtiene acceso total a las informaciones sensibles. En muchos países, las relaciones entre los servicios de inteligencia y los gobiernos son escasas y lentas. Desde el ejecutivo se recurre a ellos en contadas ocasiones. Putin, gracias a su conocimiento de las interioridades de la inteligencia rusa, posee la capacidad para manejarla en cada momento en función de sus necesidades políticas.

La sociedad rusa mantiene la esperanza de que, gracias a la mano de hierro de Putin, se consiga sacar adelante el país en un momento de fuerte crisis económica y grandes desigualdades sociales. Pero la brutal diferencia de votos obtenida por Putin solo es explicable atendiendo a su capacidad para controlar los medios de comunicación y reprimir la oposición. Por poner un ejemplo, los informes de varias instituciones internacionales que sitúan la salud de la economía rusa peor de lo que el Kremlin está dispuesto a admitir, no tienen eco en los medios rusos. Todo tipo de crítica esta controlada como en los mejores tiempos del comunismo.

También es significativo el dato de que a tres meses de las elecciones la única duda no era la identidad del ganador, sino si la participación permitiría validar los resultados. Putin demostró aquí su propia capacidad para sorprender a los votantes al destituir a todo el gobierno y desligarse de su pasado rompiendo de paso la apatía electoral de la ciudadanía.

Putin resultó elegido con el mayor nivel de apoyo en unas elecciones presidenciales rusas con un programa basado, entre otros, en reforzar el liberalismo económico, evitar los monopolios y continuar en la línea de reforzar el Estado. Además, en varias repúblicas dominadas por oligarcas a su favor y ex miembros de los servicios secretos Putin recibió mayorías cercanas al 90% alimentando sospechas de manipulación en los resultados electorales.

A día de hoy, Rusia posee un sistema deficientemente democrático con una salud preocupante. Los usos y costumbres de la época comunista como la manipulación, control de medios de comunicación y la corrupción política están todavía lejos de ser cosa del pasado de esta nación y da la impresión de que se acomodan sin mayores tensiones en esta peculiar democradura.

 
 

Aarón Lemos é estudiante en prácticas no IGADI.

 
Volver ó índice

Volver ó principio


Ir á páxina de inicio
Instituto Galego de Análise e
Documentación Internacional
www.igadi.org

ÚLTIMA REVISIÓN: 24/03/2004
Fernando Pol