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Oriente medio: Una espiral de venganzas
Por Aarón Lemos (Canal Mundo, 15/04/2004)
 
 

Oriente medio ha sido durante todo el siglo pasado origen de conflictos que han afectado a toda la comunidad internacional, desgraciadamente parece que en el nuevo siglo la tendencia no va a cambiar. El reciente asesinato del Jeque Yassin por las fuerzas israelitas, dio origen a la organización de una nueva brigada terrorista que lleva su nombre. Ello debería suponer una decepción para Sharon si realmente pensó en estos actos como forma de proteger a sus ciudadanos.

Israel bajo el gobierno de Ariel Sharon ha decidido endurecer su política hacia Palestina constantemente. El asesinato selectivo es la última vuelta de tuerca en una espiral de violencia que parece no tener remedio. Si bien el asesinato del Jeque Ahmed Yassin ha sido un bálsamo para buena parte de la población esto a su vez ha incrementado su miedo a nuevos atentados y represalias. No cabe duda de lo reprobable de este acto desde el punto de vista ético y legal, entidades como la Unión Europea, el secretario general de la ONU y la Liga Árabe condenaron el atentado mientras Estados Unidos se limitaba a expresar su preocupacion por sus consecuencias pero aun aquellos que opinan que el fin justifica los medios deberían preguntarse, ¿cuales son sus fines?, ¿los medios que están dispuestos a aceptar son los adecuados para alcanzar estos objetivos?

Realmente, desde la lógica política parecen no ser los adecuados para obtener por fin la paz, este tipo de actos en anteriores ocasiones solo han provocado nuevas escaladas de violencia. Las declaraciones desde Israel amenazando directamente a Yasser Arafat y el ejecutivo palestino tampoco pueden ayudar a conseguir el fin de las hostilidades.

Un líder acusado de padecer miedo ante la política de asesinatos selectivos de Israel perdería parte de su legitimidad. No estamos en un conflicto clásico entre estados, donde una vez se llega al cese de las hostilidades, los militares (que son los únicos que ejercen la violencia en nombre del estado o pueblo) son retirados, existen demasiados contendientes autoorganizados, independientes de las autoridades oficiales.

Eliminar a las cabezas de los movimientos y organismos palestinos es una decisión terriblemente arriesgada. Ese riesgo nace de la propia lógica del conflicto y la negociación. Si los interlocutores son eliminados es imposible negociar, pero esto es un problema menor en comparación con otros que puede acarrear como el inicio de espirales de violencia y por tanto aumentar la intensidad del conflicto en vez de alcanzar una tregua o siquiera apaciguarlo. La autoridad palestina carece de poder para mantener controlados los diversos grupos terroristas que atentan contra Israel. Además palestina no es el único frente ni motivo de las células terroristas para atentar contra el pueblo judío.

El gobierno de Sharon, muestra su capacidad militar a los palestinos mucho más a menudo que cualquier voluntad de aceptar una solución negociada. Los asesinatos selectivos se cobraron en el pasado otras victimas, el 14 de enero de 2002 falleció de este modo el dirigente de las Brigadas de los Mártires de al-Aqsa en Tulkarem, Raed Karmi, este hecho dinamito el primer alto el fuego impuesto por la Autoridad Palestina como reacción a los atentados del 11 de septiembre y a la reclusión de su presidente, Yasser Arafat dentro de la Mukata.

Existen varios ejemplos más de ataques por ambos bandos realizados en momentos especialmente sensibles que han repercutido negativamente sobre el proceso de paz. Un ejemplo del bando palestino seria el atentado en Netanya el 28 de marzo de 2002, que coincidió con la reunión de la Liga Árabe en Beirut para discutir la Iniciativa de Paz Saudita.

Parece así, confirmarse a través de las pruebas, la veracidad de un tópico tan universal como que la violencia engendra violencia. La situación se complica por todo el tiempo que ambos bandos llevan lanzándose ataques, que según si los realiza uno mismo o el rival son denominados ataques ilegales o legitima defensa.

Si realmente desean la paz, Israel y Palestina necesitan de líderes fuertes, con gran apoyo popular que consigan hacer valer los acuerdos alcanzados, que controlen la totalidad de sus fuerzas militares, consigan la anexión a los acuerdos de los paramilitares y organizaciones de importancia durante el desarrollo del conflicto. Una violencia tan enquistada e insistente en el tiempo puede prender ante cualquier acto violento incontrolado. Para solucionar algo así es imprescindible que los grupos violentos no tengan jamás excusa alguna para reiniciar sus hostilidades bajo el nombre de “defensa”.

 
 

Aarón Lemos é estudiante en prácticas no IGADI.

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